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La crónica cósmica. Advertencia por si un día se os ocurre venir a India

La crónica cósmica. Advertencia por si un día se os ocurre venir a la India
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PERSONAL VARIOPINTO. Entre los hipotéticos lectores de estas crónicas se da una amplia diversidad de pájaros exóticos que incluye, entre otros, a un californiano empeñado en ir a todos lados en bicicleta, un pirenaico que elabora cerveza artesanal, una “señora de cincuenta años” (¡Ja!) que te puede tatuar una serpiente en la punta de la nariz con los ojos cerrados (los suyos, no los de la serpiente), una tabernera chilena de adopción, un cultivador vocacional de maría, una herbolaria que actualmente va un poco ciega (tras pasar por un quirófano oftalmológico), dos escritores natos con un éxito comercial parecido al mío, un riojano que reparte castañas a diestro y siniestro (calentitas y en una bolsita), una maestra de inglés sexagenaria, un locutor radiofónico juerguista y barrigón, un aviador manco con cara de pirata (manco), un “grafitero”, un fotógrafo aéreo, un batería que improvisa sus instrumentos musicales con utensilios de cocina, y un oftalmólogo al que terminarán concediendo el pasaporte etíope (porque todos los años pasa un mes allí operando gratuitamente a los necesitados).

¿Cuánta diversidad, verdad?, pues tomen ustedes asiento porque he guardado para el final al caso más insólito, el del amigo occitano, quien, tras saltar del gremio de los soldadores al de los mecánicos, ahora mismito acaba de venir del Japón, donde ha montado una inmensa máquina del ramo de la alimentación que él mismo había empaquetado en Francia antes de ser enviada por barco. A continuación ha volado hasta el vecino estado indio de Andhra Pradesh, en el cual, tocad madera, ha desmontado una maquina parecida que él instalara hace dos años y ahora será trasladada a Vietnam, país al que después irá para montarla. Entre toda esta movida ha encontrado un par de semanas libres para dejarse caer por Konarak y, tal como es habitual, estamos plenamente entregados al backgammon, juego que, curiosamente, nos da mucha sed: “¡Dame un poco de ron!”. Él ya había estado aquí hace cosa de unos veinte años, y contempló conmigo el lagarto monitor de un metro y medio del que os hablaba en otra crónica: Su testimonio y buena memoria me han confirmado que un servidor no exageraba; lo que nos parece sorprendente es que no hayamos vuelto a ver ninguno (se lo comentaré al amigo thakur).

Siguiendo con las cosas de la amistad, ayer telefoneamos al amigo marsellés (quien en el pasado dedicó gran parte de su vida a viajar y ahora es la única persona del mundo que sigue sin tener e-mail), y nos quedamos patitiesos (nunca mejor empleada la expresión) cuando nos respondió desde la cama de un hospital en el que acababa de ser operado de la médula espinal para tratar de evitar que terminase paralítico.

ÉRASE UN VEZ EN KONARAK

  • Se celebró el “Shivaratri”, la fiesta dedicada al dios Shiva, pero nosotros, en vez de cumplir con la tradición visitando doce templos en los que se fumaban chíloms y comía “bangh” (la crema de maría), nos aislamos dentro de la jungla y pasamos el día jugando al backgammon.
  • Están floreciendo los cashews, los mangos y demás personal con raíces, y el mundo se ha llenado de perfumes.
  • Contemplé extasiado como una rana atravesaba una charca corriendo sobre el agua sin hundirse.
  • En lo más profundo del bosque me crucé con un tipo barbudo de aspecto salvaje, vestido solamente con un taparrabos, que barría las agujas de los pinos con una aparatosa escoba de fabricación casera, y me saludó sonriendo dulcemente.
  • Ahí adentro, bajo los árboles, solamente encuentro bondades, pero la que quizás destaque sobre la demás sea la imposibilidad de seguir con mi amada y compulsiva rutina porque en ese laberinto verde es difícil dar dos veces los mismos pasos.
  • Poco a poco va descendiendo el número de turistas y peregrinos, los comercios cierran más temprano, las calles (dos, pero anchas como autopistas) se llenan de tranquilidad alegrando a los perros que las habitan, personal que va tranquilamente a su aire como hacían antes los de cierto pueblo pirenaico, y más que ladrar, hablan.
  • ¿Os imagináis a un perro y a un monstruoso toro jugando? Parecían pasear juntos, pero en vez de hacerlo de la mano, iban de la cola, con el perro sujetando cómicamente el extremo de la cola del toro en la boca. ¡Ja!
  • “The Times of India” organizó una votación entre sus lectores de Orissa para escoger cuál era la mejor de sus siete maravillas arquitectónicas o naturales, y “El Templo del Sol” de Konarak se llevó el premio. Os aclararé que en el siglo XVII, y tras un ciclón y un terremoto a cuál más terrible, el templo quedó muy dañado y, debido a que corría el riesgo de terminar viniéndose abajo, lo rellenaron con arena y tapiaron las entradas. Los amigos locales me habían contado en más de una ocasión que anteriormente había en el templo una estatua del Dios Surya que flotaba en el aire gracias a unas rocas magnéticas, y que el edificio había empezado a hundirse cuando los británicos se la habían llevado a Londres; aunque me lo tomé como otra de sus leyendas increíbles, hace poco recibí un dato que daría sentido a la historia: En la parte superior del templo había efectivamente una gran roca magnética que fue sacada de allí porque alteraba el funcionamiento de las brújulas de los barcos causando muchos accidentes marítimos.

