Shanghái fue hace un siglo la ciudad más vibrante de toda Asia y, dicen, la más divertida de todo el continente. Pero también la más desigual y maltratrada. Fue cedida a potencias europeas que replicaron sus barrios, creando distritos que occidentalizaban a China. El más exclusivo de ellos siempre fue la Concesión Francesa.

En el pasado previo a la Revolución Comunista, el barrio más deseado era precisamente la Concesión Francesa. Sin embargo, solo unos pocos podían disfrutarlo. Ahora mismo, mantiene parte de su estilo afrancesado. Pero se ha convertido en parte de Shanghái. Y el que fue hace cien años el barrio más elegante de Asia, ahora es el más característico de la ciudad.
Shanghái es una ciudad que muestra diferentes imágenes que chocan al pensar en lo que tiene que ver con la idea preconcebida de China. Sobre todo porque hay edificios europeos que representan el apogeo del viejo continente en el siglo XIX.

Eso es debido a que, durante las guerras del opio, China estuvo aprisionada por Europa. Tras dichos conflictos bélicos, Inglaterra forzó al país del dragón a cederle un territorio en la comercial ciudad de Shanghái. Allá por la mitad del siglo XIX, Francia hizo lo mismo.

Todo eso le valió a Shanghái el apodo despectivo de ser «la puta de Asia». Porque se había vendido y troceado a los extranjeros, además de que la diversión, los excesos y el alcohol eran parte de su día a día.
Así se convirtió en, para los pudientes, el rincón más divertido del continente. Mientras que para otros era un lugar miserable con grandes diferencias entre ricos y pobres.

Cada país hizo a su manera la adaptacióncultural de su trozo de ciudad. Y los franceses quisieron hacerlo con estilo. Muy fieles a su estilo colonial, anhelaban un pedacito de su país en China.
Y así nació la Concesión Francesa de Shanghái, donde Francia no solo podía comerciar, sino dirigir su parte de la ciudad como si fuera suya.

La policía era francesa y las leyes igual. El país galo administraba el barrio. Y si bien la mayoría de ciudadanos eran chinos, quienes mandaban eran los franceses. La nota de color la ponían sus cafés y sus clubes, además de su vida muy cosmopolita que fue narrada extensamente en la literatura y el cine.

La Concesión Francesa fue un refugio de intelectuales y también de revolucionarios. El propio Mao Zedong pasó largos momentos de su vida allí antes de la Revolución Comunista. Es más, el primer congreso del Partido Comunista Chino se celebró allí porque, al ser territorio francés, podían los socialistas ocultarse de las autoridades nacionales.
Pasaron cien años entre la instauración de la Concesión Francesa y la Revolución Maoísta en 1949. Antes de que Shanghái cerrase tras el éxodo de los extranjeros y la propiedad privada fuera troceada y repartida, Francia ya se había retirado de la zona.

El barrio empezó a ser poblado por gente común, los bares y clubes cerraron, y los símbolos coloniales como algunas iglesias fueron cancelados. A partir de ahí, la Concesión Francesa empezó a fusionar su estilo francés con las costumbres chinas locales. Pero, afortunadamente, el barrio no fue demolido.

Al llegar Deng Xiaoping y empezar abrir el país, en Shanghái se dieron cuenta de que la Concesión Francesa ofrecía calles arboladas, edificios art decó y cierto ambiente europeo.
Y decidieron convertir el distrito en el nuevo barrio de moda. Se mudaron los expatriados, los diplomáticos y los chinos más internacionales, como aquellos retornados del extranjero.

No tardó en convertirse en el distrito hipster de la ciudad. Y en la actualidad es hogar para muchas galerías independientes, estudios de diseño, tiendas conceptuales y cafeterías especializadas. Es fácil ver librerías alternativas y cierto ambiente bohemio, aunque algo caro incluso para los estándares de la ciudad.

El turismo también disfruta notablemente de toda la Concesión, con avenidas como Wukang, Anfu o Fumin siendo muy visitadas. ¿Es el mejor distrito de Shanghái? Para algunos sin duda. Siempre teniendo en cuenta que es un lugar cosmopolita y de fusión. Porque dicha opinión es siempre muy personal.
La Concesión Francesa es parte importante de Shanghái. Y tiene un aire distinto. ¿Te recomendamos alojarte allí? Para la mayoría de viajeros no sería lo más idóneo por un asunto de distancias. Pero si quieres cafeterías alternativas y un ambiente bohemio además de cosmpolita, ¿por qué no?

Este barrio puede servir para visitar cuando quieres tomar algo con estilo o simplemente caminar entre arboledas. Pero en un solo día puedes hacer una ruta genial, mezclando paseos, cultura y gastronomía.

