¿Ha llegado ya la Era del turismo sostenible?

Para que los lugares no pierdan su magia, hemos de cuidarlos y respetarlos. Sólo somos visitantes en un lugar privilegiado.
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En las últimas 2 décadas hemos vivido un boom desmesurado de turismo. Ha sido tan accesible moverse que todos nos hemos convertido en ciudadanos del mundo visitando países tan lejanos en distancia como en cultura del nuestro.

Esto se ha ido intensificando a medida que las atractivas ofertas y la disponibilidad de la gente a viajar aumentaban, convirtiendo lo que debería ser una actividad del conocer e integrarse, en un mero postureo para las redes. Y al final todo ha desembocado en un turismo desmedido y descontrolado en donde las personas locales se iban adaptando a las necesidades de los visitantes, olvidándose así de sus propias necesidades.

Pérdida de la esencia del lugar

Sin darse cuenta y con el único afán de sobrevivir, los locales de estos destinos turísticos iban dejando desaparecer su esencia y su cultura. Se empeñaron en adaptar estos lugares en cómodos para aquellos turistas occidentales que buscaban sentirse como en casa con el exotismo de estos espacios tan tropicalmente atractivos.

Esto ha provocado la pérdida de sus tradiciones, de su cultura y sobre todo, la sobresaturación de los ecosistemas que les rodea, con las consecuencias que esto tiene.

Los ríos asiáticos eras sitios perfectos donde sus lugareños llenaban de vida para formar su comunidad. Ahora estos mercados flotantes sirven de atractivo para los turistas.
Los ríos asiáticos eras sitios perfectos donde sus lugareños llenaban de vida para formar su comunidad. Ahora estos mercados flotantes sirven de atractivo para los turistas.

Nadie ha sido capaz de poner un mínimo de control sobre cómo manejar estas áreas. Se vieron tan implicados en seguir la inercia del boom que ni se dieron cuenta de lo que estaban perdiendo. Y al final se volvieron recelosos de aquellos visitantes forzándolos a comprar souvenirs sin ningún fin.

Nadie pensaba que esto se pudiera parar de golpe. De hecho se creía un sector ilimitado en donde restaurantes, resorts, transportes y actividades de entretenimiento se había convertido en el único medio de vida para los habitantes de estos lugares.

Nos copiaron hasta el individualismo occidental

También se instauró el individualismo occidental, en donde sólo se mira el beneficio personal sin dar paso a proyectos comunes en donde toda la comunidad saliera beneficiada, algo que solía ser su modo de vida anterior a nuestra llegada. Supongo que igual que en nuestros países donde la comunidad pasó a estar en un segundo plano a medida que la supuesta «evolución» o «desarrollo» aumentaba.

Esto se puede notar en algunos de los hervideros turísticos de Asia, donde te miran como a un billete con patas, sin buscar la empatía en la mirada. En donde cuando rechazas la compra de algún souvenir, te quitan esa sonrisa inicial con la que te presentaban su puesto, para despedirse de ti con una mirada despectiva por no haberles querido comprar allí.

Su misión es vender cualquier cosa a los visitantes para poder sobrevivir.
Una de las mujeres vendiendo fruta, en el mercado flotante. La misión de los locales es vender cualquier cosa a los visitantes para ellos poder sobrevivir.

O también es frecuente ver cómo se agolpan todos a tu alrededor para venderte el regalo de su puesto diciendo que el de al lado no es de tanta calidad como el suyo. O incluso tirando los precios, haciendo que los puestos de sus vecinos tengan también que regatear a la baja.

Lo que significaba el turismo convencional

El turismo convencional no se mezcla con las poblaciones locales y solo beneficia a unos pocos. A los turistas procedentes de Europa les suelen gustar los complejos hoteleros y las zonas turísticas donde se puedan mover fácilmente sintiéndose como en casa en estos países exóticos.

