La crónica cósmica. ¿Caótica?, ¿sinsentido?, ¿absurda?, ¿injusta?

La crónica cósmica. ¿Caótica?, ¿sinsentido?, ¿absurda?, ¿injusta?
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (4 votos, media: 5,00 de 5)
Cargando...

NEPALIDADES. En estos tiempos de crisis pandémica que han alterado nuestro plan de vida obligándonos a ver que, aparte de no ir por buen camino, lo hacíamos en muchos casos siguiendo las directrices de unos líderes mundiales que pecan de obtusos, creo que la versión nepalesa de todo ello todavía os ha de parecer más exótica (¿caótica?, ¿sinsentido?, ¿absurda?, ¿injusta?). Aquí van unos coloridos ejemplos.

Una patrulla del Servicio Forestal (o sea del ejército) arrestó dentro del Parque Nacional de Chitwán a un grupo de chicos locales que habían entrado ilegalmente en sus junglas. Cumpliendo con un primitivo protocolo que jamás ha sido escrito, los apalearon a gusto y uno de ellos falleció posteriormente en el hospital: hubo tales manifestaciones que al final, y por una vez, el gobierno tuvo que aceptar haberla cagado y compensó a la familia del difunto con un millón de rupias. Una vida: 7.000 euros. Sin comentarios.

Esta semana, en Katmandú, también hubo un escándalo mayúsculo cuando un juez dejó en libertad a ocho oficiales de la policía que habían violado y asesinado en la comisaría a una cría de trece años a la que arrestaron en su casa cuando buscaban a un tío de la chica. Ayer todavía continuaban las manifestaciones y los altercados.

Más de lo mismo. Como recordaréis, se hace mucho contrabando de oro desde el Nepal a la India, país en el que se pagan los mayores precios mundiales por ese mineral. Recientemente dos policías de Katmandú decomisaron quince kilos de oro a unos traficantes y, de camino a comisaría, hicieron un poco de alquimia convirtiéndolos en quinientos gramos. A éstos, por lo menos, los han metido entre rejas.

Las embajadas del Nepal en los países árabes y del Sudeste Asiático estuvieron pasando de los nepaleses que, debido a la pandemia, querían regresar a casa. En muchos casos les cerraron literalmente la puerta en las narices a gente hambrienta que no tenía donde caerse muerta (está en YouTube). Se calcula que son más de veinticinco mil, y solamente empezaron a repatriarlos esta semana apelotonándolos en los aeropuertos durante varias horas. “¡Mantengan las distancias!”. Umm.

Una mujer tardó cuarenta y ocho horas en venir al Nepal desde la ciudad estadounidense de Minneapolis: el tique le costó 1.500$. Una joven de Sauraha, que pasó por ese tipo de suplicio al regresar de Dubái, me contó que en el “reputado” aeropuerto de Katmandú transportaban el equipaje de los pasajeros junto con los ataúdes de los que volvían a casa con los pies por delante.

Creo haberos contado ya que el número de muertos por suicidio en el Nepal ha sido hasta ahora cinco veces superior al los causados por el coronavirus. En mi vecindario ha habido tres, y el fantasma del primero de ellos, que vivía cerca de mi cabaña, apareció frente a familiares y amigos la última noche del sepelio (duran trece días). Supongo que estaría enfadado, porque, según dicen, tumbó las mesas, rompió unos vasos y rasgó el toldo.

Las temperaturas monzónicas son perfectas y algunas noches incluso duermo sin darle marcha al ventilador. Ayer me estuve bañando en la piscina mientras estallaba una espectacular tormenta (cielo ennegrecido, rayos y truenos…) que soltó toneladas de agua fría sobre mi cabeza, haciéndome parecer caliente la de la piscina.

El manto de nubes se abrió poco después, y el joven cocodrilo (no medirá más de un metro) que reside en la alberca de esta finca aprovechó para tomar un rato el sol y calentarse sobre la calle: “Rhino Street”, oiga. Es la parte positiva del confinamiento: casi no hay tráfico y los animales se han posesionado del asfalto: perros, patos, gallinas, cabras, caballos, vacas y… niños. Ayer un motorista estuvo a punto de pegarse la gran hostia cuando encontró en su camino un cocodrilo grandote que cruzaba la calzada.

