La historia de Shenzhen es escasa como megalópolis china. Hasta los años 80 era una bella localidad de pescadores en cuyos arrozales vivían unas decenas de miles de personas. Cuando se fundó la zona económica especial apenas superaba los 300.000 habitantes. Hoy viven en ella más de 18 millones y es la ciudad del futuro que hace enloquecer a los tiktókers, donde lucen los coches sin conductor y los drones que llevan comida.

Más allá de eso, Shenzhen es ahora una de las ciudades más poderosas e importantes de China, y cuyo desarrollo serviría de ejemplo meritocrático en dudosos manuales de autoayuda. Lo importante es que en Shenzhen todo huele a nuevo y está recién estrenado. Una súper metrópolis que quiere mostrar un futuro. Para algunos es un destino sin alma. Pero lo indudable es que es divertida, amable y acogedora. Lo que ya es mucho.
Shenzhen es la ciudad del auge meteórico. Donde hace menos de 50 años no había casi nada, ahora se encuentra una de las principales urbes chinas. Sin embargo, su crecimiento también es notorio en su vertiente viajera y turística. Hasta hace muy poco, Shenzhen era una ciudad infravalorada por los extranjeros. Ahora, en cambio, es de las más llamativas de Asia.

La nueva forma de entender los viajes, cegada por los vídeos cortos en vertical, ha llevado a Shenzhen de ser un destino poco interesante en China a uno de los más visitados. Ya no es la fábrica del mundo y la copia de Hong Kong. Las autoridades chinas han sabido venderla por algo muy particular. Shenzhen es tecnología y arquitectura futurista. Son barrios creativos y una energía juvenil muy especial. Quizás no tenga espíritu como ciudad, pero sin duda es la más moderna. Tanto, que se ha convertido en el emblema de la China futurista.
Shenzhen es una ciudad muy interesante si uno se fija en sus contrastes. Por ejemplo en Futian es posible toparse con enormes rascacielos, centros comerciales y el aséptico pulso financiero. Mientras que en Nanshan se concentra buena parte de la innovación tecnológica, lo que fascina a los influencers que quieren grabar robots y coches autónomos.

Shenzhen también cuenta con su parte relajada, como un precioso paseo frente al agua que mira a Hong Kong. Aunque de la China del pasado quede muy poco o nada. Sí, se pueden encontrar callejones que muestran la vida de la provincia de Cantón. Pero lo histórico tiene un punto de cartón piedra al estar brutalmente restaurado. Y sí, al pensar en qué ver en Shenzhen hay más de lo que parece. Pero en realidad lo mejor es comprender el nacimiento de una metrópolis.
Si nos preguntaran, diríamos que Shenzhen es más una ciudad para habitar que para visitar. Porque pese a los monstruos de acero y hormigón, está pensada para la calidad de vida. Cuenta con parques enormes, paseos marítimos y mucha diversión.

La noche de Shenzhen es divertida, y su panorama gastronómico muy variado. Al fin y al cabo, es una ciudad de inmigrantes llegados de todos los puntos del país. Eso sí, los mejores restaurantes de Shenzhen suelen ser franquicias. Fueron quienes ganaron la partida al no poseer la ciudad una historia gastronómica cantonesa comparable a la de ciudades como Guangzhou.
Y sí, los influencers de vídeos cortos dicen que es el futuro y la venden como la gran capital de la tecnología. Quieren mostrar todo el rato coches sin conductor o robots. Pero quienes llevan años en ella y sus propios residentes no entienden por qué los tiktókers graban detalles menores como los drones o los cargadores en las calles. Cuando lo más destacado de Shenzhen es que simplemente es un buen lugar donde vivir.
Shenzhen fue ideada como una réplica de Hong Kong justo en la frontera que separa a la ciudad de régimen diferente con la República Popular China. Fue fundada como zona económica especial para atraer inversión extranjera y competir con el por entonces puerto británico.

