CON MOCHILA

Corea del Sur

De las casas de papel a la ciudad que nunca apaga la luz

La riqueza cultural y la variedad de paisajes de Corea del Sur justifican todas y cada una de las horas de avión que se necesitan para llegar hasta el país. Eclipsada demasiadas veces por la deslumbrante tierra del sol naciente, que se queda con casi todos los viajeros que cruzan medio mundo hasta Asia oriental, a Corea no le faltan razones para ser visitada.

Moderna y a la vanguardia tecnológica, Corea no se olvida de sus tradiciones, tan bien representadas en sus aldeas de hanoks, algunas especialmente bien conservadas.

// enfoca tu viaje a Corea del Sur

Qué ver en Corea del Sur: cinco miradas para descubrirla

Ese contraste se ve perfectamente en Seúl, donde los rascacielos comparten calle con grupos vestidos con el traje tradicional, el hanbok, camino de los palacios de la dinastía Joseon. Y Busan es una amalgama de mercados, playa y acantilados en la misma ciudad.

El interior es montaña. Seoraksan y otros parques nacionales esconden templos budistas entre los bosques. Y en pueblos como Danyang, junto al río, el viaje baja el ritmo irremediablemente.

Y aunque la costa coreana no es lo que más conocemos los viajeros occidentales, a lo largo del litoral hay pueblos pesqueros y calas que en verano llenan sobre todo los propios coreanos.

Y por todas partes, una gente ordenada y amable que siempre tiene un gesto bonito con el viajero extranjero, sobre todo si se viaja con niños.

Corea del Sur de hanoks: Jeonju, Andong y sus aldeas tradicionales

Casas de papel de la vieja Corea

Las aldeas de hanoks son lugares donde se conservan la arquitectura y el estilo de vida de hace siglos, sobre todo de la época de la dinastía Joseon. Un hanok es una casa tradicional coreana hecha con materiales naturales como la madera, el papel y la piedra, y pensada para estar en armonía con la naturaleza. En estas aldeas, que mantienen su aspecto original, Corea guarda su pasado y sus antiguas costumbres.

En Seúl, el barrio de Bukchon conserva cerca de 900 casas tradicionales, muchas de ellas todavía habitadas, y sus vecinos piden respeto a los turistas. El bullicioso Ikseondong, también en la capital, muestra una cara completamente distinta: la gran mayoría de sus antiguas viviendas se han convertido en tiendas y restaurantes.

Jeonju no se queda atrás. Con unos 700 hanoks, es el mayor barrio de casas tradicionales del país, y en muchas de ellas el viajero puede probar la experiencia de dormir sobre el suelo caliente del ondol.

Desde Andong se pueden visitar dos de estas aldeas. La primera y más cercana a la ciudad es Andong Folk Village, en un precioso enclave junto al río Nakdonggang, cuyas vistas desde el puente Woryeonggyo solo mejoran cuando los cerezos en flor tiñen el paisaje de rosa en primavera. Pero lo que de verdad hace que valga la pena ir a Andong es que está relativamente cerca de otra aldea tradicional, Hahoe, un pueblo bucólico declarado Patrimonio de la Humanidad.

Por último, cerca de Gyeongju y en un entorno natural envidiable, la aldea de Yangdong conserva casas de varios siglos de antigüedad y comparte con Hahoe la declaración de Patrimonio de la Humanidad.

Jeonju

Con unos 700 hanoks, Jeonju tiene el mayor barrio de casas tradicionales del país. Muchas se han convertido en cafeterías, tiendas de recuerdos o locales donde alquilar el hanbok, y en otras se puede dormir sobre el suelo caliente del ondol. Hay talleres de papel hanji y de cerámica, y se come un bibimbap famoso. Es turístico, pero da para una jornada entera.

Carme paseando por una calle de Jeonju
Bukchon Hanok Village

Bukchon

En pleno Seúl, Bukchon reúne unos 900 hanoks, la mayor concentración de casas tradicionales de la capital. Es la calle que uno imagina al pensar en Corea, y contrasta con la ciudad moderna que la rodea. Pero es un barrio residencial y sus vecinos piden respeto a los turistas. Algunas de sus casas se pueden visitar por dentro.

