Defensores de la naturaleza silenciados

Muchas veces me he preguntado ¿cómo puede ser que tengamos una sociedad que mira hacia otro lado ante los delitos ambientales? El hecho de haber estudiado muchos de los procesos ecológicos y el entender el equilibrio del que depende nuestro mundo, me hace querer transmitir las consecuencias que tiene el alterar un ecosistema al antojo humano.

El uso que hacemos de los recursos limitados del Planeta, cada día es mayor, como si los recursos fueran ilimitados. Cada año aumentan mucho más las actividades extractivas, los agronegocios, los monocultivos y en definitiva, la usurpación de la tierra de la que unos pocos se benefician sin pagar por ello. Este robo de nuestra naturaleza está siendo posible gracias a la complicidad de los gobiernos que conceden a compañías privadas territorios del estado público, permitiendo así estos hurtos ambientales.

Un día decidí seguir el rastro y para empezar quise contestar a esta pregunta; ¿por qué las personas que defienden la naturaleza suelen tener tan poca visibilidad? Lo que no me esperaba encontrar es que existen más personas de las que pensaba que alzan la voz por proteger sus tierras, sus montañas, bosques y ríos, pero es que hay aún más personas que lo hacen y son acalladas.

Las voces acalladas

Historias que se silencian en el olvido, luchas minuciosas en rincones escondidos contra gigantes económicos con el poder de la inmunidad ante la justicia social y ecológica. Poderes sin responsabilidad ni compromiso con nuestro medio ambiente, ni con los de nuestra propia especie.

A medida que los recursos naturales se van convirtiendo en más limitantes, las políticas de la inmensa mayoría de los países tienden a retirar la protección del medio ambiente promoviendo la industria insostenible. Al adentrarse en los dominios virgenes empiezan los conflictos territoriales, de hecho es alarmante los índices de violencia contra los indígenas y campesinos de muchos bosques tropicales.

Ellos sólo defienden los derechos de la tierra y como respuesta obtienen amenazas, acoso judicial, desapariciones forzadas, chantajes, agresiones sexuales e incluso, asesinato. Todo esto bajo la impunidad y el olvido, criminalizando aquellos que sólo querían proteger lo que es de todos.

Los estados de cada uno de los países víctimas de estos delitos, no tienen la mínima intención de reparar aunque sea la dignidad de las comunidades, familiares u organizaciones afectadas. Y es que no interesa despertar conciencias. Así que estos protectores de la naturaleza junto con su pasión como objetivo; proteger su entorno, acaban siendo silenciados para que no produzcan «contagios». 

Al final, la pérdida de la biodiversidad tiene efectos negativos sobre varios aspectos del bienestar humano; acceso al agua limpia, seguridad alimentaria, energética, vulnerabilidad ante desastres ecológicos. Aún así los mercados parecen ignorar la importancia del equilibrio en los procesos naturales. Por eso, encontramos un mundo en el que abunda la irresponsabilidad corporativa, ya que no se exigen medidas para asegurar el cumplimiento de los tratados sobre la conservación de la biodiversidad.

Huaoranis. Orellana, Ecuador
Huaoranis. Orellana, Ecuador

Los datos que desvelan lo que está pasando

Según la ONG GLOBAL WITNESS “En promedio, cuatro personas defensoras han sido asesinadas cada semana desde la adopción del acuerdo climático de París en diciembre de 2015. Además, un incontable número de personas defensoras son silenciadas mediante ataques violentos, arrestos, amenazas de muerte o demandas judiciales.”

Esta organización hace informes anuales y han desvelado que muchos de los casos no son denunciados o pueden ser considerados como desapariciones sin resolver. Normalmente estas personas son atacadas por intentar proteger las selvas de la explotación de las minerías, las plantaciones de palma, café, monocultivos de caña de azúcar o ganadería.

Plantación de palma
Plantación de palma

Después de sus investigaciones publicaron que estamos viviendo una masacre silenciosa. Sólo en estos últimos años se ha registrado el mayor número de personas defensoras del medioambiente asesinadas. En total, la organización sacó a la luz que hubo 212 homicidios en 2019, tan sólo por defender sus hogares o intentar detener la destrucción de su entorno natural.

Más de dos tercios de los asesinatos sucedieron en Latinoamérica, por lo que ha sido clasificado constantemente como el continente más afectado desde que Global Witness comenzó a publicar datos en 2012. Y más de la mitad de todos los asesinatos reportados en el 2019 ocurrieron en: Colombia 64 asesinatos en un año y Filipinas 43. Es probable que a nivel mundial el número sea mayor, ya que como te comentaba hay muchos casos que no son documentados.

