La crónica cósmica. A tomar por el culo, me voy a ver mundo

ELUCUBRACIONES VIEJUNAS. Las circunstancias críticas, como las que se dan actualmente debido a la pandemia de la Covid-19, o las que padecieron mis padres por culpa de la sangrienta guerra civil que organizaron Franco y sus esbirros, te obligan a reflexionar acerca de la vida. Supongo que también será así cuando el médico te diagnostica una enfermedad letal y te dice que tienes los días contados. ¡Boom! En esos momentos se hace realidad la creencia hindú asegurando que todo es “maya”, o sea pura ilusión.

Recuerdo que un amigo mío que es médico me explicó hace muchos años (en otro siglo de otro milenio y en una época en que reinaba el optimismo), que cualquier día podría aparecer en escena un nuevo tipo de gripe que provocase una mortandad de tales proporciones como para acabar con la mitad de la humanidad y, sobre todo, con su sistema social y económico. Cuando estás a punto de fallecer y, según dicen, ves pasar frente a ti toda tu existencia y experiencias, debe ser también un momento de reflexión acerca de tu vida, en la que, también según dicen, te arrepientes especialmente de todo lo que no has hecho.

Alcanzar determinada edad es asimismo una razón para hacerte ese tipo de reflexiones. Un santón hindú afirmaba que la vida se dividía en ciclos de siete años, comparables a los capítulos de un libro, que era el tiempo que tardaban en regenerarse nuestras células. Yo, sin opinar al respecto, sí me he fijado en que es el período que necesitas para desengancharte completamente de cualquier adicción, ya sea de cierta droga llamada amor, del vicio de mantenerte atareado a toda hora en fruslerías, de la aburrida gandulería compulsiva (todo exceso es un error) o, en fin y simplemente, de la costumbre de hurgarse la nariz. Creo que solamente podrás estar seguro de haber dejado de fumar o beber cuando haya transcurrido ese plazo de siete años.

Me aficioné a reflexionar acerca de todas esas cosas cuando de pequeñajo estuve cuatro años encerrado en un lujoso presidio, pero presidio al fin y al cabo, llamado La Salle Bonanova. Allí, pasando las veinticuatro horas de casi todos los días de la semana entre los altos muros y los cuidados jardines de aquella escuela en la que tenía prohibido hablar mi lengua materna, y donde cada mañana, después de asistir a misa, me obligaban a permanecer firmes mientras una banda tocaba el himno nacional e izaban la bandera franquista, me acostumbré a medir el tiempo, que denominaba “el mío” porque podía hacer lo que quisiese, jurándome que lucharía hasta lograr que todo el tiempo me perteneciese exclusivamente a mí y pudiese hacer con él cuanto deseara.

Como primer paso conseguí que me expulsasen de la susodicha escuela por mala conducta. El siguiente, fue empezar a trabajar a los catorce años y cobrar un sueldo que, a pesar de ser miserable, me permitía pagarme los gastos. Pasar ocho horas en un taller metalúrgico no era una bicoca, pero a mí me lo parecía por el simple hecho de poder moverme a mí aire por la calle cuando, al ser un puto aprendiz bueno para nada, me mandaban hacer algún recado: qué gustito sentía al recibir el sol en la cara y qué poco me importaba tener que madrugar para coger el tren de los currantes a las seis de la mañana. Durante los siguientes años, aparte de los meses que vestí el uniforme militar, tuve siete empleos distintos, que siempre fueron de mi gusto. De todos modos, solamente saboreé la libertad absoluta el tiempo que pasé en Londres a solas. Supongo que en aquella época se forjó el trotamundos en que me convertiría más tarde, cuando “enloquecí” y dije: “A tomar por el culo, me voy a ver mundo”. Desde entonces, cada minuto de cada día ha sido “mi tiempo”.

La crónica cósmica. A tomar por el culo, me voy a ver mundo

Lógicamente, al haber estado escribiendo estas crónicas semanales desde hace un montón de años (¿se amontonan los años?), imagino que habré repetido elucubraciones parecidas a éstas; pero si hoy he pensado en tal tema, ha sido al plantearme lo de los ciclos de siete años y que dentro de poco llegaré al décimo al cumplir los setenta (“¡Septuagenario reviejo!”, grita mi amigo Pastorius entre el público). En la crónica anterior os preguntaba si valorábais vuestros días por la satisfacción que sentíais al acostaros por la noche, y ahora extenderé esa misma pregunta a vuestra vida y si os acostáis sintiéndoos satisfechos de ella. Yo sí lo hago con la mía, pues no creo haberme dejado nada pendiente. Una prueba de ello está en que no tengo deseos ni ansiedad alguna y me acuesto plenamente dispuesto a palmarla, aunque preferiría dar la bienvenida a la muerte estando despierto: “¡Namasté!, chica, ¿cómo vamos?”.