Todo está diseñado para la comodidad de los turistas, desde el transporte, alojamientos, restaurantes con comida adaptada a los sabores europeos con un puntito asiático… Las actividades que se ofrecen pueden catalogarse en fenómenos de masas, donde todos han de hacer lo mismo y llevarse la misma foto, aunque cada uno piense que la suya es única.

Sin querer nos hicieron y nos hicimos cómplices de un turismo que no beneficiaba a prosperar a la comunidad, ya que se le creaban falsas necesidades contagiados de nuestro estilo de vida al que querían imitar. Y lo más problemático, el exceso de descontrol estaba perjudicando demasiado a esos parajes naturales de los que se presumía, como áreas de arrecifes, islas salvajes o manglares…

El cómo afectó el turismo al lugar natural

Daros cuenta que antes de que los turistas decidieran acudir a ciertas zonas como destino vacacional, primero ha tenido que ser modificado el paisaje.  Así que el turismo supuso ya de entrada una pérdida del hábitat tan grande que no dio tiempo a reaccionar sobre daño a la biodiversidad que esto estaba suponiendo.

Las islas tropicales antes de ser seleccionadas como destinos turísticos, son islas con pequeñas cabañas de pescadores y lugareños con vida tranquila.
Las islas tropicales antes de ser seleccionadas como destinos turísticos, son islas con pequeñas cabañas de pescadores y lugareños con vida tranquila. Sumatra.

La construcción de alojamientos en parajes aislados, como por ejemplo islas tropicales, significa un transporte de materiales externos a estas islas que acompañado de ruidos, talas de árboles, modificación del suelo y generación de residuos… es el primer daño causado sin que aún hayan llegado los turistas.

En cuanto se produce la apertura al público hay una sobrecarga exagerada en cierta época estival que además suele coincidir con la época de cría de muchas especies que allí habitan. Por lo que sin saberlo, estamos rompiendo el ciclo natural de una isla que se suponía que representaba un paraíso.

La falta de regulación por parte de los gobiernos en cuestión, seguramente cegados por el rápido crecimiento económico de sus área elegidas para presumir, supuso la llegada tardía de un montón de medidas que hubiesen sido la base de un turismo más respetuoso con el entorno.

Bienvenido a la era del turismo sostenible

Este parón general del mundo entero «gracias» a una amenaza invisible a nuestros ojos -esta pandemia- ha sido el punto de inflexión en el que la reflexión de lo rápido que estábamos consumiendo la vida, nos puede llevar a redirigir nuestro estilo de viajar.

Sin duda somos muchos los que pensamos que el Planeta debería de estar mejor cuidado y focalizarnos más en el respeto que se merece. Por eso, debe de haber una sintonía entre lo que pensamos y el cómo viajamos.

Es el momento de pasar a la acción y para ello debemos molestarnos en saber que con nuestra elección podemos marcar un cambio, un cambio positivo.

Esto se traduce en que a la hora de viajar las decisiones importantes que debemos tomar son con quién y con qué fin queremos viajar. Premiando de esta forma aquellas empresas que se empeñan en la búsqueda de prácticas más sostenibles.

El turismo responsable

El turismo responsable busca minimizar los impactos negativos tanto en el ecosistema que les alberga, como en la economía que genera y en la sociedad que les acoge, respetando la cultura del lugar.

Así que el desarrollo de las actividades turísticas no debe ir sólo enfocado a la comodidad del viajero, sino que debe de tener en cuenta las necesidades locales.

Niños camboianos dandose un baño mientras sus padres venden a los turistas.
Niños camboianos dandose un baño mientras sus padres venden a los turistas.

Pensemos en un turismo que ayude a la mejora social de la comunidad y a la vez respete el medio natural en donde se realiza. Para ello se necesita la implicación no sólo de todos nosotros como viajeros, sino de las instituciones y administraciones que hagan la función de regular y vigilar -sin asfixiar- pero creando normativas que sigan las recomendaciones de los expertos.

