Asia las pasa canutas mientras Europa se va ‘de copas’

Desde hace ya unas cuantas semanas, los compas en Europa me envían vídeos de su liberación. Los veo en las terrazas luciendo sonrisas sin mascarillas y con los mofletes colorados. En las mesas, claro, se amontonan los vasos vacíos y sus discursos me recuerdan alegremente al canallita liberado de los Pantomima Full. Por no hablar de los muchos otros que exhiben las entradas que han comprado para los conciertos de este verano.

Es cierto que aún hay que andarse con ojo porque el Covid es un cafre impredecible, pero el personal también se merece alguna alegría tras el casi año y medio turbio que se ha vivido. Por eso me alegro -y mucho- cuando los colegas me envían fotos de sus certificados de vacunas y me preguntan cuándo van a poder volver a Tailandia. La pregunta de marras, claro.

Phuket, cuyo negocio turístico está devastado, será el primer destino de Tailandia en abrirse al mundo.
Phuket, cuyo negocio turístico está devastado, será el primer destino de Tailandia en abrirse al mundo.

El panorama, no obstante, luce mucho más peludo por los lares desde los que escribo. Es curiosamente aquí, en Asia, donde el asunto pinta peor que nunca. El lugar donde el pasado año se sacó pecho frente al Covid, con demasiada gente que afirmaba haberle pasado la mano por la cara a Occidente en cómo afrontar una pandemia, ahora languidece. Y las perspectivas no son halagüeñas.

Asia en general fue el lugar donde se pudo cantar victoria contra el Covid en 2020, y particularmente pocos países pudieron vitorearlo con tanta fuerza como Taiwán, Vietnam y Tailandia. Quizás por eso esta parte del mundo decidió que lo de las vacunas era un asunto menor . Como dijo el militar golpista que lidera el Reino de Siam, Prayuth Chan-ocha, lo de inmunizar al personal se consideró «poco necesario» porque el Covid supuestamente estaba «bajo control».

En parte se puede entender dicha actitud por parte de los líderes asiáticos y de las gentes del lugar. Veían en la televisión cómo los occidentales se encerraban en casa y no podían ni disfrutar de una comida en un restaurante mientras ellos hacían vida normal sin que hubiera que lamentar nada.

Pared recién decorada en el callejón 22 de Sukhumvit, en Bangkok.
Pared recién decorada en el callejón 22 de Sukhumvit, en Bangkok.

Los ejemplos de aquel pasado mejor suelen ser surrealistas para quienes no estuvieran por aquí. En la segunda mitad de 2020, en cualquier ciudad de Tailandia, se celebraban eventos deportivos y festivales de música. Las discotecas seguían abarrotadas de gente sin mascarilla y el comentario habitual era aquello de «aquí no hay Covid». Las cifras oficiales fueron de cero contagios durante meses.

Este año, en cambio, empezó todo a ir mal y pronto se derrumbó el castillo de naipes. ¿Cómo fue posible que, en el pico de la pandemia del primer trimestre del pasado año, Asia capease el temporal tan bien y sucumbiese en 2021? Cuando todo estaba hecho, con las fronteras cerradas y una población que pudo vencer al virus fácilmente.

Quizás el asunto sea genético como dicen algunos. No en vano, la variante británica en Tailandia -que entró en el país a través de corruptos con dinero- es altamente contagiosa y los siameses desarrollan síntomas con facilidad. O será que se bajó la guardia cuando todo gobierno local se cegó al pensar que eran unos ases en controlar contagios.

Una familia en Bangkok demuestra que lo de que se aplique la Ley, por estos lares, es algo que cuesta lo suyo.
Una familia en Bangkok demuestra que lo de que se aplique la Ley, por estos lares, es algo que cuesta lo suyo.

Sea cual sea el motivo, muchos países de Asia estaban fuera de la pandemia en 2020 y ahora mismo sufren unos contagios antes inimaginables.

Vietnam se enorgullecía en 2020 de no haber padecido ninguna muerte. Este año, sin embargo, ya hay una cincuentena de fallecidos y los centenares de contagios diarios han obligado al país a cerrar los restaurantes, la mayoría de los comercios y hasta a obligar a mantener las distancias en las calles.

La culpa, por supuesto, se la ha echado el Gobierno vietnamita al primero que ha podido. En este caso han fusilado mediáticamente a una iglesia donde supuestamente se rezaba sin mascarilla. Algo similar ha ocurrido en Taiwán, donde se ha señalado como culpable a un grupo de pilotos que, dicen, se saltaron la cuarentena obligatoria al entrar al país.

Aunque si hablamos de brotes de contagios casi imparables es imposible dejar de mencionar a Malasia, un país donde a muchos ciudadanos nacionales se les dice que si salen del país lo tendrán muy difícil para volver a entrar. No en vano es la nación asiática con más infecciones por número de personas, aunque también es donde más vacunas se inyectan.

