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Cap. 2 – Antananarivo, primer contacto

Diario de viaje a Madagascar capítulo 2
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Sonaba un saxo que insistía en tropezar siempre en la misma nota de la canción para despertarnos y darnos la bienvenida a Antananarivo. El torpe músico nos recordó que ya estábamos en Madagascar y no había tiempo que perder, seguir durmiendo, aunque fuesen las 6 de la mañana, no era la mejor opción cuando nos esperaba fuera todo un mundo por descubrir. El primer día nos costó un poco pero pronto acabaríamos acostumbrándonos a levantarnos a esas horas.

Para nuestra sorpresa en la terraza del hotel ya nos estaba esperando Gerard, el taxista que nos trajo desde el aeropuerto la noche anterior, junto a un guía que hablaba un poco de español y venía expresamente a intentar cazar algún cliente. Nos dijeron que desayunáramos sin prisa, que ellos podían esperar allí fuera mientras comíamos y hablar con nosotros más tarde. El desayuno continental que tanto disfrutaría Toni cada mañana del viaje ya estaba preparado así que no les hicimos esperar demasiado. El pan con mermelada, el café y los plátanos duraron en la mesa un abrir y cerrar de ojos.

Desayunando antes de ver Antananarivo
Desayunando antes de ver Antananarivo

La conversación con el guía fue más rápida de lo que a él le hubiese gustado. El tour que nos ofrecía empezaba en Antananarivo, pasaba por Antsirabe, llegaba a Belo sur Tsiribihina tras una travesía en canoa y finalmente terminaba en Bekopaka para ver el Tsingy. Más tarde descubriríamos que todos ofrecían prácticamente lo mismo, el truco consistía en regatear mucho e intentar sacarlo al mejor precio posible. Aunque por la descripción y las fotos que nos enseñó estuvimos tentados, gastar 700 euros en una semana no entraba dentro de los planes de dos viajeros de presupuesto ajustado como nosotros y finalmente le dijimos que no. El guía se despidió y se fue a regañadientes, seguramente a buscar algún turista con unos cuantos ariarys más que nosotros. A pesar de todo el taxista, haciendo caso omiso de nuestra excusa económica, se ofreció a hacernos una ruta turística por Tana por lo que a él le parecía un módico precio: 50 euros. Nuestra respuesta fue automática: imposible.

Cinco minutos en la parte soleada de la terraza ojeando la guía sobraron para decidir qué hacer. De momento íbamos a seguir la ruta a pie por el centro tal y como recomendaba el libro, pero cuando estábamos a punto de salir del hotel saltó la propietaria detrás de nosotros mirándonos con la misma cara que hubiese hecho si fuésemos directos a un precipicio. ¿Cómo se nos ocurría salir de allí solos con aquellas cámaras tan grandes? Normalmente somos muy precavidos con nuestro equipo, pero intentamos no dejarnos asustar por el primer comentario que nos hacen, de no ser así no existiría el blog. Pero sí es verdad que habíamos leído cosas de los peligros de Tana y, tratándose de la dueña del hotel y siendo ya la segunda persona que nos lo decía ese día, decidimos dejarlo todo bajo llave y salir sin nada. Por si acaso y antes de irnos me metí el teléfono en la riñonera con la esperanza de poder sacar alguna foto, aunque fuese con menor calidad.

Una ojeada a la guía para ver dónde nos vamos
Una ojeada a la guía para ver dónde nos vamos

Al salir del hotel y mientras bajaba las escaleras que daban a la calle tuve la misma sensación que la primera vez que pisé el zoco de Marrakech. La incertidumbre que me causaba lo desconocido me hacía andar despacio, casi de puntillas, intentando pasar desapercibida mientras me habituaba a las calles, sus gentes, los vendedores, los taxis…. El centro de Tana lucía espectacular y lleno de color a plena luz del día y nada hacía pensar que se tratara de un lugar peligroso. Aun así me resultaba intimidante la mirada de los vendedores ambulantes que ofrecían casi cualquier cosa en cualquier rincón. Sin necesidad de tener que entrar a una tienda uno podía encontrar lo que quisiera, las ofertas variaban desde algo para comer como fruta, verdura o cacahuetes hasta esponjas, mochilas para el colegio o chanclas. Había incluso puestos de cuños que nunca supe que dibujo sellaban. Dos turistas eran una presa perfecta, seguro que estábamos interesados en comprar cosas tan útiles para viajar como una paleta eléctrica para matar moscas o un teléfono de ducha. Ese tipo de cosas que siempre lleva uno en la mochila por si acaso, debían pensar.

Las primeras tomas de contacto con la calle en Tana
Las primeras tomas de contacto con la calle en Tana

El mapa que estábamos usando para orientarnos no era demasiado claro y las pequeñas y estrechas calles del centro se enredaban entre ellas en una maraña haciendo que nos perdiésemos en su interior. En cada esquina dudábamos si había que girar hacia izquierda o derecha y no sabíamos dónde estaba el norte ni dónde estaba el sur. A pesar de nuestra pésima orientación conseguimos pasar por delante del Palacio Presidencial y descansar en la plaza de la Independencia antes de llegar al Lago Anosy. Allí, ya lejos del barullo del centro, pudimos pasear con tranquilidad aunque sin dejar nunca de respirar el aire contaminado por el exceso de coches tan característico de Tana. A pesar de que el lago no es para nada espectacular, los jaracandás que lo rodean con sus hojas púrpura consiguen embellecerlo y en su interior se levanta el monumento de los Caídos (Monument aux Morts).

