Galle está en el sudoeste de Sri Lanka, a unos 120 km de Colombo. La ciudad resultó muy afectada por el tsunami de 2004, pero se ha recuperado y ha restaurado gran parte de su patrimonio histórico. Las murallas de la ciudad vieja, Patrimonio de la Humanidad, lograron en buena medida contener el tsunami en esta zona y en la actualidad están impecables.

Galle es diferente al resto de ciudades de Sri Lanka, con un aire que más bien recuerda a una ciudad colonial de América que a una asiática. Si en otras ciudades del país reinan el ruido y el caos, en la ciudad vieja de Galle —el fuerte protegido por las murallas— se respira tranquilidad y orden.

Las calles peatonales, los edificios coloniales, los restaurantes o las galerías de arte crean una atmósfera distinta dentro del país. Eso sí, es un espacio muy frecuentado por visitantes.
A lo largo de su historia, la ciudad se ha conocido con varios nombres, como Cale o Qali (así se refería a ella el explorador Ibn Battuta en el siglo XIV). Sobre el origen del nombre Galle hay varias teorías, pero las más aceptadas son dos.
La más popular es que los portugueses, al desembarcar en el siglo XVI, escucharon el canto de un gallo y la llamaron Galo (gallo en portugués), nombre que evolucionó a Galle.
Sin embargo, es más probable que el nombre provenga de la palabra «Gala» en lengua cingalesa, que significa «roca», aludiendo a las rocas que rodean el puerto.
Ubicada en la costa suroeste de Sri Lanka, Galle tiene una historia que se remonta a la antigüedad. Su posición estratégica la convirtió en un puerto comercial clave desde tiempos de los romanos y griegos.
A lo largo de los siglos, recibió a comerciantes de China, Persia, Arabia e India, lo que enriqueció su economía y su cultura.

La transformación más profunda de la ciudad comenzó en el siglo XVI, cuando una flota portuguesa llegó a sus costas y decidió establecerse allí. Los portugueses construyeron un fuerte para proteger su presencia en la ciudad.

En 1640, los holandeses derrotaron a los portugueses y tomaron el control de Galle. Reconstruyeron el fuerte y lo convirtieron en una fortaleza imponente que hoy sigue en pie.
Durante los siguientes años, Galle se consolidó como el puerto más importante de la isla y como centro comercial y administrativo de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales. Su arquitectura colonial, calles adoquinadas y murallas aún visibles son testigos de esa época.

Cuando en 1796 los británicos tomaron el control de la ciudad, desplazaron su interés hacia Colombo, promoviéndola como nuevo centro económico. Aunque Galle perdió protagonismo, siguió siendo un importante nodo administrativo colonial.
Tras la independencia de Sri Lanka en 1948, Galle mantuvo su valor cultural y económico. Hoy es uno de los destinos más conocidos del sur del país, reconocido por su patrimonio colonial, su vida cultural y su arquitectura. Es una ciudad marcada por el mar, el comercio y las diferentes culturas que la han habitado.

El corazón de Galle está en su fuerte, un espacio donde se concentran buena parte de sus edificios históricos y donde se percibe con más claridad la huella de las distintas etapas de la ciudad.
El Fuerte de Galle, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es el elemento más representativo de la ciudad. Dentro de sus murallas se encuentran edificios coloniales, iglesias, mezquitas y templos que reflejan su diversidad histórica.
Recorrer sus murallas permite observar la relación entre la ciudad y el océano Índico, así como los elementos defensivos que formaban parte de la fortaleza, como cañones o fosos.

En el interior, las calles adoquinadas y la arquitectura colonial conservada muestran el pasado holandés de la ciudad. El ambiente combina vida local y presencia de visitantes, con espacios que mantienen cierta calma dentro del conjunto.
En la parte oriental de las murallas se alza el faro de Galle, construido en 1938 en el mismo lugar donde se encontraba el anterior, destruido por un incendio. Sigue funcionando como punto de referencia para los navegantes y forma parte del paisaje del fuerte.



En la zona sur del fuerte se encuentra la mezquita de Meera, construida en 1904. Su arquitectura combina elementos islámicos con influencia colonial, reflejando la diversidad cultural que ha caracterizado a Galle a lo largo de su historia.

Esta puerta era el acceso al casco histórico de Galle. En el exterior conserva un escudo británico, mientras que en el interior se pueden ver las siglas “VOC”, correspondientes a la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, junto a elementos decorativos que remiten a su pasado colonial.

Situada en uno de los puntos elevados del fuerte, la torre del reloj forma parte del perfil de la ciudad. Su construcción está ligada a la figura de Mudaliyar Samson de Abrew Rajapakse, quien la financió como muestra de agradecimiento.

El edificio del hospital holandés ha tenido distintos usos desde el siglo XVIII, pasando de hospital a cuartel o ayuntamiento. Hoy funciona como espacio comercial, manteniendo su estructura original.

En el extremo sur de la muralla se encuentra este bastión natural, conocido como Flag Rock. Es un punto desde el que observar el mar y uno de los lugares donde se percibe la relación directa entre la ciudad y el océano.


Dentro del fuerte se encuentran distintos edificios religiosos y museos que reflejan la diversidad cultural de Galle. Iglesias, templos y espacios expositivos conviven dentro de un mismo recinto, mostrando las distintas influencias que han pasado por la ciudad.

Fuera de las murallas, la ciudad continúa con una dinámica más cotidiana. Mercados, calles comerciales y otros espacios forman parte de la vida diaria de Galle y contrastan con el carácter más contenido del interior del fuerte.

Galle representa una de las caras más reconocibles del sur de Sri Lanka, pero también una de las más particulares. Su pasado colonial, su relación con el mar y su desarrollo turístico la convierten en un espacio distinto dentro del país.


Dentro de un viaje por Sri Lanka, Galle aporta una perspectiva diferente: permite entender cómo el comercio marítimo, la colonización y la apertura al exterior han influido en determinadas zonas de la isla, generando entornos que no se parecen a otras regiones del país.