En la Transpirenaica por el GR11 existen muchos tipos de lugares donde descansar tras cada etapa, que van desde las más básicas en plena naturaleza hasta opciones más cómodas como los hoteles y refugios en los pueblos y valles.
Por eso, a la hora de empezar a soñar esta aventura tienes que reflexionar bastante sobre qué experiencia quieres vivir: comodidad planificada o contacto directo con la naturaleza. Y también pensar qué peso puedes llevar y qué sacrificios quieres hacer.

Dormir bajo las estrellas, con lo mínimo imprescindible, te permitirá sentir la montaña en estado puro. Llevar tienda de campaña añadirá protección frente al viento o la lluvia, pero también peso a la mochila. Los refugios de montaña ofrecen mayor seguridad y servicios, aunque implican un coste y cierta planificación previa, mientras que los refugios libres, cabañas o ermitas son soluciones más improvisadas y austeras, pero gratuitas.
Si buscas comodidad puedes optar por albergues, hostales, hoteles o campings, presentes en la mayoría de localidades. Si buscas libertad, el vivac y la tienda serán tu opción. Pero al final la elección depende de lo que priorices: viajar ligero pero con poca flexibilidad o bien llevar tu propio equipo para disfrutar de la libertad de improvisar cada día. En este equilibrio influyen también el presupuesto, el peso de la mochila y la capacidad de adaptación a imprevistos.
En la Transpirenaica vamos a poder encontrar 8 tipos principales de lugares o maneras de dormir, unas en plena naturaleza y otras en los pueblos por los que iremos pasando cada dos o tres días.
Dormir bajo las estrellas, con lo mínimo imprescindible, te permitirá sentir la montaña en estado puro.

Es la manera más básica de dormir pero bonita: un aislante, una colchoneta, un saco y, sobre nosotras, las estrellas del firmamento. Se puede complementar con un Tarp, una lona que se monta con los bastones y piquetas y que ofrece algo de protección en caso de lluvia. Eso le suma medio kilo.
Llevar tienda de campaña añadirá protección frente al viento o la lluvia, pero también peso a la mochila.

Similar a la anterior, pero dormiremos mejor protegidos del viento, la lluvia, la humedad o los bichos pero supone cargar con entre uno y dos kilos de la tienda.
Los refugios de montaña ofrecen mayor seguridad y servicios, aunque implican un coste y cierta planificación previa.
Son alojamientos en plena montaña, que ofrecen habitaciones compartidas para dormir (a veces con 6, a veces con 30 o 40 personas), servicio de bar y restaurante, así como duchas calientes, electricidad para recargar aparatos, etc.

Usar estos refugios permite viajar muy ligeros, con un saco sábana y sin colchoneta, tienda, etc… pero a un precio: alojarse en ellos con media pensión oscila entre 50 y 70 euros la noche.
Aunque no te quedes en ellos, puedes entrar, tomar un café y preguntar lo que sea de la ruta, pues son la mejor fuente de información local.
Los refugios libres, cabañas o ermitas son soluciones más improvisadas y austeras, pero gratuitas. Se trata de pequeños edificios no guardados, gratuitos, pero sin servicios.

En la mayoría hay una tarima elevada para dormir usando nuestra colchoneta y saco, una mesa y sillas, chimenea y poco más. Algunos están en buen estado, otros no tanto. Los encontrarás sobre todo en Aragón y algo menos en Cataluña, y casi nada en Navarra o Euskadi.
Las cabañas son construcciones más básicas, normalmente sin ninguna infraestructura en su interior, pero ofrecen un resguardo frente a lluvia.

Se pueden usar gratuitamente, durmiendo en el suelo, con nuestro equipo, en Aragón y Cataluña. En Navarra muchas cabañas son de cazadores, pero podremos usarlas también.
Si buscas comodidad puedes optar por albergues, hostales y hoteles, presentes en la mayoría de localidades.

En la mayoría de las poblaciones a las que lleguemos nos encontraremos algún tipo de alojamiento más formal y cómodo, con habitaciones privadas.
En muchos valles y en casi todas las poblaciones también encontraremos campings.

