Ciudades sobre el mar disfrazadas de sostenibles

El otro día alguien comentaba en un grupo de Españoles en Malasia que habían descubierto «Forest City« localizada en la región de Johor, enfrente de Singapur, y preguntaba si se recomendaba visitar. Actualmente en el sudeste asiático hay una explosión de desarrollo, creándose ciudades futuristas con nombres tan bonitos como “bosque ciudad” que obviamente, si no sabes lo que hay detrás -o debajo- cualquiera puede caer en la tentación de pasar unas vacaciones en estas ciudades de ensueño, nuevas y tan atractivas.

Forest city
Forest city

Pero debería ser una señal frases como “una ciudad creada en una nueva isla artificial” o “una ciudad totalmente sostenible y ecológica, creada desde la nada”. Lo que hay que saber es que dicen que es una ciudad sostenible y ecológica pero para crearla se han llevado por delante todos los manglares costeros, arrecifes y praderas submarinas… ecosistemas únicos en el mundo, muy difícil de recuperar.

Destrucción de hábitats para crear ciudades futuristas “sostenibles”

Asia está creciendo desorbitadamente desde Malasia hasta Dubai y los desarrollos de lujo aumentan rápido como su tecnología. Son capaces de crear islas artificiales y ampliar sus costas en kilómetros y kilómetros, poniendo en jaque los límites naturales. Los condominios de lujo son la muestra de la nueva modernidad asiática. Aquellos pueblos de pescadores con apenas 100 casas construidas por la comunidad hace ya algunas décadas, se ven eclipsados por los mazacotes de edificios plateados vestidos de innovación.

Klebang Besar -Malacca- robando terreno al mar.

Ganar terreno al océano es una práctica que lleva décadas perfeccionándose, hay una gran cantidad de ciudades costeras en todo el mundo que se han levantado a base de diques y rellenos. China es especialista en esto, de hecho lleva rellenado de arena sus áreas costeras marinas desde 1950 y cada vez crean áreas más extensa y lo hacen de forma más rápida.

La obsesión de querer convertir el mar en tierra

Esta obsesión ha llevado a China a ganar terreno al mar para nuevas urbanizaciones, zonas industriales y puertos. Ha sido tal el desmadre y la obsesión de querer convertir el mar en tierra para edificar, que hasta Beijing tuvo que intervenir hace poco para poner fin a estos proyectos si no estaban encabezados por el gobierno central.

Obviamente estos megaproyectos se salieron de control, es más que evidente que causan un daño irreparable al medio ambiente y como siempre ocurre cuando China prohíbe o limita hacer algo en su territorio, no significa que se deje de hacer sino que muchas ciudades asiáticas retoman lo que China dejó. Así ocurrió con la prohibición de aceptar el plástico europeo que os conté en El mito del reciclajes se esconde en Asia; el caso de Malasia. En la mayoría de los casos son las empresas las que se trasladan para seguir haciendo ese mismo trabajo que hacían en China. Uno de los países favoritos por la alianza con el colectivo Chino y por lo fácil que es corromper a sus políticos, es Malasia.

Klebang Besar -Malacca- sus habitantes ven desaparecer el mar que les vío crecer.

La ilusión de conectar el imperio Chino con el mundo ha llevado a este país a esforzarse y abrirse camino a través de todos los países adyacentes. Ellos tienen en mente cómo unir Asia con Occidente y para ello necesita hacerse huecos en los países que se van cruzando, contribuyendo con ellos en el desarrollo de las comunicaciones, el transporte y su infraestructura.  Todo esto dentro de su gran proyecto ‘Un Cinturón, Una Ruta’ -la iniciativa del cinturón económico de la Ruta de la Seda- conectando mar y tierra para unir China con Asia central, Europa oriental y Europa occidental.

Ampliando terreno en otros países asiáticos

Dubai también convirtió esta práctica en una especie de obsesión, creando islas con forma de palmeras e incluso el mapamundi del conjunto de 300 islas artificiales -uno de los proyectos más disparatados del mundo, urbanísticamente hablando- proyecto ahora mismo cancelado por las complicaciones que conllevan ya que acababan hundiendose. Así que su dudosa viabilidad han llevado a pararlo.

