A los nuevos líderes de opinión que viajan y graban contenido con el móvil en vertical les encanta Chongqing. La ciudad china del futuro según algunos. La megalópolis ciberpunk gritan otros. Hasta en las guías más modernas que se escriben con inteligencia artificial afirman que esta ciudad parece sacada de una película de ciencia-ficción. Y quizás decir eso sea demasiado.

La modernidad y el futuro en Chongqing, no obstante, están a la orden del día. Se pueden ver autopistas suspendidas entre rascacielos, trenes que atraviesan edificios, pantallas monstruosamente grandes, luces de LED por doquier y drones iluminando el cielo nocturno. Todo eso en una ciudad muy vertical donde todo son subidas y bajadas, coronada además por una espesa niebla.

Pero, ¿era Chongqing una ciudad pensada para ello? Para nada. Es más, no somos pocos quienes nos sorprendemos con el auge económico de Chongqing, una ciudad que hace dos décadas era complicada y casi hostil. Nada que ver con la urbe futurista de 30 millones de habitantes que es hoy.
Los brutales cambios de China en su desarrollo se deben en gran medida a los planes quinquenales del Partido Comunista y a las políticas regionales. A veces con gran acierto, pero en ocasiones con resultados vergonzantes. Y uno de los más visuales fue la implementación de la bicicleta como transporte popular y la prohibición en las ciudades de las motos de combustión a finales de los años 90.

Sin embargo, hubo una ciudad donde las bicicletas no pudieron instaurarse. Y fue Chongqing. Porque se trata de una ciudad imposible construida entre montañas casi impenetrables donde confluyen los ríos Jianglin y Yangtsé, este último el más grande del país.

Quien paseara por Chongqing difícilmente entendería a quién se le ocurriría crear una ciudad en un entorno tan hostil lleno de rocas, subidas y bajadas. A veces lo de avanzar cien metros puede ser un infierno al pasar por cuestas imposibles. Además la niebla dificulta la visibilidad.

La realidad es que su edificación fue por motivos militares. ¿Qué mejor para una fortaleza inexpugnable que un terreno imposible? Y tuvieron razón quienes la idearon. No solo en el pasado contra ejércitos invasores. Sino que en la Segunda Guerra Mundial el gobierno chino logró refugiarse de la invasión japonesa en Chongqing.

Pero claro, las décadas pasaron y a finales del siglo pasado China se abría al mundo y era muy diferente. Durante los años 2000, visitar Chongqing resultaba extraño. Uno estaba acostumbrado a ver bicicletas por todos los centros urbanos de China, pero en la ahora llamada urbe ciberpunk todo era muy distinto. Allí habitaba un enjambre de motos escupiendo humo por subidas imposibles, en un ambiente extraño de ciudad con aroma de pueblo abarrotado de gente recién llegada y con todo por hacer.

Tenía sentido. China había ideado un plan. Convertir la que había sido la ciudad inexpugnable donde vivir era difícil en el lugar más importante del oeste de su nación.
El destino de la que se conocía como «la ciudad de la montaña» mutó irremediablemente cuando en 1997 se convirtió en un centro neurálgico de la Nueva Ruta de la Seda, el plan de China para posicionarse en el mundo y convertirse en una potencia geopolítica.

Chongqing tuvo un peso fundamental en esta estrategia, al situarse en un lugar de máxima importancia en el río Yangtsé y conectar con Europa a nivel ferroviario. Por eso empezó a atraer masivamente talento y mano de obra de todo el país. Solo había un problema. Su verticalidad.

¿La solución? El Gobierno chino regó la zona de dinero y animó a inversores y a empresas a desarrollar la ciudad y sus alrededores. El éxito fue tal, que a día de hoy se considera a Chongqing como la ciudad más poblada del mundo, con más de 31 millones de habitantes. Bueno, eso es lo que dicen las cifras oficiales del gobierno. Aunque tiene truco, ya que China unió a la enorme extensión rural que rodea a la urbe como parte de la ciudad. Y eso ha dado pie a muchos artículos sensacionalistas que la llaman “la ciudad más grande del mundo”, cuando en realidad no da esa sensación.

Basta caminar por ella para darse cuenta de que es una megalópolis, pero no tan bruta como otras en China o Asia. Es más, moviéndote por ella no da impresión de encontrarte en un sitio masificado si evitas los iconos del turismo en fin de semana. En realidad es agradable y no asfixia. Si nunca antes has pisado una urbe asiática quizás te parezca exageradamente bulliciosa. Si bien lo es menos que otras.
Porque hay otras ciudades chinas con menos habitantes sobre el papel, pero donde parece que haya más gente si te acercas al centro. Shanghái por ejemplo. Y es que Chongqing puede ser la ciudad con más habitantes del mundo a nivel oficial, pero su densidad poblacional no es tan alta. Por ejemplo Hong Kong es 17 veces más densa. Y Shanghái el doble.

