Estamos presenciando una crisis de extinciones que progresivamente está vaciando la vida de nuestro Planeta. Seguro que has oído que hay menos peces, seguro que has notado que hay muchísimos menos insectos que cuando eras pequeño, recuerda el parabrisas del coche en los 80 o 90 comparado con ahora. Seguro que has notado que en verano cantan menos ranas, cantan menos pájaros y apenas ves animales cuando sales al campo. Y esto es porque los ecosistemas cada vez están más vacíos. Hay menos abundancia de todo, de flores, de frutos.. de vida.
Aún así, he de decir que lo que sí hay son personas de alma bonita que crean proyectos que sobreviven contra viento y marea. Proyectos que siguen confiando en hacer entender al resto, la importancia de cuidar nuestra biodiversidad. Porque aunque a mí me parece increíble, aún hay una amplia mayoría de la población que aún no entiende que la biodiversidad garantiza la supervivencia de todos los ecosistemas, y en consecuencia, la nuestra.
Mientras aprendemos a normalizar la ausencia de vida, la Tierra se está vaciando lentamente. Habrás escuchado más de una vez que nos encontramos en la sexta ola de extinción. Lo inquietante es que muchas especies no están desapareciendo por desastres naturales, o por un volcán repentino, ni por epidemias. En esta ocasión somos los humanos, los que estamos eliminando todo registro de vida en la Tierra.
En verdad, no sabemos cuántas especies se extinguen al día, porque ni siquiera conocemos cuántas especies existen en la Tierra. Lo que sí sabemos es que las especies desaparecen cuando dejamos de escuchar las señales que nos advertían del declive.
Las extinciones suelen imaginarse como algo lejano. Dinosaurios que nunca llegamos a conocer, un mamut congelado en el hielo, o el Dodo, aquel ave gigante de Mauricio, que no podía volar y vivía sin depredadores naturales, hasta que llegaron los humanos que lo cazaron hasta su extinción.
Desafortunadamente, cada vez son más las extinciones que están ocurriendo delante de nosotros. Y simplemente pasan a ser una de esas noticias fugaces, al final de los telediarios, de la que al día siguiente todo el mundo se ha olvidado.
Hoy te vengo a contar la historia de como una de las colonias reproductoras de las tortugas más grandes del planeta, desapareció. Malasia perdió en tan sólo 10 años el privilegio de ser visitada anualmente por la tortuga marina más grande del mundo y a mí aún no me cabe en la cabeza, que nadie hubiese sido capaz de actuar a tiempo.

Decían los lugareños que por las noches, enormes tortugas hembras de más de 500 kg salían del mar para depositar sus huevos en la arena. Parecía un espectáculo anual eterno, siempre había sucedido, siempre estuvieron ahí, y para la gente del lugar era imposible que pasara lo que sucedió.
Nos encontramos ante la historia de una extinción del presente, y además extraordinariamente documentada. ¿Como un país con el privilegio de ser visitado anualmente por un fósil viviente gigante que recorre nuestros océanos desde el Cretácico y compartió la Tierra con los dinosaurios, como no hizo nada para al menos remediarlo?
La población pasó de miles de hembras anidadoras a apenas unos pocos individuos. Es cierto, que hoy en día pueden aparecer tortugas laúd ocasionalmente en aguas de Malasia o incluso registrarse algún nido aislado, pero la población reproductora histórica de Terengganu ya no es funcional.
Es uno de los ejemplos más duros de conservación marina porque ocurrió en apenas unas décadas y todo fue registrado sin que nadie pronosticara lo que iba a suceder en los años siguientes. Año tras año, los números de anidamientos caían hasta que no vino ninguna tortuga más.
Durante las décadas de 1950 y 1960, esta playa de la costa este de Malasia era uno de los lugares más importantes para esta tortuga marina. Cada temporada llegaban alrededor de 2.000 hembras para anidar. Ellas eran capaces de excavar más de 10.000 nidos cada año en apenas unos kilómetros de costa. Cada nido tendría una media de 100 a 130 huevos, lo que significaba que habría un millón de huevos por temporada. Era una de las mayores colonias reproductoras conocidas en el planeta. Parecía imposible que pudiera desaparecer, pero desapareció.

