Cap. 13 – Avistamiento de la gran ballena azul en Mirissa

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (5 votos, media: 5,00 de 5)
loadingCargando…

Tras el largo descanso de cinco días en Tangalle, y no sin mucho pesar por despedirme de aquel pequeño fuerte en el que se había convertido nuestra acogedora cabaña, pusimos punto y final a las vacaciones en la playa y seguimos bordeando la costa sur de Sri Lanka en dirección oeste. Nuestro siguiente destino era Mirissa, otro pueblo costero famoso por ser punto de partida de barcos en los que se puede salir a avistar ballenas azules, cuyo recorrido pasa a unos pocos kilómetros de allí.

Habíamos salido tarde y no llegamos a la ciudad hasta pasado el mediodía. Tras preguntar en un par de guesthouse encontramos una a escasos metros de la playa, sencilla y bastante bien de precio. Una vez allí no tardaron ni diez minutos en empezar a hablarnos de ballenas y enseguida nos propusieron contratar con ellos la excursión para el día siguiente.

Nuestra guesthouse en Mirissa

Nuestra guesthouse en Mirissa

Así lo hubiésemos hecho si la casualidad no nos hubiese llevado a tener una larga conversación con un alemán justo un par de días antes en Tangalle. Este señor había estado en Mirissa antes que nosotros y tuvo la suerte de hacer la excursión con la compañía Raja and the Wales. Resultó que Raja, capitán del barco y responsable principal de la compañía, era además un activista que llevaba mucho tiempo dedicándose a concienciar a la población y a los turistas de los efectos negativos del avistamiento irresponsable sobre las ballenas, la pesca y el transporte marino. Garantizaba que su barca ofrecía avistamientos responsables y presumía de ser de los pioneros en el oficio en Mirissa.

Cuando por la tarde decidimos ir a la oficina de la empresa y hablamos con él en persona quedamos convencidos y decidimos que ir con su compañía sería la mejor opción, a pesar de resultar bastante más caro que otros. Su voz desprendía emoción hablando de las ballenas y su semblante serio y a la vez preocupado daba credibilidad a cada una de sus palabras, así que finalmente decidimos comprar los billetes para el día siguiente.

Raja & the Wales

Raja & the Wales

Por la tarde fuimos a darnos un chapuzón a la playa, pero nos decepcionó encontrar la arena plagada de decenas de bares que apenas dejaban espacio para disfrutar de ella tranquilamente, así que no tardamos mucho en volver a la guesthouse para ducharnos y salir a cenar.

En la playa de Mirissa

En la playa de Mirissa

Empezaba a salir el sol al día siguiente cuando, emocionados por la excursión que estábamos a punto de realizar, salimos de la guesthouse en dirección a la agencia Raja and the Wales. Cuando llegamos allí vimos que éramos de los primeros y uno de los hermanos de Raja, parte de la tripulación, nos indicó donde se encontraba el barco y nos invitó a subir.

Tomando un café en el barco de Raja & the Wales

Tomando un café en el barco de Raja & the Wales

Mientras esperábamos a que llegasen el resto de pasajeros nos ofrecieron café y galletas en la parte trasera del barco y antes de que empezásemos a estar impaciente ya estaba arriba todo el mundo y nos daban las primeras instrucciones antes de salir. El viaje hasta la zona del avistamiento duraba casi una hora y, por si las moscas, nos dieron unas cuantas bolsas por si te entraban ganas de vomitar pero quedaba estrictamente prohibido lanzar nada por la borda, y menos aún plástico. Pensé en lo triste del hecho de que esa información siga siendo necesaria, pero algunas de las playas por las que hemos pasado en nuestros viajes me ha hecho ver hasta que nivel puede el ser humano ser guarro. Así que de algún modo terminé alegrándome de que perdiesen unos minutos recalcando (casi en el mismo tono que lo haría un profesor a sus alumnos de 8 años) algo tan obvio como importante.

