» Cap. 11 - En busca del leopardo en en Parque Nacional Yala

Cap. 11 – En busca del leopardo en en Parque Nacional Yala

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (7 votos, media: 5,00 de 5)
loadingCargando…

Tras una apoteósica llegada a Tissa después de varias horas de viaje en las que tuvimos que parar en repetidas ocasiones por la lluvia y por problemas mecánicos con el tuk tuk, nos dirigimos a una guesthouse de las afueras del pueblo. A pesar de que el alojamiento no era nada del otro mundo, era tranquilo, estaba bien de precio y disponía de un amplio jardín, además con lo cansados que llegábamos cualquier cosa nos hubiese parecido un hotel de cinco estrellas.

El jardín de nuestro hotel

El jardín de nuestro hotel

La mayor parte de los viajeros que pasan por Tissawewa lo hacen para desplazarse desde allí al Parque Nacional de Yala, famoso por su inquilino más popular: el leopardo. Teníamos dudas con los parques, pues a pesar de la presencia del gran felino, éste tan solo se deja ver en ocasiones contadas y Sri lanka posee muchos otros parajes dignos de visitar con una gran variedad de fauna. En Uda Walawe, otro de los parques del sur de la isla viven unos 500 elefantes que garantizan ver alguno durante el safari y Bundala alberga hasta 150 especies de aves. Pero no hay dos sin tres, pensamos, así que si habíamos tenido suerte en Ranthambore y habíamos visto tigres, y también en Gir con el león asiático, ¿porqué no íbamos a ver al leopardo? Sabía que podía ser muy complicado avistar un ejemplar por la naturaleza solitaria del animal, pero algo nos empujó a probar suerte.

En un viaje a Sri lanka no puede faltar la visita a alguno de sus parques nacionales

En un viaje a Sri lanka no puede faltar la visita a alguno de sus parques nacionales

A los pocos minutos de nuestra llegada a la guesthouse apareció Yanaka, un conductor/guía que nos ofrecía visitar Yala en su jeep y hablando con él nos surgió otra duda, ¿queríamos estar solo una mañana o todo el día haciendo el safari? En realidad era cuestión de probabilidad, cuantas más horas estuviésemos en el parque, más tramo recorreríamos y más probabilidad de cruzarnos con el leopardo y a pesar de que sabíamos que a lo mejor se hacía un poco pesado pensándolo bien en Tissa no íbamos a hacer otra cosa. Tras decidir que nos quedaríamos a comer en Yala pagamos al chico y quedamos a una concreta para el día siguiente. Aquella tarde noche nos quedamos allí en el hotel descansando.

Todavía era de noche cuando la mañana siguiente a primerísima hora subíamos al jeep en compañìa de una pareja de eslovacos para empezar la aventura. Como siempre que hacemos un safari, los nervios ante la duda de si conseguiríamos nuestro objetivo estaban a flor de piel, pero como si de una señal se tratase, a los pocos minutos de salir de la guesthouse el vehículo paro en seco y dio marcha atrás. En la cuneta de la carretera y en la más absoluta oscuridad una tortuga de uno s treinta centímetros de largo caminaba entre los hierbajos y seguía su camino. Que Yanaka, que además de guía hacía de chofer, hubiese sido capaz de encontrar al animalillo con tan poca luz me hizo apostar por él, a plena luz del sol sería capaz de distinguir cualquier animal entre la maleza.

La llegada de noche al parque

La llegada de noche al parque

Casi una hora más tarde, justo al amanecer, entrábamos al parque y mientras el sol iba subiendo a nuestro alrededor todo cambiaba de color y los primeros animales no tardaron en dejarse ver cuando nos acercamos a una enorme charca. Los búfalos de agua ya andaban bañándose y alrededor de estos decenas de aves de las cuales tan solo fui capaz de reconocer una mísera parte. La estampa en sí era preciosa, y con las largas sombras de los primeros rayos del día todavía más.

Inmortalizando el momento

Inmortalizando el momento

Aves en el lago al amanecer

Aves en el lago al amanecer

Por suerte todos los jeeps que habíamos visto en la entrada se fueron dispersando en la inmensidad del parque y muy de vez en cuando nos cruzábamos con alguno, pues en un principio tuve miedo de que en vez de un safari aquello terminase pareciendo más un espectáculo circense.