Extracción de carbón
Extracción de carbón

La criminalización de las víctimas

La intromisión del hombre blanco en las selvas vírgenes crea los peores abusos contra el medio ambiente que generalmente van de la mano de abusos de los derechos humanos y todo a consecuencia de la explotación de los recursos naturales. Si a esto le añadimos el sistema de corrupción política enquistado que abunda en todos los países, junto a esa insaciable economía mundial que nos caracteriza, tenemos el escenario actual.

Estas personas defensoras de lo común intentan oponerse a esas industrias de las que depende nuestra sociedad -la agroindustria, el petróleo, el gas, la minería- y al final son los detonantes de los ataques contra estas personas.

Los indígenas sólo intentan defender su derecho a la autodeterminación y proteger sus tierras ancestrales de las que pretenden explotar sus recursos y dejar solo destrucción al cabo de unos años. Pero en algunos países el gobierno clasifica a estas personas como terroristas o enemigas del Estado. Como el caso de los nueve ambientalistas encarcelados en Irán acusados de espionaje. O la represión del activismo que se vive en los países Europeos, donde se criminaliza la protesta social.

Selva primaria amazónica ecuatoriana
Selva primaria amazónica ecuatoriana

Al criminalizar a las personas defensoras de la naturaleza hacen que los ataques en su contra parezcan legítimos y esta tendencia está presente en todo el mundo, impulsada por políticos que están eliminando la justicia ambiental.  

La mafia legalizada

La minería y la agroindustria son de los sectores más peligrosos. Muchos de los ataques son a guardaparques que sólo cumplen con su labor institucional, aunque se encuentran abandonados por estos. Ellos sólo intentan proteger que el crimen organizado -y «legalizado»- no diezme los bosques. Así que la idea de que resguardar las áreas protegidas es un trabajo arriesgado, inseguro e incluso violento, quita las ganas de nuevas generaciones.

Cantera minera
Cantera minera

Existen ambientalistas que se tienen que enfrentar a amenazas de fuerzas armadas como ejércitos o mafias. En Filipinas, existe una extraña ley que establece que si una industria o negocio ve sus bienes amenazados puede solicitar ayuda al gobierno, el cual puede justificar el despliegue de la policía o incluso del ejército para su protección.

En las comunidades o pueblos indígenas, las mujeres son las que reciben la mayor amenaza. Muchas veces se ven envueltas en campañas de desprestigio centradas a menudo en su vida privada, con contenido sexista o sexual. Sin comentar la violencia sexual que es una de las tácticas usadas por los hombres para amedrentar e incitar al silencio, por lo que normalmente no se denuncia.

En muchas ocasiones, las organizaciones o defensores del medioambiente son catalogados como insurgentes, comunistas o simpatizantes de rebeldes comunistas, y esto da motivos al ejército para que pueda detener, interrogar y arresta a estas personas. Cuando en realidad son campesinos o indígenas que se oponen a la usurpación de sus tierras en donde se implanta la ley marcial, justificando la presencia del ejército.

Los narcos se adueñan de los bosques protegidos

En Colombia, donde ya se sufría la influencia de los narcos, actualmente se estaba intentando reconvertir sus bosques en destino de observación de aves ya que poseen una enorme riqueza. Sin embargo, es el lugar más peligroso para cualquier ambientalista. Siguen asesinando guardaparques e investigadores con la excusa del permanente conflicto de las FARC -supuestamente se habían firmado un tratado de paz en el 2016- aunque lo que pasa realmente allí, pocos lo saben.

Wayuu en el desierto de La Guajira, Colombia
Wayuu en el desierto de La Guajira, Colombia

Las películas se quedan cortas comparadas con estas historias de asesinatos. Por ejemplo, un caso reciente (Octubre 2020) es el de Gonzalo Cardona -protector del Loro orejiamarillo en Roncesvalle- que después de estar meses buscandolo, su esposa recibe una llamada informando de dónde podían encontrar el cuerpo. Efectivamente, lo encontraron con dos balas en el pecho. Sólo por defender una especie de loro que está apunto de desaparecer.

Que se hable de la nación más peligrosa del mundo per cápita para los activistas del medio ambiente, es un tanto impactante y que esto vaya unido al aumento de inversiones privadas y extranjeras en donde se entregan tierras para plantaciones, minería y compañías hidroeléctricas, es bastante revelador. Que estos sectores tengan una actitud violenta, en particular con los indígenas, deja en evidencia que necesitamos luchar contra las políticas anti-ambientales que nos han impuesto.

