Redes fantasma, los asesinos silenciosos del océano

La naturaleza puede ser muy caprichosa, creando formaciones curiosas que hacen a una zona especial por poseer algún tipo de paisaje diferente. Eso es lo que ocurre a lo largo de la costa de Melaka, en donde puedes encontrar pequeñas islas unidas desde tierra firme por una especie de lengua de arena y cantos rodados que permiten llegar hasta la isla durante la marea baja, a esta formación geográfica se la conoce como tómbolo.

Un día se nos ocurrió cruzar hasta una de estas islas ya que la marea lo permitía y la verdad es que no nos esperamos encontrar lo que encontramos. Primero un hueso de costilla, un fémur, una escápula, tibias y luego un cráneo, luego otro… Enseguida identifiqué a qué criatura pertenecían esos huesos, eran de tortugas marinas.

También encontramos muchas redes de pesca abandonadas, así que creo que es fácil hacer la conexión. Las redes continúan pescando aunque estén abandonadas, van flotando en las corrientes del océano, enredando la vida marina, dañando los arrecifes y matando de manera invisible y silenciosa.

La desconocida historia de las tortugas de Melaka

Malasia ha sido escogida por cuatro especies de tortugas marinas, de las siete conocidas en el mundo. Curiosamente Melaka es la principal área de anidación de las tortugas carey (Eretmochelys imbricata) en toda la península de Malasia. La importancia de la supervivencia de las crías, debería ser una prioridad para este estado, pero los esfuerzos para mantener estable el número de sus nidadas al año, cada vez son mayores.

La principal razón es la pérdida de sus playas de anidación, debido a la exagerada cantidad de megaproyectos millonarios para crear más tierra dentro del mar. Así que toda la costa ha sido rellenada con la consecuente pérdida del ecosistema marino del lugar. Pero estas tortugas marinas no sólo tienen el problema de la pérdida de hábitat, sino que también el poco que les queda está infectado de redes de pesca.

Melaka, una costa de pescadores

La costa de Melaka es una costa de pescadores, siempre lo ha sido, aunque actualmente esta profesión cada vez sea menos productiva. Sus habitantes han visto en estos últimos 15 años cómo les han robado su mar. Esta zona ha sido el foco de atención de megaproyectos y el gran impacto ambiental se está viviendo en directo. Destrozo de los manglares, pasto marino, cambios de corriente que afectan a la distribución de peces y en definitiva, la pérdida de sus tradiciones.

Esto no solo está perjudicando a la puesta de huevos de la tortuga carey -especie protegida- sino que también afecta a la distribución de la pesca debido a la modificación de ecosistemas. Por eso los pescadores se quejan de que no pueden pescar como antes y es que debería ser una obviedad; si destruyes el hábitat eliminas a sus habitantes.

Plástico en las redes

Aquel día del que os hablaba al principio, encontramos por la playa al típico abuelo malayo musulmán con su gorrito, el pitillo de medio lado, mirando de reojo mientras tejía 600 m de redes. Las redes de ahora son totalmente de nylon cortante, indestructible y fáciles de enredar. Según lo veía, me imaginaba esa enorme red de plástico en el mar y me confirmaba cómo los humanos usamos nuestro ingenio para crear trampas invisibles.

Durante las últimas décadas la industria pesquera se ha decantado por el uso de plásticos para cuerdas, redes y líneas, como otros artilugios. Esa ligereza que ofrece el plástico, la durabilidad, flotabilidad y bajo coste, han hecho que se vaya expandiendo en la industria el desarrollo de distintas gamas de productos sintéticos, más duraderos y flotantes que han hecho que la cantidad de aparejos perdidos esté creando un gran impacto en nuestros océanos.

Los equipos de pesca se pueden perder por muchas razones, a veces una combinación de eventos climáticos, o que se enganche en el fondo o con otras artes de pesca o simplemente descarte intencionado, ya que es barato obtener más.

Es difícil contabilizar cuántas quedan vagadas al año, pero un informe de FAO estimó que eran unas 649.000 toneladas. El 70% de macro plástico flotando en la superficie está relacionado con la actividad pesquera. Imagina el problema para las especies pelágicas – las que viven cerca de la superficie-.

Un estudio de Great Pacific Garbage Patch, estimó que en el Giro subtropical del Pacífico Norte hay 42.000 toneladas de megaplastico y el 86% son redes de pesca. Constituyendo casi la mitad de toda la cantidad de plástico acumulado.

Montes submarinos solo de redes

Obviamente los pescadores no quieren perder sus redes, pero a veces pasa. Si has visto el nuevo documental de @seaspiracy te has podido hacer una idea de la cantidad de redes y maquinaria que usa la industria pesquera. Parece que estamos en guerra con el océano, creamos máquinas para matar.

Resulta que en los océanos existen montañas que se elevan desde el lecho marino y que son un punto caliente de biodiversidad muy importantes, pero es por este motivo que también suelen ser un punto crítico para la actividad pesquera. En estas zonas se han encontrado artes de pesca abandonadas en montes submarinos inmensos. De hecho, en Nueva Zelanda los pescadores han nombrado el primer monte submarino de arrastre Chatham Rise cementerio, ya que toda las redes de pesca pérdidas acaban allí.