Os dije que yo iba siempre con el paraguas bajo el brazo como un londinense, pero no soy el único, pues incluso los ciclistas pedalean bajo la lluvia llevando el paraguas en una mano. Completad la imagen añadiéndole a los vendedores ambulantes de verdura, fruta, tela o utensilios de cocina, que van de casa en casa bajo la lluvia y hacen las transacciones sin soltar el paraguas.

Bajo el peso de la ley (“Down by Law”). Justo antes de que empezase la pandemia, en Katmandú deportaron a ciento veintidós chinos, a pesar de no tener pruebas ni cargos específicos contra ellos, y los mandaron de vuelta a China, país en el que corrían el riesgo de ser condenados a muerte.

Durante cinco días la policía estuvo destruyendo plantaciones de opio en las remotas comarcas de Raksirang y Kailash. La gente local no colaboró con ellos y no lograron saber en ningún caso quiénes eran los propietarios de los cultivos. No arrestaron a nadie. Parece ser que, hasta hace cinco años, esos campesinos plantaban maría, pero se cambiaron al opio al seguir los consejos de ciertas amistades peligrosas: la mafia.

FAUNÓPOLIS. Anteayer estuve paseando con Ranjana y mi paisano hasta la parte del Río Rapti en que hay cafeterías y restaurantes. Tras permanecer cerrados más de tres meses, ahora han reemprendido el negocio, aunque la clientela sea solamente local, o sea de Chitwán (ayer se hospedaron en mi pensión los primeros clientes desde hace cuatro meses). Tomamos una cerveza Gorka muy fría viendo la puesta de sol con el rio por debajo y las junglas del parque enfrente. Y entonces aparecieron. Costaba distinguirlos porque, bajo las luces del ocaso, su color se confundía con el de la arena que había en la orilla contraria. Conté un centenar. Eran ciervos pintos que pastaban y abrevaban plácidamente. Me pregunté si habrían venido a ver a los humanos como hacemos nosotros en el zoológico.

En el Nepal habitan veintitrés razas de búhos que se hallan en peligro de extinción: anualmente son traficados dos mil de ellos. Pero ahora, gracias a la colaboración de varios grupos ecologistas, se ha puesto en marcha el “Owl Conservation Action Plan 2020-2029” para protegerlos. ¡Bien!

En el 2018, los tigres del Parque Nacional de Chitwán sumaban noventa y tres; podría parecer un buen número de no ser porque en el 2013 había ciento veinte. En la totalidad del Nepal se han censado doscientos treinta y cinco tigres. En el Parque Nacional de Parsa había 18 en el 2018. Ahora se ha hecho un estudio acerca de su alimentación y han calculado que entre ambos parques (Chitwán y Parsa) hay suficientes animales para sostener a ciento setenta y cinco tigres.

Salvamento y socorrismo en la piscina: mientras me remojo practicando lo que se podría definir de Tai Chi acuático, aprovecho para rescatar a las libélulas, los escarabajos y las avispas que han caído en el agua y terminarían ahogándose.

Murió una mujer que había sido picada por una víbora y se hallaba a cuatro horas de camino hasta el servicio médico más cercano. ¡Los habitantes de muchos pueblos nepaleses tienen que andar varios días para llegar a un hospital!

En el comedor de esta pensión se “hospeda” desde hace tiempo (creo que apareció en invierno) una rana trepadora a la que le gusta la posición vertical de las paredes. Según una creencia popular, algunas de esas ranas son venenosas; así que nadie se mete con ella; incluso los perros mantienen las distancias. Caso contrario al de un macaco que se ha instalado en los árboles del jardín, al que los perros insultan con sus ladridos tratando de provocarle para que descienda hasta el suelo: “¡Baja si tienes cojones!

MIRA LO QUE PIENSO

  • Siempre fui fiel a mis amigos y a mis novias, pero, sintiéndolo mucho, todavía me fui más fiel a mí mismo.
  • Lo que no se dice en la cara acaba diciéndose en la espalda.
  • Cuéntame tus manías, así no me cogerás manía.
  • Satán, en hebreo, significa adversario.
  • El egoísmo es distinto y tiene otra importancia si estás a 10.000 km. de casa.
  • ¿Se organizan exposiciones para ciegos, por ejemplo, de perfumes?
  • Porque no soy ciego, creo en Dios; pero, al no ser totalmente tonto, no creo en las religiones.

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Send this to a friend