Tenemos una sociedad que no mira las consecuencias de tradiciones antiguas, que tal vez fueron útiles en el pasado pero que deberían de quedar en desuso o ser limitadas en el presente.
Los malayos tienen esa costumbre de consumir huevos de tortuga, pero por una creencia un tanto cuestionable, ya que si fuera para alimentarse sin más, como medio de obtención de energía, pero este no era el caso, había algo más. Algo más ridículo, si me permites mi humilde opinión.
Esta comunidad llevó a una especie al borde de la extinción en nombre de la “masculinidad” (erróneamente entendida). Al parecer tenían la creencia de que el consumo de huevos de tortuga les daba más “virilidad”. Y sinceramente, si lo analizamos con raciocinio lo único que revela es una desesperada inseguridad, porque cuando la masculinidad necesita destruir el futuro de otras especies para sentirse poderosa, lo único que demuestra es vulnerabilidad. Así fue como también, el sentido común quedó amenazado.

En 1960 se estima que se consumieron alrededor de 1,66 millones de huevos de tortuga laúd en un solo año. La población parecía tan abundante que nadie imaginó que pudiera agotarse, pero se nos olvida que la naturaleza tiene límites.
Hay que entender que estas especies tardan al menos una década en alcanzar la madurez sexual, más o menos como los humanos. Así que retirar millones de crías cada generación tiene consecuencias inevitables.
En los años 80 quedaban apenas unas 40 hembras reproductoras, pero es que a comienzos del 2000 apenas se registraron 5 hembras. En el 2010 la población fue considerada funcionalmente extinta.
La playa sigue allí, la diferencia es que las tortugas ya no regresan. Un enclave tan importante y especial, como ser elegido por un fósil viviente para continuar con su legado y lo dejaron desaparecer.
En 2017 ocurrió algo extraordinario. Una única tortuga laúd volvió a emerger del océano para anidar en Rantau Abang, depositando 93 huevos, pero ninguno produjo crías viables. Se dice que porque ahora sólo hay hembras, por lo que eran huevos infértiles
Hasta ahora, este ha sido el último intento conocido de esta población que se originó miles de años antes. Sabían lo que estaba ocurriendo, para nada fue un misterio científico. Lo que sí podemos considerar como misterio científico, es el porqué la población no entiende de la importancia de admirar estas especies y sentirse privilegiados si tus playas son elegidas por estos gigantes milenarios para anidar.
Todo el mundo sabe que la extracción masiva de huevos, se convierte en un acto insostenible.
Al mismo tiempo, todo se agravó con las capturas accidentales en las redes de pesca que estaban matando a las pocas hembras que quedaban. Se sabía que cada año llegaban menos hembras, que la situación se estaba volviendo crítica. Aún así las administraciones que disponían de la información, no hicieron nada para remediarlo.

La lección incómoda de Rantau Abang, es que las especies no desaparecen de repente, eso suele ser bastante raro. Las especies van desapareciendo poco a poco, primero algunos nidos, luego hay menos individuos, hasta que al final desaparece incluso de la memoria colectiva.
La tortuga laúd es una especie que Malasia perdió y es la advertencia, de lo que podía suceder con otras especies o en otras zonas, si las administraciones responsables no aprenden la lección.
El tiempo es la diferencia entre una especie amenazada y una especie extinta. Porque cuando el tiempo se agota, y no se actúa a tiempo, es difícil que se pueda restaurar.
Tampoco necesita nuestra intervención directa. Necesita que les dejemos sus hábitat en las temporadas que vienen para que libremente puedan desovar. Tampoco necesitamos robarles los huevos con la excusa de la conservación. Lo que se necesita en contratar a gente preparada, bien formada y del lugar, con sentimiento de pertenencia y que sean ellos los que cuiden y protejan de los nidos in situ. Para que entiendan que tienen más valor vivas que en la sartén para hacer crecer los huevos del consumidor.
Hoy, mientras observamos cómo otras especies marinas pierden playas de anidación, sufren el desarrollo costero o ven alterados sus ecosistemas, Rantau Abang nos recuerda una verdad sencilla, que es que la conservación más eficaz no consiste en reconstruir lo que hemos destruido, si no en evitar destruirlo mientras aún existe.
La naturaleza nos va mandando señales, pero los humanos no están ahí para mitigar las consecuencias de sus actos. Y mucho ocurre por mero desconocimiento, por no saber asociar, la causa-efecto de nuestros actos como humanos o si lo sabemos, por no querer hacerlo de forma responsables.
El mensaje de urgencia de parar un poco nuestro nivel de consumir la Tierra tan descontroladamente, y poner un poco de equilibrio para tomar prestado sin agotar. Sin agotar los recursos. Sin agotar el tiempo de las especies que les podríamos dar para adaptarse a los cambios, si les diésemos también espacio.
Siempre digo que no entiendo como una especie supuestamente inteligente, no tiene la sabiduría de entender su entorno. No ve venir que si hay menos nidos, habrá menos hembras y de repente un día alguien se da cuenta de que hace años que no vienen aquellas gigantescas tortugas marinas que llenaban sus playas en rituales nocturnos de nueva creación.
Si Malasia fue capaz de perder una de las mayores poblaciones de tortuga laúd del planeta en apenas unas décadas, ¿qué nos hace pensar que las tortugas carey de Melaka están a salvo?
Melaka tiene una de las últimas poblaciones importantes de tortuga carey de toda la península de Malasia. Es alucinante ver cómo a pesar de que sus playas de anidación están siendo alteradas por el desarrollo costero siguen intentándolo.
Esta ha sido mi lucha en estos últimos 10 años en Melaka. Mi gran lucha perdida. Bueno, he ganado batallitas y al menos hice que la gente de Melaka supiera que las tortugas venían a su costa, cosa que me parecía increíble que desconocieran.