Esta es la opción barata para alojarse con tienda de campaña y disfrutar de unos mínimos servicios incluidos en el precio (duchas, cocina, electricidad, piscina…) y bares o restaurantes a precios razonables.
A lo largo de la ruta te encontrarás muchas ermitas o iglesias en mitad de la nada, o en las afueras de los pueblos, sobre todo en las primeras y últimas etapas (en Cataluña y Navarra).

Algunas con techados, otras simplemente tranquilas y con espacio plano donde echar tu colchoneta o tienda de campaña. Además, muchas veces tendrán una fuente cerca o incluso bancos para sentarnos y cenar.
Si quieres viajar más ligero, es decir, sin tienda de campaña, deberás alojarte en una combinación de refugios, hoteles, albergues, etc. La ventaja es evidente: te ahorras también cargar con el saco gordo, la colchoneta y el aislante (que pueden ser entre 2 y 3 kilos en total). Solo necesitarías un saco sábana o saco de verano (confort 10º C).
El gran inconveniente es que te obliga a planificar bien las etapas y los descansos para poder reservar con antelación, ya que en temporada alta los refugios (y muchos hoteles en los pueblos) suelen llenarse (especialmente los fines de semana), algunos con semanas de antelación.
Aunque en los pueblos suele haber varias alternativas y será raro que no encuentres nada reservando un par de días antes, será en las etapas que acabes en refugio donde tendrás sí o sí que tener reserva previa, en ocasiones de semanas (como en “refus” de Ordesa, Aigüestortes…).

En una ruta en la que pueden suceder imprevistos, reservar con antelación nos limita mucho pues si no llegas en la fecha reservada pierdes tu dinero y deberás saltarte etapas en taxi o similar para recuperar el tiempo perdido y continuar con el plan de reservas si lo tenías.
Yo, personalmente, descarté esta opción y no la recomiendo, salvo que se haga la Transpirenaica por etapas de una semana o diez días, en los que se puede asumir que no pasará nada o que todo es más controlable.
Si quieres más libertad para poder dormir junto a lagos, en algún bosque bonito, en suma, más en contacto con la naturaleza, o para improvisar tu ruta y decidir cada día cuánto caminas según cómo te sientas, tu opción debería ser llevarte una tienda (o al menos un tarp), con un buen saco, colchoneta y aislante.
De esa manera podrás vivaquear cuando te apetezca (la mayoría de las noches hará buen tiempo), ir planificando las etapas con dos o tres días vista para coincidir con refugios libres o cabañas o incluso ermitas…
Eso, además, te permitirá ahorrar mucho dinero. Eso no quita que algún día no puedas dormir en un refugio si tiene sitio, o en un hotelito en un pueblo. Lo bueno es que podrás ir decidiendo según te lo pida el cuerpo.
Si te preocupa el presupuesto y el peso, podrías arriesgarte a hacer la travesía sin tienda ni sin Tarp (pero sí con colchoneta y un buen saco) y planificando un poco y ajustando la ruta a la climatología es bastante plausible dormir a cubierto cuando haya predicción de lluvia y vivaquear cuando no, con seguridad y sin necesidad de usar alojamientos de pago.
Lo está. Pero una cosa es acampar (establecerse) y otra pernoctar, que se puede decir que es montar la tienda (o vivaquear) una hora antes del anochecer y levantarla una hora después del amanecer.

La acampada libre o vivaqueo suele estar permitido en las zonas de montaña (salvo en algunos parques nacionales, como Aigüestortes o la mayoría de la superficie de Ordesa) por encima de una altura, que suele ser a partir de 1.500 o 2.000 metros (depende de cada parque o zona de protección especial).
En todo caso, nunca he tenido problemas a la hora de hacer acampada libre. Para ello, si transitas por un parque o zona con algún tipo de protección intenta averiguar en qué condiciones está permitida la acampada libre y luego busca un sitio tranquilo que te guste.

Si tienes dudas, busca uno ligeramente oculto, donde nadie te pueda ver y no tendrás problema. Sí que te pedimos encarecidamente que seas especialmente limpio, que no enciendas hogueras y que, como tendrás que “ir al baño”, te lleves el papel contigo tras usarlo, especialmente si usas toallitas.