Hahoe Folk Village

Andong y Hahoe

Desde Andong, cuna del confucianismo, se visitan dos aldeas. Andong Folk Village, junto al río Nakdonggang, reúne casas trasladadas para que no quedaran bajo la presa. Pero la joya es Hahoe, Patrimonio de la Humanidad desde 2010, donde aún viven unas 200 personas en casas de la época Joseon. Algunos días se llena de visitas: resérvale una mañana entera.

Aldea tradicional Yandong

Yangdong

Cerca de Gyeongju, la aldea de Yangdong lleva unos 500 años en pie en un entorno natural envidiable. Comparte con Hahoe la declaración de Patrimonio de la Humanidad y sigue habitada. Conviene empezar por el centro de visitantes: allí dan un mapa y explican dónde están la escuela y las grandes casas de los líderes de los clanes.

Corea del Sur cultural: Suwon, Gyeongju y sus templos milenarios

Corea de reinos en guerra y templos de paz

Descubre la historia y la cultura coreanas recorriendo sus destinos más célebres. En Gyeongju, los reyes de Silla no descansan en mausoleos de piedra, sino que duermen bajo redondas colinas de hierba. Silla gobernó casi mil años y, en el siglo VII, fue el primer reino en unificar la mayor parte de la península. De aquellas tumbas salieron coronas de oro y, en una de ellas, un caballo celeste pintado sobre corteza de abedul que dio nombre al túmulo. Pasear entre los túmulos es caminar sobre un reino entero que decidió enterrarse a la vista de todos. Muy cerca, Cheomseongdae lleva siglos mirando al cielo: es el observatorio astronómico más antiguo que se conserva en Asia oriental. Y en las afueras, el templo Bulguksa y la gruta de Seokguram guardan la fe de aquel mismo reino.

Mucho después llegó la dinastía Joseon, que reinó más de quinientos años y llenó Seúl de palacios con nombres casi impronunciables para los extranjeros. Su palacio principal, Gyeongbokgung, ardió durante las invasiones japonesas del siglo XVI y pasó casi tres siglos en ruinas antes de levantarse de nuevo. Hoy lo recorren cientos de coreanos vestidos con hanbok, como si el tiempo no hubiera pasado.

En Suwon, los Joseon levantaron la fortaleza Hwaseong. Sus más de cinco kilómetros de muralla son ahora un paseo de vecinos con sus perros, turistas con sus cámaras y cerezos que en abril se visten de fiesta.

La historia más reciente se asoma a menos de dos horas de Seúl. Desde 1953, una franja de unos cuatro kilómetros de ancho cruza la península de costa a costa y la parte en dos. Es la DMZ, la zona desmilitarizada, nacida de un armisticio que nunca llegó a ser una paz: la guerra de Corea, técnicamente, no ha terminado. Desde el observatorio Dora se divisa Corea del Norte, y en el Tercer Túnel se baja por una de las galerías que se excavaron hacia el sur bajo la frontera.

Y cuando la historia empieza a empachar y hace falta un respiro, siempre quedan los templos. Beomeosa, con más de 1.300 años, en la montaña de Busan, cuyos monjes son conocidos por el sunmudo, un arte marcial budista. O Guinsa, escondido en las montañas de Danyang, donde puedes comer lo que se ofrece e incluso quedarte a pasar la noche.

Suwon

A un día de excursión desde Seúl, Suwon es famosa por la fortaleza Hwaseong, que levantaron los Joseon. Sus más de cinco kilómetros de muralla se recorren entre vecinos que pasean al perro y cerezos que florecen en abril. Si se hace noche, hay tiempo para el palacio Hwaseong Haenggung, el templo Paldal-sa y los mercados de Paldalmun y Jidong.

