Apuesta por el periodismo internacional, ¿quedan buenos reporteros en el mundo?

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Yo supe muy pronto que lo que quería hacer era darle a la tecla. Contar historias, mejor dicho. Porque de adolescente lo que quise escribir fueron canciones, pero aquello no funcionó. Fue hace algo más de dos décadas que empecé a fantasear con ser reportero, aunque en aquella época los periodistas me parecían superhéroes, sobre todo aquellos que estaban en la otra cara del mundo. Todo aquello quedaba muy lejos de mi barrio de extrarradio.

Por aquel entonces, la profesión del periodista tenía mejor prensa -curiosa paradoja- que hoy en día. Las muchachas del arrabal decían que los periodistas eran más atractivos y un recorte de cualquier diario nos servía para justificar que si allí se decía algo tenía que ser verdad. No se hablaba de cloacas ni había fulanos haciendo el ridículo en platós de televisión, auspiciados por supuestos periódicos serios. A quienes escribían en prensa se les valoraba.

Hoy en día es al contrario. Y ya ni me asombra que alguien quiera escupirme cuando le digo que escribo en periódicos. «Todos los periodistas son unos mentirosos, los odio». Es una frase que he visto en boca de demasiados, ¿y qué quieren que les diga? En parte tienen motivos para soltar semejante verborrea.

El mundo del periodismo vive épocas turbias, y yo no dudo que estamos en una fase de transición entre aquello que ya no es y lo que tendrá que ser. Pero me apena demasiado que, en el momento en que más fácil es acceder a la información, el público esté enormemente desinformado y polarizado.

Al papel le quedan dos telediarios. Y a los telediarios no mucho más.

Mi opinión es que la mejor información la ofrecerá en un futuro casi inmediato gente independiente. Sin necesidad de haber chupado silla en una universidad, pero sí con criterio y estilo propio. Pero este artículo que hoy escribo no tiene que ver con la prensa a nivel global, aunque me haya permitido darle vueltas al asunto.

La gente me pregunta el motivo por el que me vine a Asia, y quizás lo más importante para mí aún sea que en esta cara del planeta aún hay historias por vivir, pero sobre todo por contar. Al menos, aquí uno se encuentra con lo más variopinto. Y tras casi una década en ello y habiendo relatado centenares de artículos, creo que el grueso de la información internacional que leemos en los medios está muerta. Y sin embargo, larga vida al periodismo global.

¿Necesitamos al periodismo internacional?

Aquellos que tenemos tinta en las venas y amamos esto de contar historias siempre hemos querido ser corresponsales. Desgraciadamente, hoy en día ya prácticamente no quedan reporteros que cuenten lo que ocurre más allá de sus fronteras. Dicen que es porque al público no le interesa, pero yo diría que más bien es a los medios a quienes no les parece rentable.

El periodismo internacional, para los que trabajamos en ello, tiene algo que es único. Y es que se trata del reporterismo menos afectado por aquello que llaman las trincheras, que no son más que los bandos y los intereses económicos o políticos. En mis cinco años dentro de la redacción de una de las cabeceras más importantes de España aprendí muchísimo, pero también me las vi crudas con la manipulación noticiera para echarle un capote al partido político afín o para señalar con el dedo al contrario. En muchas ocasiones de manera totalmente injustificada.

En cambio, cuando estás en la otra cara del mundo -y sobre todo en los países casi olvidados- todo eso importa menos. En todos estos años en Asia, cuando me han querido cambiar algo en alguno de los muchos periódicos donde he publicado ha sido por cuestiones personales de los editores. Normalmente, al redactor que está fuera se le da la barra libre, mientras cuente historias que valgan la pena.

El problema es que los medios de comunicación han cortado el presupuesto para corresponsalías. Como ejemplo, he conocido a gente que en El País les han pagado por una crónica unos 30 euros. O unos 500 por la elaboración de un reportaje que tuvo que trabajarse durante semanas en otro país. El Mundo hace años que paga 50 euros por pieza, sea lo que sea.

Foto: Tonymadrid.