Son comunidades enteras, no individuos aislados

En cuanto más se acecha a los enclaves naturales, más se van encontrando con pueblos originarios que reivindican los derechos de sus tierras. La lucha no es sólo por el suelo que les quieren usurpar, sino que es una lucha por la existencia, por la memoria y por la preservación de los saberes ancestrales.

Pero en lugar de eso se permiten genocidios, abandonando a estas comunidades indígenas. De hecho es muy raro encontrar éxitos en la historia de estas tribus aún siendo parte de nuestro legado, así que quedan en el olvido.

La masacre de los guardabosques de Virunga

Seguramente te suene algo el conflicto armado que se vive en distintos puntos de África, la típica situación de miseria crónica. Y es que sólo hay que entender que es un territorio con una amplia gama de recursos, como el coltán, diamantes, oro, petróleo… todo lo que mueve al mundo.

Detrás de esto siempre están los intereses de esas grandes multinacionales que saben cómo exprimir estos escasos y valiosísimos recursos. A esto hay que sumarle las mafias del tráfico de especies protegidas, la mayor amenaza para la conservación de la biodiversidad de estos últimos enclaves naturales. En el Parque Nacional de Virunga -el Parque más antiguo de África- es donde se protege la mayor biodiversidad del continente y en el interior de sus selvas habitan los últimos gorilas, en peligro de extinción

La muerte de guardabosques son de esas noticias que pasan de puntillas por los informativos. Es increíble que se permita esa continua oleada de crímenes contra los que velan por la seguridad de los últimos gorilas. A estas ejecuciones masivas permitidas, se les suma la ausencia de visitas al parque a raíz de la epidemia así que se puede decir que están sólos.

En abril del año pasado mataron a 17 personas de las que 13 eran guardas del parque. Fueron las redes sociales las que se hicieron eco y apuntaron al problema, pero aún así no ha habido reacciones internacionales contundentes que detengan estas olas de asesinatos.

Virunga National Park
Virunga National Park

Asesinados por ir tras la pista de la caza furtiva

Recientemente se ha sumado otro caso, el de los dos periodistas que iban detrás de la verdadera noticia y desgraciadamente se vieron envueltos en una situación que les hizo perder sus vidas, enterrando con ellos la historia de la que iban detrás.

Los dos españoles -David Beriain y Roberto Fraile- iban siguiendo las pistas con sus cámaras de la caza furtiva en Burkina Faso. Formaban parte de un grupo que trabajaba en un documental sobre las medidas para combatir el tráfico de especies protegidas.

Al parecer, un grupo armado les acorraló a ellos y a otras 40 personas entre ellas guardabosques y el director de una ONG que luchan precisamente contra la caza furtiva.  

En los parques de la zona, habitan especies protegidas como elefantes, hipopótamos, leones, leopardos, búfalos, antílopes, chimpancés y cocodrilos. Además de esta riqueza natural también son ricos en minerales. Por eso esta región sufre el expolio de los mineros de oro que se han asentado en la zona y es habitual el uso de cianuro y mercurio que amenaza los puntos de agua y la vida silvestre.

¿Por qué no apostar por un modelo económico que no esté en guerra con la naturaleza?

Los llamados proyectos de “desarrollo” que van desde energía hasta agricultura, están generando deforestación descontrolada, desplazamientos masivos y caos climático en la mayor parte del mundo. Y es que, sin violar los derechos humanos y medioambientales, las grandes corporaciones no tendrían lo que tienen. La incapacidad de muchos gobiernos y empresas para actuar de forma responsable, ética e incluso legal es la principal fuerza motivadora de los crímenes ambientales.

El mundo vive bajo un modelo económico en guerra con la naturaleza y todo aquel que piense fuera de lo establecido se le acalla. Muchas de las personas que sufren amenazas sólo intentan defender su derecho a preservar su tierra ancestral. También, lo que se deja en evidencia tras estos asesinatos y amenazas, es la desigualdad en la distribución mundial donde los que sufren mayor impacto ambiental siempre son los grupos socioeconómicos más bajos.

