Cap. 15 – Laaaaaaargo viaje hasta Krabi

Diario de viaje a Tailandia 15
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Sentados en el suelo del andén de la estación de ferrocarril de Bangkok esperábamos el tren desde hacía ya varias horas. Todavía faltaban treinta minutos para partir hacia Trang desde donde nos desplazaríamos a Krabi el día siguiente. Llevábamos todo el día de ajetreo tras habernos despedido de Singapur aquella misma mañana y por desgracia no habíamos tenido suerte al comprar los billetes, pues los vagones con literas estaban hasta los topes y nos tuvimos que conformar con un par de asientos en tercera clase. Y todo para recorrer un tramo que se auguraba largo, muy largo. Para más inri, el tren llegó con retraso y no salió hasta dos horas más tarde.

Esperando en la estación de Bangkok
Esperando en la estación de Bangkok

Había sido un extenso día de metro, avión, taxis, comida en el aeropuerto y cena en la estación. Y la noche prometía serlo mucho más… A las nueve de la noche, y tras haber rechazado las ofertas de unos 100 vendedores que habían entrado en el vagón mientras esperábamos, por fin el tren se puso en marcha.

Buscando sitio en nuestro tren
Buscando sitio en nuestro tren

Dejé escapar un suspiro de alivio al notar el aire fresco que entraba por la ventana e intenté coger  fuerzas, pero el cansancio pronto empezó a hacer mella en nosotros y la falta de espacio para poder ponernos mínimamente cómodos truncó nuestras esperanzas de dormir algo aquella noche.

Los vendedores de nuestro vagón
Los vendedores de nuestro vagón
Toni descansando un poco
Toni descansando un poco

Por supuesto el viaje fue una sucesión de gente que bajaba y que subía, gente que vendía y que compraba y gente que dormía y otros que lo intentaban, como yo, que no pegué ojo en toda la noche. Pasaron así hasta 19 horas en las que hizo o mucho frío o mucho calor e hicieron que mi culo terminase aplastado y dolorido y que mis ojeras llegasen casi hasta el suelo, pero por fin llegamos a Trang.

¡Por fin llegamos!
¡Por fin llegamos!

Fuimos directos al hotel Kohteng en el que el máximo esfuerzo que hicimos fue darnos una ducha, pues dedicamos el día a descansar.

Aquella noche con las pilas completamente recargadas salimos a dar un agradable paseo por el mercado nocturno de Trang en el que además de ropa y complementos vendían muchísima comida entre ellos una gran variedad de platos y dulces que nos obligaron a quedarnos allí a cenar.

Un puesto de comida
Un puesto de comida
Helado con chucherías, mmMmmMmm
Helado con chucherías, mmMmmMmm

La mañana siguiente nos dirijimos en autobús hasta Krabi donde un taxi-pickup, compuesta de una familia donde el padre era el conductor, nos llevó desde la estación hasta la playa de Ao Nang. Allí una barca nos acercò al lugar en el que habíamos decidido descansar los últimos días de de nuestro viaje: Ton Sai, una de las playas de la península de Railay.

En la pickup junto con la señora y su hija
En la pickup junto con la señora y su hija
La barca que cogimos
La barca que cogimos

Cuando el barquero decidió que estábamos lo suficientemente cerca de la orilla como para poder acercarnos sin ahogarnos, paró el motor de la barca y nos dijo que ya podíamos bajar. Nos remangamos los pantalones hasta las rodillas y cogimos todas las mochilas, y mientras andábamos hacia la arena contemplamos aquella pequeña playa. Al principio no nos pareció nada del otro mundo tras haber estado en la paradisíaca Koh Phangan, por lo que aquel lugar realmente no nos sorprendió.

