» Cap. 04 - El valle del Draa y la llegada a Zagora

Cap. 04 – El valle del Draa y la llegada a Zagora

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“toc-toc-toc-toc”
-Carme, quina hora es?
-Les 5:20

“toc-toc-toc-toc”
-Carme, a quina hora has posat el despertador?
-A les 6…merda! que no l’havia adelantat!! son les 6:20!

“toc-toc-toc-toc”

Houda estaba llamando a la puerta intentando despertarnos pues el desayuno hacía 20 minutos que nos esperaba en la terraza. No tenía la hora del móvil cambiada y lo llevaba a hora de España, una hora más, así que íbamos con retraso. Deprisa y corriendo subimos a la terraza a desayunar, y a pesar de haber dejado las mochilas preparadas por la noche teníamos que darnos prisa en llegar, ya que no teníamos el teléfono del guía y nos les podíamos avisar de que llegábamos justos. Así que engullimos en desayuno en cuestión de minutos y masticando aun un trozo de crepe bajamos, recogimos y nos despedimos de Houda. Todavía de noche, atravesamos la medina de Marrakech a toda velocidad, ignorando a los taxistas que insistían en llevarnos al ver la cara de apuro que hacíamos, pero afortunadamente al final llegamos a tiempo. Los últimos pero a tiempo.

Una vez allí, Noureddine, el que iba a ser nuestro guía, terminaba de meter en el maletero las mochilas de todo el grupo: Christian y Angeline, una pareja de italianos, François y Catherine de Canadá y dos chicas más: Estela de Bilbao y Katy también de Canadá. Subimos todos en la minivan y salimos de la plaza Djemaa el-Fna mientras los más madrugadores empezaban a montar sus escaparates.

En el interior de la minivan camino del desierto

En el interior de la minivan camino del desierto

Salimos de Marrakech en dirección Ourzazate y fue entonces, al cabo una hora y unos cuantos kilómetros, cuando empezamos a ver los paisajes auténticos del sur de Marruecos. Por la carretera, que no estaba en las mejores condiciones, circulaban locos coches particulares y autobuses a los que sobre todo en las curvas tenías que evitar comerte. Eso por no hablar de las cabras temerarias que cruzaban sin mirar y provocaban alguna que otra frenada brusca. En el interior del coche, por timidez o quizás por indiferencia, ese día casi no hablamos. Katy, la más extrovertida, fue la que empezó las presentaciones y animó un poco la jornada. Venía a pasar unos días con su amiga y hablaba un perfecto español, al margen de inglés y francés, lo que nos aseguró tener una buena intérprete en el viaje para traducir el francés que usaban muchos de los bereberes con quienes nos cruzamos.

Hicimos varias paradas en miradores desde donde pudimos ver los pueblos bereberes embutidos en las montañas y paisajes en los que el único verde que se veía era el de las palmeras, pues el rojo de la arena y las casas de los pueblos predominaba en el árido paisaje marroquí.

Un pueblo bereber de las montañas.... ¿lo véis?

Un pueblo bereber de las montañas…. ¿lo véis?

Este otro se ve mejor... ¿no?

Este otro se ve mejor… ¿no?

También pudimos subir puertos de montaña desde donde divisar los pequeños valles con la vegetación que crecía en el fondo. En algunos de estos miradores habían bereberes que vendían piedras muy exóticas, las cuales eran con forma de pelota de tenis de color negro y en su interior una formación de minerales de colores.

Vistas desde arriba de la montaña

Vistas desde arriba de la montaña

Un par de horas más tarde hicimos una parada en un restaurante de carretera en el que aprovechamos para tomamos un té con menta, habitual bebida ya en nuestro viaje por Marruecos. Mientras estirábamos un poco las piernas vimos llegar varios autobuses de turistas que debían hacer un recorrido semejante. De repente apareció un motero con una BMW R 1200 GS, un 4×4 en versión 2 ruedas, y Toni que se había quedado hipnotizado al verla (está enamorado de esa moto) se percató que la matrícula era española y se dirigió a él. Era un canario que hacía la misma ruta que nosotros pero en dirección contraria, así que aprovechó para advertirnos la de curvas que nos esperaban las próximas horas de camino y del calor que hacía por allí abajo. Contó que debía ir con la visera del casco bajada porque el aire le quemaba la cara.