Hemos utilizado este fantástico medio marino para hacer desaparecer todos nuestros desechos. En estos últimos años esto se ha multiplicado, generalizando el problema a todo el Planeta. Las cantidades tan asombrosas de toneladas de plástico que llegan al océano sería para plantearnos otro modo de vivir.

Enredados hasta quedar sin fuerza y morir

Estas redes tienen metros y metros de longitud, muchas de ellas con anzuelos, las redes se van enredando entre ellas y cogiendo peso. Seguramente ya has visto imágenes de ballenas o cachalotes que arrastran redes gigantes tan enredadas que son imposibles de separar.

No solo les provoca las lesiones visibles, cortes y mutilaciones, sino que también las va agotando poco a poco, por todo el esfuerzo que tienen que hacer para poder resistir el peso. Las tortugas marinas necesitan salir a la superficie para respirar, cuando son atrapadas por estas redes ven difícil luchar contra esa masa que las va siguiendo y en la mayoría de los casos, sufren un dramático final.

También las aves marinas se quedan enganchadas cuando se lanzan a pescar y es que los equipos de pesca abandonados se convierten en trampas silenciosas. Las redes de pesca están creadas para pescar, y lo siguen haciendo aún estando abandonadas.

Los peces atrapados mueren de hambre o son capturados por depredadores. Estos animales muertos atraen a los carroñeros, que muchos de ellos también quedan atrapados formándose así una fuente constante de cebo que se van agregando entre sí, aumentando la abundancia en peso y en capturas.

Redes de pesca abandonadas sobre un arrecife de coral

En zonas de arrecifes, si se queda enganchado en cualquier coral ramificado cae sobre él y el oleaje se encarga de hacer el resto. Va rompiendo todo el coral que se va encontrando y si no logra fijarse a un sustrato adecuado pasará a formar parte de la arena del fondo y desaparecer. Las redes sobre el arrecife, puede ncausar un gran daño al coral vivo y las criaturas que se refugian en él, ya que empieza a sofocarlos y además puede introducir parásitos y especies invasoras.

Además la acumulación de estos residuos humanos puede cambiar la composición físico-química de los sedimentos marinos. Así que el daño acaba en los hábitats marinos, creando problemas en las zonas de alimentación, reproducción como sitios de anidación, viveros, refugios… Convirtiendo el área en un hábitat perdido con la consecuencia de la reducción de la biodiversidad local.

Océanos sin ley

En las aguas internacionales no existe legalidad que proteja a la vida marina (ni personal que haga cumplir las pocas que hay) por eso hay una sobreexplotación pesquera incontrolable. Las naciones Unidas desde los 80 saben que hay un agujero legal e intentan negociar un Tratado Oceánico Global pero obviamente, sin éxito.

Las redes son el trasfondo de la falta de control que existen en nuestros océanos, los límites son difusos y las responsabilidades no existen. En áreas donde el control no llega, las irregularidades y la pesca no declarada, pesquerías superpobladas, exceso de la capacidad de pesca y la gran maquinaria tan sotisficada que se ha desarrollado para esquilmar los océanos contribuye al caos que impera.

Si no hubiese tan mala regulación y la política en la creación de límites a la pesca industrial no fuese tan lenta, se permitiría al menos la minimización de los daños que se están causando. También si se obligase a informar de las coordenadas en las que han perdido sus aparejos, se tendría más en cuenta el evitar perder el equipo. Así se empezaría a pescar de forma más inteligente.

Desde las instituciones se deberían de implicar más en la localización y retirada de estos asesinos silenciosos. Porque actualmente nadie se está haciendo responsable de estas trampas silenciosas y en verdad podríamos generar un valor si lograsemos no verlas como residuos sino como recursos de donde crear nuevos artículos útiles.

Pero si yo no soy pescador… ¿Cómo puedo ayudar?

Te recomiendo usar tus futuras vacaciones -porque volveremos a viajar- para ayudar a tener unos océanos más limpios. Cuando acudas a un centro de buceo, pregunta si tienen alguna actividad o se puede organizar algo para intentar recoger las redes, así usarás al menos una de tus inmersiones en hacer algo productivo por el medio marino.

Si vives cerca de la costa, te invito a participar en limpiezas submarinas (y de playas) para ser conscientes de la cantidad de porquería humana que se acumula en los fondos marinos. Una vez que lo ves con tus propios ojos, entiendes el problema y es cuando te empeñas en sensibilizar a los demás.

En Melaka estamos creando una comunidad de guardianes del océano, a través de Sungai Project. Esta iniciativa pretende crear conciencia a través de la limpieza de playas y la transformación de estos residuos en nuevos artículos útiles, gracias a la colaboración de artistas y artesanos. También queremos involucrar a los pescadores para disminuir los desechos que acaban en el mar. De esta forma incentivar a cuidar de nuestro entorno, porque todas las acciones cuentan.

Por eso evitemos -en todo lo consciente que podamos ser- el ser cómplices de la indiferencia hacia este tipo de problemas. Porque aunque no estemos cerca del mar, nuestros hábitos pueden ayudar a impulsar un uso más razonable de nuestros recursos.

La ruta natural, por María Marcos
La Ruta Natural, por María Marcos