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Esta es una pequeña reflexión acerca de esa evolución (o des-evolución) de los vínculos que hemos creado la sociedad con la naturaleza.

Desde los inmemoriales tiempos, los humanos han desarrollado toda su vida en dependencia a la naturaleza. Formamos parte del todo de la vida que forma ese ciclo conjunto que engloba este mundo. Pero… ¿cuándo hemos roto esa relación con ella? ¿Cuándo dejamos de ver la naturaleza como parte a la que pertenecemos y pasamos a verla como si estuviera a nuestro servicio?

Nuestra relación con la naturaleza se está rompiendo debido a que ya no hacemos uso de ella, sino que abusamos de ella. Cuando se rompen las relaciones de equilibrio es cuando se empieza a desestabilizar la armonía del todo y es cuando empiezan aparecer los problemas.

Es el momento de reflexionar nuestra relación con la naturaleza.

Tenemos la creencia de que el progreso depende de nuestra capacidad para alejarnos de la naturaleza. Lo que no entendemos es que en verdad, la necesitamos y biológicamente además completa nuestro bienestar y nuestro ser.

La naturaleza nos protege

Solo tenemos que dejarla a su aire. Ella sabe regularse y equilibrarse sola, no necesita de nuestra intervención. Lo único que necesita es que le dejemos espacio. Su espacio. Para que ella sola sepa lo que tiene que hacer.

La naturaleza sirve de amortiguador para que no lleguen a nosotros un montón de enfermedades. Si nos empeñamos en destruir los hábitats naturales y nos metemos donde nadie nos llama, estamos facilitando a que las amenazas de multitud de patógenos, por ejemplo hongos, bacterias, virus… puedan saltar a nosotros produciendo enfermedades. Así que nosotros solos nos estamos situando en el punto de mira de estos agentes biológicos externos.

Daros cuenta que somos la especie más abundante del Planeta. Así que un encuentro accidental con nosotros puede convertirse en el éxito de de supervivencia de cualquier patógeno al que le coincidamos como hospedador. Ellos también forman parte del ecosistema al que pertenecen, nosotros simplemente interrumpimos en su ciclo.

Si se erosiona la biodiversidad con talas incontroladas, fragmentación del terreno o reemplazamos el hábitat con campos agrícolas, tenderemos a deshacernos de las especies que en realidad cumplen una función protectora. Hay ciertos animales que sirven de controladores de ciertas especies beneficiándonos y protegiéndonos en el silencio.

Antes de ser terreno agrícola, esto fue un bosque.

Así que hay que entender que la existencia de muchas especies distintas -lo que se conoce como biodiversidad- crean interacciones que hacen que unas especies controlen a otras, regulándose de esta forma ellas solas.

De cuando queríamos entenderla

Al principio de los tiempos, cuando la especie humana se empezó asentar y formar grupos de comunidades, encontró la necesidad de relacionar hechos que empezarían a transformarse en conceptos.

Cuando se descubrió que de una semilla caída empezaba a brotar de nuevo la vida, empezaron a observar. Empezaron a darse cuenta que las distintas formas de vida que les rodeaba, tanto aquellas de las que se alimentan como de las que no, siguen un ciclo. El ciclo de la vida. Y más allá de esto, empezaron a entender los procesos que pueden influir en ese correcto ciclo de la vida.

Fue así como aprendieron a recolectar, a saber cuando plantar, a fijarse en más allá del suelo, en la condiciones climáticas, las estaciones del año… todo servía para adaptarlo a sus circunstancias e intentar imitarlo. Empezamos a imitar a la naturaleza.

Todo esto fue desarrollándose como ya saben, en lo que se supone que es la historia de nuestra civilización. Según cada momento de la historia nuestra relación ha cambiado muchas veces.

La naturaleza es demasiado compleja como para imitarla.

Desde la Era Primitiva hasta la Revolución Industrial, se puede decir que nuestro impacto ambiental no había generado mayores inconvenientes en nuestro equilibrio ecológico, porque solo tomábamos lo que necesitábamos.