Pronto empezamos a ver más animales, como pequeños varanos cerca del camino, escandalosos pavos reales, escurridizos jabalíes, elegantes águilas, esbeltos flamencos, una especie de tucán, algún martín pescador y muchísimos macacos. Yanaka era capaz de parar el jeep hasta para que viésemos como un escarabajo pelotero cruzaba por el camino, así que la mitad de la mañana la pasamos parados y con la boca abierta. Algo más emocionante era pasar cerca de las charcas y ver a los temidos cocodrilos. Algunos descansaban cerca del río y a otros tan solo se les veía poco más que los ojos cuando se encontraban sumergidos en el agua.

Los búfalos de agua salvajes dándose un baño

Los búfalos de agua salvajes dándose un baño

Un flamenco

Un flamenco

Un martín pescador

Un martín pescador

Un pavo real

Un pavo real

Uno de los varanos

Uno de los varanos

Otro varano trpando por el árbol

Otro varano trepando por el árbol

La mañana pasó volando entre tanta emoción y cuando nos dimos cuenta Yanaka estaba dando la orden de ir a comer. La zona este del parque fue el lugar escogido por el guía, y mientras él buscaba un rincón en el que desplegar el mantel nos dio permiso para visitar la zona. Estábamos muy cerca de la playa y a escasos metros de donde había aparcado el jeep se erigía un monumento. Al acercarnos entendimos enseguida que se trataba de un homenaje a las personas que murieron allí mismo unos años atrás víctimas del tsunami de 2004 que azotó la costa de Sri Lanka.

De paseo por la playa del parque

De paseo por la playa del parque

Los restos del bungalow

Los restos del bungalow derribado por el tsunami

La inscripción en la piedra

La inscripción en la piedra

Diez minutos más tarde Yanaca había encontrado un lugar en el que comer, con lo que cogimos todas las bolsas y nos dirigimos allí. Fuimos sacando todos los platos del curry, que según nos decía el guía había preparado su mujer y viendo aquella variedad de platos nos empezó a rugir el estómago.

Fue cuestión de minutos devorar todo lo que había encima de la mesa pues cada uno de los platos que sacó estaba exquisito. Los macacos que a pocos metros de nosotros esperaban un descuido para robar alguna cosa de comida no tuvieron nada que hacer ante nuestro hambre voraz y se tuvieron que conformar mirando desde los árboles. Cuando no quedó nada recogimos y nos pusimos en marcha otra vez.

Cerca de donde nos encontrábamos en ese momento una familia de elefantes y algún que otro macho solitario se dejaban ver, así que el jeep paró para que observáramos la escena. Disfruté especialmente aquel momento pues tras mi paso por Elephant’s World, un santuario de elefantes rescatados en Tailandia que me hizo conocer de cerca la explotación y el maltrato al que son sometidos estos animales en tantos lugares, observar a aquella familia tranquila y libre me inundó de felicidad.

Elefantes en la llanura

Elefantes en la llanura

Cuando les pasé los prismáticos a los otros chicos atravesé un momento crítico, pues mientras ellos observaban atentamente la escena yo luchaba con todas mis fuerzas por no quedarme dormida, con el estómago lleno empezaba a notar más lo temprano que nos habíamos levantado. Finalmente di un cabezazo que hizo que me despertara inmediatamente.

Por suerte pocos minutos más tarde nos cruzamos con otro vehículo cuyo conductor le dijo algo al nuestro e inmediatamente después el guía volvía a poner en marcha el jeep mientras nos decía “lo han visto”. Supimos inmediatamente de quien se trataba, entonces me desperté totalmente y mientras nos dirigíamos a la zona pensaba “que no se mueva, que no se mueva”.

Nos metimos en un camino cuyos lados estaban cubiertos de densa vegetación y tras confirmarnos alguien que hacía escasos minutos un leopardo había cruzado de un lado a otro Yanaka paró el motor del coche y se quedó un buen rato mirando la vegetación. Estuvimos esperando unos 10 minutos sin éxito; a esas alturas Toni había empezado a resoplar y a venirse abajo. Él, que es un optimista empedernido, empezaba a perder la esperanza y me hizo dudar por momentos. Pero algo dentro de mí se negaba a aceptar que nos íbamos a ir de allí sin ver el leopardo, y entonces otro conductor se acercó y pronunció las palabras mágicas: el lugar exacto en el que se encontraba el animal.

