A lo largo de los últimos años hemos escrito en numerosas ocasiones sobre elefantes en Tailandia y después de todo este tiempo hoy en día solamente hay un santuario que recomendemos sin reservas: Kindred Spirit.
De elefantes se ha hablado mucho en ConMochila. Como decíamos, hace tiempo que pusimos el foco en los santuarios, y visto lo visto tras muchas visitas al país, casi más en saber detectar los falsos (que son casi todos) que en recomendar uno bueno.

En ocasiones nos han ayudado otras personas con más conocimiento de causa, como Eugenio (@capithecus, veterinario que se desvive en redes sociales por hacer llegar su mensaje sobre bienestar de animales salvajes), que nos escribió algunos artículos hablando de animales en cautividad y avistamientos éticos.
También Cristina (@criselefantasia en instagram) nos habló directamente de la situación de los elefantes en Tailandia.
Conocí a Cris diez años antes de visitar su santuario, en otro centro en el que pasamos unos meses muy intensos haciendo voluntariado. De allí aprendimos muchísimas cosas, entre otras, algunas que no hay que hacer. Pese a las buenas intenciones de aquel lugar en sus inicios, observamos y anotamos todas las red flags mientras nos íbamos desencantando con el proyecto. Si sacamos alguna enseñanza de allí, es que los elefantes necesitaban todavía más. O mejor dicho, menos: menos contacto con la gente. Ninguno.
Decepcionada con el turismo y la industria de los elefantes en Tailandia, yo volví a Europa para trabajar con pequeños animales y traté de canalizar la rabia escribiendo en el blog acerca de todo lo que había aprendido. Quería que los futuros viajeros supieran todo aquello que tenían que evitar durante el viaje si no querían contribuir a la explotación animal.
Pero Cristina se quedó. Encontró su manera de seguir conectada con el mundo de los elefantes: siguió viajando por el sudeste asiático y visitó otros centros observando, puntuando y aprendiendo de cada uno de ellos. Llegó incluso a crear un mapa en el que se marcaban los que superaban la prueba, los que consideraba éticos. Y ya os digo que son muy pocos.
Con los años, la vida la llevó a Kindred Spirit, y allí, por fin, las cosas encajaron. Ahora es directora del proyecto y nosotros hemos tenido la suerte de visitarlo en familia.
“Devolviendo a los elefantes a su hogar en el bosque”. Esta frase resume la filosofía del santuario que, aunque se llame así, no es como el resto de santuarios que estamos acostumbrados a ver en instagram. Nada de elefantes para entretener al turista, ni mahouts guiándolos para la foto, ni siquiera visitantes dándoles de comer o bañándolos. Aquí el elefante viene para intentar volver a ser eso: elefante. Un animal que no necesita estar rodeado de humanos bienintencionados «cuidando» de él. Un animal que solo quiere ser eso, animal.
Lo que realmente marca la diferencia con lo que hacen los demás, es que en Kindred Spirit trabajan activamente para quedarse sin trabajo. Para que los elefantes no les necesiten más. Porque si un día ya no quedan elefantes en cautividad que cuidar, significará que nadie los está explotando.

Pero esto no se puede hacer sin trabajar de forma conjunta con la comunidad para que los mahouts y sus familias dejen de depender económicamente de los elefantes.
Pese a la distancia que hay entre el pueblo de Ban Naklang, sede del proyecto, y Chiang Mai, la visita al santuario es toda una experiencia que vale la pena, una de esas que no te van a ofrecer los guías de viaje ni una excursión de GetYourGuide. Porque la gracia de Kindred Spirit es trabajar mano a mano con la gente local; de ahí su éxito.
No lo explicaré yo mejor que ellos en su página web, así que lo cito tal cual lo cuentan: el cambio real nace del trabajo en equipo. En colaboración con más de 200 personas de la comunidad Karen, conectan la conservación de los elefantes con medios de vida sostenibles, garantizando el bienestar tanto de las personas como de la fauna salvaje. Y sus esfuerzos protegen, además, los bosques, los gibones salvajes y otras especies autóctonas.