Los periodistas, claro, no deberían aceptar ese abuso. ¿Pero qué pueden hacer aquellos que quieren publicar? Yo, cuando me vi en esa tesitura, abrí un blog y empecé a contar lo que realmente quería. El futuro de la información internacional, seguramente, esté en medios pequeños y alternativos. Por eso puedo escribir en grandes periódicos y, aun así, estoy más cómodo en Conmochila.

La mayoría de noticias internacionales que leemos en los medios hoy en día son refritos con suerte y desgraciadamente en muchas ocasiones es información manipulada que le han colado a los medios porque no tienen lo que es necesario, corresponsales de verdad.

¿Significa ello que debamos prescindir del periodismo internacional? ¿Que es mejor dejar de leer las noticias y quedarse con lo que aparece en las redes sociales? Para nada. Solo que, como lectores, hemos de ser terriblemente críticos. Y puedo dejar unas cuantas anécdotas sobre lo feo que está algún que otro panorama.

Alerta cuando la información sea de agencias

Efe es la principal agencia de noticias española.

No muchos lectores lo saben, pero la gran parte de lo que se lee o se ve en televisión está cocinado por gente ajena al medio en cuestión. Las agencias de información son unos entes estatales que tienen a una gran cantidad de periodistas para ofrecer información aséptica y telegráfica a los medios, que deberían usar para contextualizar sus informaciones y maximizarlas.

En realidad, la mayor parte de información de agencias no se debería publicar en los medios tal y como la envían, sino que debería ser corroborada y utilizada junto a investigaciones personales. Porque en muchas ocasiones esas notas que envían solo contienen versiones oficiales. No obstante, los medios hoy en día las utilizan a destajo y, por falta de medios -otra paradoja-, acaban por dar informaciones erróneas.

Hace algo más de una semana, los periódicos españoles publicaban el nombre de un ciudadano gallego que vivía en la remota isla filipina de Siargao y a quien habían matado a tiros. En casi todos los medios se leían hasta los apellidos completos de la víctima y se decía que había sido tiroteado por la policía, ya que supuestamente lo habían atrapado con cocaína, además de que dijeron que apuntó con una pistola a los agentes, quienes no tuvieron más remedio que abatirlo.

Dicha historia se publicó así porque los medios la cogieron tal cual de las agencias, que recogían la insultante versión oficial. Siargao es una isla en mitad de la nada con graves problemas de corrupción donde es fácil extorsionar a alguien a quien le van bien los negocios -como era el caso del español- e incluso matarlo si no se tuerce ante las mafias.

¿Por qué nadie en las redacciones de periódico quiso poner en tela de juicio la versión oficial de un cuerpo policial que mata a diestro y siniestro sin dar explicaciones? Más que nada, por vagancia y falta de tiempo. Validaron la información de las agencias y mancillaron el nombre de una víctima que había sido asesinada. Solo vi un artículo contrastado y serio sobre este asunto, y fue en el periódico digital menos esperado.

Periodismo internacional de salón y los enchufados que sacan tajada

Como lectores, también hemos de estar alerta cuando un artículo de internacional lo firma alguien con nombre y apellido pero no especifica desde dónde lo redacta. Quedan pocos corresponsales internacionales, y los medios quieren amortizarlos como sea. Es posible que tengan una persona para cubrir el gigante que es todo el continente asiático.

Eso del corresponsal global funciona si el asunto es cubrir algo puntual y el reportero se coge un avión allá donde ha ocurrido. Pero normalmente no es así.

Recuerdo el día en que murió el noveno rey de la dinastía Rama en Tailandia, quien fue muy querido por su pueblo pese a la oscuridad que había a su alrededor. Yo, durante muchos años, había estudiado su trayectoria y había recogido información que no era fácil de obtener. Estaba dispuesto a hacer un artículo diferente y potente, y me ofrecieron hacerlo donde menos esperaba.

—Oye Luis, ¿por qué no le vendes el tema a El País? —me comentó por teléfono un colega que trabaja en Madrid en la mítica cabecera.
—Hace años que El País no es lo que era -contesté a sabiendas de cómo se había hundido el que fue el diario de cabecera de media España durante décadas.
—Siempre quisiste publicar aquí y es de los pocos que te faltan, y con el temazo que tienes seguro que te lo compran. ¡Si no tienen corresponsal en Tailandia!