ESPECTÁCULO SOBRE RUEDAS. Al ser yo un lector compulsivo y leer incluso inconscientemente cuanto entra en mi campo visual, aquí en Konarak puedo afirmar que leo autobuses, que leo paridas como estas: “Confort air bus video services”, “Confort ilimitado”, “Tourist master”, “Relax enjoy”, “X-lent traveller on wheel”, “Royal Albert”, “Street fighter”, “Royal coach luxury”, “Power blessing”, “Rajá coach”, “Enjoy dolby music sistem”, “Palace on wheel”, “Dream of the road”, “Simply the best”, “Proud to be indian”, “Road fighter”, “Feel the diference” (éste estaba abollado, oxidado, y se caía a pedazos), “Extrem comfort”, “Street wonder”, “Poder divino”, “Hy-fy confort”, “La gente sigue mi moda”, “El hábito es una segunda naturaleza”, “Hi-cool comfort”, “Speedy master”, “Never say never”, o “Dream rider”. En la puerta del conductor consta siempre el imprescindible: “Pilot”. Al saber que una gran parte de la población es analfabeta y que de todas maneras nuestra escritura les sonaría a chino, creo que esos absurdos mensajes con los que cubren los laterales de los autocares y autobuses son puramente estéticos, y daría lo mismo si dijesen “Anda y que te zurzan”.

Una advertencia por si un día se os ocurre venir a la India, no paséis nunca bajo un autobús que esté aparcado con los pasajeros en su interior si no queréis correr el riesgo de recibir accidentalmente un escupitajo que podría incluir juguito rojo de betel, unas cáscaras de cacahuete, o la piel de un plátano.

¿BORRACHO YO? Otra cosa que no debéis hacer nunca es beber alcohol con un indio, pues en nueve de cada diez ocasiones simplemente enloquecerán de una manera que ni tan siquiera podéis imaginar. Ahí va un caso real como la vida misma: Él llamó a la puerta de mi habitación cuando tan sólo eran las cinco de la tarde. Entró sollozando y diciendo que tenía un gran problema familiar. Después resultó que había tomado unos tragos de licor con unos amigos y al regresar a casa su mujer le pegó la esperada bronca: “Vete y no vuelvas hasta que estés sereno”. “Me iré a Calcuta y no me veréis más”. “Pues vale”. “Pues bueno”. Lo malo del caso es que yo tenía en mi habitación un pequeña petaca, y al ir lanzado se la bebió de un trago. Lo que vino a continuación fueron tres largas horas de un descontrol que sólo esperarías de alguien que se hubiese comido un mal ácido. Se acostaba intentando dormir, y abría los ojos un minuto después sin saber si había transcurrido una hora. No se aguantaba de pie ni para mear, y repetía las cosas una y otra vez: “Ve a cenar”. “Ya he ido” (respondía yo). “Ve a cenar”. “Ya he ido”. “Ve…”. Le acompañé hasta su casa, y si las miradas matasen, la que me echó su esposa me habría mandado a la tumba a pesar de que yo no había bebido ni hacía eses como el tarambana de su marido. Aproveché el espectáculo para tratar de visualizarme a mí mismo las veces que en el pasado hice el ridículo de una manera parecida (y que por supuesto no recuerdo). Tememos a la locura (la de los demás y la propia) porque no sabemos por dónde nos saldrá; esto no te sucede con los animales libres, un leopardo hará esto y un chacal aquello, pero sí con los prisioneros enloquecidos.

SISTEMA DEMOCRÁTICO. “¿Perdone, puedo rascarme?”, “¡Claro, ¿cómo no va usted a poder rascarse?! Rellene este formulario indicando la razón de su solicitud y también dónde y cómo piensa rascarse, luego preséntela en la ventanilla correspondiente”.

MIRA LO QUE PIENSO

  • Al ser yo muy comprensivo, comprendo que algunos hombres sean misóginos; pero, de otra parte, me resulta incomprensible que, debido al trato que dais a las mujeres (Sí, sí: “Dais”, pues yo soy tan egoísta que no doy nada), todavía haya algunas que no sufran androfobia (palabra que, curiosamente, la mayoría de ellas desconoce). Si el Tiranosaurio Rex corriese por aquí, difícilmente sería responsable de tantas muertes femeninas como lo es el macho humano.
  • ¿A qué se deberá que mi cuerpo funcione con una puntualidad cronométrica, y mi subconsciente lo haga como un eficiente despertador, mientras que mi parte racional se adelanta siempre cinco minutos?

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba
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