La crónica cósmica. Conversaciones conmigo mismo

CONVERSACIONES CONMIGO MISMO – Soy tan comprensivo que incluso comprendo a los papanatas que hacen algo tan incomprensible como lo es estar orgullosos de cumplir órdenes, y soy tan tolerante que incluso tolero a los obtusos intolerantes.

En mi religión particular está prohibido preocuparse, y los únicos pecados son la cobardía y la mentira.

He dejado de pensar diariamente en mi posible fallecimiento porque ahora tengo una tarea que cumplir echando una mano a un buen amigo. En una ocasión, mientras hacía meditación, recibí un mensaje cósmico advirtiéndome, “vas a morir”, y me quedé tan pancho.

No bebo para olvidar, pero olvido al beber. A falta de memoria uso la lógica y el raciocinio para discernir qué dije o qué sucedió: ¡qué excitante! El 15 de noviembre se celebró el “Día Mundial sin Alcohol”, vicio que provoca anualmente más de tres millones de muertes en el mundo y del que España es el segundo país europeo en que se consume con más frecuencia: ¡vaya, hombre, incluso en eso somos unos segundones! ¡Ja! En mis lapsus de memoria hay personas, películas, libros y sitios que no recuerdo porque, simplemente, el número de ellos que han formado parte de mi vida es demasiado grande; un buen ejemplo son los conciertos olvidados, pues en mis años radiofónicos asistía semanalmente a varios de ellos.

¿Por qué creemos que quienes critican y ponen a parir a todo el mundo no harán lo mismo con nosotros?

Aunque no negaré que el cariño que recibo de los amigos occitanos o los valencianos y también de mi familia es maravilloso, me resulta más confortable el anonimato que gozo al estar en un lugar en el que nadie me conoce.

Una prueba más de mi paz mental es que, a pesar de que por el momento haya dejado prácticamente de viajar, no añoro, pongamos por caso, mis rincones predilectos de Malasia, como la bonita ciudad de Malaca, las junglas de Taman Negara o la isla de Kapas, ni los lagos de las Colinas Kumaon indias o el gran jardín que es la nepalesa Sauraha.

Tenéis que lograr que vuestros hijos no crean que vosotros pensáis que son de vuestra propiedad.

Hacer historia o ser historia. Ser un hijo de puta o que la vida sea de puta madre. Era prepotente e impotente.

A los setenta años he llegado a ser suficientemente sabio para saber y aceptar lo gilipollas que soy; de ahí que ahora acostumbre a callarme mi opinión.

La culpable de los gazapos que se cuelan de vez en cuando en estas crónicas es mi vagancia, que me aconseja no echarles una mirada más antes de publicarlas.

La mayor diferencia que se da entre las personas tiene que ver con cuestionarse las emociones y ser capaz de oponerse a ellas o controlarlas.

Una de cal y una de arena: el quid de la cuestión que lo cambia todo es el “pero” positivo o negativo que forma parte de casi todo lo que decimos.

El ruido constante de mis oídos es parecido al que hay en un bosque durante el verano con las cigarras y demás insectos cantándole a la vida.

Cuando digo que un patriota es un idiota solamente me refiero por lo general a mí mismo y a mi faceta patriótica (nadie es perfecto): un ejemplo de ello es cuando en una competición deportiva deseo que gane un compatriota mío, y mejor si es un paisano o incluso de mi calle (¿porque en realidad querría ser yo el campeón?) sin que importe quién es el mejor. Qué asco me dan los locutores patriotas, como el de la tele francesa que se puso histérico el día en que el piloto francés Quartararo ganó el campeonato mundial de “Moto GP”, aunque en ese caso tenía la excusa de que fuese el primer francés en lograrlo.

La idiotez del patriotismo aumenta proporcionalmente con el tamaño del país y lo dominante que éste sea. Una muestra de nuestro patriotismo es el placer que sentimos por el simple hecho de que un extranjero hable nuestra lengua.

Patriotismo emocional: a pesar de que no te gusta la cerveza, cogerás ojeriza al extranjero que te diga que la cerveza de tu país es una mierda. De atenernos a la memoria patriótica, la Tierra tendría que ser el doble de grande para que cupiesen en ella los países que fueron más extensos en el pasado, como el “gran Nepal” del que me hablan los nepaleses. Son mentiras de unos pocos que usan a los demás como peones, como la alegría de quienes se alistaron para participar en la Primera Guerra Mundial cuando un desquiciado asesinó a Franz Ferdinand en Sarajevo, quien por cierto era un pacifista acérrimo.

