Ciudad de Guatemala, la Nueva Guatemala de la Asunción que es su nombre oficial, o simplemente Guate, como la llama todo el mundo, es la capital de la república y un destino generalmente obviado por los turistas, que pasan de largo por su fama tanto de ciudad fea como violenta y peligrosa. Diría que ese olvido es un error.

A juicio de este reportero siempre conviene visitar las capitales de los países que se visitan porque suelen ser un compendio de lo mejor y lo peor de los mismos. Un ejemplo es Madrid, que era para Antonio Machado «rompeolas de todas las Españas». Si vienen por estas tierras les recomiendo mucho pasar al menos 24 horas en Guate.
Guate tiene sus orígenes en una tragedia. Se fundó en el valle de la Ermita tras la destrucción por un terremoto a finales del Siglo XVIII de la capital de entonces, Santiago de los Caballeros, lo que ahora se conoce como La Antigua. Hoy Ciudad de Guatemala es la urbe más poblada de Centroamérica, con 1.200.000 habitantes. El centro histórico es relativamente pequeño. La llamada Sexta Avenida está peatonalizada y es la antigua Calle Real, una zona comercial donde se respira un aire de ciudad de provincias. Aquí y allá hay algún edificio notable pero muy dispersos y con una mezcla de estilos típica de la España de los 70.


Esta era una zona de tenderetes de venta ambulante, pero los eliminaron en el 2010. Abundan los mendigos y los limpiabotas (para mí una clara señal de que algo no funciona) y la ortografía de muchos letreros no pasaría el examen de la Real Academia. Desde el Arco de Correos, su edificio más emblemático, el paisaje urbano mezcla rascacielos de medio pelo y techos de uralita.



Puedes pasear por cualquier calle sin que nadie te aborde y hay que llegar al Parque Central, oficialmente la Plaza de la Constitución, donde están la Catedral Metropolitana y el Palacio Nacional de la Cultura, lo que se conoce como el Guacamolón por su color verde. El nombre es un buen ejemplo del humor chapín, poco estridente. (Chapin es es el apodo de los guatemaltecos, como catrachos es el de los hondureños, ticos son los costarricenses o nicas los nicaragüenses).



Si hay un lugar que visitar en Guate fuera del centro histórico ese es el Museo Nacional de Arqueología y Etnografía, totalmente imprescindible si te gusta la historia y has estado o vas a ir a alguno de los impresionantes yacimientos mayas del país, como es el caso de Tikal.
El Museo es una auténtica joya donde das por muy bien empleados los 60 quetzales de la entrada, unos 7,5 euros. (Un tanto abusivo es que los extranjeros paguen 60 quetzales y los locales solo cinco, once veces menos, demasiada diferencia. La excusa que te dan es la de siempre: es para incentivar que los guatemaltecos conozcan su pasado).
En el Museo puedes admirar las famosas máscaras de jade de los mayas, diferentes estelas y una asombrosa colección de estatuillas, entre otras muchas piezas de gran valor histórico y artístico que demuestran a qué gran altura brilló aquella civilización precolombina.

Por cierto, si quieren ver una curiosidad, en la Zona 10, frente a la Embajada de México, hay una réplica de la fuente de Canaletas que el Ayuntamiento de Barcelona regaló a esta ciudad en 1985.
Para conocer un tipo de urbanización única en el país hay que darse un paseo por Ciudad Cayalá, el barrio de la gente guapa, un lugar al que continuamente te recomiendan ir como ejemplo del éxito social al que aspiran los guatemaltecos. «Vayan, es como Europa», te dicen.









A mí me ha parecido más bien una mezcla entre el Herón City de Las Rozas, el casco antiguo de Marbella sin toque árabe, o algunas zonas de Miami, al estilo Española Way: mucha cafetería de lujo, hoteles caros y tiendas como del barrio de Salamanca, con franquicias internacionales. Nos cuentan que los pisos valen a partir de 400.000 euros y los alquileres unos 3.000 o 4.000 euros al mes. El salario medio ronda los 430 euros (unos 530 dólares).





Como reportero español no puedo irme de Ciudad de Guatemala sin contarles alguna historia de nuestro pasado común relativamente reciente. Esta capital ocupó las portadas de los informativos de todo el mundo el 31 de enero de 1980, cuando un grupo de campesinos del Quiché ocupó la Embajada española para llamar la atención sobre el conflicto civil y las continuas matanzas y violaciones de derechos humanos bajo la administración del general Romeo Lucas García. En ese momento el embajador español, Máximo Cajal, estaba reunido con algunos políticos locales de alto nivel.
Las fuerzas de seguridad guatemaltecas entraron a sangre y fuego en el edificio vulnerando la inmunidad de la legación diplomática y provistos de lanzallamas que arrojaban fósforo blanco asesinaron a 37 personas (a dos más las remataron en hospitales al día siguiente), entre ellas siete miembros del personal de la Embajada, uno de ellos el cónsul, Jaime Ruiz del Árbol. Otro de los asesinados fue Vicente Menchú, padre de la que luego sería premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, una figura hoy controvertida en Guatemala.
España rompió relaciones diplomáticas con Guatemala durante cuatro años. Tiempo después, en 1996, el Gobierno de Guatemala ofrecería públicamente sus excusas y 35 años más tarde juzgaría a varios de los autores materiales de los crímenes, a los que condenó a 30 y más años de cárcel. Desconozco si cumplieron o no las penas.


Les cuento otra historia terrible. El 9 de julio del 2011 fue acribillado a balazos en esta ciudad el cantautor argentino Facundo Cabral cuando de madrugada se dirigía hacia el aeropuerto en un vehículo particular. Los motivos del asesinato siempre quedaron confusos.
No era el primer cantautor asesinado en estas calles. El nombre de Barry Sadler no les sonará. El 7 de septiembre de 1988 fue tiroteado aquí cuando iba en un taxi. Nunca se recuperó de sus heridas y murió en noviembre del año siguiente en Tennessee. Fue poco conocido en España, pero mucho en los Estados Unidos. Sirvió en las Fuerzas Especiales y fue enviado en 1965 al Vietnam, donde llegó a sargento y fue herido. Sadler compuso La Balada de los Boinas Verdes, un canto patriotero a aquellas tropas justificando la entrada de su país en la Guerra de Vietnam. Vendió en su país nada menos que nueve millones de copias. 60.000 norteamericanos murieron allí en lo que fue la primera guerra perdida por Estados Unidos en toda su historia.
Hoy Ciudad de Guatemala vive otros tiempos, pero el futuro sigue siendo inquietante. El presidente Arévalo decretó en enero de este 2026 y por un mes el Estado de Sitio y luego lo sustituyó por otros 30 días por el Estado de Prevención (con recortes a las libertades civiles, todo como una medida de lucha contra las pandillas).


Conviene pasear por estas calles aún de aceras rotas pero sin olvidar el pasado, tantas veces violento a pesar de estar entre gentes amables que hablan un español antiguo cargado de diminutivos.
En el próximo reportaje, El Petén, con la joya de la corona: Tikal