Habitamos en un mundo con un apetito voraz, en el que se nos han hecho creer que sólo podemos ser meros espectadores de lo que pasa. Lo que mucha gente no sabe es lo que desvelan las investigaciones donde se afirma que los proyectos que generan los abusos contra los derechos humanos y ambientales están siendo financiados con los ahorros o las inversiones de personas normales y corrientes que en la mayoría de los casos, nunca lo llegan a saber. 

Tal vez nosotros como habitantes nos hemos despreocupado de nuestras propias responsabilidades, hemos puesto en manos de otros el cuidado de nuestro entorno. Pero al final esos que tienen que gestionar lo que es de todos, son los que dan permisos para que otros contaminen los ríos, talen los bosques o destruyan montañas. Se roba tierra y mar, se explotan recursos, se destruye el suelo y se permite que unos cojan gratuitamente lo que es de todos.

La impotencia nacida del miedo

Tú y yo, como consumidores, como votantes, como habitantes del mundo, debemos dejar de comportarnos como espectadores y preguntarnos de dónde viene lo que consumimos. Pensamos que somos poseedores de la libertad de elegir lo que queremos en cada momento pero en realidad solo respondemos a una libertad de presión. El mercado lleva años trabajando en hacernos sentir que, no nos debe de importar el saber de dónde vienen los producto que consumimos.

Es curioso ver como algo que nos implica a todos, es sólo apoyado por aquellos que se topan con el problema un día en la puerta de su casa. Cuando nos afecta directamente, es cuando alzamos la voz. El hecho de haber creado una sociedad desconectada por alejamiento del mundo natural, nos lleva a delegar nuestra responsabilidad con el medio. Nos sentimos impotentes como que son luchas imposibles, que no merece la pena, ya que siempre hay represalias.

He llegado a la conclusión de que no es la sociedad la que está despreocupada de su medio natural, sino que existe una impotencia que no nos deja movernos en sintonía con nuestros pensamientos, ya que hay como una presión -represión- invisible que nos hace desentendernos de nuestro entorno.

Los ecosistemas se asfixian en nuestros vertidos, se ahogan en nuestros plásticos y se extinguen delante nuestra y es que ninguna especie destruye el hogar donde vive. Solo los humanos disfrazamos la destrucción de nuestros ecosistemas en el supuesto y único modelo de «desarrollo» a seguir. De lo que no nos damos cuenta, es de que al final el valor de los servicios perdidos supera al de los beneficios obtenidos a corto plazo.

La ruta natural, por María Marcos
La Ruta Natural, por María Marcos
1400 933 María Marcos
6 comentarios
  • La sociedad que tenemos busca buenos consumidores y todos los estímulos llevan a ello, además se intenta o ya se ha creado una sociedad donde el falso individualismo es la base y lo que hace que la gente no se sienta responsable por nada de lo que hace o de lo que pasa, y creo que cada vez es peor y las redes están consiguiendo que la gente ya no se pueda entender con cualquiera que piense diferente, los algoritmos nos muestran una realidad propia a cada uno complicando más la cosa, en fin necesitamos más pensamiento critico, detrás del pensamiento critico viene la responsabilidad, la conciencia y la acción.

    • Muy cierto todo Kiwi, estoy contigo en cada una de tus palabras. En la supuesta era de la información, nos encontramos una sociedad totalmente desinformada, con vacíos de conocimientos y sin pensamiento crítico, a parte de la inexistente tolerancia de los distintas realidades. Nos hemos convertido en seres sin empatía, que van a lo suyo y cada día más individualizados, distanciados de la familia, sin tradiciones que respetar, nos hacen un blanco fácil para ser manipulables. La situación que vivimos es como un aliciente más para convertirnos en más vulnerables a las estrategias del mercado. Lo que es curioso, es que pocos sean los que ven esto venir. Como pocos son los que cuestionen la realidad que vivimos.

  • ¡Felicidades, María, muy bueno!

  • Una forma de dar a conocer este tipo de situaciones, sería convencer a alguien que sea famoso y que tenga consciencia para ayudar a los que no tienen voz. Ya que las reglas de esta sociedad funcionan así. Si lo dice alguien que sabe no se le hace caso, pero si lo dice alguien mediático si.
    Algo así como hace Angelina Jolie. Ella es muy mediática y consigue dar voz a muchas injusticias.

    • Cierto, la verdad es que es un tema que pasa de puntilla en los medios e incluso redes. Tengo la sensación que la gente prefiere simplemente no saber, pero es cierto que si alguien mediático se hiciera eco, tal vez… (también se le acalle). Son pocos los que se atreven alzar la voz por el medioambiente. Es una pena porque todos dependemos de ello.

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