Siempre se ha considerado que Aragón es el corazón de los Pirineos y la parte más bonita… y seguramente sea así. Ahí se encuentran los macizos más espectaculares, como el Aneto, el Posets o el Monte Perdido.

Seguramente sea por eso que, durante el trekking de la Transpirenaica GR11, encontraremos más gente y los refugios guardados más llenos, pero a la vez es donde más refugios libres están disponibles para usar gratuitamente.
Es la zona con más alta montaña, más exigente, pero también muy variada, ya que las constantes bajadas a los pueblos ofrecen todo tipo de paisajes, estando casi siempre entre los 1.200 y 2.500 metros. Es un área con excelentes posibilidades para el vivac también, con numerosos lagos de altura (ibones) y agua a raudales.
Pasaremos por poblaciones importantes desde el punto de vista logístico como Benasque (con numerosas tiendas de equipamiento de montaña, Correos y mensajerías) o Sallent de Gállego, pero también habrá tramos en los que estaremos 3 etapas sin pisar un pueblo.
Independientemente de donde se haya empezado la Transpirenaica, se suele llegar en buena forma y fuertes, algo que hará que disfrutemos mucho de esta sección de la GR11 a pesar de ser una de las más duras del recorrido.
Caminaremos 15 días por esta región, correspondiente a las etapas 23 a 37.
Primer día en Aragón, con Xavi marcando el ritmo. Subimos por la GR18, exigente por pendientes del 20% y viento fuerte, entre pastos y rebaños, que me recuerdan a Kirguistán. La subida se endureció entre cascadas y flores de edelweiss hasta el embalse de Llauset, donde almorzamos.
Un sendero de pura roca nos lleva en una hora hasta el refugio Cap de Llauset, impresionante, conectando de nuevo con la GR11. Tuvimos suerte y había plazas libres, y resultó un refugio “de lujo”: cómodo, con habitaciones de 6 con baño y ducha, perfecto para descansar y cenar tras la dura jornada.

Puedes leer más sobre esta etapa en el artículo Etapa 23: Aneto – Refugio Cap de Llauset
Sorprendentemente, dormí peor que en un vivac. Desayunados, comenzamos con una subida complicada entre bloques de granito hasta el paso a 2.700 metros, con el Aneto cerca. El descenso es bueno bonito, entre ibones y abetos hasta el refugio libre de Puente Coronas, donde comimos y descansamos.
Pero quedaban 11 km de descenso por pista que bajo el calor se me hicieron eternos, hasta acabar en el camping Aneto, donde compramos la cena en el supermercado. Acampamos río abajo junto a un antiguo búnker, alejados del ruido.

Puedes leer más sobre esta etapa en el artículo Etapa 24: Refugio Cap de Llauset – Benasque
Día de despedida y gestiones en Benasque: hasta aquí llega Xavi. Yo aproveché para comprar, cambiar de mochila y enviar material. Tras comer, salí con dos kilos menos de carga y remonté el río Estós por pista cómoda, con el ruido de las chicharras de fondo.
Tomé la variante 11.2 por la cara sur del Posets, subiendo por hayedos impresionantes hasta el ibón de Batisielles, donde acampé en una cabaña de piedra, disfrutando de un baño, cena tranquila y la felicidad de estar solo en la naturaleza.

Puedes leer más sobre esta etapa en el artículo Etapa 25: Benasque – Cabaña de Batisielles
Día de ibones y piedra, manteniéndome en las alturas. Empecé mal por un sendero mal señalizado hasta el Ibón Grande de Batisielles. Desde ahí toca una dura subida hasta el Collado de la Plana con vistas a un mar de granito.
La subida al Collado de Eriste (2.862 m) fue durísima, con viento y algo de lluvia, y la bajada por neveros y senderos complicados hasta el Ibón de Millares me hizo ir con cuidado. El refugio estaba destrozado, así que acampé junto al ibón bajo un precioso atardecer rosado.

