Tres grandes volcanes rodean el lago Atitlán: el San Pedro, el Tolimán y el Atitlán. Los mayas creen que en realidad son tres grandes piedras que fueron colocadas por los dioses al principio de los tiempos. Los tres forman una estampa inconfundible que es una de las imágenes con que Guatemala se presenta al mundo.


Es muy fácil visitar tres de los pueblos que rodean el lago Atitlan: San Juan La Laguna, San Pedro La Laguna y Santiago Atitlán. Para acceder a los mismos conviene sumarse a un tour que te lleve a los tres de una tacada porque recorrerlos en coche es muy fatigoso por el pésimo estado de las carreteras. Además, en los últimos tiempos se han reportado asaltos a los turistas que viajan en vehículo privado por esta zona. También puedes ir en una lancha colectiva de pueblo en pueblo pero aunque esa opción es bastante más barata la lancha no sale hasta que se llena y puedes perder dos horas esperando en el embarcadero.

San Juan es de largo el pueblo más fotogénico con sus casas y calles pintadas de colorines. Por eso mismo me ha parecido el menos interesante. Todo son servicios para los turistas, que abarrotan las calles móvil en mano tirándose selfies sin parar.






San Pedro es pura cuesta y bastante más feote pero sin duda Santiago Atitlán me ha parecido el más auténtico y el punto fuerte del día. Aquí persiste una tradición única en el país, el Santo Maximón, una deidad fumadora.






La visita a Maximón no está incluida en los tours convencionales. La mayoría de los turistas que vienen por aquí desconocen esta realidad fascinante. Hay que negociar el precio con un tuk tuk y que te lleve a la casa de Maximón, que cambia de año en año.

El tuk tuk abandona el centro del pueblo, deja las zonas más o menos frecuentadas por turistas y se mete zigzagueando entre callejones tan estrechos en los que casi no cabe. El barrio es lóbrego y sórdido. Se detiene ante una casa. Has de pagar 5 quetzales para entrar (60 céntimos) y otros diez quetzales por derechos de fotografía. (Puedes tomar cinco pero no controlan mucho el número).

Maximón es un santo con dos sombreros vaqueros y cigarro en la boca. Bebe aguardiente y no es muy alto. Lleva bufanda, gafas de sol, unos billetes en la pechera, muchas flores, botellas de licor a sus pies y un montón de candelas encendidas. A cada lado le guarda un chamán que le transmite las peticiones de los que vienen en busca de su intercesión. Dicen que su especialidad es el mal de amores, pero su milagrería es multiusos. Puede echar mano en los negocios o en la salud. También puede usarse en negativo y fastidiar al prójimo.

En la sala donde está Maximón hace un calor opresivo, lo que ayuda a transmitir una sensación de estar ante algo irreal. Junto al santo fumador hay un Jesús sepultado en una urna de cristal e imágenes de santos. Nos dicen que en Semana Santa Maximón se guarda en la iglesia y sale en procesión como un paso más. No le imagino en la madrugá de Sevilla con los fieles cantándole saetas. Cuando llega la noche a Maximón lo meten en un armario y allí duerme.



Hay otro lugar de la ciudad que no enseñan a los turistas: el Parque de la Paz. Allí se puede ir también en tuk tuk. Se lo recomiendo. Es un pequeño recinto ajardinado, vallado, lleno de tumbas y cerrado con cadenas. Aquí el 2 de diciembre de 1990 el ejército guatemalteco disparó a quemarropa y mató a trece indígenas, entre ellos dos niños (e hirió a muchos más) que se manifestaban pacíficamente. Fue una de las peores matanzas de la guerra civil que asoló este país durante 36 años y que terminó en 1996. Me cuentan que desde entonces la municipalidad llegó a un acuerdo con el Gobierno para que los militares no volvieran a pisar Santiago Atitlán.



En Santiago Atitlán los dioses siempre han tenido mucho trabajo.

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