Carme en las escalinatas que parten de la plaza de la Independencia
Carme en las escalinatas que parten de la plaza de la Independencia

Al dejar atrás el lago nuestra prioridad se convirtió en buscar algún sitio donde hacernos una cerveza muy fresca con tan buena suerte que encontramos el hotel Raphia poseedor de una terraza desde la que se podía ver la mayor parte de la ciudad. Sin grandes edificios y lleno de casas pequeñas pegadísimas, desde ahí arriba Antananarivo me recordó a una de esas grandes rocas llena de lapas de las escolleras.

Skol, otra de las marcas de cerveza que encuentras en Madagascar
Skol, otra de las marcas de cerveza que encuentras en Madagascar

A pesar de estar a mucha altura, en Tana estaba haciendo mucho calor ese día y nosotros íbamos demasiado abrigados, así que la Skol nos sentó de maravilla. Y cuando nuestras tripas empezaron a rugir nos volvimos a perder por el centro en busca del restaurante Chez Sucett’s. Para ser nuestra primera comida malgache verdaderamente habíamos acertado con el sitio. Antes de sacar los platos principales nos deleitaron con unas deliciosas salsas típicas y si con esto ya nos habían dejado un buen sabor de boca, con los pimientos rellenos de berenjena y rebozados me terminaron de sorprender.

Deliciosa comida malgache en el restaurante Chez Sucett's
Deliciosa comida malgache en el restaurante Chez Sucett’s

De vuelta al hotel escuchamos algo que parecía un concierto y cuando nos acercamos nos dimos cuenta de que al lado de las escalinatas que subían a Le Karthala había una iglesia bautista en la que estaban cantando diferentes coros. La niña que cantaba en el coro de su pueblo salió de dentro de mí y se quedó pegada a la verja hipnotizada mientras Toni subía a por las cámaras a la habitación y ante mi interés un hombre nos invitó a entrar. No supimos si celebraban algo o simplemente era lo que hacían cada domingo, pero allí estuvimos unos minutos escuchando a los niños cantar.

La iglesia baptista con sus coros
La iglesia baptista con sus coros

Un rato después de escuchar a varios grupos cantando en la iglesia subimos a la terraza del hotel y nos sentamos a tomar el poco sol que quedaba. Las sillas nos atraparon hasta el atardecer, momento en el que el señor que se encargaba de la cocina nos preguntó si queríamos cenar allí, a lo que contestamos de forma afirmativa. El buen tiempo que nos había acompañado durante todo el día se fue con el sol y ante el frío de la noche nos amparó la hoguera de la chimenea. El calor del hogar nos cobijó durante la cena hasta encontrar más tarde el refugio debajo de las mantas.

Final de un largo día al lado de la chimenea
Final de un largo día al lado de la chimenea

Después de la visita obligada a la capital empezábamos a sentir la necesidad de salir a los pueblos a descubrir la verdadera vida malgache, así que el día siguiente decidimos que debíamos salir ya en dirección Antsirabe.

6 Comentarios
  1. Elena dice

    Hola! mi nombre es Elena y me voy sola a Madagascar en Octubre. Me ha encantado vuestro itinerario y queria saber que mapa utilizasteis para recorrer las calles de Antananarivo. POrque a pesar de que me voy a perder seguro.. je je e jeje Me gustaria tener una ayuda.
    Se que have tiempo que nadie escribe en este post pero espero tener suerte y podais contactar conmigo.
    Muchas gracias!

    Vivir! Viajar ! Disfrutar! Eso es lo que nos vamos a llevar !

    1. carme dice

      Hola Elena, en aquella época utilizábamos los mapas que vienen en la Lonely planet, probablemente es el único que lleváramos porque entonces no utilizábamos el teléfono para nada.
      Disfruta del viaje :)

      1. Elena dice

        A pesar de que ahora todo se puede tener en el móvil reconozco que soy una apasionada de la vida sin tecnología… Jajajajajaja Me gusta dejar el teléfono para alguna foto y si hace falta dar señales de vida a la familia. Pero estan tan acostumbrados… Que si me fuera sin el sería lo mismo.
        Gracias por responder tan pronto!

        Vivir! Viajar! Disfrutar! Eso es lo que nos vamos a llevar!
        Lena

  2. Ana dice

    En primer lugar, os doy la enhorabuena por vuestro diario de viaje.
    He decidido escribiros porque me gustaría ir a Madagascar este verano. Seríamos 4 chicas y viajaríamos en plan mochileras. ¿Creéis que sería peligroso? ¿Nos recomendaríais alquilar un coche para los desplazamientos?
    Muchísimas gracias de antemano :)

    1. carme dice

      Hola Ana,
      Si que es verdad que en algunos sitios nos avisaron de que fuésemos con especial cuidado, pero nunca tuvimos sensación de peligro. Según nuestra propia experiencia en el país, viajando con precaución (no viajar de noche, no llevar cámaras muy grandes a la vista…) no tiene porque ser peligroso
      Un saludo

  3. Markinhos dice

    Genial el diario :) ¡Me está enganchando cosa mala!

    Muchas gracias por compartirlo :)

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