Palm jumeirah island, Dubai
Palm jumeirah island, Dubai

Filipinas está llenando de arena 1.010 acres del mar para su Nueva Bahía de Manila, en Ciudad de Pearl. También en Camboya se está construyendo una gran cantidad de propiedades financiadas por China en tierras rellenadas al mar. Sri Lanka está construyendo un nuevo distrito financiero en el terreno dragado y depositado de la Ciudad Financiera Internacional de Colombo. Otro ejemplo actual es Tokio, donde han proliferado islas artificiales con torres de edificios para acoger a los deportistas de los Juegos Olímpicos de 2021. 

Cada país crea la composición de sus nuevos territorios según sus factores económicos e inclinación política. Malasia, por ejemplo, destina sus tierras artificiales para la construcción de nuevas ciudades.

Ambiciosos proyectos inmobiliarios

En Malasia estos megaproyectos se concentran a lo largo de la costa del estrecho de Malacca. Actualmente Malacca y Penang dos de las ciudades históricas más famosas -por ser consideradas Patrimonio de la humanidad por la UNESCO- que están luchando para evitar que se firme la destrucción de sus costas. La aprobación de estos proyectos fantasiosos supondría la pérdida de grandes áreas de manglares y playas cerca de estas ciudades, así como posiblemente la pérdida del título otorgado como ciudad Patrimonio de la Humanidad, ya que no tiene sentido proteger algo que ha desaparecido.

Foto de arriba; Malacca, la línea roja marca donde llegaba el mar – Foto de abajo; Las tres islas que quieren hacer en la isla de Penang. -Malaysia-

Al ser ciudades protegidas por la UNESCO se les obliga a preservar la estructura de la ciudad, por lo que no se puede construir edificios altos. Esta es la excusa de los inversores para crear presión en su litoral. Lo que no se confiesa es que en verdad es más barato crear nuevas tierras que edificar en zonas urbanizables, por el bajo costo que supone.

Uno de los proyectos planeados para la costa de Malacca.

También se usa como excusa la creación de futuro empleo, cuando en verdad para la construcción se usa mano de obra foránea normalmente de Bangladesh o Myanmar, que vienen en unas condiciones «casi» de esclavitud. Sin hablar del riesgo que supone el uso de materiales baratos, práctica habitual que ya ha provocado más de un colapso como sucedió hace menos de dos años en Camboya.

Megaproyectos desordenados que dañan los recursos naturales

La pérdida de hábitats únicos en el mundo supone una cascada de catástrofes en cadena. Los problemas ambientales son evidentes a los pocos meses de empezar estas obras faraónicas. La disminución de los recursos pesqueros es la primera consecuencia debida a la interrupción de la cadena alimenticia, al perderse los ecosistemas bentónicos los peces no tienen alimento. Además la destrucción de sus hábitats -como los manglares costeros- impide que los peces puedan criar, ya que normalmente las raíces de los manglares son usadas como guarderías de los peces y otros organismos pequeños antes de adentrarse a la mar.

Manglares en Malacca

Los manglares sirven de amortiguamiento del oleaje y además son sumideros de carbono y ejercen una función de depuración antes de que las aguas se viertan al mar. Las actividades de relleno hacen que se depositen sedimentos, provocando turbidez y contaminando las aguas costeras. Estos cambios en la calidad del agua disminuyen el oxígeno disuelto matando al mar, lo que afecta directamente en un impacto socio-económico para los residentes de esta zona. 

Los manglares son irremplazables

En el estrecho de Malacca se distribuyen los principales manglares del mundo. Ecosistemas únicos que albergan una gran biodiversidad cuya funcionalidad es indispensables para el correcto funcionamiento de otros ecosistemas. Pero en Malasia son especialistas en llevarse por delante este tipo de ecosistemas sin entender su importancia, por ejemplo, en el estado de Selangor crearon sobre el mar 64 km2 de nueva tierra, destruyendo la isla de Pulau Indah, una isla de manglares.

Todo lo que se ve en la imágen, antes era mar. Estrecho de Malacca.

Pensar que después de destruir un ecosistema como este se puede reemplazar simplemente plantando manglares en una campaña de lavado de conciencia humana es no entender cómo funcionan los ecosistemas naturales. Lo difícil es recuperar el estado original, porque hay que entender que hay muchas especies coexistiendo entre sí en relaciones únicas.

También Singapur se creó sobre mar abierto. Desde su independencia en la década de los 60, esta ciudad comenzó a asentarse sobre los arrecifes y praderas submarinas que les rodeaban. Singapur se creó en su tiempo a base de hacer desaparecer muchas de las islas de Riau en Indonesia, toda su arena se trasladaba cargada en barcazas dirigidas hacia la nueva ciudad. Al mismo tiempo, miles de especies desaparecieron al dragar los ecosistemas en los que vivían.