El caso siamés: entre la reapertura y cerrarlo todo

Tailandia es quizás el país clave en todo este meollo. O al menos el que resulta muy visible. Más que nada porque es el que más prisa tiene por reabrir, y también donde se ha complicado todo extremadamente. Hace algo menos de un año, una delegación de la Organización Mundial de la Salud se plantó en Bangkok para filmar un documental sobre «el milagro tailandés» como mejor ejemplo de la contención del virus, hito que compartía con Nueva Zelanda.

A día de hoy, el Gobierno siamés ya no sabe qué excusas inventarse para camuflar las cifras de contagios, que cada día rondan las 2.500 personas, además de lamentar cerca de medio millar de muertes por semana. El regreso del Covid a Tailandia llegó a través de las corruptelas en bares de bajas pasiones de Bangkok, como conté ampliamente aquí, pero se ha extendido por todo el país y ahora se desconoce cómo combatirlo.

El Gobierno (casi) militar del ex general Prayuth Chan-ocha se excusa diciendo que quienes fallecen son «caídos en combate», ya que para el condecorado que nunca estuvo en una guerra de verdad lo de evocar al Covid como si fuera un enemigo bélico le hace sentirse imponente en lugar de impotente.

El barrio pobre de Khlong Toei es uno de los más afectados, ya que allí no es fácil poner distancias de seguridad.
El barrio pobre de Khlong Toei es uno de los más afectados, ya que allí no es fácil poner distancias de seguridad.

En realidad, nadie en el país esperaba esto. Al igual que Vietnam, Taiwán u otras naciones asiáticas jamás imaginaron que cuando Occidente empieza a ver la la salida les toca a ellos sufrir lo que otros ya padecieron en 2020.

Pero muchos analistas lo entienden como parte de la estrategia que tomó Asia el pasado año. Al ver que Europa y Estados Unidos se sumían en el caos originado por el contagio por Covid, los países orientales se cerraron a cal y canto. Prohibieron la entrada a los de fuera y pusieron barreras muy férreas a quienes tuvieran que entrar por motivos familiares o laborales.

Eso mantuvo el Covid a raya. Vietnam, hasta hoy, no permite a nadie entrar si no viene en vuelo de repatriación y es ciudadano nacional o cuenta con un permiso de residencia. Taiwán tres cuartos de lo mismo. Y Tailandia, que siempre quiso apostar por el regreso del turismo, permitió desde hace algo más de medio año entrar como turista, pero realizando una cuarentena forzosa y vigilada de dos semanas que cuesta más de mil euros.

Todo ello estaba motivado por el hecho de que no habían sufrido contagios notables. Tarde o temprano -y sin vacunas-, las infecciones tenían que llegar.

La corrupta policía de Bangkok, sin turistas a los que esquilmar, recorre el centro de la ciudad en busca de extranjeros a los que registrar, esperando encontrar drogas para poder cobrar una mordida.
La corrupta policía de Bangkok, sin turistas a los que esquilmar, recorre el centro de la ciudad en busca de extranjeros a los que registrar, esperando encontrar drogas para poder cobrar una mordida.

La cuarentena que encerró a estos países funcionó muy bien durante la segunda mitad de 2020. En cambio, a día de hoy algunos consideran insultante que sigan manteniéndola con las mismas condiciones. Una persona vacunada en España, por ejemplo, requiere de permisos diversos para entrar en Tailandia y pagar más de mil euros por encerrarse un par de semanas en un hotel. Todo para que, cuando pueda salir, se encuentre un país sumido en una pandemia con miles de contagios diarios.

Los hay quienes lo llevan bien, claro, pero también están los que lo sufren notablemente. Por ejemplo, quienes disfruten de las playas y de la naturaleza pueden gozar de un país libre de turistas y con menor contaminación de la esperada.

No es igual para los canallas que prefieren patearse los bares y sacarle jugo a la noche tailandesa. El alcohol está prohibido en los restaurantes y los bares están totalmente clausurados.

Hay un puñado de tugurios ilegales en Bangkok que abren destrangis y tratan de servir de consuelo para quienes no respetan el estado de emergencia. En ellos, las peleas son habituales. También las malas caras y los enfados. Básicamente porque mucha gente empieza a estar de los nervios ante una situación que Occidente conoce muy bien, pero que aquí nos resulta novedosa.

El barrio rojo de Soi Cowboy está abandonado y todos sus clubes clausurados.
El barrio rojo de Soi Cowboy está abandonado y todos sus clubes clausurados.

El panorama es malo, vale, pero tampoco para ponernos totalmente cenizos. Sobre el papel todo luce fatal y dependiendo de las prioridades de cada uno podemos estar en mitad de una debacle. Pero lo cierto es que lo verdaderamente negativo no es que no podamos tomarnos una caña en una terraza. Lo ciertamente triste es que los hay que pierden trabajos o negocios y están con el agua al cuello.

Hace un mes y medio, en Phuket, charlé durante muchas mañanas con Nicolai, el director de un pequeño hotel en Phuket que ha logrado salir adelante pese a la falta de turistas. A base de ofrecer habitaciones a seis euros la noche, este empresario danés ha logrado que su Memory Boutique Hotel salga a flote.