Se trabaja con las familias karen mientras se transiciona a una forma de vida en la que los mahouts, algún día, ya no dependan de los elefantes. Porque si eso llega algún día a pasar, ya nadie necesitará tener elefantes en cautividad, no serán necesarios los centros de rescate, y ya no habrá excusas para abrir más falsos santuarios con la cantinela de “cuidamos de los elefantes”.
Suena utópico, ¿verdad? Pero allí nadie se rinde.
Por eso no vas a visitar un santuario, vas a vivir una experiencia completa, descubriendo el trabajo de Kindred Spirit mientras conoces un remoto pueblo Karen y te alojas en la humilde casa de una familia.


Allí, en el pequeño pueblo, el equipo de Cristina te lo explica todo: qué hacen, cómo y por qué… y para aprovechar bien el tiempo también se realizan algunas actividades como cocinar con tus anfitriones, aprender a hacer cestas tradicionales o participar en proyectos comunitarios.

¿Y los elefantes? Pues aquí la gracia es que hay que salir a buscarlos, porque ellos están en el bosque vagando a sus anchas.
Por las mañanas es cuando se sale en su búsqueda. Los mahouts, que es aquí donde tienen su papel, los vigilan a una distancia respetuosa e informan al resto del equipo de su ubicación. Aquí, si uno quiere ver a los elefantes, se lo tiene que currar y andar: un pequeño trekking accesible para la mayoría de los mortales, que te llevará hasta los verdaderos protagonistas, dondequiera que ese día hayan decidido ir.

Yo fui la única de mi familia que salió a buscar a los elefantes porque mis hijos tenían en ese momento 10 meses y 3 años, así que no lo consideré oportuno. Toni se quedó con los niños y con la inestimable ayuda de Nee, nuestra anfitriona, pasaron la mañana. Por eso a la pregunta de si se puede ir con niños, la respuesta dependerá de la edad, de lo capaces que sean de andar un buen rato y de estar en calma mientras se sale a observar a los animales, pero eso es mejor que lo consultes con el equipo antes de ir.

Salí con Cristina temprano y nos reunimos con el resto del grupo por el camino. Y mientras dábamos un agradable paseo por el bosque fuimos viendo a los elefantes. Nadie los llamó, nadie se acercó, nadie los tocó y nadie los molestó. Nos mantuvimos a una distancia respetuosa y prudente todo el tiempo. Y si a alguien esto le parece una actividad aburrida es que simplemente no está pensando en el bienestar de los elefantes.

Siento no tener muchas más fotos de estos dos días para mostrar aquí, pero en el fondo sé que eso es muy buena señal. Eso significa que el lugar y la experiencia fueron tan intensas que vivimos el momento cada minuto que allí pasamos.

Nosotros no lo podemos recomendar más, y podemos asegurar que Cristina hace todo lo que está en sus manos y más por el bienestar de esos animales y esas familias. De hecho dedica su vida a ello.
Hay tres modalidades de visita según quieras quedarte 2, 3 o 5 días, y en todas el transporte, el alojamiento y las comidas están incluidos. Está todo pensado. Si estás viajando por el norte del país y llegas a Chiang mai, mi consejo es que ignores todas las agencias que te van a recomendar los 500 “santuarios” en los que bañarte y dar de comer a los elefantes y te pongas en contacto con Kindred Spirit. Son mínimo dos días, pero te aseguro que es muy difícil igualar esta experiencia quedándote en Chiang Mai, y te lo dice alguien que ama y se ha recorrido la ciudad infinitas veces.

Y quizá esa sea la mejor manera de resumir por qué, después de tantos años escribiendo sobre lo que no hay que hacer, este es el lugar del que por fin podemos hablar sin reservas. Porque hace las cosas en el orden correcto: primero la comunidad y los animales, y después el turista, al final, como invitado. Si vas a Tailandia y quieres ver elefantes de verdad, sin contribuir a su explotación, ya sabes adónde ir.