Suwon
Uno de los famosos túmulos

Gyeongju

Antigua capital del reino de Silla, Gyeongju enterró a sus reyes bajo redondas colinas de hierba, y su parque de los túmulos es lo primero que hay que ver. Muy cerca están el puente Woljeonggyo y Cheomseongdae, el observatorio astronómico más antiguo que se conserva en Asia oriental. Y en las afueras, el templo Bulguksa y la gruta de Seokguram.

Zona desmilitarizada

La DMZ

A menos de dos horas de Seúl, una franja de unos cuatro kilómetros parte la península en dos desde 1953. La DMZ nació de un armisticio que nunca llegó a ser una paz: técnicamente, la guerra de Corea no ha terminado. Desde el observatorio Dora se ve Corea del Norte, y en el Tercer Túnel se baja por una galería excavada bajo la frontera.

Palacio Gyeongbokgung

Gyeongbokgung

Es el palacio principal de la dinastía Joseon, que reinó más de quinientos años desde Seúl. Gyeongbokgung ardió durante las invasiones japonesas del siglo XVI y pasó casi tres siglos en ruinas antes de levantarse de nuevo. Hoy lo recorren cientos de coreanos vestidos con hanbok. En la ciudad quedan otros palacios Joseon: Changdeokgung, Deoksugung y Changgyeonggung.

Corea del Sur urbana: Seúl, Busan y sus metrópolis

La Corea que nunca apaga la luz

En Seúl, más de nueve millones de personas viven repartidas en barrios que parecen ciudades distintas. Insadong guarda el arte y la tradición. Myeongdong se enciende de luces, tiendas y puestos callejeros. Hongdae vibra con estudiantes, grafitis y cafés creativos. Y Gangnam presume de lujo y modernidad. Todo, conectado por un metro tan sencillo que no hace falta hablar coreano para usarlo.

Para entenderla no basta con observarla: también hay que comer en ella. En los mercados de Gwangjang y Tongin, el bibimbap, el tteokbokki picante y el mandu se sirven sin ceremonia y a buen precio. Para verla entera hay que subir a la Namsan Tower o a las montañas que la rodean, desde donde el skyline se pierde en el horizonte. Abajo, el arroyo Cheonggyecheon, que pasó décadas enterrado bajo una autopista, vuelve a correr entre oficinas. Y el río Han se llena de picnics en cuanto sale el sol.

Al otro extremo del país, Busan mira al mar. Fue la capital provisional durante la guerra, el refugio que nunca cayó, y los refugiados colgaron sus casas de las laderas: hoy Gamcheon es un barrio de colores. En Jagalchi, el mayor mercado de pescado de Corea, el pescado pasa del puesto a la mesa sin escalas. Haeundae y Gwangalli llenan sus playas en verano, y cada otoño la ciudad se convierte en la capital del cine asiático.

Incheon es la ciudad por la que entra casi todo el mundo y en la que casi nadie se queda, y quizá merezca algo más que una escala. Fue uno de los primeros puertos que Corea abrió al exterior, a finales del siglo XIX. De aquella apertura quedan su barrio chino, donde nacieron los fideos jajangmyeon que hoy se comen en toda Corea, y las casas de estilo occidental del Open Port. A pocos kilómetros, Songdo levanta rascacielos sobre tierra ganada al mar.

Seúl

En Seúl los rascacielos conviven con los palacios Joseon y con barrios que parecen ciudades distintas: Insadong guarda la tradición, Myeongdong se enciende de luces, Hongdae vibra con estudiantes y Gangnam presume de lujo. Se come bien y barato en los mercados de Gwangjang y Tongin, y el metro es tan sencillo que no hace falta hablar coreano.

A pie por Seúl
Busan

Busan

La segunda ciudad del país mira al mar. Busan tiene playas como Haeundae y Gwangalli, acantilados, los mercados de Jagalchi y Gukje y el templo Beomeosa en la montaña. El barrio de colores de Gamcheon, que los refugiados de la guerra colgaron de las laderas, es la visita que nadie se salta. Y cada otoño se convierte en la capital del cine asiático.

