Kandy, en las montañas centrales de Sri Lanka, a unos 115 km de Colombo, fue una de las ciudades de Sri Lanka que más nos gustó. Además de que al estar entre montañas no hacía demasiado calor, tenía un buen equilibrio entre tranquilidad, cultura, actividades interesantes y mucho encanto.

Kandy no es solo una ciudad bonita con calles caóticas y el aroma del té flotando en el aire: es la última reina de Sri Lanka. Fundada en el siglo XIV por el rey Vikramabahu III, quien la llamó Senkadagalapura, se convirtió con el tiempo en la última capital real del país antes de caer bajo el dominio británico en 1815.

Mientras el resto de la isla caía bajo el dominio de portugueses y holandeses, Kandy se mantuvo firme en sus montañas, usando tácticas de guerrilla y acuerdos diplomáticos para resistir. Fue el último reino cingalés independiente y su caída marcó el final de una época histórica. Su último monarca, Sri Wickrama Rajasinha, fue desterrado a la India, donde vivió encarcelado hasta su muerte.
Kandy, en gran medida, existe gracias a un diente. Según la leyenda, tras la muerte de Buda en el 483 a.C., sus seguidores recuperaron sus caninos de las cenizas y los distribuyeron entre reinos budistas. Uno de ellos llegó a Sri Lanka, y desde entonces, poseerlo se convirtió en símbolo de autoridad real. La leyenda cuenta que la princesa Hemamali lo ocultó en su peinado para traerlo a la isla en secreto y desde entonces, Kandy se erigió como el centro espiritual del país.

Hoy, el Templo de la reliquia del diente de Buda alberga la reliquia y es el corazón de la ciudad. Cada año miles de peregrinos llegan para rendir homenaje al diente, una devoción que sigue viva después de 2500 años.
Hoy, Kandy es una fusión vibrante de historia y vida moderna. Sus calles bulliciosas, sus jardines, su lago y su arquitectura mezclan el pasado real con el presente turístico. En 1988, la UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad, reconociendo no solo su belleza, sino su valor cultural y religioso.

El tren que conecta Colombo con Badulla pasa por Kandy, y el trayecto entre esta y Ella se considera una de las rutas de tren más bonitas del mundo. Sus montañas, envueltas en niebla y cubiertas de plantaciones de té, siguen siendo el refugio perfecto para quienes buscan tranquilidad, historia y una inmersión profunda en la cultura de Sri Lanka.

Kandy no es una ciudad muy extensa y buena parte de sus lugares más conocidos se concentran alrededor del lago y del antiguo complejo real, mientras que otros se encuentran en las colinas que rodean la ciudad.

El templo de la Reliquia del Diente de Buda es la principal atracción de la ciudad por tratarse del lugar más sagrado del budismo en el país y uno de los más importantes del mundo. La reliquia del diente de Buda —aunque su autenticidad no está comprobada científicamente— es objeto de profunda devoción. Su custodia ha estado históricamente ligada al poder real, y hoy sigue siendo el centro de peregrinaciones, festivales y rituales diarios que atraen a miles de fieles.

El templo está ubicado en el complejo del Palacio Real, un conjunto de varios edificios y jardines. Está rodeado por un muro de ladrillos que se conoce como el muro de las olas del agua por su forma ondulada. A lo largo de la pared hay espacios para encender lámparas de aceite de coco.
La reliquia del diente se custodia en una cámara del templo conocida como Handun Kunama. El diente se conserva en un relicario con forma de estupa, dentro de siete cajas doradas con incrustaciones de piedras preciosas. La cámara se abre varias veces al día para que los fieles se acerquen a mirar, aunque el diente no se llega a ver.

En el interior del templo hay una sala de ofrendas, donde los fieles depositan flores y otros regalos, y varias salas de oraciones con frescos y estatuas de Buda. También verás un pabellón octogonal —el Paththiruppuwa— que fue utilizado originalmente por el rey para actividades recreativas, posteriormente fue ofrecido a la reliquia del diente y ahora alberga la biblioteca del templo. En la sala de los tambores se tocan instrumentos tradicionales durante las ceremonias.

Dentro del complejo se encuentra el Palacio Real, que fue el lugar de residencia de los reyes de Kandy. Durante el período británico también fue utilizado como residencia oficial. Hoy en día se conserva como museo arqueológico y alberga objetos reales, trajes, armas y joyas. El Palacio de la Reina —Madawasala— es otro de los edificios asociados al palacio.