Cuando el barco se puso en marcha Raja se puso de pie enfrente de todos nosotros, se presentó e hizo una breve charla acerca de la importancia de conocer las ballenas, sus necesidades y los problemas a los que se enfrenta en la actualidad ésta especie. Habló sobretodo de la necesidad de ser respetuosos con el espacio vital de los cetáceos pues acecharles causa cambios en su comportamiento y a la larga es perjudicial para estos animales.

Explicaciones de Raja

Explicaciones de Raja

Nos explicó también todo lo que se estba haciendo al respecto como concienciar a los otros barcos o obligar a los grandes buques a reducir la velocidad o a llevar cámaras submarinas cuando pasen por zonas transitadas por ballenas para evitar colisiones que en ocasiones terminan con la muerte de éstas (cómo prueba de ello nos mostró alguna foto que causaba verdadera pena).

Cuando terminó de explicarnos como nos informaría de la posición de las ballenas y cómo teníamos que actuar en caso de avistamiento nos dejó disfrutar del viaje, los que pudieron… Y es que desde el minuto número uno y hasta que el barco paró, la gente fue haciendo uso de sus bolsas de plástico hasta quedar muy pocos inmunes a los efectos del excesivo movimiento del barco…

¡A ver si tenemos suerte y vemos a la ballena azul!

¡A ver si tenemos suerte y vemos a la ballena azul!

Casi una hora más tarde el motor del barco paró y vimos que, muy a lo lejos, una ballena había salido a respirar a la superficie. La distancia hacía que fuese imposible ver bien el cuerpo del animal, pero uno lo intuía debajo del chorro de agua que salía del espiráculo.

Cuando el animal volvió a meterse en el agua sentí una punzada de decepción, pues aunque había entendido que era verdaderamente importante no acosarles, no pensé que los fuésemos a verlo tan a lo lejos. El barco seguía parado y las miradas de los pasajeros permanecían clavadas en el horizonte cuando de repente, y pillando por sorpresa hasta al propio Raja, otra ballena decidió salir a respirar mucho más cerca del barco que la anterior. Esta vez podíamos ver bien la parte del cuerpo que sale a la superficie, muy poca en relación a su tamaño entero, pero uno se podía hacer perfectamente a la idea de la magnitud del bicho. Estábamos literalmente alucinados con aquella imagen y, a pesar de los escasos segundos que duró la escena, la recuerdo en mi memoria como si hubiese tenido toda una hora para contemplarla. Allí estaba la gran ballena azul, enorme y majestuosa decidiendo ignorar a esos humanos que tanta curiosidad teníamos por verla. Uno se sentía minúsculo e insignificante al lado de tan grandioso mamífero. Sin duda alguna fue toda una experiencia, y prueba de ello es la cara de satisfacción que se nos quedó a todos y cada uno de los pasajeros (los que no se encontraban en esos momentos vomitando, claro).

La gran ballena azul

La gran ballena azul

A continuación Raja informó de que iba a proceder a dar media vuelta en dirección a Mirissa pues, aunque sabía por donde volvería a subir el animal, tardaría un rato en hacerlo y el hecho de conducir en esa dirección incitaría a los demás barcos a ir hacia ella, invadiendo el espacio de la ballena.

El viaje de vuelta fue mucho más tranquilo, en parte porque parecía que la gente se iba acostumbrando al balanceo y lo toleraba mejor y en parte porque toda la tensión por la incertidumbre a la ida había desaparecido. Nos dábamos por satisfechos, otra vez.

Llegada al puerto de Mirissa

Llegada al puerto de Mirissa

Aquella tarde Mirissa ya no nos ofreció nada más que nos pudiese interesar, así que tras una comida y una siesta reparadoras hicimos poco más que dar un paseo por la playa. El día siguiente de camino a Galle descubriríamos una decena de playas espectaculares y lo mejor de todo, desiertas…

De comida en la playa

De comida en la playa

NOTA: ¿Te vas de viaje? Recuerda que puedes conseguir un 5% de descuento en IATI seguros de viaje solo por ser lector de conmochila. Haz click en el link anterior donde te explicamos cómo obtenerlo.

Artículos relacionados