El mal llamado desarrollo costero sin planificación ni orden que está sucediendo en Melaka, es un crimen ambiental de lo más horroroso que he podido presenciar en mi vida. Matar al mar enterrándolo en arena para llevar a cabo una idea fantasiosa de un megaproyecto que no veremos acabar en la duración de una vida humana.
Y es que si no existen playas donde puedan anidar, las tortugas sufren por encontrar el lugar donde nacieron y en su intento, mueren con los huevos dentro sin haber sido desovados. Es muy habitual encontrar tortugas hembras muertas en Melaka. Y a mi eso me rompe el alma.
Y así es como empiezan las historias que acaban como en Rantau Abang. Todos pensaron que allí las tortugas eran infinitas y que habría tiempo. Pero es una evidencia que Melaka no está haciendo lo suficiente para que las tortugas sigan volviendo en los próximos 20 años. Y estas tortugas, que nacen aquí son las que verás nadando en Bali (y las que no se verán en los siguientes años)

Al igual que en la otra costa, las señales están ahí y están siendo registradas. Si miramos los datos, que se tienen gracias al trabajo de WWF-Malaysia y supuestamente a “El Departamento de Pesca de Melaka”, se empezó en 1990 hacer un seguimiento de los huevos y eclosiones. Aunque el seguimiento en detalle empezó en 2006. Entre 2006 y 2014 se registraron entre 353 y 568 nidos por año. En el 2020 fue un año récord 807 nidos protegidos, puedes intuir el porqué, gracias a tener a los humanos confinados. Y ya te contaré en otro artículo, el porqué no hay más datos actualizados de estos últimos años.
Lo que sí quiero mencionar, es que otra señal súper importante que está aconteciendo aquí y ahora, es que la tasa media de éxito de estos huevos es sólo del 53%. Esto sería para abrir una línea de investigación sobre la escasa supervivencia real de las crías, en las prácticas de hatcheries y la manipulación de huevos.
Volvamos a la costa de Terengganu y las tortugas más grandes del mundo. Porque hay que entender que mientras la población de tortugas caía, los números seguían pareciendo suficientemente grandes como para no preocupar a nadie, hasta que dejaron de serlo. Y es que la tragedia de las extinciones es simplemente por la falta de protección efectiva cuando aún existe una población viable.
Durante décadas se permitió consumir prácticamente todos los huevos, porque los gestores de aquella época asumieron que protegiendo una pequeña parte de las puestas sería suficiente para mantener la población.

