La crónica cósmica. La primera persona que me habló del Lago Toba

La crónica cósmica. La primera persona que me habló del Lago Toba
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ÉRASE UNA VEZ UN HOLANDÉS. La primera persona que conocí al llegar a Tuk Tuk, en el Lago Toba de Sumatra, fue un holandés del que oí su voz antes de verle, porque estaba cantando “Balls of Fire” de Johnny Cash acompañándose de una guitarra; instrumento que, según me dijo, había aprendido a tocar recientemente a pesar de tener ya más de sesenta años (él, no la guitarra).

Se conservaba de maravilla, con una buena mata de cabello cano y un cuerpo atlético, gracias a no fumar ni beber y preferir la comida vegetariana; pero debido también a la actividad física, pues iba a todos lados caminando. Y me contó: “Las mujeres que andan deprisa cuatro horas semanales tienen entre el 30 y el 40% menos de posibilidades de sufrir enfermedades del corazón. Para los hombres de más de setenta y un años, esa actividad significa eliminar la mitad de las enfermedades coronarias y el riesgo de sufrir un ictus. Además, andar diariamente treinta minutos previene dos tipos de diabetes”.

Cuando el holandés empezó a contarme un poco su vida pensé que era un personaje digno de la Taberna Galáctica: aparte de haber viajado por medio mundo, había regentado un bar en la Costa del Sol y vivido una larga temporada en Gran Canaria.

También trabajó como guía turístico en Venezuela y Brasil: “Había una compañía holandesa que organizaba viajes muy baratos, pero de ínfima calidad, a la Isla Margarita. Yo me apunté para poder cruzar el Océano Atlántico pensando en seguir después recorriendo Centroamérica. Pero uno de los guías turísticos tuvo un accidente cuando yo estaba allí. Al enterarme que buscaban urgentemente un sustituto que hablase holandés, inglés y alemán, terminé ocupando su puesto, y durante varios años estuve paseando grupos de turistas por diversos países sudamericanos”.

En los pocos días que el holandés permaneció en Tuk Tuk, pues su visado estaba a punto de terminar y partiría hacia Pinang, comprobé que era un guía turístico vocacional pues me llevó a patita de un lado a otro sin darme un momento de descanso ni opción a escribir. Me mostró cómo llegar por senderos del bosque hasta Ambarita y Tomok; pueblos cercanos que ya se hallan fuera de la peninsulita de Tuk Tuk.

Tuk Tuk está formada por una escarpada colina que, a excepción de la costa, solamente tiene llana la cumbre. La costa es donde están por lo general los resorts, tras los que corre una calle en la que no hay cincuenta metros seguidos que sean rectos o llanos, pues se suceden continuamente las curvas y las cuestas. El holandés también me guió hasta la cumbre para que yo pudiese hacer mis paseítos del atardecer entre bosques y campos solitarios por los que puedo cantar sin asustar a nadie.

Cuando recuerdo la falta de precauciones y organización con que realizo mis viajes, pongamos por caso, trotando por un desierto sin llevar agua ni brújula, pienso que muchas veces sobreviví por pura suerte. Mi amigo holandés, por el contrario, no emprendía ninguna de de nuestras excursiones sin llevar cuanto pudiese necesitar en la mochila: un sombrero contra las insolaciones, un paraguas (en el Lago Toba cae algún que otro chaparrón todos los días), un poco de comida (unas galletas o frutos secos) y, por supuesto, una botella de agua. No satisfecho con todo eso, también traía consigo un pequeño kit de supervivencia de la compañía francesa Aspivenin, en el que había una especie de jeringuilla que serviría para extraer el veneno de cualquier picadura (insecto, serpiente, etcétera) antes de que se extendiese por el cuerpo.