Tomándonos el té en la terracita

Tomándonos el té en la terracita

Hacia las 12 del mediodía, cuando el sol caía con más fuerza, llegamos a la kasbah de Ait Benhaddou, Patrimonio de la Humanidad y escenario de famosas películas entre ellas Lawrence de Arabia, Babel o Gladiator. Construida con adobe sobre una elevación, esta kasbah es una de las mejores conservadas de Marruecos y muy frecuentada por los turistas. Debido a ello había un restaurante y unos pequeños comercios en la entrada. Compramos un par de botellas de agua fresca en uno de ellos y fuimos detrás del guía.

Kasbah de Ait Benhaddou

Kasbah de Ait Benhaddou

El sol ponía a prueba nuestras ganas de visitar el edificio y en una mezcla de satisfacción por disfrutar de las vistas y desazón por el tremendo calor fuimos subiendo escuchando las explicaciones de Nour. Arriba busque el refugió en la pequeña sombra que podía ofrecer una pared con el sol perpendicular a nuestras cabezas, pues notaba que si me quedaba un minuto más debajo de él podía desplomarme en cuestión de segundos.

¿Un poco de sombra?

¿Un poco de sombra?

Desde esa altura la perspectiva era más impactante todavía. Las casas casi se camuflaban con el color de la tierra, pero decenas de palmeras que hacían acto de presencia rompían esa monocromía marrón y dotaban de vida la escena con sus verdes hojas.

Vistas desde lo alto de la kasbah

Vistas desde lo alto de la kasbah

Una vez superada la subida, la bajada nos permitió gozar del lugar. La gente nos saludaba al pasar y nos ofrecían entrar es sus tiendas para comprar alguna cosa.

También nos saludaba este simpático burrito

También nos saludaba este simpático burrito

En una de las casas, la de una conocida de Noir nos detuvimos y entramos a ver el interior. La rusticidad del inmueble era absoluta, con la única decoración que la de unas cuantas alfombras tiradas en el suelo. Madre e hija nos recibieron con las manos abiertas. La casa tenía dos plantas, aunque toda era igual: barro y más barro, con la excepción de la “habitación de matrimonio” que estaba decorada con la dote. Nos invitaron a pasar a un salón y nos ofrecieron té y unos espectaculares frutos secos de los que Toni hizo buena cuenta; hay que ver cómo se puso de comer almendras. Y allí sentados, aunque no demasiado fresquitos pero al menos resguardados del sol, Noir nos relató un poco la vida de las mujeres de la casa aunque sin evitar hacer chistes o comentarios machistas (de los muchos que oímos durante el viaje). Al menos de ellas tuvo el detalle de hablar bien… Y finalizada la velada nos despedimos amablemente y salimos de la casa. La mujer se entretuvo entonces en un telar que tenía a resguardo del sol.

La señora con su telar

La señora con su telar

Ya abajo del todo, mientras esperábamos a los demás que tardaban un poco más en llegar, un hombre nos invitó a pasar a su tienda en la que tenía bisutería bereber. Al decirle que no llevábamos dinero nos dijo que podíamos hacer trueque, que nos podría cambiar algo por móviles o medicinas. Lástima que no llevábamos nada en ese momento…

Aun hicimos unas cuantas paradas más antes de parar a comer en Ourzazate, ciudad que muy a nuestro pesar no pudimos visitar ya que no entraba en la ruta; uno de los inconvenientes de ir en grupo. Solamente vimos desde el coche los estudios cinematográficos en las afueras, el “Hollywood del desierto” y fuimos directamente a un hotel a comer. No nos dieron opción a comer en otro sitio, tuvimos que comer todos juntos allí, que aunque fue una manera de conocernos todos un poco más y probamos por primera vez el sabroso tajin kafta, la comida nos salió por más de lo que llevábamos de presupuesto, otro inconveniente de ir en grupo. Estuvimos bastante rato charlando y, al final de la comida, un camarero salió e hizo una propuesta para amenizar un poco la comida. Iba a hacer tres acertijos, y quien los adivinase se ganaba un té. Aunque la idea fue divertida, al final fue verdad que el té era solo para los que lo acertaron y los otros nos quedamos con las ganas. Decidimos levantarnos y continuar, aunque antes de salir le dimos unas monedas a un hombre que nos deleitó durante toda la comida con su música.

Casi sin tiempo para hacer la digestión o estirar las piernas volvimos a subir otra vez a la furgoneta y seguimos otra vez con el aburrido camino. Las paradas en miradores se sucedieron una detrás de otra y al final, cansados de ver siempre el mismo paisaje en el que lo único que cambiaba era el tono de marrón, cuando Nour paraba nos quedábamos mirándonos como quien dice: ¿es preciso bajar?