La desconexión con el medio natural

En nuestros días el consumo excesivo que hacemos del Planeta está desequilibrando todos los niveles de la Naturaleza y esto tiene consecuencia en nuestro bienestar. De esta forma es como estamos poniendo a nuestra existencia, en peligro de desaparecer.

Nuestras poblaciones empezaron a crecer, nuestras necesidades también. Así que empezamos a modificar el uso del suelo tomando de la naturaleza lo que necesitábamos para ello. Llegó un punto en que nos convertimos en la única especie en la Tierra que no se adapta a su medio, sino que adapta su medio para convertirlo en su único terreno.

El punto de inflexión se puede decir que fue la agricultura y la ganadería. Fue el momento en el que los humanos alcanzaron la independencia, se separaron de la naturaleza. Empezaron a identificar enemigos naturales como las «malas hierbas», insectos o depredadores que interferiría con su producción agrícola.

En el momento en el que se empezó a explotar otras especies, incluso hasta llegar a extinguirlas, sólo por beneficio sin asumir las consecuencias reales inmediatas, fue también cuando nos desconectamos de la naturaleza.

Una visión antropocéntrica

Empezamos a inventar objetos con lo que simular la fuerza del viento, del agua, acelerando la erosión y la obtención de minerales que nos servirán para crear otros objetos a los que dar incluso mayor valor. Sin pensar ni recapacitar en todo lo que estaba suponiendo a la naturaleza tener que soportarnos.

Extracción de piedra dentro de un área protegida en Borneo.

Nos empezó a molestar todo lo que no era creado por y para nosotros. Creamos necesidades inexistentes y empezamos acelerar tanto nuestra forma de vivir que ni siquiera teníamos tiempo de vivirla.

Y así es como estamos hoy, reconectándonos con el tiempo perdido.

Siempre miramos a otras especies como con una visión muy humana, viendo el cómo podría hacer con esto para beneficiarse de ello. Al final queremos controlarlo todo, cuándo ha de crecer o qué forma ha de tener.

La naturaleza ha sido objeto de uso, apropiación y explotación para el ser humano; esto ha impactado de manera negativa en las condiciones de los recursos naturales, tan necesarios para la vida.

La explotación mineral trajo contaminación ambiental y la tala indiscriminada de los bosques produjo cambios en el clima y la aparición de nuevas enfermedades. La pesca sin control en nuestros océanos convierte áreas de enorme riqueza en desiertos oceánicos sin vida y la biodiversidad en todo el mundo está amenazada con demasiadas especies ya en peligro de extinción.

Y aún sabiendo todo esto, seguimos dando la espalda a nuestra naturaleza.

Abusamos hasta de los de nuestra propia especie

Y no es sólo la relación de nosotros con la naturaleza, también es la normalización de una relación de explotación incluso en poblaciones de nuestra propia especies. Todo esto fruto de la globalización y la aceptación de deslocalizar empresas, produciendo en zonas sin leyes medioambientales y/o laborales, con la única finalidad de aumentar beneficios a costa de la desigualdad.

Ya saben, cosas de humanos. Así es nuestra especie.

Esta visión capitalista moderna derivada de la occidentalización de la economía se expandió por el mundo de forma pandémica, siendo ahora la única visión posible. Confrontando en todos los sentidos la sociedad como sujeto y la naturaleza como un objeto. 

La globalización irrumpió en todos nosotros con esa lógica de acumulación y expansión del sistema capitalista, orientado a la conquista de cuantos más territorios mejor y al dominio de todos los recursos naturales.

Todo esto bajo la excusa de nuestro bienestar, cuando la realidad es que ha sido lo que ha tambaleado la dinámica social, política, cultural y de uso de los recursos locales.

La relación naturaleza-sociedad se rompió en el momento que aceptamos este sistema como el único servible. El dominio de la naturaleza generó impactos y consecuencias sobre el equilibrio invisible.

La revolución Industrial y la era tecnológica convirtieron la naturaleza en una fuente para la producción con la única finalidad de la generación del capital anteponiendo esto a la riqueza natural.