Para empezar tu ruta por la Concesión Francesa de Shanghái, lo ideal es llegar en metro a la estación de Changsu Road, accesible desde las líneas 1 y 7. Desde allí, y tomando la salida 8, llegarás al inicio de tu recorrido, la avenida Anfu.
La conocida como Anfu Road es es una de las calles más agradables de la antigua Concesión. Tiene una anchura grande, está llena de árboles que en invierno la hacen más preciosa, y durante su recorrido cuenta con edificios de los años 20. Allí verás cafeterías hipster mezcladas con tiendas de barrio muy locales.

Todo el escenario colonial sirve de decorado ciertamente. Y es caro tomarse un café o desayunar algo. En parte es comprensible, porque verás muchas embajadas y un ambiente algo elitista. Sin embargo, el paseo es agradable. Se habla inglés y sirve de refugio internacional.

Si sigues caminando, llegarás al que quizás sea el mayor icono de la Concesión Francesa, el edificio Wukang.
Este enorme monstruo de hormigón construido con mimo es uno de los iconos arquitectónicos de la antigua Shanghái. Fue levantado hace más de cien años por un arquitecto húngaro y buscaba emular al popular edificio triangular neoyorquino Flatiron. Pero con un aire renacentista francés.

A día de hoy, por supuesto, sirve únicamente de escenario. Ha sido residencia tanto de intelectuales chinos como de famosos artistas. Y es tan fotografiado que, desgraciadamente, te toparás con hordas y hordas de turistas chinos y curiosos si vas durante las horas normales y en fin de semana.

Pese a ello, toda la zona es preciosa y el edificio es imponente ¿Quieres evitar las hordas haciendo fotos? Ve muy temprano un día laborable.
Desde el edificio Wukong, y tras pelearte para conseguir una buena foto, lo ideal es volver al metro y viajar hasta la estación de Xintiandi, un lugar de la Concesión Francesa que forma parte de la historia del comunismo chino.

Pero antes de llegar a él, te recomendamos disfrutar de una parada en la avenida de Fuxing para disfrutar del ambiente colonial e incluso parar a por un café o comer algo. Merece la pena.

Al salir de la estación de metro, estarás delante del centro comercial Xintiandi Style, pero nosotros no te recomendamos ir a un lugar así. En cambio, rodea el edificio hasta la avenida Fuxing y dirígete a esta ubicación. Allí encontrarás unas cuantas terrazas y cafés para una parada ideal.

Los más populares son The Beats y W, que pertenecen al mismo comercio. Ambos te ofrecen el estilo de hace cien años de la Concesión Francesa pero reformados, con vistas a la calle y una cocina deliciosa.
Y si quieres algo que apasiona a los chinos de Shanghái, entra en Bagelous Museum, está ahí mismo y no tiene pérdida. Además de cafés, hacen unos bagels excelentes fusionados con sabores locales. El preferido es el de alubia roja.

Justo delante de Bagelous tienes un museo que no podemos dejar de recomendarte. Se trata del Former Site of the Provisional Government of the Republic of Korea. Cuesta 20 yuanes y es parte de la historia del país vecino, que también tuvo que formar su gobierno en territorio occidental.
El siguiente camino te va a llevar a un extraño paseo entre el origen del comunismo chino y el actual consumismo desatado de la nación del dragón.
Si has llegado aquí en metro, ya habrás visto que hasta la estación está decorada para honrar al lugar del Primer Congreso Nacional del Partido Comunista chino 中共一大会址).

Puedes llegar a él desde la estación de Xintiandi y es el emplazamiento donde, en 1921, se celebró el primer gran congreso comunista del país. Que debió celebrarse en plena Concesión Francesa de Shanghái para ocultarse del gobierno republicano.

A día de hoy, este enclave es un museo fantástico para quien quiera conocer la historia del comunismo chino. Abre de 9:00 a 17:00 y la entrada es gratuita.
Es muy institucional y propagandístico, por supuesto. Pero está recreado con gusto y cuenta con muchos documentos históricos, algunos en inglés. Y si no quieres evitar quedarte sin entrar, deberás buscarlo en la aplicación WeChat para hacer una reserva. La siguiente parada será muy consumista.

Desde allí puedes llegar a la zona comercial más grande de Xintiandi (上海新天地南里), una verdadera locura que reconvirtió una de las zonas más históricas de la Concesión Francesa en un espacio opulento de marcas carísimas y restaurantes pasados de precio.

Allí se unen la historia colonial francesa de hace un siglo con el consumismo internacional y el estilo de la China moderna. Algunos lo aman, otros lo ven como un despropósito. Pero sin duda te deja alelado y exhibe el músculo de un país que mira con fuerza al futuro.

Tu destino final puede ser Madang Road en esta ruta por la Concesión Francesa de Shanghái. Aunque hay una estación de metro, puedes llegar fácilmente desde Xintiandi. Allí verás una bonita mezcla de edificios modernos con callejuelas tradicionales.
Los restaurantes son pequeños y asequibles, y las tiendas muy de barrio. Desde allí podrás empezar una ruta hacia el Shanghái más moderno y dejar atrás la antigua concesión que ocupó Francia.