Animado por el colega, le envié un correo electrónico al jefe de la sección de internacional y le ofrecí la historia. Me contestó de una manera muy escueta. «Gracias, pero no. Tenemos una corresponsal en Pekín y ella lo puede hacer a distancia».

En eso se ha convertido El País, ese diario que hace una década llevarlo bajo el brazo era sinónimo de estar informado, y que hoy en día comprarlo es muestra de estar más bien desinformado. No solo fue el primero en volcar todo el contenido de papel en Internet y hacer que su compra en papel fuera estúpida, sino que además está al servicio de las grandes empresas.

Conozco a la corresponsal en Pekín que comentó en su escueto email aquel necio. Es una gran tipa y una periodista muy resuelta, pero lo del Rey en Tailandia tenía que cubrirlo refriteando otra información a miles de kilómetros de distancia. No es su culpa -como tampoco son culpables los pocos corresponsales que quedan-, al fin y al cabo son los medios los que no se preocupan por la calidad de la información ni por su originalidad.

A veces, un reportero puede hacer una gran historia sobre lo que está ocurriendo en un país sin estar en dicho territorio cuando eso ocurre. Andrew Mc Gregor Marshall es uno de los mayores expertos en Tailandia y -por los enemigos que forjó su valentía- envía sus crónicas desde fuera del país. Pero normalmente lo que ocurre es que, para sacarle provecho al corresponsal, los medios obligan a sus redactores a escribir sobre asuntos que no ha podido vivir.

Y luego están los pesebreros, que es como en jerga periodística se conoce a aquellos que sacan tajada. Sí, también hay tipos que se llevan una buena mordida por publicar lo que quiere su amo. De esos hay muchos en China que están a sueldo del Partido Comunista para hablar de las bondades del nuevo imperio y obviar aquello que es inasumible. Por no hablar de esos que escriben crónicas porque les regalan viajes, teléfonos móviles o motos. Hay muchos más tipos vendidos de los que los lectores imaginan.

¿Y dónde está la esperanza del periodismo internacional?

El fotoperiodismo es imprescindible. No podemos conformarnos con fotos hechas con móviles por turistas de paso. En la imagen, unas estudiantes miran a los chicos de la escuela de enfrente, Foto: Wayne S Gracio.

Puede parecer que aquí haya pintado yo un panorama muy negro, pero la realidad es otra. El periodismo está cambiando y se enfrenta al demonio de las redes sociales, que es un arma de doble filo; por un lado exhibe la información pero por otro se cuela mucha noticia falsa y además la gente lee solo los titulares y deja de lado las noticias.

Aún hay muy buenos corresponsales internacionales y, si los identificamos, podemos obtener grandes crónicas. Por mencionar dos en Tailandia a los que yo admiro, me quedo con Thomas Fuller de New York Times y Johnathan Head de la BBC. Ambos llevan demasiado tiempo en el país, son expertos y cuentan historias valientes. Porque el periodismo de verdad ha de ser valiente y señalar al poderoso, mostrar sus vergüenzas y exigirle responsabilidades. Desgraciadamente, las redacciones están llenas de aduladores y vendidos al poder.

Yo, por mi lado, me quedo con aquello que popularizaron los Héroes del Silencio en su ocaso con esa canción tan eterna que es Apuesta por el rock, versión del tema original de los músicos y poetas zaragozanos Mauricio Aznar y Paco Calero. En el tema, hablaban de calzarse las botas y hacer lo único que sabían hacer, aunque lo fácil fuera apostar por su derrota.

Qué mejor idea para los periodistas internacionales que ponerse las botas y emprender el camino, sin rendirse. Seguir escribiendo aquello que ven, aunque lo más probable es que vivan la derrota de que nadie les lea. Porque, quién sabe, quizás algún día los pequeños medios independientes que están apareciendo sean los que realmente tomen el testigo de ese periodismo internacional que, a día de hoy, tan imprescindible es como lo fue siempre.