Lo sorprendente en Chongqing quizás no sea su extensión. Sino cómo fue capaz de domar las subidas y bajadas, y extenderse a través de montañas. Logró convertir un territorio vertical en una ciudad moderna y tecnológica.
Shanghái puede poseer el skyline más famoso del país. Y Hong Kong la vista más icónica. Sin embargo, Chongqing probablemente tenga el más impactante a nivel tecnológico. Especialmente de noche. Los rascacielos se levantan iluminados entre montañas cubiertas de neblina. Y la opulencia digital de la ciudad ilumina miles de luces LED transforman la ciudad en un espectáculo permanente.

Por eso los tiktókers la llaman la Blade Runner de China. Y sin embargo nosotros tenemos nuestras dudas. Porque nadie va a quitarle mérito a esta ciudad que es ciertamente un espectáculo. Pero llamarla ciberpunk o heredera de la película de Ridley Scott está fuera de lugar por algo muy sencillo. No es decadente.

Chongqing es brutalmente bonita desde lejos pero sobre todo de cerca. Si nos fijamos en su zona más ostentosa, tenemos calles construidas a muy distintos niveles de altura. Puedes entrar en la planta baja de un edificio, subir a lo alto y tomar la salida hacia otra calle. Los pasos elevados atraviesan barrios enteros. Y la sensación de profundidad es total. Pero todo está perfectamente ordenado y colocado.

Hay otras ciudades en el mundo mucho más ciberpunk que Chongqing. La mismísima Bangkok, por ejemplo. Ya que el mundo ciberpunk es decadente y anárquico. Se mezcla la suciedad y las ratas con el zumo de neón y los rascacielos. Los fans de Ghost in the Shell o Blade Runner lo ven rápido.
Chongqing puede parecer anárquica a ojos del poco experimentado en Asia al lucir esos edificios en lugares imposibles. Como si hubieran brotado como setas sin control. Pero eso es más propio del sureste asiático. En la urbe china se hizo todo de forma controlada.

Las propias autoridades evitaron desmentir los mitos, como el del monorraíl que atraviesa un edificio. La leyenda decía que se instalaron las vías en mitad de un lugar ya creado. Pero no fue así. La realidad fue simplemente una brillante ingeniería para aprovechar el espacio. A día de hoy causa furor entre los fans de los vídeos hortera en Instagram.

En realidad, lo que hoy fascina a los turistas en su momento simplemente fueron soluciones creadas para la vida de sus ciudadanos. Como el teleférico que cruza el río Yangtsé sobre el agua. Era algo cotidiano para los locales, y ahora ha sido invadido por el turismo.
En cambio, lo más popular es la cueva de Hongyadong. Un complejo arquitectónico construido sobre la ladera junto al río, inspirado en la arquitectura tradicional de la región de Bayu. Es una enorme fachada tradicional iluminada con neones y luces LED al anochecer.

Si miras las guías de viaje tradicionales, acostumbran a decir que la cueva Hongya es «uno de esos lugares que parecen diseñados para confundir la realidad: un complejo de edificios escalonados que se aferra al acantilado sobre el río Jialing, iluminado por una cascada de farolillos dorados al caer la noche». Bueno, sin duda fue así. Igual que históricamente fue un punto estratégico de vigilancia y comercio fluvial. A día de hoy es otra historia.

Más que un monumento, es un laberinto vertical de varias plantas con casas tradicionales que recrean el estilo del suroeste chino con neones y luces. Y todo el lugar es brutalmente fotogénico. Tanto, que lo que verás es a turistas y a más turistas. Y casi todos ellos chinos. Haciéndose fotos y vistiéndose para la ocasión. La mayoría de los comercios de la zona se basan en ofrecer fotos profesionales y trajes regionales. Además de retoques con inteligencia artificial para que luzcas en las fotos mucho mejor de como en realidad te ves.
Más allá de lo que nos vendan de la ciudad ciberpunk, en realidad la mayor parte de Chongqing es tradicional. Sí, a la noche hay espectáculos de drones en el cielo y los imponentes edificios iluminados. Pero nada más salgas un poco de esa estampa, te encontrarás una vida muy pero que muy china tradicional.

Si no te desanima subir escaleras, hay rincones preciosos. Puedes encontrar restaurantes de gastronomía local -la fastuosa comida de Sichuan en esta ciudad es aún más extrema en picante– incluso en las alturas. Como Taoyuan Hot Pot (桃源火锅) en lo alto de un barrio brutalmente tradicional y precioso. Subir hasta allí cansa, pero merece la pena.

A nosotros nos gusta el centro de Chongqing con sus lucecitas y sus gadgets. Pero preferimos la parte más tradicional. Algunos dirán que eso se encuentra en Shibati, pero dicha zona es algo turística. Eso no le quita mérito, no obstante. Como tampoco subidas y bajadas.

En cualquier caso, esta es la ciudad de las agujetas en las piernas. Subir escaleras. Bajarlas. Volver a enfilar una cuesta. Tomar un ascensor. Disfrutar de las vistas. ¿Es el mundo ciberpunk del futuro? No nos atreveríamos a tanto. Como hemos dicho, está demasiado ordenadita la megalópolis. Pero sí es uno de los lugares más populares de China por méritos propios.