El guía arrancó el motor enseguida y en menos de cinco minutos ya estábamos en el punto en el que nos habían dicho. Cuál fue mi sorpresa cuando al llegar vi que una decena de jeeps se habían atrincherado a unos metros de la alta roca en la que estaba el animal dentro de una cueva. Había corrido la voz. Desde un punto concreto y con los prismáticos uno podía ver un poco el lomo moteado del animal e intuir que estaba allí dentro enroscado e ignorándonos a todos, pero para ello había que hacer cola detrás de todos los vehículos que esperaban. Aquello me pareció tristísimo, sin duda alguna nada parecido a lo que yo me había imaginado. Ante tal panorama el leopardo, según confirmó el jeep que se encontraba en el punto estratégico en ese momento, salió y se escondió entre los arbustos donde se le perdió el rastro. Yo hubiese hecho lo mismo, humanos… Entonces todo el mundo desalojó la zona.

Otra familia de elefantes consiguió sacarme una sonrisa tras el decepcionante avistamiento del felino. Se trataba de un par de hembras y un bebé que comían muy cerca de la carretera y se podían ver perfectamente.

La elefanta y su bebé

La elefanta y su bebé

Sin embargo Yanaka, que seguía con la mosca detrás de la oreja, decidió dar una vuelta por la roca en la que se había visto al leopardo por última vez. A una velocidad muy reducida dimos un par de vueltas sin éxito y cuando ya estábamos a punto de desistir en nuestro intento lo vimos aparecer por encima de la roca. El animal parecía tranquilo, su cuerpo estilizado se movía lentamente mientras buscaba un sitio en el que sentarse y cuando encontró el lugar se tumbó en la roca a descansar.

Tras tantas horas dando vueltas con el vehículo ahí lo teníamos, un ejemplar de Panthera pardus que después de hacerse de rogar en la primera ocasión ahora, como si la roca fuese un escenario, nos daba todo el permiso para observarlo atentamente. Yo no podía despegar la mirada de aquella escena pues estaba totalmente fascinada con su elegancia a pesar de que el felino no prestaba atención a nuestra presencia y tan solo en una ocasión giró la cabeza en dirección a nosotros, para en unos segundos seguir ignorándonos. Me declaro admiradora total y absoluta de cualquier felino, grandes o pequeños, de pelo largo o pelo corto, de rallas o moteados y para mi aquellos 10 o 15 minutos supieron a gloria. El preciosos pelaje, su cabeza redonda, su interminable cola y su cuerpo atlético. Todo absolutamente todo me sedujo, hasta su manera de bostezar. Todas las horas de espera habían valido la pena y tan solo un par de jeeps más se habían percatado de la presencia del felino así que lo pudimos contemplar tranquilamente.

Por fin se dejó ver

Por fin se dejó ver

Y un bostezo para su afición

Y un bostezo para su afición

La tensión acumulada durante todo el día de repente había desaparecido, ahora estábamos todos mucho más relajados y al mirar el reloj nos dimos cuenta de que ya habían pasado doce horas desde que habíamos salido de la guesthouse. El balance total de las especies que habíamos conseguido ver era muy positivo y el leopardo había sido la guinda del pastel.

No tardamos mucho en salir del parque y dirigirnos otra vez hacia Tissa y en verdad lo agradecimos pues con tanta emoción estábamos física y mentalmente agotados.

¡¡Misión cumplida!!

¡¡Misión cumplida!!

Ahora ya podíamos seguir nuestro viaje hacia la costa sur de Sri Lanka, pues tras unas semanas de mucho movimiento estábamos deseoso de disfrutar de la playa de Tangalle.

NOTA: ¿Te vas de viaje? Recuerda que puedes conseguir descuentos en Seguros de viaje solo por ser lector de conmochila. Haz click en el link anterior donde te explicamos cómo acceder a ellos.

Artículos relacionados