Durante mucho tiempo, Shenzhen ofrecía suelo, mano de obra y unas reglas mucho más flexibles que las del resto del país. Y ofrecía una alternativa a Hong Kong. Siempre, eso sí, tratando de emular su fórmula y su éxito. Hasta se replicaron sus edificios, callejones y construcciones frente al mar.
Sus edificios rememoran el estilo del antiguo protectorado, hay un puerto con un fastuoso skyline, es brutalmente tecnológica y vive del comercio en un ambiente cosmopolita pero a su vez muy chino.

Por eso puede decirse que el auge de Shenzhen procede parcialmente del esfuerzo de China en restarle importancia a Hong Kong. Durante el enorme progreso del país, una de las máximas fue dejar de depender del ex protectorado inglés a nivel portuario y llevarse su riqueza a dos ciudades bajo su yugo. Por un lado desarrolló Shanghái como puerto de referencia y luego Shenzhen.

Quizás por eso algunos criticaron a Shenzhen en el pasado como «la marca blanca de Hong Kong», cuando en realidad tiene alma propia. Muchos la obvian entre las ciudades modernas de China, y es un error: pocos lugares explican mejor el presente del país.
Muchas de las bondades tecnológicas que en las redes sociales se mencionan sobre Shenzhen tienen que ver con los coches autónomos o los drones que reparten comida. Sin embargo, su impacto en la vida de las personas es mínimo, y son más bien algo para lucir. Como los cargadores inalámbricos de móvil en algunos lugares de la ciudad. A veces parece que solo los usen los influencers.

Igualmente, Shenzhen como ciudad del futuro es un tanto estéril de lo limpia y ordenada que puede llegar a ser. Está el distrito de Nanshan, con su tecnología, y admirar el poderío arquitectónico de Shenzhen desde la bahía tiene mucho empaque. Pero gran parte de su futurismo carece de alma.

Si pensamos en su poderío tecnológico, casi todo se concentra en Futian. La Shenzhen financiera y monumental. Con sus centros comerciales y sus oficinas. Allí se encuentra Coco Park, históricamente lugar de copas y encuentro, aunque cada vez esté más ordenado. Una pena.
Igualmente, en Huaqiangbei se concentra su lado caótico a nivel tecnológico. Muchísimos mercados de componentes, cables, baratijas y talleres. Como viajero no merece mucho la pena comprar algo allí. Pero tiene cierto encanto visitarlo.
Quizás lo más bonito del Shenzhen de los neones y del futuro sea buscar cafeterías y galerías en zonas anteriormente industriales. Porque no todo iba a ser consumismo.

Y si necesitas escapar del tráfico, la ciudad tiene parques enormes, playas y senderos costeros. Esa es quizá la gran sorpresa de Shenzhen: una metrópolis pensada para competir, innovar y crecer, que también ha sabido reservar espacios para caminar, crear y mirar al mar.
La muy reciente ciudad de Shenzhen es ante todo un lugar disfrutable en el sur de China. No destaca por su historia, ya que la metrópolis actual posee menos de medio siglo. Pero hay parques y naturaleza, grandes avenidas, restaurantes de alta calidad y una gran vida nocturna.

Además, en las redes sociales llaman a Shenzhen como la ciudad china del futuro. Luces de leds por doquier, drones, pagos automatizados y tecnología. En realidad eso es lo menos destacable a menos que se busque crear contenido para TikTok. Porque Shenzhen ofrece bastante más.
Buena parte de la Shenzhen del futuro es omnipresente allá desde donde mires. No importa si caminas por la bahía o por el parque de la montaña de loto. Seguramente los rascacielos ahí estarán a la vista. Y dicha área es Futian. Un enorme amasijo de edificios iluminados por leds y que lucen imponentemente.

Esta es la Shenzhen del futuro. O eso dicen. La que tiene alguna zona donde puedes pedir un vehículo sin conductor y donde encontrarás cargadores gratuitos para conectar el móvil de forma inalámbrica. Es un sitio de pasear cargado de centros comerciales y para entender la escala de la ciudad. Todo muy ordenado y arreglado. Quizás demasiado.
Dentro de Futian, el centro de negocios y financiero ocupa una zona muy concreta. Si bien el barrio futurista cuenta con algunos bares y restaurantes de gente común, y es posible encontrar algo de comida callejera y diversión, el CBD es otra cosa. Es una réplica un tanto sosa de la zona de negocios en la isla de Central en Hong Kong.

