Hay dos formas de llegar a Tikal desde Ciudad de Guatemala: la más conveniente es en avión en un vuelo de una hora hasta el Aeropuerto Mundo Maya, en Flores (El Petén).
Con tiempo y en según qué fechas, se pueden conseguir pasajes por 100 dólares o menos. La alternativa más cansada es un bus que tarda unas diez horas y que puede costar la mitad, unos 50 dólares.

En Flores también hay varias opciones para visitar el yacimiento: un tour organizado, un bus público compartido (tarda unas dos horas y sale por unos 25 dólares) o alquilar un vehículo por unos 40 o 50 dólares al día (seguro incluido).

Si se toma esta última alternativa (por una carretera más o menos bien para cómo son la media del país) poco antes de la llegada a las taquillas de acceso al parque hay guías que se ofrecen para ir con ellos en una visita guiada o tour privado, siempre interesante dado lo extenso del recinto. Este reportero considera imprescindible un par de días enteros para disfrutar del yacimiento.
Conocida también como Ciudad de Voces por la calidad acústica que permite oír el sonido del eco, Tikal fue posiblemente la ciudad más poderosa del periodo clásico maya, que abarca nada menos que unos 1800 años, del 800 antes de Cristo al mil de nuestra era.


Cuando los conquistadores españoles la descubrieron ya era un recinto abandonado desde hacía cientos de años, cubierto por la maleza. Caminar por estas ruinas es aún hoy en día caminar por una ciudad de la que se adueñó la selva.

El bochorno es casi opresivo y el griterío de los pájaros te recuerda constantemente que aquí solo eres un intruso y seguramente no muy bien visto. No suele haber muchos visitantes (unas pocas decenas, salvo en temporada alta de europeos) y los templos y demás edificios están muy separados unos de otros. Toca andar y sudar. La señalización es pobre y como digo es prácticamente indispensable llevar un guía.

Se supone que solo el 20% de Tikal está excavado. Aquí hay muchos misterios por descubrir. Me pregunto por qué estos condenados mayas en lugar de elegir para vivir un terreno más fértil y benigno para el hombre, por ejemplo cerca de la costa, lo vinieron a hacer en una de las zonas menos habitables del planeta y más insalubres, una jungla casi impenetrable plagada de mosquitos, con suelos pobres para la agricultura y faltos de agua.


No se explica cómo fueron capaces de levantar semejantes estructuras arquitectónicas de tanta belleza y calidad siendo una de las civilizaciones de la antigüedad con peor tecnología. Además, ¿por qué abandonaron estas ciudades? Hay muchas teorías. Se sabe que Tikal, en sus tiempos de máximo esplendor, llegó a albergar más de 100.000 habitantes. Posiblemente su agricultura de roza y quema agotó los suelos y ya no fue capaz de proporcionar los recursos suficientes para tanta gente. Pero es solo una teoría entre otras muchas.


En Tikal se suele hacer noche para ver amanecer o ver atardecer. En ambos casos se requiere pagar una entrada extra de unos 11 euros (La general está en unos 17). Soy poco partidario de la primera opción (más que nada porque los amaneceres suelen ser en horarios de mierda) pero si se decanta uno por la primera conviene irse pronto al sobre, a la hora de las gallinas diría, para poder madrugar.



Ayuda a favor de esto que el programa de animación nocturna no es el fuerte de los tres hoteles del parque arqueológico y que lo primero que te dicen es que no andes mucho de noche porque abundan los bichos sueltos y no son de fiar. Otro dato. El restaurante cierra a las 21 h y se apagan los generadores. Ya no hay más luz eléctrica y todo el complejo queda a oscuras. Osea que esto es como el famoso Apagón pero sin Red Eléctrica por medio.
Por necesidades del guión toca levantarse a las 3.30. La cita con el guía es a las cuatro de la madrugada a las puertas del parque. Cuando fui todo estaba oscuro como boca de lobo. La neblina no dejaba ver las estrellas.
La recomendación es llevar algún jersey por el relente de la noche, pero sales y hace un calor que te mueres. Y espera una caminata de cerca de una hora, el último tramo se supone que muy empinado. El autor de este diario no es de Bilbao pero siempre tiene calor así que decide salir a cuerpo y que sea lo que sea. Cuanto menos se cargue de ropa, más ligero se sube. No hay luna, pero el sendero es ancho y con linternas se recorre fácilmente porque está aligerado de ramas y raíces.
Conforme uno se adentra en la jungla los sonidos que te rodean se vuelven más inquietantes. El trino continuo de los pájaros se mezcla con el rugir de los monos aulladores que tienen un despertar como de pesadilla, un voz gutural profunda y que suena como una amenaza que viene de no se sabe qué desconocidas honduras.
A las cinco de la mañana subo al pie del templo IV. Aquí salvo el templo I, que es el del jaguar, el resto se queda con su simple numeración, lo que no habla muy bien del espíritu poético ni comercial de los chapines (apodo de los guatemaltecos).


Creías que ya estabas, pero no. Toca subir una moderna escalera de madera de unos 200 peldaños que te deja ante las gradas del templo, a unos 64 metros, el más alto de Tikal. Ante ti sólo se extiende la jungla y sus sonidos. No hay nadie más. He llegado el primero. Con la ropa chorreando de sudor y la brisa que corre empieza a hacer frío, pero recuerden que soy como de Bilbao. Me huelo y soy como un bote andante de Relec Extra Fuerte. Supuestamente voy protegido.
Enseguida empiezan a llegar otros esforzados adoradores del sol y también sudando la gota gorda. Al final nos juntamos en las gradas unas 150 personas. El día amanece pero del astro sol no vemos ni rastro. De hecho, las cúpulas de los templos mayas apenas se distinguen entre la niebla. Les doy un dato. Menos del 20% de los que suben hasta aquí ven levantarse el sol por encima de las cresterías. Así es el bosque nuboso y eso forma parte de su encanto.

El amanecer, a cambio, te regala un concierto maravilloso de sonidos de una jungla que despierta muy viva. No veo el sol pero pienso que Amanece que no es poco, y me suena a película.
A las 8 h hay que estar de vuelta en la taquilla de la entrada. Hemos comprado ticket de amanecer y si te retrasas hay multa. Puede que convenga pagarla y quedarse unas horas más. A Tikal puede que solo se venga una vez en la vida y sería una pena racanear.