Chinatown en Incheon

Incheon

Por Incheon entra casi todo el mundo y en ella casi nadie se queda. Fue uno de los primeros puertos que Corea abrió al exterior, y de aquello quedan el barrio chino, donde nacieron los fideos jajangmyeon, y las casas occidentales del Open Port. Tiene lonja, el mirador de la G-Tower y es punto de partida hacia islas como Yeongjong.

Starfield Library

Gangnam

Gangnam presume de lujo y modernidad: es la cara más nueva de Seúl. El nombre del barrio suena a todos por aquella canción pegadiza, y tiene hasta una estatua en honor al famoso bailecito. Dentro del centro comercial COEX está la Starfield Library, una librería de estantes altísimos que debe su fama a lo fotogénica que es.

Corea del Sur natural: Seoraksan, Danyang y sus parques nacionales

La Corea de las montañas y los parques nacionales

Mires donde mires, el horizonte de Corea siempre termina en una montaña. Los coreanos se han quedado en las llanuras y en la costa, y han dejado entre ciudad y ciudad cordilleras enteras de bosque, granito y templos escondidos.

Enclavada en una pronunciada curva del río Namhan-gang y protegida por los montes del Parque Nacional de Sobaeksan, se encuentra Danyang, una discreta localidad lejos de las grandes masas de turistas. Es el punto de partida de varias excursiones: las cuevas calizas de Gosu, el Mancheonha Skywalk, la pasarela del río o el propio parque nacional.

Más al norte, Seoraksan es la montaña de los paisajes: picos de granito que asoman entre la niebla y valles que en otoño se tiñen de rojo. Tiene un teleférico para quien no quiera sudar y, a pocos minutos de la entrada, un gran Buda de bronce que recibe a todos los que suben.

Odaesan se recorre de otra manera: un kilómetro de abetos lleva hasta el templo de Woljeongsa, fundado hace casi catorce siglos, donde se puede pasar la noche con los monjes. Y en Songnisan espera Beopjusa, uno de los templos más antiguos del país.

Quien quiera caminar en serio tiene Jirisan, el primer parque nacional de Corea, enorme y con travesías de varios días entre crestas. Y quien busque algo más fotogénico tiene Naejangsan, un auténtico lugar de postal en otoño.

Seoraksan

Seoraksan es la montaña de los paisajes: picos de granito que asoman entre la niebla y valles que en otoño se tiñen de rojo. Es Reserva de la Biosfera, con bosques, formaciones rocosas y templos de la época Silla, y tiene teleférico para quien no quiera sudar. En verano se llena. Para cenar y dormir, Sokcho queda cerca.

Sendero entre arces rojos en Seoraksan en otoño
Paseo al lado del río en Danyang

Danyang

En una curva del río Namhan-gang, Danyang es un pueblo tranquilo, lejos de las grandes masas. No es el más bonito de Corea, pero sirve de base para visitar las cuevas calizas de Gosu, el Mancheonha Skywalk y el Parque Nacional de Sobaeksan.

Sendero en el Parque Nacional de Jirisan

Jirisan

Jirisan fue el primer parque nacional de Corea. Es enorme, y es el sitio para quien quiera caminar en serio: tiene travesías de varios días entre crestas.

Templo Ginsa

Guinsa

Encajado en un valle de los montes de Sobaeksan, cerca de Danyang, Guinsa es la sede de la escuela budista Cheontae. Es un complejo de templos que trepa por la ladera, y en él se puede comer e incluso pasar la noche.

Corea del Sur costera: Jeju, Sokcho y sus pueblos marineros

La Corea del Sur que se asoma al mar

Es probable que uno no piense en Corea del Sur como destino de playa, porque en Asia son otros países los que tienen fama de paraíso. Sin embargo, si se viaja en época cálida, y teniendo en cuenta la extensión de su costa, vale la pena incluir en la ruta algún pueblo o ciudad costera, ya sea por sus playas, sus puertos, sus paseos marítimos, su gastronomía o su ambiente. No en vano, son tres los mares que rodean la península.