Además de implicar a toda la comunidad en la gestión de su lugar, creando así un sentimiento de pertenencia.

¿Puede llegar el turismo sostenible a colapsar?

Si un ecoturismo se lleva de la mano de las recomendaciones de los expertos y las autoridades ejercen su función de control, no debería nunca llegar al colapso. Pero obviamente, para ello se necesita algo de lo que la especie humana presume aunque no sepa hacer muy bien: la organización.

Es necesario coordinarse siguiendo una planificación clara. Los estudios han de ser continuos, a parte de pre-planes de manejo, para saber qué lugares limitar según la disponibilidad, la estación y la carga de personas sobre el ecosistema, no se ha de exceder la carga de un lugar.

Todo esto sólo se puede conseguir con la disponibilidad de las herramientas que tenemos y la colaboración de toda la comunidad local. Si no se cuenta con esto y sólo se mira el beneficio individual de negocios de personas que incluso no son del país, la situación se verá alejada de la sostenibilidad.

La sostenibilidad no cuesta dinero, sino que lo ahorra

El turismo debe mirar por el cuidado de nuestro Planeta y, en definitiva, de la naturaleza en la que se lleva a cabo tal. Por eso se debe fomentar el conocimiento y el respeto que al final vela al mismo tiempo por los aspectos sociales de esa determinada comunidad.

El uso eficiente de recursos y energía e incluso la posibilidad de crear edificios basados en el uso de energía renovable, ahorran dinero al propietario. Esto es un hecho comprobado.

Se trata de un desafío ambiental y social, considero que tenemos los conocimientos, la tecnología y la supuesta «inteligencia» para poder llevarlo a cabo. Esto llevaría a la producción de un menor impacto en nuestras actividades junto a una armonía con el medio.

Así que el ahorro energético y a la vez monetario que supondría para un negocio se revertiría sin duda, en un beneficio económico. Por eso poner en práctica una economía circular, en donde además dar una segunda vida a los objetos debe empezar a ser una realidad.

Para que los lugares no pierdan su magia, hemos de cuidarlos y respetarlos. Sólo somos visitantes en un lugar privilegiado.
Para que los lugares no pierdan su mágia, hemos de cuidarlos y respetarlos. Sólo somos visitantes en un lugar privilegiado.

En ciertas islas tropicales el agua es un bien limitado, así como la luz depende de generadores o los residuos deben ser quemados en la isla o devueltos a tierra, así que el ahorro y una gestión adecuada basada en la sostenibilidad podría suponer un ahorro para todos los sectores.

¿Ha llegado ya la Era del turismo sostenible?

Así que como ven -o leen- todo está relacionado; si se valora la naturaleza se puede dirigir a la comunidad local y a todo el sector turístico hacia un movimiento de sostenibilidad que, además, ahorra recursos y energía generando así beneficios.

A parte de esto, la búsqueda de la coexistencia entre el humano y el resto de la naturaleza debe empezar a cambiar nuestra relación con ella.

Por lo que premiar aquellos lugares que focalizan sus esfuerzos en la sostenibilidad nos hará sentir que hemos invertido el dinero de nuestras futuras vacaciones, en ese turismo responsable al que hemos de encaminarnos.

Y tú, ¿también piensas que ha llegado el momento de viajar de forma más responsable?

La ruta natural, por María Marcos
La Ruta Natural, por María Marcos
3 Comentarios
  1. Alberto Sanchez dice

    Espero que así sea, así viajar volverá a ser más enriquecedor, lejos de ese turismo de masas al que nos estábamos empezando a acostumbrar.
    Buen artículo

  2. Chema dice

    Muy interesante el ,

  3. Celsa María dice

    Un buen artículo. Ya veremos si se conseguirá. Parece que la economía, el dinero es lo más importante, más que la salud, la sostenibilidad y los lugareños. Espero que con artículos como éste se pueda ir concienciando.

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