El Salón de Audiencias —Magul Maduwa— era donde el rey recibía a la corte. Cerca del Palacio Real, es una estructura al aire libre en la que docenas de columnas de madera talladas soportan el techo de madera. Hoy en día se utiliza para ceremonias estatales y de su conservación se encarga el Departamento de Arqueología.
También forma parte del complejo el Museo Internacional del Budismo. Si te interesa o tienes curiosidad, puedes darte una vuelta para conocer la historia del budismo y cómo se ha expandido por el mundo.
Otro de los edificios es el Museo Nacional de Kandy ubicado en el que fue el primer Palacio Real. Las muestras principales se exhiben en el Palle Vahala, donde residía el harén del rey.

En sus 8 salas, el museo tiene más de 5.000 objetos —armas, joyas, herramientas y otros artefactos— del periodo Kandy (siglos XVII-XIX) y postcolonial británico, incluida una copia del Acuerdo de 1815 que entregó las provincias de Kandy a los británicos.
El Museo del elefante Rajah es una sala donde se honra al elefante que sirvió durante casi medio siglo como portador del cajón sagrado de la famosa reliquia durante el festival Esala Perahera. A su muerte, fue reconocido como un tesoro nacional y su cuerpo fue embalsamado y exhibido en este museo, junto a fotografías del festival.
El complejo resulta muy agradable gracias a los jardines y patios con estatuas de Buda, árboles y fuentes, ideales para pasear y meditar.

En pleno centro de la ciudad, junto al Templo del Diente, está el lago Kandy, un lago artificial de unos 3 km creado en 1807 donde antes había un arrozal. En el centro del lago hay una isla que la familia real utilizaba como lugar de relax (se dice que un túnel la conecta con el palacio real, para que el harén pudiera ir a bañarse) y posteriormente los británicos utilizaron como almacén de munición.

Es un lugar muy agradable para recorrer a pie y observar la vida cotidiana de la ciudad. Al estar en pleno centro suele haber bastante movimiento durante el día, mientras que por la noche el ambiente se vuelve más tranquilo.
El mercado municipal de Kandy es colorido, animado, algo caótico y perfecto para ver la actividad diaria de la ciudad. Además de los puestos de fruta, verdura, carne y pescado, también se venden especias, té y artesanías.

Aparte del mercado municipal, hay otras zonas de la ciudad donde las calles están llenas de comercios y puestos callejeros. Pasear por ellas es una buena forma de empaparse del ritmo cotidiano de la ciudad.

En Kandy hay varios lugares que ofrecen espectáculos de danza y música kandyanos, típicos de la región. Son representaciones pensadas en gran parte para visitantes, con una muestra similar de bailes tradicionales que suelen culminar con una caminata sobre fuego.
Uno de los centros más conocidos es el Kandyan Cultural Centre, situado cerca del lago y del Templo del Diente. Fue el primero en celebrar un espectáculo cultural de danza de este tipo en Sri Lanka, a principios de los años ochenta, con la intención de preservar y mostrar el patrimonio artístico de la región.

Este templo budista está situado sobre una colina a aproximadamente dos kilómetros del centro de Kandy. Desde buena parte de la ciudad se puede ver la gran estatua blanca de Buda, que alcanza casi 27 metros de altura y se ha convertido en uno de los iconos visuales de la ciudad.

En una colina frente al lago, a unos 550 metros de altitud, se encuentra el mirador de Arthur’s Seat. Desde aquí se obtienen amplias vistas de Kandy, incluyendo el lago, el Palacio Real, el Templo de la Reliquia del Diente de Buda y la gran estatua del Buda.

El jardín botánico de Peradeniya está a unos cinco kilómetros de Kandy. En el siglo XVIII los reyes de Kandy establecieron aquí su residencia temporal y crearon un jardín de especias. Más tarde, en 1821, los británicos lo transformaron en un jardín botánico dedicado al estudio y la conservación de plantas.

Hoy es un gran espacio verde de unas 60 hectáreas en el que se encuentran miles de especies de plantas y árboles. Destaca especialmente su colección de orquídeas y las avenidas de grandes árboles que atraviesan el jardín.

El Esala Perahera es uno de los festivales budistas más antiguos de Sri Lanka. Se celebra cada año en Kandy durante diez días del mes de esala (julio o agosto), coincidiendo con la luna llena, para conmemorar el nacimiento de Buda.
La festividad se remonta al siglo IV, cuando la reliquia llegó a la isla, y con el tiempo se consolidó como una tradición anual. Originalmente era un ritual para pedir lluvias y buenas cosechas; hoy es uno de los acontecimientos culturales más conocidos del país.

La procesión principal recorre las calles de Kandy y está encabezada por un elefante adornado que porta un cofre ceremonial relacionado con la reliquia. A su alrededor desfilan decenas de elefantes engalanados, bailarines, músicos, tambores tradicionales y diferentes grupos que representan antiguas tradiciones rituales.
Durante esos días la ciudad se llena de peregrinos y visitantes atraídos por uno de los espectáculos culturales más llamativos de Sri Lanka.