No sólo existimos sino que coexistimos

Somos uno más de toda la red de vida que se ha formado en el Planeta. Cada especie por insignificante que parezca tiene ya una existencia, por lo que tiene un porqué estar ahí. Formamos parte de una cadena y la pérdida de cualquier eslabón puede causar un efecto en cascada en el funcionamiento correcto de cualquier ecosistema.

Al fin y al cabo todos somos responsables de esta desconexión. Parece que la sociedad mundial en general se ha despreocupado del Planeta y de todos sus habitantes. Todos coexistimos en el mismo mundo, formamos parte de una red y no podríamos vivir aislados.

Lo hemos simulado durante estos días de confinamiento; necesitamos del exterior. Necesitamos ir a comprar nuestros alimentos, necesitamos el agua, la corriente eléctrica, echamos de menos el aire libre, pasear…

Sintonía con el mundo natural

La sincronización con la que suceden muchas relaciones biológicas entre especie puede ser realmente asombrosa. Como dirigidas por algo superior, muchas especies saben lo que tienen que hacer y nosotros aún no sabemos el por qué ni el cómo lo hacen.

La sincronización de muchos procesos biológicos es más que sorprendente.
La sincronización de muchos procesos biológicos es más que sorprendente.

El desove de muchas especies que se hace en el tiempo exacto, como si ya hubiesen quedado para ello, con la coincidencia de la Luna. La especialización en su forma de muchas flores para que determinados insectos puedan polinizarlas es alucinante. Las migraciones de muchas especies, como si tuviesen un GPS ya instalado, que saben dónde ir sin haber ido anteriormente, aún es fruto de estudio a día de hoy.

Nuestra inteligencia está sobrevalorada y a medida que los tiempos avanzan, esa desconexión con el mundo natural está haciendo que comentamos fallos que ni en los principios de la evolución.

Si acabamos con los recursos de un lugar hay que esperar mucho tiempo para ver su recuperación. Pero es que si además no le damos tregua y se sigue explotando el medio, es totalmente normal que todo se nos vuelva en contra.

Reconectar con la naturaleza

Algo tan pequeño nos ha recordado que no somos tan invencibles como creíamos.

Siempre digo que cuando nacemos estamos conectados con la naturaleza. A los más pequeños les suele llamar la atención los animales, las plantas, porque ven vida en ellos. Según vamos creciendo vamos desconectándonos, tal vez como consecuencia del tipo de prioridades que la sociedad ha ido creando.

La única forma de conectarnos es tener la voluntad de querer conectar.

Estábamos viviendo tan rápido, que se nos estaba olvidando hasta vivir.

La naturaleza nos protege y, en verdad, no nos costaría tanto protegerla a ella. Es simplemente dejarla a su aire, porque ella sabe llevar a cabo todas las funciones que realiza sin que nosotros nos demos ni cuenta de que a su vez, también nos beneficia.

Así que el respeto sobre otras formas de vida que coexisten con nosotros nos hará vincularnos de nuevo a la sintonía de la naturaleza, entendiendo los límites de nuestro Planeta para evitar sobrepasarlos y caminando así hacia un mundo más sostenible.

Por eso es tan importante conocer lo que nos rodea, porque es la única forma de proteger y saber que todas nuestras decisiones pueden tener un impacto positivo sobre el medio. Simplemente se trata de probar ser más natural.

La ruta natural, por María Marcos
La Ruta Natural, por María Marcos
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2 Comentarios

  • Meivys
    Posted 6 de mayo de 2020 at 08:48 0Likes

    los seres humanos somos los peores enemigos de la naturaleza y es por eso que estamos pasando por lo que estamos pasando ahora que han muerto muchísimas personas a ver si tomamos conciencia y cambiamos y aprendemos a respetar a nuestro planeta que es en realidad la casa de todos y a nuestros vecinos que son los animales y las plantas.Muy buena reflexión María.Muchas gracias por compartirla.

  • Clara
    Posted 5 de mayo de 2020 at 14:53 0Likes

    La arrogancia humana es la que genera esa desconexión. De algún modo nos creemos superiores como si fuésemos dioses. Despreciamos lo que nos dió la vida (madre tierra).
    Las personas que la respetamos estamos sanas, las que no enferman.

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