Aquí van unos datos más de ese insólito holandés. Se preocupaba de mejorar los sitios en que residía durante sus viajes. Por ejemplo, financiando la esterilización de los perros asilvestrados de cierta isla tailandesa, organizando la recogida de basura, o liberando en las charcas y los ríos unos pececitos que se multiplican rápidamente y que se alimentan sobre todo de las larvas de los mosquitos (que transmiten la malaria y el dengue). Su cultura cinematográfica o de ficción literaria era nula, lo suyo era la vida real. Si nos cruzábamos con un grupo de niños durante nuestros paseos, no dejaba pasar la oportunidad de alucinarles y divertirles con una serie de juegos de magia que llevaba a cabo con gran habilidad.

Poco antes de partir hacia Pinang, el holandés me contó: “Una de las razones por las que visité Sumatra la primera vez fue porque mi padre, tras haber pertenecido a la resistencia holandesa luchando contra los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, cuando ésta terminó en Europa, se alistó como voluntario para venir a Indonesia y luchar de la misma forma contra los japoneses. O sea que estuvo corriendo y pegando tiros por estas montañas”.

LOS BATAK. Las gentes del Lago Toba pertenecen a la etnia Batak y son cristianos como la gran mayoría de habitantes de esta provincia de Sumatera Utara, que tiene de vecina a la de Banda Aceh, en la que hay un gobierno autónomo y donde rige la estricta ley islámica Sharia. No podría haber un contraste más extremado: aquí la libertad, allá la represión. Jamás habría creído que pudiese alegrarme al saber que habían apaleado a alguien por el simple hecho de abrazar a una mujer que no fuese su esposa, pero fue así cuando en Banda Aceh castigaron de esa manera precisamente al sádico que había impuesto esa norma: ¡Sufre, mamón!

Umm, sigamos con los Batak, que hablan su propia lengua y la escritura tiene cierto parecido con la árabe. Aunque el cristianismo llegó al norte de Sumatra a mediados del Siglo XIX de la mano de un misionero luterano alemán llamado Ludwik Nommensen, actualmente hay iglesias (y muchas) de todas las sectas cristianas, incluyendo la católica (katolik). Los batak beben alcohol y, a pesar de tener una rica y deliciosa variedad de platos vegetarianos (gado gado, cap cay, redang, curri de berenjenas, curri de tempe (tipo de tofu), urap urap, tumis kngkung, Sak Sang), también comen tocino y, según me dijo el holandés, a veces carne de perro (pero, por lo menos, no lo anuncian en los restaurantes como en el norte de Vietnam).

Después de permanecer tres meses en Malasia, donde prácticamente no hay perros, al llegar a Tuk Tuk me sorprendió agradablemente ver correr libremente por todos lados a docenas de simpáticos chuchos (donde vivo, hay cuatro).

MÁS ACERCA DEL LAGO TOBA. La primera persona que me habló del Lago Toba fue Daniela, una amiga italiana (y valenciana de adopción) que conocí hace cuatro años en Pulau Kapas. Umm, recuerdo la deliciosa “pasta al tovagliolo” que nos preparó. Daniela, que había pasado una larga temporada en el Lago Toba, recopiló mucha información al respecto y escribió en castellano el artículo que, tras recibir su permiso, os transcribo a continuación.

Historia del lago Toba, su formación y consecuencias.

Decidimos que queríamos llegar hasta Danau Toba cuando, viendo ‘Cosmos: a Space Odissey’, descubrí que lo que hoy es el lago más profundo del mundo (505 metros) es el resultado de una explosión volcánica apocalíptica: la más fuerte de los últimos 25 millones de años.

Empezamos a leer al respecto y vamos a resumir en este post los datos que más nos han sorprendido. Para ello, y para que la comprensión de la magnitud de lo que a continuación te contaremos sea más fácil, vamos a empezar por explicarte que Indonesia es llamada el ‘Cordón del Fuego’ por encontrarse en el límite entre las placas tectónicas Indoaustraliana y Euroasiática y hospedar 147 volcanes, de los cuales muchos están activos.

Entre las erupciones volcánicas más impactantes está la del Krakatoa en 1883.

