Las 10 mejores tradiciones carnavalescas del mundo

Si alguna vez has buscado razones para festejar el Carnaval, ¡aquí las tienes! Con raíces en las celebraciones cristianas previas a la Cuaresma, la época del ayuno y la contención, este es el momento del año en que hay que divertirse. Al celebrarse en casi todo el mundo, cada país y región ha desarrollado sus propios rituales y tradiciones carnavalescos; hay de todo, desde batallas de comida hasta ostentosas baratijas, pasando por los omnipresentes disfraces y las misteriosas máscaras.

Desde momondo no envían las 10 mejores tradiciones carnavalescas de todo el mundo.

Las famosas máscaras venecianas
Las famosas máscaras venecianas

1. Collares, Nueva Orleans, EE. UU.

Ambos están tan relacionados que casi parece que no se pueda celebrar el Mardi Gras si no es en Nueva Orleans.

El pistoletazo de salida se da dos semanas antes del «Martes Graso» (Mardi Gras en francés), con cabalgatas diarias y celebraciones por toda la ciudad, aunque ninguna de las cabalgatas más grandes pasa nunca por la infame Bourbon Street ni el Barrio Francés por sus estrechas callejuelas. Las cabalgatas incluyen carrozas hechas por los distintos krewes (clubes) de Mardi Gras. Los krewes lanzan pequeñas baratijas a la multitud que se reúne a lo largo del recorrido de la cabalgata en forma de bisutería, juguetes y otras cosas al grito de “¡Tírame algo!”. De todos esos objetos, los más famosos son los collares.

Hasta la década de los 60 los collares no eran más que cordeles de colores, pero hoy en día hay de todo, desde animales a tréboles de cuatro hojas, pasando por figuritas, logotipos deportivos y hasta luces LED. El mito popular respecto a los collares dice que tienes que enseñar algo de carne (sobre todo si eres mujer) para que te los den. La práctica de mostrar los pechos se remonta a la década de los 80 del siglo XIX, y sigue dándose en las zonas más turísticas de la ciudad, pero la verdad es que no es la norma general ni la única forma de que te den collares. Así que no te preocupes si te incomoda enseñar tu cuerpo o si eres un hombre, ya que los miembros de la cabalgata tiran collares a todo el mundo. También puedes comprar un montón en cualquiera de las tiendas de la ciudad.

2. Miles de danzantes, Oruro, Bolivia

La ciudad de Oruro se encuentra a 3700 metros de altitud en las montañas de Bolivia occidental. Ya en época precolombina era un importante centro ceremonial, especialmente durante el festival de Ito, una ceremonia religiosa que lleva celebrándose más de 2000 años.

A pesar de la colonización a partir de 1606 y la prohibición de las ceremonias indígenas por parte de los españoles, sigue siendo un lugar sagrado para los uru. Los uru siguieron practicando su religión asimilando sus dioses a las entidades cristianas, por lo que el festival de Ito fue convirtiéndose poco a poco en una celebración cristiana con la tradicional llama (o diablada) como baile principal en el Carnaval de Oruro. El acontecimiento más importante tiene lugar el domingo, cuando 28 000 danzantes, 10 000 músicos y 400 000 curiosos recorren la vía procesional de 4 km una y otra vez durante 24 horas, sin parar, ataviados con extravagantes trajes.  La UNESCO declaró el Carnaval de Oruro como una Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad en 2001.

3. Entierro de la Sardina, España

Seguramente cuando pienses en el Carnaval lo primero que se te venga a la cabeza no sea el funeral de un pez, pero eso es exactamente lo que sucede en pueblos y ciudades de toda España. Las celebraciones del Carnaval en España son tan coloristas y amenas como en otros lugares del mundo, antes de terminar con el entierro de un pez enorme.

La ceremonia del Entierro de la Sardina señala el final del Carnaval el Miércoles de Ceniza. El funeral consiste en una procesión de dolientes vestidos de negro que portan una sardina dentro de un ataúd por las calles antes de prenderle fuego como símbolo del renacimiento y la regeneración.

4. Los Días de Locura, Colonia, Alemania

Esta sea seguramente la denominación más apropiada para el Carnaval. Las celebraciones de Los Días de Locura empiezan el Martes de Carnaval con fiestas en las calles, en espacios públicos y en pubs, ya que no hay hora de cierre durante el festival.

El carnaval callejero empieza con el Carnaval de las Mujeres (Weiberfastnacht), cuando las lugareñas se ponen su mejores galas y cortan la corbata de cualquier hombre tan tonto como para acercarse.

El mayor acontecimiento es el Lunes de Carnaval (Rosenmontag), que se celebra con una ruidosa y colorista cabalgata con carrozas, caballos, música y miles de personas disfrazadas. Las personas subidas a las carrozas lanzan flores y caramelos a la multitud grita pidiéndolos. A veces se tiran cosas de mayor calidad, como chocolatinas, botecitos de Agua de Colonia y regalitos.

5. Campaneros, Rijeka, Croacia

En los alrededores de la ciudad portuaria de Rijeka hay unos personajes osunos enormes que actúan todos los años.

