CON MOCHILA

Con los hijos del maíz. Livingston. Territorio garífuna.

En 1635 un barco negrero español naufragó en la isla de San Vicente, en las Antillas menores. Unos cuantos esclavos africanos consiguieron llegar vivos a la playa, donde fueron recibidos por los nativos arawak. Pasaron los años y de la mezcla de arawaks y aquellos esclavos surgió una población que se llamó primero garinagu y finalmente adoptó el término garífuna.

Welcome to Livingston
Welcome to Livingston
Mapa de Livinsgton
Mapa de Livinsgton

Los avatares de la historia llevaron a aquellos garífunas primero a la isla de Roatán, en Honduras, y luego pequeñas comunidades se extendieron por la costa hondureña, Belice, Nicaragua y Guatemala. Está documentado que llegaron a Livingston en 1802. En el 2002 la Unesco declaró patrimonio mundial de la humanidad algunos rasgos de la cultura garífuna, como la música, la danza o una gastronomía particular basada en el pescado cocido con salsa de coco.

Orgullosas de ser garífunas
Orgullosas de ser garífunas
Comida típica de la zona
Comida típica de la zona
Comida típica de la zona
Ceviche de gambas
Restaurante
Restaurante

Livingston es la ciudad garífuna de Guatemala, un municipio de unos 80.000 habitantes (9% garífunas) del departamento de Izabal, cuya parte vieja está formada por casas de madera pintadas de colores. Hay varios hoteles, restaurantes, supermercados y tiendas de souvenirs, todo en medio de un turismo discreto frente a unas aguas en donde abundan los pelícanos. A Livingston se viene para hacer la excursión por el Río Dulce, uno de los grandes atractivos del país de los quetzales. 

Antes que partir para Río Dulce conviene explorar Siete Altares, un antiguo lugar ceremonial garífuna, a tres kilómetros del pueblo, y que sólo se puede visitar en lancha. Siete Altares consiste en una serie de pozas de agua cristalina (siete son las más importantes) que forman cascadas en medio de un paisaje exuberante, en plena jungla y que desagua en el mar Caribe.

Por una entrada muy módica (poco más de dos euros, dedicados a la conservación) puedes pasar el tiempo que quieras. El acceso no es para todo el mundo y entraña una cierta dificultad, aunque no has de ser un atleta.

Bienvenidos a los 7 Altares
Bienvenidos a 7 Altares
Una de las cascadas de los 7 Altares
Una de las cascadas de 7 Altares
Turistas se adentran en uno de los 7 Altares
Turistas cruzando con la ayuda de cuerdas por uno de 7 Altares
Los 7 Altares
Pequeños saltos de agua en 7 Altares

Llegar hasta la última de las siete cascadas se requiere una media hora en la que prácticamente no hay senderos. Has de remontar la corriente en algunos casos ayudado de cuerdas y en otros apañándotelas como puedas saltando sobre piedras resbaladizas con riesgo de romperte la crisma.

El agua está fresca pero nada helada. Esto no es el Pirineo. Bañarte en la última poza, de ocho metros de profundidad y ponerte debajo de la cascada a modo de jacuzzi es un regalo de los dioses. Llegar hasta aquí ya es un premio (no dan diploma).

Los manglares de Río Cocolí
Los manglares de Río Cocolí

La excursión prosigue con un pequeño recorrido por los mangles del río Cocolí hasta que el arroyo se estrecha y no hay fondo para navegar. Ver los mangles en buen estado te reconforta porque son el mejor indicador de la buena conservación del ecosistema. Luego se puede ir a Playa Blanca, la mejor de la zona, con hamacas y unas tumbonas de madera algo vetustas para un turismo local y poco masificado. Un paisaje que retrotrae un poco a lo que debió ser la España de los años 60. No permiten poner música a todo volumen, lo que habla muy bien de los chapines. Naturaleza y reggaeton son incompatibles, como Trump y democracia.

Ambiente paradisíaco en Playa Blanca
Ambiente paradisíaco en Playa Blanca
Barcas en el muelle de Playa Blanca
Barcas en el muelle de Playa Blanca
Playa Blanca
Playa Blanca

Dejar Livingston es hacerlo remontando el río Dulce en una barcaza que recoge pasajeros de los distintos muelles. Nada más salir del pueblo el paisaje es pura selva de un verde que sobrecoge.

A medida que la lancha se aproxima al pueblo de Río Dulce el cauce se ensancha hasta unos niveles asombrosos. Ningún río europeo se le acerca en anchura, ni siquiera el Danubio, el gran cauce fluvial que vertebra nuestro continente.

Barcas esperando en el puerto
Barcas esperando en el puerto
Viviendas sobre Río Dulce
Viviendas sobre Río Dulce
Hotel en la ribera del río
Hotel en la ribera del río

La ciudad de Río Dulce es prácticamente una calle comercial, muy transitada por tuk tuks y camiones, con multitud de pequeñas tiendas de abarrotes (ultramarinos), tenderetes de comida y ferreterías. Todo bajo un sol de justicia. Abundan los carteles contra la minería y hay amenazas de cortar las carreteras, lo que llaman un tapado.

Tienda de abarrotes
Tienda de abarrotes
Una de las calles de Livingston con tiendas
Una de las calles de Livingston con tiendas

Estamos en Izabal, uno de los departamentos más pobres del país. Oficialmente el sueldo medio en Guatemala es de unos 600 euros al mes, pero según me cuentan la mayoría de la población ha de pasar con algo más de 300 euros.

Se alquila baño
Se alquila baño
No transportamos animales
Se alquila baño

En Río Dulce no hay que perderse el castillo de San Felipe de Lara, construido entre 1652 y 1690 como enclave estratégico para repeler a los piratas que entraban por el río y se adentraban en el lago Izabal, donde se encontraban las bodegas de almacenamiento de mercancías dispuestas para salir para España.

Bienvenidos a Castillo de San Felipe
Bienvenidos a Castillo de San Felipe
Entrada al Castillo de San Felipe
Entrada al Castillo de San Felipe

Hay constancia de más de treinta incursiones de piratas ingleses e irlandeses. El baluarte llegó a tener una guarnición de entre 100 y 120 soldados. En su torre Bustamante (nos han preguntado si David es familia) se conservan 17 cañones de hierro fundido y dos de bronce. Aparte de su función militar, también sirvió de aduana y de prisión, tanto para nativos, como para corsarios enemigos o españoles díscolos a la corona. Las mazmorras, con frecuencia inundadas, y donde se sometía a tortura a los prisioneros, hablan de la crueldad de aquellos tiempos.

Los cañones desde el Castillo de San Felipe
Los cañones desde el Castillo de San Felipe

El 40 % del castillo se encuentra en estado original y el 60% es restaurado, trabajos que terminaron en 1995. San Felipe de Lara está en la lista para ser aprobado por la Unesco como patrimonio de la humanidad. Es una versión en pequeñito del gran San Felipe de Barajas de Cartagena de Indias, que pasó a la historia por la heroica defensa de Blas de Lezo.

Desde Río Dulce les recomiendo una excursión a Copán Ruinas, en Honduras, pero eso será en otro post.

Carlos Novo, periodista de guardia
Periodista de Guardia, por Carlos Novo
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Carlos Novo

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