La Antigua es bonita hasta decir basta. Está llena de turistas, ¿y qué? Tampoco nunca se puede subir solo a la torre Eiffel. Y hasta cuando lord Byron llegó a Venecia en el siglo XIX encontró a muchos compatriotas en los canales. Estamos en una aldea global.
Ya sabía que la Antigua enamora a sus visitantes. Lo tiene todo. Una hermosa villa colonial de calles empedradas y rodeada de volcanes. Al principio nació como Santiago de los Caballeros y se la conoce como la ciudad de las perpetuas rosas.





Fundada a mediados del Siglo XVI, fue capital de Guatemala durante 200 años y fue abandonada como capital tras sufrir importantes terremotos en el XVIII. Aquí estuvo la Capitanía General y la Real Audiencia de los Confines, mi lugar preferido porque me he pasado la vida queriendo estar en el quinto pino.



Tras un día recorriendo las calles me pregunto dónde reside el encanto tan singular de esta ciudad. Diría que es la magia que desprenden tantas iglesias barrocas en ruinas, lo que crea una atmósfera muy especial y única, el testimonio del poder de la naturaleza para destruir los endebles esfuerzos humanos.

He preguntado si alguna vez se pensó en reconstruirlas o al menos despejarlas de cascotes. La respuesta es que no, porque la vida no puede volver atrás y ahora forman parte de la identidad más profunda de la ciudad. No sabría qué iglesia de las visitadas me gusta más; quizás la Merced, en la que se puede pasear sobre sus bóvedas y tener una espléndida vista de la ciudad a tus pies.




En la Antigua tuvo casa Bernal Díaz del Castillo. Quizás el nombre les diga poco. Fue regidor de Guatemala, donde murió, pero ha pasado a la historia sobre todo por ser el cronista que acompañó a Hernán Cortés en la expedición a México. Es el autor de «Historia verdadera de la conquista de Nueva España».


En La Antigua les recomiendo cenar pepián, el plato típico de esta zona, declarado patrimonio cultural intangible de la nación, una especie de estofado de carne, desde luego muy tangible si es como el caso que no se ha comido nada en todo el día entre ruina y ruina.








Antes de cenar leo en un muro: Apoya tus pies con cuidado que estás caminando sobre sueños.
Pues eso.