Pero se equivocaron, porque la población ya había empezado a colapsar mientras ellos seguían consumiendo los huevos. Llegar de 10.000 anidaciones anuales con unas 500 hembras en los años 80 a ninguna población viable en los 2010, esto es realmente dramático. Que un país tenga que considerar a una especie como funcionalmente extinta, debería ser una vergüenza internacional. Porque teniendo los medios, no supieron poner los límites a un crimen ambiental.
Funcionalmente extinta significa algo peor que una simple rareza. Significa que ya no quedan suficientes individuos para mantener una población reproductora. La especie sigue existiendo en otros lugares del planeta, pero desapareció de Malasia.
Los científicos lo advirtieron, pero como es de costumbre, no se nos tiene en consideración. La tortuga laúd desapareció bajo la luz de los informes, programas de conservación y las reuniones intitucionales.
Siento decirlo, pero la tortuga laúd no es un caso aislado. En Terengganu, la tortuga golfina (Olive Ridley) también ha desaparecido prácticamente como reproductora, sin registros regulares de anidación desde hace más de dos décadas.
Mientras tanto, otras especies emblemáticas de Malasia se encuentran en situación crítica, como el tigre malayo que oficialmente se dice que hay unos 150 individuos salvajes, pero tengo yo un amigo biólogo que lleva más de 30 años trabajando en la conservación del tigre malayo y me ha confesado que quedarán escasos 50 ejemplares en toda la península malaya.
Los orangutanes de Borneo continúan perdiendo hábitat por la expansión de las plantaciones de aceite de palma y otras explotaciones agrarias. Afectando también a especies únicas como los elefantes asiáticos (de los que se dice que quedan alrededor de escasos 1.000 individuos), tapires y numerosas otras especies que sobreviven en paisajes cada vez más fragmentados.
También hay que decir, que algunas especies sobreviven en hábitats degradados, que otras son más resistentes de lo esperado, y que algunas extinciones tardan solo décadas y otras siglos en manifestarse.
Cuando una especie pasa de 10.000 anidaciones a cero en apenas unas décadas, es bastante revelador del poquito caso que hace el mundo a la conservación. Y es que la conservación empezó a perder su significado cuando empezó a gestionar el declive, en lugar de evitarlo.

Desapareció porque la velocidad de destrucción fue mayor que la velocidad de reacción. Y quizá esa sea la lección más incómoda de todas y que los científicos llevamos décadas advirtiendo. Las especies se extinguen cuando dejamos de escuchar y de entender, las señales que nos están mandando. Cuando la sociedad que comparte territorio, se olvida de su existencia. Cuando ya es demasiado tarde para remediar que el último individuo muera.
La extinción es un proceso que normalizamos mientras sucede, porque hemos dejado de ver la importancia del equilibrio de la abundancia de vida en los ecosistemas. Y lo que me inquieta de esta historia, es que sabíamos que estaba ocurriendo y no se decidió actuar.
La tortuga laúd sobrevivió a cambios climáticos, glaciaciones y millones de años de evolución, pero no pudo sobrevivir a unas pocas generaciones de decisiones humanas. En verdad, poco se aprendió de esta historia, por eso quiero dejarla registrada y lanzar una última pregunta; ¿Cuántas veces más estamos dispuestos a repetir la misma historia?
Esta sexta extinción, será recordada por nuestra ceguera como especie, ya que no supimos atender a las advertencias que la Naturaleza nos estaba dando y teníamos los medios, la tecnología (aunque no la sabiduria) de remediarlo.
Sabemos que la tasa actual de extinción es muy superior a la natural. Estamos observando colapso de población, desapariciones locales, es decir, especies únicas que sólo existen en determinados relictos del planeta, estamos observando fragmentación de ecosistemas y cómo esto, irremediablemente causa la pérdida de las funciones ecológicas. Las funciones ecológicas son lo que sostiene la vida en la Tierra, y aunque invisible a nuestros ojos, da sentido a la dinámica que mantiene el equilibrio para nuestro bienestar. Esto es algo elemental.
Entonces, pienso que el plan no puede ser quedarnos solos, ni crear replicas geneticas o clones roboticos para sustituir lo extinguido. Pienso en que sentido tiene destruir lo bien creado para mal generarlo imperfectamente y además, sin entender sus funciones. La vida es una red con programación própia y dentro de los hábitats que a través de los principios de la vida, surge el rumbo de la existencia. Si queremos jugar a ser dioses imperfectos: destruyendo y luego mal-replicando lo destruido, dudo que podamos crear las relaciones entre especies tan espontaneamente organizadas que es imposible de reduplicar.
La Naturaleza tiene reglas de las que podemos aprender, solo necesita un poco de espacio, tiempo y atención. Para que no nos quedemos sólos en la faz de la Tierra.

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