Era el 27 de agosto y, después de incrementar durante meses su actividad sísmica, se inició una titánica lucha entre la lava hirviente y el agua del mar: la lava consiguió salir expulsada y dejó espacio al agua que penetró en el cráter; al contacto con la lava y la roca incandescente se vaporizó aumentando desmesuradamente la presión de la siguiente explosión. Parte de la isla saltó en pedazos y en ese instante, otra inmensa avalancha de agua se precipitó al centro volcánico de la isla, provocando una explosión cuya magnitud se mide en el Índice de Explosividad Volcánica como VEI 6. El sonido de las explosiones llegó a oírse a más de 3500 km de distancia. La columna de ceniza se propulsó a una altura de 80 km. Se expulsaron más de 10 kilómetros cúbicos de material. Piensa un momento: estamos hablando de kilómetros cúbicos. Imagina un dado con 6 caras cuyo lado mide 1000 metros. Ahora llénalo de ceniza y piedras e imagina entonces 10 cubos como ése. Esa es la cantidad de material que salió disparado por el volcán Krakatoa. Las consecuencias son difíciles de imaginar. Hubo un tsunami de 40 metros de altura y muchísimas ciudades quedaron destruidas.

Hay una erupción volcánica reciente que se midió como VEI 6: la del Monte Pinatubo en Filipinas, en 1991
Hay una erupción volcánica reciente que se midió como VEI 6: la del Monte Pinatubo en Filipinas, en 1991

El Tambora, otro volcán de Indonesia, fue él que marcó en 1815 una erupción aún más catastrófica que la del Krakatoa, una VEI 7.

Si VEI 6 se corresponde a más de 10 kilómetros cúbicos de material expulsado por una erupción, para una VEI 7 tenemos que imaginar una explosión 10 veces más grande y potente: no sólo 10 dados de un kilómetro de lado, sino 100.

La erupción llegó a lanzar azufre en la estratosfera (desde los 35 hasta los 40 km de altura aproximadamente), provocando anomalías climáticas mundiales. La ceniza cubrió una zona de 500.000 kilómetros cuadrados con un espesor de 3 metros dejando incluso en Francia cenizas con un espesor de 1 cm. El 1816 fue el segundo año más frío en el hemisferio norte desde 1400 d. C. y se conoce como el ‘año sin verano’. Murieron 12.000 personas, pero las hambrunas debidas a las anomalías climáticas aumentaron el número de víctimas a más de 50.000.

Continuamos subiendo en la escala VEI y llegamos, por fin, a hablar de la explosión del Lago Toba. El índice de Explosividad Volcánica de su erupción alcanzó el nivel VEI 8, el más alto de la escala. Estamos hablando de más de 2800 kilómetros cúbicos de material expulsado durante la erupción. 10 veces mayor a la explosión del Tambora, 100 veces superior a la del Krakatoa.

La erupción del Toba se produjo hace entre 70 y 75 mil años aproximadamente. Fue tal su magnitud que la temperatura media de la Tierra disminuyó entre 3 y 3,5 º celsius durante unos mil años, produciendo una glaciación, tal y como prueban los análisis hechos en testigos de hielo de Groenlandia, ¡al otro lado del planeta! Dejó como rastro el lago Toba, que mide 100 km de largo y 30 de largo. La ‘isla’ de Samosir, que se extiende en su centro es el resultado de un domo resurgente.

A consecuencia de los cambios climáticos se produjo una de las extinciones globales. Especies enteras desaparecieron. Nosotros, los humanos, los homos sapiens, tuvimos “suerte”. Según la ‘Teoría de la catástrofe de Toba’, sufrimos un cuello de botella evolutivo (una disminución repentina de más del 50% de la especie). El desastre planetario permitió que sólo unas 1.000 personas, más o menos, sobrevivieran. La especie humana estuvo al borde de la extinción y nuestra diversidad genética se redujo notablemente. De hecho existe más diversidad entre una misma población de chimpancés que en toda la población humana. Somos mucho más “iguales” tú y yo que casi cualquier chimpancé a otro chimpancé. Las diferencias entre el color de piel son adaptaciones geográficas y rápidas, pero hay apenas diferencia entre los humanos.

En última instancia, el Toba nos hizo más iguales.

Muchas gracias, Daniela.

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
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