Empero tiene truco: ha requerido de la ayuda del propietario del local comercial, que ha asumido que no puede cobrar la mensualidad y esperar que su cliente no se arruine. Desgraciadamente, no es la tónica habitual y la mayoría de grandes propietarios de locales comerciales no han perdonado a sus clientes los pagos mensuales. Demasiados restaurantes, bares, comercios y agencias han tenido que cerrar. En algunas zonas turísticas se han clausurado hasta nueve de cada diez negocios.

Una calle de Bangkok a la hora de la cena, cuando ya todo está cerrado.
Una calle de Bangkok a la hora de la cena, cuando ya todo está cerrado.

La solución pasa por la vacunación. Eso es algo que tiene claro la población siamesa y también el Gobierno. Pero dicho asunto también es un problemón, ya que Tailandia pensó que el tejemaneje de inmunizarse no era una prioridad por eso de lo bien que tenían la pandemia a raya. Ahora llegan tarde.

A día de hoy, Tailandia sufre para poder vacunar a su gente e incumple plazos y promesas a diario. Las dosis que ofrecen no son las que solicita la población, sino que hay intereses económicos en ofrecer dosis de la china Sinovac y también de una versión local de AstraZeneca fabricada por una empresa dependiente de la corona.

La esperaza de Phuket y la liberación de octubre

Todos los buenos deseos siameses están puestos en la isla de Phuket. El destino de playa que hace décadas se consideraba un paraíso -y que desde hacía bastante tiempo estaba considerado como el lugar más caro de Tailandia por la ingente cantidad de turistas- pretende emprender la reapertura del país.

Cuando a principios de año se anunció un plan para que a partir del 1 de julio toda persona vacunada pudiera acceder a Phuket desde cualquier lugar del planeta se pensó que aquello era una salida de pista. Que se trataba de buenas intenciones imposibles de llevarse a cabo. A tres semanas de dicha fecha, parece ser que sí va a ser real.

La playa de Freedom Beach, en Phuket, luce así de fastuosa este año sin turistas.
La playa de Freedom Beach, en Phuket, luce así de fastuosa este año sin turistas.

El plan es claro: cualquiera que pueda demostrar estar vacunado -certificado mediante- podrá entrar como turista en Phuket de la misma forma que se hacía en aquellos tiempos previos a la pandemia. Sin cuarentena. No obstante, durante dos semanas no podrá abandonar la isla.

Para llevar a cabo esta artimaña turística se ha vacunado -con Sinovac- a más de la mitad de los residentes en la región y se espera alcanzar el 70% de inmunizaciones antes de julio. Quienes quieran acceder a Phuket desde el resto del país deberán estar vacunados, o deberán hacer cuarentena.

Nadie duda que este plan mágico ideado por la Asociación del Turismo de Tailandia y la alcaldía de Phuket tiene más agujeros que un gruyere, pero hay que elogiar el empeño que se ha puesto en él. Y tan cerca de la fecha, parece ser que se llevará a cabo, si bien yo esperaría hasta el primero de julio para ver qué se cumple o si hay cambios de última hora.

Una puesta de sol en lo que antes era una abarrotada calle turística en Phuket.
Una puesta de sol en lo que antes era una abarrotada calle turística en Phuket.

Bueno, esas mismas dudas parecen tenerlas todos aquellos que quieren regresar a Tailandia a través de Phuket, ya que reservas previas no hay. Lo que es comprensible, a ver quién se va a fiar de una promesa así en tiempos de pandemia. Pero si se hace realidad -y yo apostaría por ello- será un gran paso para la reapertura de Tailandia.

El siguiente gran avance sería que el país reabriera completamente en octubre. Así está previsto, pero frente a dicha afirmación yo no confiaría tanto. Será necesario que la mayoría de la población haya sido vacunada, y al ritmo que van será casi imposible.

Por otro lado, las autoridades no dudan que Tailandia, en crisis sanitaria, es un país muy poco atractivo. Ahora mismo los gimnasios, las piscinas, los museos, los bares y hasta los parques están cerrados y prohibidos en buena parte del país.

Pero, como dice mi amigo Miguel el marino -que esta semana regresa a Tailandia y tendrá que soportar además de pagar dos semanas de cuarentena forzada-, la pandemia en este país es más llevadera. Porque siempre tienes playas de excepción que ahora lucen como paraísos o montañas más bellas que nunca.

Yo concuerdo con ello, no estamos tan mal en esta nueva oleada de contagios. Pero esto lo decimos solo los que no lo hemos perdido todo en esta crisis. Porque quienes más sufren que Asia esté a dos velas mientras Europa se va de copas son aquellos que han perdido sus empleos o han tenido que bajar la persiana. Y por eso, sobre todo por eso, es importante superar este bache cuanto antes.

A contrapelo, por Luis Garrido-Julve
A contrapelo, por Luis Garrido-Julve