Puedes leer más sobre esta etapa en el artículo Etapa 26: Cabaña de Batisielles – Ibón de Millares
Dormí regular por el frío y la humedad. Arranco bajando suavemente por el valle siguiendo el río, entre pinares, flores y vacas, cruzándome con grupos de senderistas que suben hacia el Posets. En las bordas descanso y seco el equipo al sol, y poco después desayuno un adobo espectacular en el camping El Forcallo.
Toca subir luego casi 1.000 metros, pero al ser largo el ascenso resultó cómodo entre pinares, bordas y cabañas, hasta el ibón de Urdiceto. Tras bañarme en el lago, decidí quedarme en su refugio libre, compartiendo cena con otros dos montañeros.

Puedes leer más sobre esta etapa en el artículo Etapa 27: Ibón de Millares – Refugio del Ibón de Urdiceto
La etapa fue parecida a la de ayer: arrancó con una bajada por pista hasta el río Cinca, que se me hizo eterna. Por suerte, tenía bonitas vistas del Monte Perdido y sus glaciares. Luego tocó pisar carretera y, al bajar, vuelve el calor intenso en Marzán, donde paro a comer y comprar.
La subida fue larga pero bonita, con vistas de la garganta. Horas después llegué al refugio libre de La Estiva aunque decidí vivaquear fuera bajo un cielo despejado y espectacular, con vistas del valle de Pineta y del collado de Añisclo.

Puedes leer más sobre esta etapa en el artículo Etapa 28: Refugio del Ibón de Urdiceto – Refugio de la Estiva
Hoy siento que estoy ante la etapa reina, con potentes desniveles y tramos técnicos. Empecé con una dura bajada por bosques, pasando por refugios de La Larri, el Parador y La Pineta, donde comí y recargué agua. Luego tocaba el reto: una pared de 1.200 metros de desnivel hasta el Collado de Añisclo. Continué por la variante Faja de las Olas, con tramos aéreos equipados con sirgas y cadenas. Tras un tramo final por el GR11 llegué al Refugio de Goriz, donde me tocó una placentera ducha, una cenita con vino y disfruté de un cielo estrellado maravilloso.

Puedes leer más sobre esta etapa en Etapa 29: Refugio de la Estiva – Refugio de Góriz
Hoy decidí evitar las multitudes de Ordesa tomando la variante por la Brecha de Rolando hasta Bujaruelo, permaneciendo en las alturas. Subí duro por pedregales hasta el Casco del Marboré, un 3.000, y luego continué hasta la Brecha, con vistas espectaculares del Vignemale y el Circo de la Gabarinie.
La bajada fue complicada, con destrepes, glaciar y mucha piedra suelta, hasta el refugio francés donde me regalé unas crepes excelentes. Terminé cruzando ríos y bajando por senderos empinados hasta Bujaruelo, donde el río Ara me permitió remojar los pies y cerrar la jornada.

Puedes leer más sobre esta etapa en Etapa 30: Refugio de Góriz – Refugio de Bujaruelo
Tras dos días de descanso, reemprendí la marcha desde el Puente de los Navarros, disfrutando del cañón y las vistas del río Ara. Hoy tocaba un día de mucha subida, pero suave, disfrutona. Subí por pista cómoda y bosques de hayas, descansando en refugios libres.
Por la tarde, tras un poco de lluvia, continué hasta una gran pradera con bloques de roca, donde monté el vivac. En soledad, me aseé en el río y cené mientras anochecía con el Vignemale de fondo.

Puedes leer más sobre esta etapa en Etapa 31: Refugio de Bujaruelo – Vivac en río Ara
Duermo de lujo vivaqueando y desayuno avena antes de empezar, con el sol asomando tras el Vignemale. Subo por un sendero pedregoso, pasando por varios ibones hasta el Puerto Viejo. Allí decido tomar la variante que sigue un tubo de agua para evitar bajar hasta Baños de Panticosa.
Tras comer en el concurrido Refugio de Bachimaña, subo al complicado Collado de Tebarray, con un descenso de los que pone los pelos de punta, aferrado a sirgas. Monto el vivac al atardecer junto al solitario Ibón de Llena Cantal, feliz por esta preciosa etapa.