A contrapelo, por Luis Garrido-Julve
A contrapelo, por Luis Garrido-Julve
7 Comentarios
  1. Luis Garrido-Julve dice

    ¡Gracias a todos por comentar! Por apuntar algo más, podríamos decir que, en la última década, se ha dejado de lado bastante la información internacional lejana para apostar por el localismo europeo y los asuntos aburridos de Trump. Muchos jefes de sección me han dicho, descorazonados, que ahora desde dirección les obligan a hablar más del Brexit, de Merkel y de Trump que de lo que ocurra en lugares más remotos del mundo. Una pena. Les es más barato.

    Por mencionar un par de profesionales en español que me encantan, puedo mencionar a Xavier Aldekoa en África y, personalmente, me gusta mucho el estilo de Daniel Utrilla en Rusia.

    Habrá que mirarlo de manera optimista y pensar que estamos en un momento de transición. ¡Abrazos!

  2. Andrés dice

    Jejeje me ha gustado tu respuesta, te conocí de casualidad porque vi un video tuyo tomando una cerveza con Nando y creo que he leido todos tu articulos, muy buenos!! Coincidí con Nando en un viaje largo que estuve haciendo por Asia y es todo un personaje.

    Saludos

  3. Jaime66 dice

    Extraordinario explicación como siempre.

    Ahora voy a dar yo mi opinión sobre la prensa española:

    Por favor!

    El País, Abc, La razón, El Mundo, OK diario, entre otros diarios de la caverna mediática madrileño-española, dan auténtico asco.

    Les siguen en igual sentido El Periódico de Catalunya y la Vanguardia de Catalunya, menuda mierda, yo creo que desde Tailandia o Nueva Zelanda – país más lejano de Barcelona – se huele la mierda de estos putos diarios de papel, que todos ellos son primos hermanos, junto con otros que no quiero ni nombrar.

    No perdáis el tiempo leyendo esa bazofia y os recomiendo en primer lugar leer «Con Mochila» y luego leer esto:

    Leer por favor este libro que me acaban de entregar hoy:

    La Formació d’una Identitat. Una história de Catalunya. de Josep Fontana.

    Me ha costado 26€, y hace tiempo que no me gastaba la pasta con tantas ganas.

    En un extenso recorrido entre el siglo VIII y la actualidad, se explica con gran claridad la historia de Catalunya, su desarrollo económico, social i político……».

    Si!!!! has leído bien, siglo VIII hasta nuestros días.

    Saludos.

  4. Andrés dice

    Buenas, te sigo desde hace tiempo y me has jodido con lo que comentas… Una persona cercana a mi, me comentaba que el país era el único que no se dejaba comprar por farmacéuticas. Sé de primera mano que las agencias de comunicación de las farmacéuticas imponen los contenidos que se publican a medios en los que has trabajo como el confidencial o el mundo.

    1. Luis Garrido-Julve dice

      Lo de El País es realmente descorazonador. Era el primer diario en español del mundo, y una de las mejores cabeceras europeas. Y si Le Monde, The New York Times o The Guardian han sabido mantenerse firmes a sus ideales en la crisis de la prensa de este siglo, El País hoy en día es un muerto viviente que vive de las rentas del pasado. Me costó creer cuando El País, hará unos años, empezó a hacerle guiños al PP de Rajoy y a aupar al liberalismo económico

      Pero el problema no fue culpa de la cabecera, sino de la nefasta gestión de Juan Luis Cebrián a partir de finales de la década anterior. En realidad, el diario seguía siendo elogiable hasta poco antes de la muerte de Jesús de Polanco, cuando Cebrián empieza una carrera de locuras financieras y sus aires de grandeza hundieron al grupo Prisa. Ya metió la pata hasta el fondo hace más de diez años cuando compró Sogecable a un valor infame, justo a las puertas de la crisis. Aunque peor fue cómo utilizó el dinero de Prisa para operar en bolsa con un apalancamiento salvaje, lo que hizo añicos sus finanzas. Durante los últimos diez años, además de haberse hundido su capitalización, Prisa ha sobrevivido a la bancarrota mediante interminables refinanciaciones.