Restaurantes caros y occidentalizados, terrazas opulentas donde las facturas son abultadas, grandes avenidas con marcas de lujo y todo muy aséptico. ¿Por qué lo destacamos aquí? Básicamente por un motivo. Es la mejor vista hacia los rascacielos cuando se iluminan y hacen el habitual juego de luces. Desde el CBD este show se ve de forma impresionante. Eso sí, dichos espectáculos lumínicos no se realizan todo el año.
A pocas manzanas está Coco Park, la zona por excelencia de la noche de Shenzhen. Y conviene separarlo por la importancia que ha cobrado. Quizás lo que sea un poco chocante es que se trata de una zona de centros comerciales, lo que a más de uno le echaría para atrás. Al que escribe incluido. Pero es importante reseñarlo.

Si la idea es salir de noche, ya sea a cenar o a tomar algo, Coco Park es el lugar donde estar. Muchos de los restaurantes festivos están en esta zona. Ya sea para entregarse a una barbacoa de Xinjiang regada con muchas cervezas, como a un puchero de especias adormecedoras de malá.
Además, Coco Park es la zona de copas. Los occidentales prefieren ir a Revolución, un bar de noche amplio donde suenan ritmos latinos y que a partir de la una de la madrugada se llena. A los locales les gusta más la Bar Street, donde las discotecas y los bares se solapan. Y sin duda es una experiencia mucho más auténtica. También verdaderamente china.
El otro imán del escaparate es Huaqiangbei, otro de los lugares que apasionan a los influencers que buscan tecnología y futurismo en Shenzhen. Es un inmenso distrito de electrónica, y que más allá de las compras es una experiencia en sí misma. Es fácil toparse con laberintos de móviles, amasijos de cables, componentes extraños y pantallas, muchas pantallas.

Por supuesto también verás robots y mucha baratija para comprar o curiosear. El barrio tiene su gracia, eso sí. Los chinos lo tienen claro: van a Huaqiangbei a reparar trastos o a comprar componentes. La tecnología barata la compran por Internet.
Para ser una ciudad moderna y con poquísima historia, Shenzhen cuenta con un interesantísimo museo, si bien hay que tener en cuenta los pros y contras de las exposiciones de muestras históricas en China.
Por un lado, sabes que las exhibiciones serán de primera. Pero por otro has de tener en cuenta la intencionalidad nacionalista de las autoridades, que no dudan en torcer un poco la historia para adornarla un poco.

Dicho esto, el Museo de Shenzhen es un lugar excelente para entender cómo un pueblo pesquero pequeño se convirtió en la megalópolis que es en la actualidad. Igualmente, encontrarás algunas exposiciones interesantes de la historia general y reciente del país.
Además de ser un edificio fastuoso, el museo es totalmente gratuito. Hasta 2024 era necesario reservar, pero ahora basta con acercarte a él con una identificación válida para poder acceder sin pagar nada.
Pese a la intentona de lucir perfecta en cuanto a futuro, la realidad es que Shenzhen no deja de ser una ciudad cantonesa del sur de China. Y eso significa que sus barrios autóctonos y sus costumbres ancestrales siguen allí. Aunque fueran importadas por quienes llegaron a poblarlos.
El distrito comercial más antiguo de Shenzhen es también una de las caras más auténticas de la ciudad. La avenida peatonal de Dongmen, en pleno distrito de Luohu, regala una ciudad caótica y popular. Cargada de humos procedentes de la comida callejera, con decenas de comercios que crecieron como setas. Y donde sientes el alboroto de la China del sur.

Hay letreros luminosos, tiendas, gentío y más gentío. Es el típico lugar donde un día puedes encontrar una subasta de durians, la fruta del sureste de Asia que enloquece a los chinos, junto a un reportaje fotográfico de moda con gente famosa. A los influencers extranjeros no les fascina, pero a los visitantes chinos les encanta.

La gracia de Dongmen es que muestra cómo era la vida en Shenzhen en sus primeras fases de desarrollo. En los años 80, muchos recién llegados se instalaron en esta parte de la ciudad y aún se pueden ver los edificios clásicos y las zonas abiertas. Luohu es por eso un lugar muy interesante y ante todo tradicional en una ciudad que quiere venderse como el futuro de las metrópolis.