La famosa isla de Jeju es perfecta para pasar unos días entre playas de aguas claras, acantilados, cascadas, cuevas, el volcán Hallasan y, cómo no, alguna aldea tradicional como Seongeup. Del mar emerge Seongsan Ilchulbong, un cono volcánico coronado por un enorme cráter cubierto de hierba y declarado Patrimonio de la Humanidad. Bajo tierra se esconde Manjanggul, uno de los tubos de lava más largos del planeta. Y en la orilla trabajan las haenyeo, mujeres que se sumergen a pulmón para recolectar marisco.

Ya en la península, asomados al mar del Este, están Sokcho, Samcheok y Gangneung, con la larga playa de Gyeongpo. La costa oeste es otro cantar: mareas que se retiran kilómetros y dejan al descubierto inmensas llanuras de barro. En la península de Taean esperan las playas de Mallipo y Kkotji.

Por último, la costa sur es un puzle de piezas sin encajar, con rincones tan extraordinarios como la aldea de Darangi, en Namhae, que baja hasta el agua en 108 bancales de arroz, o la ermita de Hyangiram, colgada sobre un acantilado en Yeosu.

Jeju

La isla más grande del país es un destino muy popular entre los propios coreanos. Jeju tiene playas de aguas claras, acantilados, cascadas, cuevas y el volcán Hallasan. Seongsan Ilchulbong, un cráter que emerge del mar, es Patrimonio de la Humanidad, y Manjanggul, uno de los tubos de lava más largos del planeta. En la orilla trabajan las haenyeo, que bucean a pulmón.

Columnas de basalto en la costa de Jeju
Sokcho, en la costa este de Corea del Sur

Sokcho

Asomada al mar del Este, Sokcho es la base habitual para visitar Seoraksan: aquí se cena y se hace noche. Y si interesa la historia de la DMZ, tiene un museo.

La playa de Gyeongpo

Gangneung

Asomada al mar del Este, Gangneung tiene la larga playa de Gyeongpo, una de las más conocidas de la costa oriental. Fue además sede de las pruebas de hielo de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2018.

Plantación de té verde en Boseong

Boseong

En la costa sur, las colinas de Boseong se ondulan en interminables hileras de té verde. Es una de las regiones del té más conocidas de Corea, y su plantación más famosa, Daehan Dawon, funciona desde 1957. En los días claros, desde lo alto se ve el mar.

// a tener en cuenta si viajas a Corea del Sur

Corea del Sur se viaja con el móvil en la mano

Viajar a Corea del Sur por libre es de lo más sencillo: el tren y el autobús llegan a casi todas partes, las estaciones son limpias y la puntualidad, la norma. Casi todo lo demás, del transporte a los pagos, los mapas o las reservas, pasa por el móvil. Solo algunas aldeas de hanoks, a las afueras de las ciudades, piden algo más de planificación.

eSIM

Una eSIM para Corea del Sur te salva en un país donde todo pasa por el móvil.

Transporte

Tren y autobús llegan a casi todo, limpios y puntuales. En Seúl, el metro.

Mapas

Kakao o maps.me te trazan la ruta, las líneas y los horarios.

Estaciones

Cerezos en primavera, hojas rojas en otoño. En verano, calor, lluvias y turismo local.

Idioma

Se habla poco inglés. La aplicación Papago te vendrá genial.

Aldeas habitadas

En Bukchon o en Hahoe vive gente. Pasea, pero respeta su intimidad.

// lo imprescindible

Antes de tu viaje a Corea del Sur

Para hacer turismo en Corea del Sur, los españoles no necesitan visado si la estancia no pasa de 90 días. El país pide normalmente la K-ETA, una autorización electrónica que se tramita online, pero los pasaportes españoles están exentos de solicitarla hasta el 31 de diciembre de 2026. Compruébalo antes de volar, porque esa exención se ha ido prorrogando año a año.

Aquí puedes cruzar Seúl en metro, subir a Seoraksan y recorrer Jeju en la misma semana, en un país moderno y muy bien organizado. Pero su sanidad puede salir cara al viajero extranjero, y una consulta o un ingreso sin cobertura se paga de tu bolsillo. Por eso un buen seguro de viaje no es un trámite, y con el descuento en IATI te sale más barato.

Bienvenidos a Corea del Sur