La playa de Krabi
La playa de Krabi

A simple vista aquella era una playa sencilla con poca gente, un par de bares y unas cuantas palmeras, pero echábamos en falta un poquito de color turquesa en el agua y una arena más clara. Sin embargo pronto descubrimos que tenía otros muchos encantos, uno de ellos las vistas de los islotes que emergían del mar y que se veían en el horizonte, además de un ambiente desenfadado y algunos garitos en los que simplemente tomarse una cerveza y dejarse llevar. Las playas vecinas las descubriríamos más tarde.

Nos adentramos en uno de los caminos que subía arriba y enseguida encontramos el Paassok Resort, un alojamiento de cabañas tranquilas en un jardín con árboles de durian y una camada de gatitos con los que tanto jugué aquellos días.

Con mi nuevo amiguito
Con mi nuevo amiguito

Hambrientos salimos en busca de algún garito, que entre tanto viaje y tanto cambio de vehículo se había hecho bastante tarde. Seguimos el camino de tierra por el que nos habíamos adentrado en busca del hostal, donde a ambos lados algunos bares y cabañas nos acompañaban en un nuestra búsqueda, que finalizó con éxito tras dar la vuelta completa y llegar hasta casi el final del camino que daba al otro extremos de la playa. Allí estaba el Mama’s chiken, un puesto de comida con unas cuantas mesas de madera maltrechas casi en medio de la calle y donde terminamos comiendo y cenando casi todos los días de nuestra estancia, pues las hamburguesas de tofu que preparaban estaban exquisitas.

Mama's chicken
Mama’s chicken

Tras la comida seguimos nuestro paseo de “toma de contacto” y terminamos de dar la vuelta entera. El pequeño tramo de playa de Railay no tenía su atractivo en la arena, ni en el agua, ni siquiera en sus garitos hippies de almohadas en el suelo y extremada tranquilidad, sino en las paredes de los acantilados de vertiginosas pendientes que atraían a numerosos escaladores que podías encontrar desafiando las leyes de la gravedad casi a cualquier hora del día. El desfile de gente ataviada con cuerdas y arneses era constante.

La playa de Krabi con la montaña escarpada
La playa de Krabi con la montaña escarpada

Las nubes y la lluvia nos impidieron seguir con nuestro reconocimiento de la zona y nos retuvieron el resto de la tarde en la cabaña, tiempo que aprovechamos para trabajar o simplemente disfrutar de las vistas. Justo donde terminaba el jardín de la guesthouse, otra enorme roca era escenario del desafío de otros tantos escaladores dispuestos a entretenernos en cualquier momento.

Un escalador en plena ascensión
Un escalador en plena ascensión

Por la noche, como no podía ser de otra forma, volvimos a ir al Mama’s Chiken. El ambiente tras una dura jornada de escaladas, paseos en kayak y siesta en la arena era todavía más relajado que durante el día, así que después de la cena nos fuimos con Ivan, un catalán que acabábamos de conocer, a Small world, un garito cerca de nuestra guesthouse en la que pudimos tomar un par de cervezas y rematar el día. Todavía quedaban por delante unos cuantos días para seguir explorando Railay.

Tomando la última copa
Tomando la última copa de la noche
2 Comentarios
  1. Maider dice

    Hola,

    Lo primero decir que tenéis un blog maravilloso y es un placer poder leeros. Me gustaría poder hacheros una pregunta. Mi pareja y yo estamos pensando en hacer este Septiembre un viaje a Tailandia o Camboya, aunque creo que estamos más decididos por Tailandia. Nos gustaría ir de 10 a 15 días dependiendo de cuantos días tengamos de vacaciones :(. Algunos días nos gustaría poder disfrutar de la playa, ¿Cuales recomendáis? ¿Qué sitios creéis imprescindibles?
    Muchas gracias por vuestro trabajo, es maravilloso.

    Un saludo

    1. Toni Ródenas dice

      Hola Maider. Te recomiendo que le des un vistazo a nuestra guía de Tailandia, donde tenemos un apartado dedicado a las playas. Allí dispones de información sobre éstas. Luego ya decides cual te gusta más

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