Ciudades sobre el mar
Ciudades sobre el mar

¿De dónde viene la arena?

Para robarle el terreno al mar hay que asentar la zona y se suele hacer con la exportación de arena de un sitio a otro. Malasia, Indonesia, Camboya y Vietnam ya han puesto límites a sus exportación de arena, y un informe reciente saca a la luz el mercado negro multimillonario dirigido por grupos del crimen organizado. Como siempre, en donde hay ganancias incalculables los mercados paralelos aparecen. Las ganancias son tan altas que resulta más rentable rellenar tierra desde cero que construir sobre viviendas o tierras existentes. Sin embargo, hay mucho más en juego con estos proyectos que el dinero que se invierte en ellos.

Exportación de arena
Exportación de arena
La arena es dragada y transporatada de otros lugares.

La obtención de arena supone un problema grave tanto que entra en el ámbito de asuntos geopolíticos donde los beneficios económicos se llevan a costa de desestabilizar el equilibrio ecológico.

¿Compensan los beneficios al impacto ambiental que causan?

Convertir el mar en tierra es imparable en las zonas costeras del sudeste asiático pero este impacto ambiental, no compensa. Los métodos de dragado baratos y obsoletos, generan millones de metros cúbicos de limo tóxico, altas concentraciones de contaminantes, lodos con metales pesados, así como sedimentación, la pérdida de la calidad de agua de la zona y la modificación brusca de los ecosistemas.

La pérdida del hábitat provoca desequilibrios naturales.

No sólo se hace desaparecer del mapa hábitats marinos, sino que el ritmo tan rápido al que lo hacen, causa graves daños porque influye directamente en la disminución de la diversidad biológica. Al final la protección ambiental queda en el último lugar y la extinción de hábitats va afectando a muchas especies, incluso a las migratorias. Y es que la pérdida de un hábitat es un daño medioambiental tan grande, que difícilmente puede ser reemplazado.

Construir sin destruir

Los humanos no somos capaces de hacer cambiar el sentido de nuestras ciudades. La ciencia lleva años advirtiendo que es necesario un cambio de modelo en la gestión de las ciudades, intentar basarnos en una economía más sostenible y construir (por nuestro bien) espacios verdes que además de servir para nuestra salud combaten la polución y la emergencia climática.

Pero en lugar de impulsar planes que cambien nuestras ciudades hacia la sostenibilidad, nos venden la creación de ciudades nuevas, basadas en los mismos errores aunque vestidas de inteligentes, con energías renovables que al final acaba en el caos vestido de verde. No hay que crear ciudades inteligentes, hay que educar a los ciudadanos para que sean inteligentes y sean capaces de participar en su ciudad.

Los humanos como especie coexistente en este Planeta nos beneficiamos del entorno y si rompemos el equilibrio natural que une todo, tarde o temprano nos afectará. La creación de nuevas ciudades sobre el mar es la obsesión asiática.
Todo a la derecha de la carretera antes era mar. -Malacca-

Cuando se pueda volver a viajar, recuerda que existen nuevas ciudades futuristas de Asia con nombres atrayentemente sostenibles que no te recomiendo visitar. Porque se debe empezar a construir sin destruir el espacio natural que permite que nuestra civilización se asiente. Construir sin que necesariamente sea a costa de la pérdida de hábitats únicos.

La ruta natural, por María Marcos
La Ruta Natural, por María Marcos
1400 934 María Marcos
2 comentarios
  • Gracias María una vez más nos mostrarnos la realidad del lugar donde vives, de la naturaleza, la vida marina y terrestre que amas e insistes en proteger, todo ello nos lo muestras de manera inmejorable, un saludo!!!!!

    • Muchas gracias Agustin!!! Hay que proteger lo que nos permite sustentar nuestra civilización, sino poco sentido tiene. La naturaleza es increible, va a su ritmo, toma su tiempo y cada día nos enseña. Deberíamos ser más agradecidos;) Lo bueno que creo que cada día es más gente la que se da cuenta de esto y al menos intenta cambiar sus hábitos o ser más consciente de sus actos. Esperemos que aquí en Malasia también se den cuenta de la importancia que tiene los ecosistemas que les rodean y no dejen que desaparezcan. Un abrazo marino.

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