Puedes leer más sobre esta etapa en Etapa 32: Vivac en río Ara – Ibón de Llena Cantal
Hoy vuelvo a la “civilización”. Es un día mixto, con una bajada preciosa hasta Sallent de Gallego, y una segunda parte más bien fea, con mucho asfalto. El día empieza con senderos cómodos hasta el refugio de Respumoso, siguiendo el descenso por hayedos, paralelos al río, hasta llegar a Sallent de Gállego, ¡con 32 °C! Toca hacer compras, comer y… siesta, hasta que pase el calor.
Arranco pero estallan tormentas. Cuando paran sigo por tramos de asfalto incómodos, por Formigal. Por suerte el ascenso final a la estación de esquí de Anayet es tranquilo. Allí me pilla la noche, así que monto el vivac bajo techo en una caseta de información cerrada.

Puedes leer más sobre esta etapa en Etapa 33: Ibón de Llena Cantal – Estación esquí Anayet
Duermo bien, rodeado de vacas y, acompañado de Rubén, subo al lago de Anayet, por un sendero entre montañas rojizas y verdosas. Desde el lago, descendemos por un sendero cómodo y bonito, con el valle del Aspe de fondo. El problema: el calorazo que hace hasta llegar a Candanchú.
Tras comer y descansar retomo la aventura solo, subiendo a la Tuca Blanca, aunque lo hago por un sendero equivocado pero espectacular. Termino la jornada acampando junto a una cascada, en uno de los vivacs más salvajes y bonitos de la ruta, en Circo del Aspe.

Puedes leer más sobre esta etapa en Etapa 34: Estación esquí Anayet – Circo de Aspe
Etapa “rara” porque nos obliga a dar un rodeo para evitar pasar por Francia. Empiezo subiendo al paso del Esper con un amanecer espectacular y vistas de los pliegues rocosos de la montaña. Tras un largo descenso, descanso y tomo un café en el Refugio de Lizara.
De ahí toca una subida calurosa, hasta que estalla una gran tormenta con lluvia y granizo. Por suerte hay un refugio libre cerca y corro a resguardarme dos horas. A partir de ahí queda una bajada tranquila al ibón de Estanés y, anocheciendo, llego al refugio de Aguas Tuertas.

Puedes leer más sobre esta etapa en Etapa 35: Circo de Aspe – Refugio Aguas Tuertas
Última etapa en Aragón: empiezo bajando por un valle con ríos y buitres, entretenido cogiendo moras en las zarzas. Tras dos horas llego a un río donde descanso antes de subir hasta el collado de Petraficha, disfrutando de los picos abruptos y un manantial en el camino.
La bajada es larga, pero desciendo rápido por el sendero pedregoso, al final entre bosques, por la amenaza de tormenta y termino en Zuriza, donde me refugio en un cabaña libre junto al río mientras llueve.

Puedes leer más sobre esta etapa en Etapa 36: Refugio Aguas Tuertas – Cabaña de Zuriza
La etapa fue parecida a la de ayer: arrancó con una bajada por pista hasta el río Cinca, que se me hizo eterna. Por suerte, tenía bonitas vistas del Monte Perdido y sus glaciares. Luego tocó pisar carretera y, al bajar, vuelve el calor intenso en Marzán, donde paro a comer y comprar.
La subida fue larga pero bonita, con vistas de la garganta. Horas después llegué al refugio libre de La Estiva aunque decidí vivaquear fuera bajo un cielo despejado y espectacular, con vistas del valle de Pineta y del collado de Añisclo.

Puedes leer más sobre esta etapa en Etapa 37: Cabaña de Zuriza – Isaba
Al día siguiente continúa mi ruta por Navarra.
Te dejamos un mapa con la ruta realizada. [Haz click en la imagen y te llevará a una nueva ventana de Mapy]