Lo más auténtico de Dongmen es que se nota que no hubo diseño urbanístico más allá del área principal. Es cotidiana y real, lo contrario a las zonas del supuesto futuro. Y eso es gracias a que la zona se hizo popular mucho antes de que Shenzhen fuera una potencia tecnológica.
Todo es nuevo en Shenzhen. O casi todo. Si nos preguntan, además nos parece que Luohu es más realista que el estandarte histórico de la ciudad, conocido como Nantou Ancient City. Se trata de una representación de un pasado recordado con exceso de cariño, ya que todas las zonas han sido rediseñadas y mejoradas. Y eso las hace más artificiales.

Y sin embargo tiene más de 1.700 años de historia. Fue un centro administrativo y puerto que servía de fortaleza costera. De ella aún se conservan las puertas y los templos que fueron históricos. Aunque en realidad todo fue brutalmente reformado. Está tan adecentado que cuesta creer que sea antiguo el lugar.

El paseo por Nantou es agradable y, por supuesto, comer en sus restaurantes es toda una delicia. Pero no es una postal del pasado, sino un barrio brutalmente rehabilitado hasta el punto de que perdió su originalidad. Hay callejuelas con pequeños bares, algunos restaurantes y muy pocas casas tradicionales.
Es ideal para dar un paseo, pero enseguida se convierte en algo de corta duración. Es mejor dedicarle una mañana, quizás comer en uno de sus restaurantes, y luego seguir el camino hacia otro lugar.

La gracia, no obstante, está en cuando te metes en sus callejones. Allí desaparece el brillibrilli y te encuentras un barrio cantonés de verdad. Con sus comerciantes sin camiseta y sus coladas tendidas al aire libre entre edificios.

En realidad, lo de salir del recorrido establecido en Shenzhen es algo muy habitual. En la propia Futian puedes abandonar ese futuro perfecto y perderte en sus recovecos donde la ciudad sí parece una ciudad ciberpunk. Ese lugar es Shawei, la trastienda de lo bonito. Un barrio muy ciberpunk donde vive la gente normal. Hay neones y rascacielos. Pero también chinos sin camiseta o motoristas fumando. Muy auténtico.
El laberinto de calles es básicamente una zona auténtica cargada de tabernas locales y el estilo de vida de la Cantón del pasado. Si se busca entender cómo vivían en el sur de China el auge económico, este es el lugar. ¿Cómo encontrarlo? En la parada de metro de Shawei, salida C. Pero lo más fácil es buscar Craft Head, una cervecería que aparece sin problema en las aplicaciones de mapas en China y que en mitad de un barrio tremendamente local atrae a muchos profesores de inglés residentes en la ciudad. El barrio es genial, y tomar algo con ellos también.
La gran metrópolis futurista nació sobre una pequeña localidad pesquera cuya particularidad era estar frente a Hong Kong. Así que se expandió a través de una bahía como el ex protectorado inglés. Y si pensamos en un lugar de gran belleza en Shenzhen, a nosotros nos gusta su bahía.

Se trata de una enorme explanada verde junto al río desde donde se pueden ver los edificios de los nuevos territorios de Hong Kong. Hay varios kilómetros para pasear, para mojarse los pies en el agua, para ir en bicicleta o para tomar algo en los puestos habilitados.

Desde allí, además, se puede ver todo el esplendor de la ciudad. Pero siempre bajo el prisma de la naturaleza. La zona está muy limpia y es mejor llegar en Didi, el Uber chino, ya que se encuentra muy lejos. En metro desde el centro puede llevar una hora.
Para quienes quieran ver una Shenzhen sin rascacielos también existe otro de sus grandes espacios naturales. Más allá de la espectacular bahía y de la reformada ciudad de Nantou, el verdadero pulmón de Shenzhen se encuentra en el parque Lianhuashan. Ese es su nombre oficial. Pero entre los locales se llama comúnmente como el de la montaña de loto.
No solo es uno de los espacios verdes más increíbles de la ciudad, sino uno de los más emblemáticos de todo el sur de China. Y además está perfectamente enmarcado en un territorio urbano. A él acuden los ciudadanos de la zona para hacer ejercicio, ir en bicicleta o perderse por sus senderos arbolados.

