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Cuando pensamos en el concepto de cultura, lo solemos entender como un concepto exclusivamente humano. Nuestra cabeza se llena de novelas, arte, series, edificios o leyendas que exclusivamente se ligan a la especie humana, pero los animales también tienen cultura.

Actualmente, consideramos cultura como la información que es transmitida a través de aprendizaje social, y que no se trata de una conducta innata. Así, la cultura es un conjunto de valores, ideas o actividades que se pueden transmitir de generación y generación a través del aprendizaje entre animales sociales, tampoco valdría que un individuo aislado innove en una nueva conducta si otros no pueden aprenderla.

La mayoría de conductas animales que se conocen popularmente, especialmente en primates no humanos, son conductas muy funcionales, como el uso de herramientas para conseguir alimento o ciertas vocalizaciones para señalar depredadores. Estas conductas varían entre distintas poblaciones de la misma especie, e incluso se han mantenido de generación en generación durante cientos de años.

Los comportamientos culturales también aparecen en otras especies animales, especialmente en lo que a dialectos se refiere: los cetáceos y algunas aves como las psitácidas poseen distintos dialectos que difieren entre las diferentes poblaciones de la especie.

Arqueología y cultura material

A día de hoy se estudian muchas conductas culturales en primates: desde los juegos con piedras realizados por algunos macacos, a estrategias exclusivas de caza de ciertas poblaciones de bonobos, pasando por conductas de automedicación.

Pero una de las facetas interesantes de la cultura es que se puede transmitir de generación en generación, y aunque podemos estudiar a algunas especies animales durante varias generaciones, para volver atrás en el tiempo son necesarias disciplinas como la arqueología.

La importancia de la cultura animal
La importancia de la cultura animal

Obviamente, la arqueología no nos permite datar la antigüedad de conductas culturales como las convenciones sociales o distintas formas de higiene, forrajeo o procesado del alimento. Sin embargo, sí podemos datar parte de la cultura material a través de herramientas de piedra, algo que ha permitido saber que algunos monos capuchinos llevan más de 3.000 años usando piedras como herramienta.

Desgraciadamente, muchos materiales usados como herramientas por otros animales son perecederos, por lo que es difícil estudiarlos si no lo hacemos en el presente. Sin embargo, el uso de ramas, hojas y palos está ampliamente documentado en grandes simios, para pescar termitas, obtener miel o sacar algas de lagos.

La cultura no material

Aunque menos conocida, el estudio de la cultura no material (aquella que no está relacionada con el uso de materiales o instrumentos) también es muy interesante. En monos capuchinos, por ejemplo, se han evidenciado juegos y conductas de higiene y acicalamiento exclusivas de ciertas poblaciones.

Una de las más fascinantes es la que practican ciertos monos capuchinos en Costa Rica, consistente en introducir sus dedos en los ojos o la boca de otros capuchinos mientras entran en una especie de trance, algo bastante arriesgado salvo que confíes mucho en el otro.

¿Por qué haría un animal algo tan arriesgado como meter sus dedos en la boca de otro individuo? ¿O dejar que otro animal introduzca sus dedos en tus ojos? Posiblemente esta conducta cultural permite testar la confianza de otros animales, de manera similar a acicalamientos en zonas sensibles.

El estudio de la cultura no material es muy interesante
El estudio de la cultura no material es muy interesante

También se ha visto cómo algunos monos aulladores modulan con la mano sus cantos, o como ciertas especies de macaco lavan boniatos. Incluso se ha visto como cambios bruscos en la estructura de grupos de primates puede generar un cambio cultural, como el provocado en un grupo de babuinos en el que falleció gran parte de los machos dominantes, desembocando en una especie de cultura pacífica.

De nuevo, la cultura no material está más presente en grandes simios, donde se ha visto el uso de hojas para hacer ruidos por parte de chimpancés, algo que usan diferentes poblaciones para incitar a juegos, peleas o sexo.

También se han visto distintas formas de procesar insectos y parásitos antes de comerlos, o conductas de acicalamiento especiales. En orangutanes la variedad de cantos y capacidad para inventar nuevos es cultural, e incluso se ha visto en los últimos años a chimpancés lanzando piedras a árboles concretos como si de un ritual se tratase.

La importancia de proteger la cultura animal

Uno de los estudios sobre la diversidad cultural de primates no humanos es el que se ha realizado por más de 80 investigadores a nivel internacional, dentro del proyecto de investigación Pan African, utilizando cámaras de fototrampeo.

Gracias a este trabajo se ha visto cómo la diversidad cultural de los chimpancés se está reduciendo, especialmente en aquellas zonas donde la actividad humana es mayor. Los investigadores que firman el trabajo instan a crear los llamados Patrimonios Culturales de los Chimpancés, para añadir protección a ciertas áreas donde dichas conductas están en retroceso.

Muchos, a estas alturas, se preguntarán por qué proteger la cultura de los chimpancés y otras especies animales. Y probablemente sea una pregunta más que válida, ¿qué valen las formas de cazar o comunicarse de un animal en medio de la selva al lado de Notre Dame? Probablemente ciertos políticos tengan la respuesta clara, pero yo no la tengo del todo.

La cultura es un conjunto de conductas que se transmiten socialmente, la mayoría de las cuales tienen funcionalidad: los animales imitan y aprenden estas conductas culturales porque son útiles para su supervivencia.

La cultura es un conjunto de conductas que se transmiten socialmente
La cultura es un conjunto de conductas que se transmiten socialmente

En una era donde el antropoceno y amenazas como que el coronavirus hace replantear el ecoturismo con primates, estos animales necesitan más que nunca las herramientas conductuales que llevan usando durante cientos de años para sobrevivir. Muchas de estas conductas culturales podrían tener funciones ecológicas vitales para la conservación de los ecosistemas que habitan.

Dijo Julio Cortazar que la cultura es el ejercicio profundo de la identidad. Yo creo que las conductas culturales son una parte clave de la identidad de estos animales, de su capacidad de supervivencia en el medio y por tanto de su valor ecológico para seguir protegiendo el planeta. Creo que la cultura humana tiene valores a los que no podemos renunciar como especie, pero estaría bien que reconociéramos lo importante y fascinante que puede ser la cultura de otros animales.

Contexto salvaje, de Eugenio Fernández
CONTEXTO SALVAJE, de Eugenio Fernández
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