Con ilusión y algo de tristeza afronto la última etapa de la GR11 Transpirenaica. Hay una subida inicial bonita entre niebla, campos de flores y bosques hasta la ermita de San Marcial, desde donde hay unas vistas increíbles de Irún y Hondarribia, el final de mi viaje.

Desde allí es todo bajada o llaneo por asfalto y carreteras, con ruido urbano por primera vez en semanas. Recorro los últimos kilómetros junto a Itziar hasta el Faro de Higer, feliz y orgulloso de completar la Transpirenaica. Una pena que es un final mucho más feo, más “civilizado” que el resto de la ruta y, desde luego, que el Cabo de Creus donde empecé.
Distancia: 21,3 km / Desnivel: +419 / -649 m / Duración: 6:22 h
Con ilusión y tristeza afronto la última etapa de mi aventura.
Es una única etapa por Euskadi, y empieza con un repecho inicial de 400 metros de desnivel, para luego descender progresivamente hasta el faro de Higuer. Y la verdad es que la etapa no es todo lo bonita que merecería ser la última etapa de la GR11.
El tramo inicial sí me lo parece: además hay niebla en el embalse y es muy fotogénico. Tras dejarlo atrás empieza la subida, entre zonas de bosques y arbustos con muchas flores, y con bonitas vistas de las montañas que hemos atravesado.

En esa zona entro en Euskadi, en Guipuzcoa, mientras avanzo por apacibles bosques, por algunos merenderos bajo el pico Erlaitz (497 m) y algún repecho hasta llegar a la ermita de San Marcial. Desde allí las vistas de Irún, Hondarribia y Francia son increíbles, pero ahí acaba el tramo bonito de la etapa.

La bajada me lleva directo a las afueras de Irún, que me llevan a atravesar carreteras, autovías y ruido de tráfico, algo a lo que me había desacostumbrado.
Recorro algo asombrado el centro de Irún, lleno de edificios altos y jaleo. Lo bueno es que ahí me encuentro con Itziar, mi pareja, que ha venido a recorrer conmigo los últimos 8 kilómetros.
El GR11 va en paralelo a la autovía, pasando por el aeropuerto, con coches pasando rápidos junto a nosotros a medida que nos internamos en Hondarribia.

El pueblo sí es bonito: un precioso pueblo costero, con un casco antiguo en lo alto, detrás de las murallas. Será el último que pise (o, para muchos, el primero de la ruta). Pero lo cierto es que abruman tantos comercios, actividad… y tanta gente, después de semanas en casi soledad.

Nos alejamos de la población hacia las playas, el puerto y el faro, bajo enormes y horrorosos edificios de veraneantes. Da pena acabar una GR11 tan salvaje con paisajes tan urbanizados y tan “civilizados” como los que estoy viendo. Quien hace la Transpirenaica empezando aquí, sí tendrá un final muy especial cuando llegue al mar Mediterráneo.

El último kilómetro serpentea por un bosquecillo, pasando por algunas calas en las que dan ganas de darse un chapuzón. Pero me puede el ansia de llegar al Faro de Higuer. Cuando lo hago, estoy super feliz y orgulloso. ¡Lo he conseguido! ¡Qué lejos quedan las dudas de las primeras etapas!
Para acabar, me saco unas fotos con el faro de fondo. Esperaba que hubiera un monumento, placa o mención al GR11, en el que poder sacarme una foto feliz, pero no es el caso. Da igual, lo importante no es la foto. Es haberlo conseguido y disfrutado tanto.

Beber: San Marcial, a 11 km, es el primer lugar con fuente potable. Antes, en el km 9,1, hay un manantial. En Irún y Hondarribia hay muchas fuentes donde tomar agua.
Dormir: En Irún y Hondarribia hay multitud de alojamientos de todos los presupuestos, incluyendo un camping justo en el Faro de Higuer, al final de la ruta.
Comer: En San Marcial hay un restaurante, muy popular los fines de semana. Poco después pasamos por Irún, donde hay infinidad de bares y restaurantes, así como supermercados. Lo mismo en Hondarribia, punto final de nuestra aventura.
Otra información útil:
Te dejamos un mapa con la ruta realizada. [Haz click en la imagen y te llevará a una nueva ventana de Mapy]
En mi cuenta de Instagram puedes ver el resumen del día.