Viaje a China
Un viaje por muchas Chinas en un solo país
China puede ser un imperio de piedra y naturaleza apabullante. Y también un mundo futuro de neones y coches silenciosos. Pero su realidad es mucho más indescifrable. Porque censuran nuestras redes sociales y no se doblegan ante el uso del inglés.
Una rebeldía frente a la gentrificación mundial que lo convierte en un lugar que hace honor a su nombre en chino: la nación central de nuestro planeta.
// enfoca tu viaje a China
Cinco miradas para descubrir China
El trono milenario de una historia viva
El mismísimo Marco Polo se dio cuenta de que al pisar China estaba frente a un imperio superior. El de la luminosidad y la grandiosidad. Y uno esmerado en mantener sus fastuosos símbolos, como la Gran Muralla, aún intacta en tantos kilómetros.
China es el país milenario por excelencia, ya que fue capaz de mantener su grandeza por más de dos mil años. Los eternos palacios de Pekín y las construcciones fortificadas de Xi’an siguen en gran estado en la actualidad.
Y por eso puedes pisar las mismas murallas que los emperadores de un pasado muy lejano, ya sea en pueblos como Pingyao o capitales imperiales como Nankin. Porque el país se esmeró desde siempre en mantener el esplendor de su pasado en su presente.
El refugio del tiempo pasado
China no es solo opulencia tecnológica e historia milenaria. Sino también belleza en la rutina. En la de esos pueblos de Yunnan en mitad de la montaña donde todo luce como si el tiempo se hubiera detenido. Rincones del país que se niegan a la modernidad, que viven en las antípodas del neón. Muchos tuvieron que detener el tiempo a base de inversión turística, como se ve en las calles de Yangshuo. Pero lograron mostrar el pasado.
La vida rural china se ha mantenido intacta a ojos de todos nosotros, e incluso ahora es más bella que antaño. Sus pueblos más característicos han vivido un lavado de cara y las autoridades se preocupan de mantenerlos como antaño. Cocinas al aire libre, teterías y barrios sin asfalto. Quizás demasiado adaptados al turismo. Pero bellos igualmente.
Y no solo es en las aldeas. Todas las ciudades importantes albergan distritos del pasado donde la vida se detuvo. Algunos muy animados, como los hutongs de Pekín, en los que se mantienen hasta sus baños públicos. Y otros con grandes lavados de cara, como los callejones de Kuan y Zhai en Chengdu.
La fe que respiran los mitos
La gran mayoría de supersticiones asiáticas nacieron en China. Y las leyendas también, como las de los estrictos monjes de Shaolín en montañas impenetrables. En un territorio de dimensiones continentales, los templos y las montañas sagradas forjaron una forma de narrar las creencias de toda una nación gigantesca.
Quizás en la actualidad la población no sea religiosa. Es fácil toparse con un buda de 71 metros como el de Leshan. O grutas repletas de estatuas religiosas, como las de Longmen.
Viajar a través de la China sagrada no es solo atravesar religiones. Los mitos siguen vivos. Y la filosofía se fusiona con la superstición. Desde la herencia supuestamente inquebrantable de los monjes guerreros hasta los altares abarrotados de ofrendas en un país en el que las religiones se esfumaron pero donde los espíritus permanecieron.
Por eso es fácil encontrarse con pequeños santuarios en ciudades como Pekín o Shanghái, pero también en los lagos de Wuhan.
El abismo del inimaginable imposible
La geografía china no se anda con chiquitas, y la naturaleza en esta parte del mundo puede ser brutalmente abrumadora. Si este país ha sido escenario de películas como La guerra de las galaxias, y ha inspirado hasta a Bola de Dragón, es gracias a unas estampas de vértigo, altura y mares de nubes. Ambas producciones se ambientaron en las montañas de Guilin y Yangshuo. Pensábamos que Goku atravesaba Japón, cuando en realidad estaba en el sur de China.
Allá donde vayas en China te encontrarás con gargantas imposibles y acantilados de ensueño. Tan irreales como las montañas de Zhanjiajie, que se convirtieron en los montes flotantes de Avatar.
La naturaleza china es tan inimaginable que también inspira películas jurásicas, como cuando Transformers grabó en Wulong Karst la llegada de los dinosaurios. Allá donde vayas la naturaleza más apabullante aparece en cualquier lugar, como si el planeta no solo se hubiera cebado con China. Sino que la hubiera dotado de la mayor de las bellezas.
La ciencia ficción en el mundo real
Los chinos suelen decir que tan válida es la visión milenaria como la de los neones futuristas. Por eso el centro de Shanghái separa con un río el colonialismo clásico de algunas de las torres más modernas y propias de películas como Blade Runner.
El futuro chino ha ganado la batalla a la gravedad con imposibles construcciones verticales en Chongqing y drones que llevan paquetes en Shenzhen.
El silencio de los motores eléctricos mueve ciudades modernas como Guangzhou y las autopistas suspendidas crean una imagen más propia de las películas que de la realidad. Y que nos demuestra el poderío tecnológico del nuevo imperio.
// a tener en cuenta si viajas a China
China funciona distinto
Organizar un viaje a China por libre es mucho más fácil de lo que mucha gente imagina, pero hay ciertos detalles que conviene llevar preparados antes de aterrizar. Internet, pagos, visado, apps o transporte funcionan de forma distinta a otros países, y entender cómo moverse allí desde el primer día puede marcar muchísimo la diferencia durante el viaje.
// lo imprescindible
Antes de viajar a China
China seguirá permitiendo la entrada a viajeros españoles y de otras nacionalidades mediante la exención del visado chino hasta finales de 2026. Para estancias de hasta 30 días —turismo, negocios, visitas o escalas— bastará con el pasaporte. A partir de ahí, toca volver a pasar por consulado.
Entre el idioma, las distancias y un sistema sanitario poco familiar para el occidental, viajar con un seguro de viaje para China aporta tranquilidad más que preocupación. Tener asistencia y apoyo durante el viaje cambiará completamente tu forma de recorrer el país.