      Cebrián fue el mismo loco que, para competir con elmundo.es -líder online de la época-, decidió volcar todos los contenidos de la edición de papel a la red la noche antes de salir los periódicos a la calle. Así se ahorraba tener una redacción dedicada a Internet, pero hundió las ventas y los compradores pensaron que les tomaban el pelo.

      Todo esto se traduce en un descenso de la calidad brutal y, cómo no, de la independencia del medio. El País apostaba tanto por la información internacional y el rigor que en las primeras páginas tenía los temas del mundo, y no los de opinión como hacían sus competidores. Ahora, paga miserias a sus colaboradores y dispone de muy pocos corresponsales.

      A nivel personal, yo siempre quise publicar un reportaje extenso en El País Semanal, el motivo por el que cada domingo compraba el diario: devoraba con ansia aquel dominical. Hoy en día es una sombra de lo que fue.

      Sobre lo de las farmacéuticas, pues no lo conozco en detalle, pero sí sé que tienen un cierto poder de influencia en los medios. Pero no me atrevería a decir que marcan la agenda -más bien promocionan temas y censuran problemas cuando se les deja-, hay actores más importantes y poderosos que meten mano en los medios. Por ejemplo, Endesa hace una década en varios medios de derechas. Normalmente esto va ligado a la publicidad y a las subvenciones. Los gobiernos -ya sea el central o los autonómicos- también son expertos en esto manipulando a los medios con la publicidad institucional.

      Pero bueno, que de todo esto la mejor información está en ‘El director’, de David Jiménez, aunque lo centra en El Mundo. De ahí yo puedo corroborar mucho, ya que precisamente es ahí donde más años trabajé, y además lo hice en redacción, que es donde se ven los arreglos. En la delegación de Barcelona seguro que muchos aún recuerdan mi historia con el cartón ondulado: llegamos a poner en portada un reportaje sobre la industria del cartón ondulado, además de abrir sección con ello. ¿Valor noticioso? Ninguno. Pero ya podéis imaginar por qué se hizo…

      Como dato anecdótico, en aquellos años en que Cebrián empezó a cagarla con El País yo viví cómo Unidad Editorial, de El Mundo, cometía un error garrafal también al comprar Recoletos -el grupo propietario de Marca, Expansión y muchas otras publicaciones- por un precio absurdamente caro para luego verse ahogado por los pagos. Yo viví la época en que a los periodistas se les pagaba bien y se les otorgaban medios y también el momento en que se empezó a recortar todo, a cortar salarios y gastos, y ante todo a echar a gente. La crisis tuvo gran parte de culpa, pero los excesos de los años anteriores y las adquisiciones salvajes influyeron muchísimo.

      En fin, menudo rollo os he soltado aquí con mis divagaciones sobre el mundillo de la prensa. ¡Saludos!

      1. Jaime dice

        Se agradece una visión sincera del periodismo, sobre todo visto desde dentro. Yo he leído bastante El Mundo sobre todo por la sección internacional, pero desde hace varios años se nota que ha bajado mucho la calidad de sus artículos, mucha información de Trump y pocos artículos interesantes. En castellano recomiendo la sección en castellano Mundo de la BBC, está bastante centrado en Sudamérica, pero es lo único que conozco que se pueda considerar periodismo de calidad.
        En mi opinión la solución pasa porque los lectores pasemos a ser clientes y pagar por los contenidos, porque los lectores actualmente somos productos que venden a las empresas. Éstas o los partidos políticos pagan para que los medios publiquen información que les interesa. Yo creo que el futuro tiene que pasar por plataformas tipo Spotify en las que los lectores pagamos por lo que leemos directamente a los periodistas y que se fomente la independencia.
        Me gustaría que algún periodista tratase el chiringuito que tiene montado en España Ecoembes y el nefasto sistema de gestión de los residuos que tenemos, cualquier vidrio de uso particular tiene que ser destruido sin posibilidad de reúso y sobre todo la exportación de residuos no tratables a países pobres. Tienen comprados a todos los medios.
        Un saludo

  5. Jaime dice

    Muy buen artículo, como siempre.

    Por eso yo entre otros leo: http://sinpermiso.info/

    Enhorabuena!

    Un saludo.

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