Otra de las muchas paradas

Otra de las muchas paradas

Y por fin llegamos a Zagora! Después de tantas horas de coche llegamos a nuestro destino. La cuestión ahora, antes de bajar de la furgoneta, era ver quién iba a dormir en el hotel y quien quería ir al desierto. De la forma que nos lo pintó el hombre de la agencia decidimos que no íbamos a ir esa noche, pues no se trataba del desierto, sino de unas pequeñas dunas a una media hora en camello, y además previamente habíamos visto el hotel y la piscina y caímos en la tentación. Ya veríamos el desierto de verdad el día siguiente.

Ya empezábamos a ver camellos...

Ya empezábamos a ver camellos…

Así que una vez decidido que solo la pareja de canadienses iba a ir a las haimas, fuimos todos a acompañarles con el coche, no sin antes hacer una parada en una tienda bereber donde podíamos comprar unos pañuelos. Aun hoy lo pienso y me da rabia, no sé cómo nos pudimos fiar de Nour, que nos dijo que los 100 dirhams que valía cada trozo de tela eran innegociables, que en todos los sitios valía lo mismo. Si no lo digo reviento: que mentiroso!!, lo que no voy a decir es de quién me acordé cuando el día siguiente me enteré de que en otros sitios lo podías comprar por tan solo 30 Dh. Eso por no hablar de la bola que nos metieron al decir que no desteñía, porque me hubiese gustado limpiarlo en la puerta de su casa y dejar el zafarrancho que dejé yo en la mía cuando me dio por limpiarlo. Suerte que estaba avisada por Estela y no se me ocurrió meterlo en la lavadora. En fin, este fue un mal menor.

Poniéndonos el turbante...

Poniéndonos el turbante…

... de los cojones

… de los cojones

Llegamos a “la parada de los camellos” y dejamos a la pareja allí, y riéndonos de la pinta de la gente arriba de los camellos nos fuimos a descargar las mochilas. Llegamos a la puerta del magnífico hotel y allí empezó el jaleo. “Hay un problema, somos demasiados los que nos quedamos en el hotel y no hay sitio para todos”, así que decidió que Katy y Estela se quedaran en el hotel y nos mandó a las otras dos parejas a otro “de igual condiciones”. ¿Cómo puede una agencia no tener en cuenta que a lo mejor todos preferíamos hotel? y sobretodo, ¿cómo pretendía que nos creyésemos que el hotel al que nos trajeron tenía las mismas condiciones?

Nos dejó en la puerta del hotel que decidieron ellos que era “igual” y nada más llegar se me cayó el mundo al suelo. No somos unos señoritos, ni nos da repelús dormir en cualquier sitio, ni exigimos que todo esté perfecto cuando pagamos 3$ por una cabaña con arañas…, pero ese hotel polvoriento (del que no voy a decir el nombre porque no tengo queja de su gente), con la piscina verde, el aparato del aire acondicionado tan sucio que ni funcionaba y al cual tuvimos que limpiarle los filtros y en definitiva, tan austero que poco se diferenciaba de los que frecuentábamos en Camboya… lo habíamos pagado a precio de oro y nos la metieron hasta el mango!!!. No se le puede ofrecer a alguien un caramelito y después decir que no quedan más. Pero lo peor es que enrollen una piedra en un papel y pretendan que te creas que es lo mismo, porque te puedes atragantar, como me pasó a mí.

Nota de Toni: Ahora vamos a hacer una prueba a ver como estamos de la vista… Estas dos fotos que vienen a continuación son “diferente hotel” pero con el “mismo precio y las mismas características” según la agencia de viajes IMZY TOURS de Marrakech (perdonad que antes me ría un poco.. JA-JA-JA)

Hotel A

Hotel A

Hotel B

Hotel B

Sacamos el espíritu mochilero y dejando la mala hostia para el día siguiente cuando viésemos al guía, decidimos terminar la noche fenomenal. Aunque durante la cena hacía tanto calor que casi ni teníamos ganas de comer, la gente del hotel hay que decir que se portó muy bien (qué culpa tenían ellos), pero yo no podía evitar sentir que me habían timado y si lo llego a saber me hubiese ido a las dunas.

Lo último que buscamos Toni y yo cuando viajamos son los lujos porque tenemos un presupuesto marcado, pero que nos dieran gato por liebre me pareció muy ruin, y si no lo escribo reviento. Esa noche me acordé mucho del hombre de la agencia (Imzy tours, tomen nota señores) solo espero que al menos el sí pudiese disfrutar en Ibiza de los sitios que yo le recomendé, porque no voy a ponerme al mismo nivel del que esta agencia hizo alarde.

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