FAUNÓPOLIS. Mientras paseaba ayer por los alrededores de mi actual domicilio, o sea la casa de los amigos valencianos cercana a Xàbia, pasó volando una bandada de cacatúas argentinas que me recordaron a los loros que veía con mucha frecuencia en el Nepal. Entonces pensé en Sauraha, donde recientemente los guardas del Servicio Forestal cogieron con las manos en la masa a cuatro cazadores furtivos dentro del Parque Nacional de Chitwán mientras despiezaban un ciervo pinto: los arrestaron en vez de apalearlos hasta matarlos como hicieron unos meses antes con un pobre chaval.

En el Parque Nacional de Shuklaphanta, también del Nepal, introdujeron en el año 2012 veintiocho antílopes cervicarpa (blackbuck) que se han reproducido felizmente y ahora ya suman ciento trece ejemplares. ¡Bien!

La noticia de que un tigre mató a una mujer en la jungla de Bhedabari no pasaría de ser como tantas otras parecidas que se dan casi diariamente en aquel reino del Himalaya, a no ser porque ésta es la sexta vez en los últimos tres meses que alguien muere entre las fauces de una pantera en esa misma zona.

Van a trasladar diez rinocerontes más desde Chitwán al Parque Nacional de Bardiya, igual que hacen con los ciervos pintos y los búfalos salvajes de otros parques que van sobrados de ellos.

Necrológicas: Recientemente, y en ese mismo parque de Bardiya, un tigre mató a un rinoceronte de ocho meses cuya madre había sido traída desde Chitwán. Una hembra de rinoceronte preñada murió electrocutada cerca de Sauraha al tocar un cable eléctrico de aislamiento. En el Parque Nacional de Kazitanga, en el estado indio de Assam, han muerto en los últimos meses quince rinocerontes por diferentes causas. En un parque de Bangkok murió una tortuga marina de veinticinco años a la que habían tenido que operar para extraerle del estómago más de dos mil monedas, de las que la gente le echaba para la buena suerte; no obstante, no falleció debido al atracón, sino a una infección de la sangre que sufrió durante la operación.

En Katmandú se han reunido por primera vez representantes de los doce países en que habita el leopardo de las nieves (desde el Nepal hasta Mongolia) para trazar un plan de protección de esa pantera, cuyo número se ha reducido en un veinte por ciento durante las dos últimas décadas.

Un buen recuerdo nepalés: primero vi los cuernos y después los siete venados que había bajo ellos.

Otro recuerdo del Nepal de muy distinta índole es la picadura que, en el mes de julio del año pasado, me hizo un insecto al que no vi y si la toco todavía sigue escociéndome como si hubiese sido ayer.

MIRA LO QUE PIENSO. No puede haber nada mejor que un buen chiste, pero no puede haber nada peor que un mal chiste: los políticos españoles de derechas son como un mal chiste.

Me parece excitante e interesante la paulatina pérdida del sentido de la vista y el oído que comporta la vejez.

Creo en lo que denominamos milagros, o sea los hechos inexplicables que se dan de vez en cuando; pero opino que es una tontería esperarlos como hacen habitualmente los perdedores.

Una sincera crítica negativa anterior dará veracidad a un elogio.

Igual que con la policía, yo no hablaría con unos periodistas sin tener a mi abogado presente.

Los patriotas y los racistas necesitarían viajar y permanecer varios meses en otro país para conocer la opinión de los demás acerca del suyo y ser conscientes de lo que denomino vergüenzas nacionales.

Al perfeccionista le cuesta ser tolerante con quienes no lo son, y le resulta difícil mostrarse humilde con sus logros.

El presidente francés monsieur Macron tenía previsto en su programa electoral (no sé si la pandemia se lo habrá impedido) que los jóvenes hiciesen una especie de servicio militar social: ¡Bien!

Dostoievski dijo: “Una revolución que provoque el llanto de un solo niño, habrá fracasado”.

Si se remoja en agua la madera del árbol “kemuning hitam”, que es negra como el ébano, y luego se la coloca sobre una herida o infección, la desinfecta y cicatriza.

Aprecio tus aplausos, pero valoro el doble los míos.

Comprobado científicamente: la polución del aire provoca ansiedad, señorita que frecuentemente trae de la mano la falta de ética y, a veces, los crímenes. También se ha comprobado que los pianistas de música clásica y los de jazz usan distintas partes del cerebro al seguir unos estrictamente la línea o estar preparados los otros para improvisar, los primeros fijándose en el cómo, y los segundos, en el qué.

Ficción: tienes una sola idea, a veces una frase, que es como la cabeza de un dinosaurio del cual vas a hacer algo tan entretenido como dibujar (inventar) el resto del animal.

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba
Escritor y viajero. No te pierdas las crónicas cósmicas de Nando Baba.