Desde la cima de una colina que se encuentra en el mismo parque puedes ver una panorámica de toda la ciudad, con sus rascacielos y el moderno distrito financiero. Y es aquí donde los influencers enloquecen al poder pedir comida repartida por drones. Eso sí, solo si se posee un número de teléfono chino, algo que se resuelve fácil llevando una eSIM para China desde casa.

Cómo no, en lo alto de esta montaña hay un símbolo nacional: una estatua de Deng Xiaoping, el arquitecto de la reforma económica del país y quien ideó el papel de la nueva Shenzhen.
Igual que Nantou es un lugar donde encontrar una China del pasado en la que pasear y tomar algo más que en tratar de percibir una época que ya no existe, en OCT se encuentra otros de esos lugares de la China del presente donde entender su ocio en la actualidad.

OCT es un lugar formado por antiguas fábricas y naves industriales convertidas en galerías, librerías, cafeterías y espacios de diseño. Tiene su punto creativo, eso nadie lo puede dudar. Es muy relajada e ideal para quedar con alguien para tomar algo. O simplemente para entender el punto más artístico de la ciudad. Quienes aborrecen los centros comerciales encuentran aquí un lugar ideal.
La aldea de pinturas al óleo de Dafen, conocida como Dafen Oil Painting Village, muestra algo que muchos rememoran al pensar en Asia en general y en China en particular: lo dotados que son al replicar arte o diseño.
Esta aldea es en realidad un barrio accesible en metro y un enclave artístico mundialmente conocido por ser la fábrica de arte alternativo de China. Y decimos alternativo por no querer decir copiado.
Desde la era de los noventa, miles de artistas y copistas empezaron a reproducir a mano réplicas de obras maestras de Van Gogh, Da Vinci o Monet. También se dedican a hacer cuadros por encargo.

A día de hoy, Dafen es igualmente un lugar a visitar como si se tratara de una gran galería y atracción cultural. Sus calles evocan talleres al aire libre, con rincones cargados de lienzos, tiendas, estudios o artistas trabajando delante de tus ojos. Y no hace falta comprar nada, solo con ver el ambiente es suficiente.
Hay quienes tratan de dedicar un solo día a Shenzhen, sobre todo cuando están en ruta hacia Hong Kong. No obstante, por su gastronomía y su oferta cultural, la ciudad moderna del sur de China es ideal para dos o tres días. E incluso más. Os proponemos una ruta que incluya naturaleza y cultura, además de modernidad.
Elegir dónde alojarse en Shenzhen depende sobre todo de qué parada de metro quieras tener cerca. Futian concentra la mayor oferta hotelera y queda bien situado para casi todo; Luohu sale más barato y tiene la estación desde la que se cruza a Hong Kong; y Nanshan es la opción tranquila, con vistas a la bahía y precios más altos.

Seguramente Shenzhen sea una ciudad cara si la comparamos con otras urbes chinas. Pero en realidad es sorprendentemente cómoda para moverse y también para vivir. El metro es económico y práctico, moverse es barato en Didi, el Uber chino, la restauración no es cara y ante todo es juvenil e internacional. Con todo tan asequible, lo único que conviene mirar con calma para evitar gastos mayores es un seguro para el viaje a China.
Es cierto que es una Hong Kong sin alma, que no tiene la belleza del ex protectorado británico. Pero tampoco sufre de los males endémicos de la isla. Los precios son comedidos y todo resulta fácil en Shenzhen. El Gobierno chino lleva décadas tratando de convencer a los hongkongueses para que se muden a Shenzhen. No lo logran, pero motivos no faltan.

El último de sus motivos, pero no el menos importante, es lo verde que puede llegar a ser. Hay parques enormes y lagos gigantescos frente a la bahía. Se puede ir en bicicleta frente al mar, y ese clima tropical tan del sur de China encaja perfectamente con la ciudad de Shenzhen. Tan cerca de Hong Kong y a la vez tan diferente, pero igualmente interesante.