Los Zvončari (campaneros) se trasladan de pueblo en pueblo durante el Carnaval de Rijeka para expulsar a los malos espíritus e iniciar el ciclo de la primavera siguiendo una tradición pagana reconocida por la UNESCO. Todo esto forma parte del Carnaval de Rijeka, el mayor carnaval de Croacia, y aunque algunas tradiciones, como la de los campaneros, se remontan a miles de años atrás, las celebraciones modernas se establecieron en 1982.

El atuendo típico de los Zvončari se compone de pantalones blancos, camisa de rayas, un cinturón de campanas y una manta de badana. Los trajes varían ligeramente de pueblo en pueblo, y en algunos sitios se ponen máscaras de animales mientras que en otros se ponen sombreros llenos de flores. Cuando el grupo llega a un pueblo, los campaneros forman en círculo en la plaza y hacen todo el ruido posible hasta que los residentes les ofrecen comida y un lugar donde descansar antes de continuar hasta el siguiente pueblo. Una vez han terminado con sus deberes, cada campanero vuelve a casa recogiendo basura en todas las casas por las que pase para quemarla en la ceremonia final.

6. Gilles, Binche, Bélgica

Los hombres de barba pelirroja y gafas son el rostro del Carnaval en Binche, Bélgica. Conocidos como gilles, son los más antiguos y famosos participantes del Carnaval. Pueden verse desde las 4 de la mañana del Martes de Carnaval bailando música tradicional hasta las tantas.

Esta tradición es tan importante para la comunidad local, que el Carnaval de Binche fue proclamado Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad en 2003. Todos los años unos 1000 gilles, todos hombres, algunos tan jóvenes que no llegan a los 3 años, se ponen el típico traje de lino con adornos rojos, amarillos y negros (los colores de la bandera belga), con cuellos y puños de encaje y, por supuesto, las inconfundibles máscaras de gilles que llevan puestas toda la mañana para quitárselas por la tarde. El día termina con una cabalgata donde los gilles tiran naranjas a la gente.

7. Máscaras, Venecia, Italia

La tradición de la máscara carnavalesca captura a la perfección la elegancia y la opulencia del Carnaval de Venecia. Comenzó a celebrarse en 1162 cada año hasta 1797, cuando fue prohibido por el Napoleón, además del uso de mascaras. El interés por la fiesta creció lentamente a lo largo del siglo XIX, antes de volver a celebrarse de forma oficial en 1976.

Cada año acuden a Venecia más de 3 millones de personas solo para el Carnaval, cuyo acontecimiento clave es la competición para elegir «la maschera più bella». Hay ocho tipos tradiciones de máscaras: la bauta, la columbina, la medico della peste, la moretta, la volto, la pantalone, la arlecchino y la zanni. En un principio se hacían de cuero, porcelana o cristal, y su diseño era más sencillo, pero hoy en día pueden encontrarse multitud de diseños pintados a mano y decorados con detalles como hojas y hasta pan de oro.

8. Burani, Tirnavos, Greece

Las celebraciones de los burani, que empiezan el Lunes de Carnaval, combinan un festival pagano en honor del dios Dionisos con el inicio del ayuno de la religión ortodoxa antes de la Pascua.

Estas celebraciones, de origen antiquísimo, tienen su primer registro escrito en 1898. Los gobiernos de principios del siglo XX criticaron el festival y la Iglesia lo calificó de ofensa a la moral del pueblo, pero ni siquiera la prohibición del Carnaval impidió a los habitantes de Tirnavos celebrarlo en secreto hasta 1980, cuando se revisó la legislación.

Hoy, el Carnaval de Tirnavos es el mayor de Grecia central, ¿pero qué resultaba tan ofensivo de los burani? Bueno, podría ser por sus falos gigantescos. Los lugareños preparan una sopa de espinacas (bourani), y cantan, bailan y bromean entre ellos con un lenguaje bastante obsceno. Todo el que pase junto a la sopa debe detenerse a removerla, tomar un sorbo directamente de la olla y luego beber un chupito de tsipouro (un licor del lugar) de un vaso con forma fálica.

9. Sacar a golpes a un gato de un barril, Dinamarca

En Dinamarca, la celebración oficial del Fastelavn es un momento de diversión para toda la familia. Una tradición infantil (y cruel) muy extendida es la del slå katten af tønden, o sacar a golpes a un gato de un barril.

Antiguamente se metía un auténtico gato negro dentro del barril, que se molía a golpes a fin de ahuyentar el mal. Por suerte la cordura hace tiempo que se estableció y hoy día los gatos han sido sustituidos por dulces y golosinas, aunque la influencia felina permanece en los dibujos del exterior del barril. Funciona como una piñata que los niños tienen que golpear hasta que salen los dulces. El juego termina cuando el barril está destrozado. La niña que antes rompa el barril se convierte en la kattedronning (reina de los gatos) y el niño que tire el último trozo se convierte en el kattekonge (rey de los gatos).

10. Guerra de caramelos, Vilanova, España

El día más importante del Carnaval es el domingo, cuando las calles de Vilanova se llenan de parejas de danzantes. Pero todo el mundo se queda para lo que viene después. Todos se reúnen en la plaza del pueblo donde tiene lugar la famosa guerra de caramelos. Las calles rebosan todo el día de niños y adultos vestidos al modo típico lanzándose caramelos unos a otros con alegría, aunque sin intención de herir.