Tailandia dice con orgullo ser la nación de las sonrisas. Un destino donde la cultura es la de buscar la alegría en cada momento. Pero es también templos apabullantes junto a mercados callejeros. Y playas de ensueño. Todo rodeado de selvas y montañas.
Su belleza de costas azules y naturaleza tropical es indudable, como fascinante es el ritmo frenético y divertido de su capital. Si bien lo que hace única a Tailandia es algo mucho más emocional: su amabilidad. Porque si hay un destino tropical en Asia donde sentirte querido, ese es Tailandia.
La cultura tailandesa se basa en lo que aquí llaman sanook, la diversión. Vivir el momento y disfrutarlo. Y eso se nota nada más poner un pie en el país y ver la predisposición de los tailandeses. Las gentes del lugar hacen que todo sea fácil y ante todo divertido. Además de elaborado con mimo. Ahí está el ejemplo perfecto de su excepcional comida, de la que podríamos llenar páginas.
Lo que los locales llaman la tailandesidad es precisamente lo que hace que Tailandia se sienta diferente. Además de un paraíso es un sentimiento, sin duda, de amabilidad.
Si hay algo que es tan tailandés como sus playas o sus montañas, pero que resulta totalmente diferente, es su gran ciudad. Bangkok es mucho más que una urbe, es una forma de vida completamente distinta. La ciudad de los Ángeles es una Venecia asiática alzada sobre canales donde puedes ver de todo.
Salir a la calle en Bangkok es como asistir a un caótico espectáculo. Siempre hay algo que te llama la atención. Es, además, el centro de la comodidad y del disfrute en mitad de un inclemente clima tropical donde se suda, pero en el que te da igual. Vale la pena.
Los mercados son infinitos. Y puedes pasar de estar en un puesto de comida callejera a un rascacielos mirando a uno de los skylines más impresionantes de Asia. La noche es infinita y la ciudad está cargada de iconos. Los tuktuks a escape libre a toda velocidad, el tren aéreo sobre los edificios y, ante todo, la vida tailandesa. Donde todo es posible.
Algunas de las islas de Tailandia han servido de escenario en películas que querían recrear paraísos, y no es para menos. Si bien lo más fascinante de las playas tailandesas es que todo lo que puedas imaginar o desear lo vas a encontrar. Y además será fácil y asequible.
¿Quieres aprender a bucear en una isla de aguas cristalinas por poco dinero? Ahí está Koh Tao, que al anochecer se convierte en una fiesta de viajeros. Pero, ¿y si prefieres fondos marinos de excepción? Tienes algunos de los mejores del mundo, como en las islas Similan.
Sería imposible relatar la gran cantidad de destinos playeros que hay en el mar de Andamán. Algunos son masivamente visitados, como Phuket y Krabi. Otros, en cambio, están en mitad del mar para ofrecer una fauna excepcional, como la paradisíaca Koh Lipe.
Y cuando llueve en Andamán, aún sale el sol en el golfo de Tailandia, la otra gran zona de islas, donde destaca Koh Samui.
Si quieres diversión, turismo a raudales y bares a los que ir con chanclas te sobran opciones. Pero si prefieres alejarte de todo en un paraíso remoto, en el archipiélago de Koh Chang tienes varias islas pequeñas que superarán tus expectativas. Aquí el viajero elige qué tipo de viaje playero quiere, porque alternativas sobran.
Esta es una tierra que une creencias y de tradiciones. Una fusión que en este país es enorme porque, en realidad, Tailandia como tal es una nación muy joven. Hasta hace menos de un siglo, el reino de Siam era un conjunto de culturas y etnias muy diferentes, si bien todas tenían en común lo mismo: la religión budista theravada.
Ahora el viajero se maravilla con los templos tailandeses, con sus ruinas históricas o sus palacios deslumbrantes. Todo se encuadra en una dimensión capaz de albergar grandes complejos como el Palacio Real de Bangkok o los restos de la antigua capital de Ayutthaya. Lo que desconoce la mayoría es que la diversidad cultural de esta nación es gracias a lo relativamente joven que es.
El norte coronado por Chiang Mai era independiente hace un siglo, y eso lo hace diferente de las regiones centrales. El sur además se fusiona con las tradiciones musulmanas. Y la región más poblada, el noreste, tiene a veces más de laosiano que de tailandés.
La cultura ancestral de esta parte del mundo y su misticismo se unen en sus templos, que engrandecen también a los monarcas del país. Y la superstición lo hila todo. Este es un país donde lo primero que hay en todo edificio es una casa para los espíritus, y en el que los vehículos llevan inscripciones sagradas para evitar la mala fortuna.
Recorrer Tailandia desde la opulencia sagrada de la capital hasta los templos de los bosques del norte, sin olvidar las mezquitas del sur o el ferviente budismo del noreste, es descubrir un pueblo que aún cree. Y una manera de ver el mundo ligada a la fe del pasado y del presente.
Los frondosos parajes tailandeses los hemos visto en la gran pantalla desde siempre. Todas esas películas del Vietnam más tropical solían estar grabadas en Tailandia, en esas selvas conectadas con Birmania y con Laos.
La Tailandia salvaje es enrevesada y, ante todo, muy diversa. Desde los fondos marinos como el del parque nacional de Ang Thong, un paraíso de especies acuáticas, hasta sus innumerables parques nacionales. Hay montañas infinitas como la gran Khao Yai, donde los elefantes salvajes aún son los dueños y señores. Pero, sobre todo, encontraremos una jungla tropical cargada de vida propia.
Más allá de la diversidad tailandesa, lo interesante es lo accesible que resulta para el viajero. Lejos de la explotación animal del pasado, con esos templos con tigres sedados y los defenestrados paseos en elefante, la fauna te acompaña durante todo el viaje. Ya sea con esos monos que conviven en ciudades como Lopburi o en penínsulas costeras como Krabi, o en los numerosos santuarios donde se cuida de verdad a estos animales en peligro.
Preparar un viaje por Tailandia es más fácil de lo que parece. Porque el país de la sonrisa tiene experiencia de sobra en acoger viajeros. Los visados de corta duración son sencillos y no has de llevar mucho en la maleta, en cualquier ciudad encontrarás todo lo que necesites, desde ropa hasta medicinas. Incluso la temporada de lluvias es más amable de lo que se suele decir. Lo que sí es recomendable es aprender un mínimo sobre su cultura para evitar malentendidos.
Si tienes pasaporte español, entras sin visado hasta 60 días. Sin trámites, sin coste. Solo el pasaporte en el control de aduanas. Si necesitas más tiempo o tienes otro pasaporte, en la exención del visado tailandés tienes todo explicado.
Tailandia es un país fácil hasta que algo sale mal lejos de Bangkok. Islas, trekking, moto, buceo — todo eso tiene un precio si no viajas con un buen seguro de viaje para Tailandia.