Acerca de las guerras, que son la prueba definitiva de la imbecilidad crónica de los seres humanos, ¿sabíais que durante los últimos mil doscientos años Rusia ha sufrido novecientas ochenta guerras?

Ya que antes he mencionado el tema de los campeones deportivos, creo que éstos deberían retirarse dignamente con la corona puesta en vez de hacerlo años más tarde, como ahora el gran Valentino Rossi, partiendo de los últimos puestos en la parrilla de salida.

Los seres humanos demostramos ser unos bárbaros cuando quemamos una biblioteca o destruimos cualquier obra cultural. Umm, de todas formas, quizás será más apropiado decir que cualquiera que destruya algo es un bárbaro.

La diferencia que siento al pasear por una pista, un camino o un sendero diminuto del bosque es parecida a la de conducir por una autopista o por una carreterita comarcal en la que no hay el menor tráfico rodado.

Placeres de la vida simple: fumar un porrito de noche en una calle solitaria bajo las ramas de unos árboles.

Acerca del backgammon: me gusta sobre todo jugar sin que me importe tanto ganar, a pesar de que a veces me molesta perder, pero muchas veces deseo que gane mi rival.

Te diplomarás como viajero cuando consumas el agua y la comida de cada sitio y convivas con la gente local. Te diplomarás como estúpido en cuanto te inmiscuyas negativamente, aunque sólo sea de pensamiento, en las tendencias sexuales de los demás o en si son transexuales. No estoy de acuerdo con ningún centralismo dictatorial, y sobre todo el de la Real Academia de la Lengua, RAE, (a ver cuando será la Academia Republicana de la Lengua): durante los meses que pasé en valencia me gustaron los programas de la televisión local dedicados a las palabras y formas que tomaba el idioma valenciano en distintas comarcas. Igual que miro películas en lenguas que desconozco, me sentí cómodo escuchando un vídeo del que no veía las imágenes, pues me limité a imaginar lo que me describían. Hace años, cuando estuve viviendo unos meses en el Valle Gran Rey de la isla canaria La Gomera, en la radio solamente se sintonizaba el sonido de un canal de televisión y por la noche nos acostábamos a oscuras escuchando las películas que emitían: imaginación y autosuficiencia.

En los programas televisivos de denuncia se demuestra la ruindad de los adoradores del dinero, como en los reportajes de Chicote comprobando qué productos de alimentación son realmente biológicos, o los intermediarios que cambian el etiquetado de algunas frutas y verduras que importan de Marruecos y luego venden como si fuesen españolas.

Decir “sólo cumplo con mi trabajo” resta responsabilidad, pero también resta grandiosidad. Costumbres que nadie trata de cambiar: el ridículo saludo militar, las posiciones antinaturales y poco saludables en las que obligan a permanecer a los soldados, y el puto petate, que, aparte de no ser práctico, es incómodo de transportar.

Acostumbro a dar por terminadas las novelas que escribo cuando una nueva va tomando sitio en mi cabeza. A pesar de gustarme escribir filosofadas, sólo he logrado leer unos pocos ensayos de filosofía, que para mí es tan difícil como hallar un buen maestro que gane mi atención y logre mi comprensión. En Malasia conocí a un norteamericano que tenía el curioso oficio de enseñar a los maestros a ser buenos maestros, y cuando le conté mis nulos resultados escolares me dijo que la culpa no era mía, sino de los mediocres maestros que tuve en aquellos lejanos tiempos.

Debido quizás a que me resulta molesto hallarme metido en un grupo de personas, durante mi vida solamente he asistido a una manifestación: fue en Londres, en el año 1969, y era contra la guerra del Vietnam.

En las novelas y las películas esperamos encontrar pura fantasía, que sean distintas a la vida real. Así que, en general, no triunfan las tramas en las que al final el bueno pierde y le dan por el culo, como sucede frecuentemente en la realidad.

¿Las gradas de los estadios de fútbol son una escuela para convertir a la gente en unas bestias (con perdón de las bestias), o es que van a ellas los que ya lo son?

Siento la misma pena (¿pena?, qué pena, si no vale la pena) ante alguien que no haya conocido el amor, o sea analfabeto, que por los papanatas que no alimentan su imaginación viajando o leyendo novelas de ficción, o que no cuidan de su espiritualidad porque mantienen bloqueada una parte de sí mismos debido a la cobardía. ¿No se os ocurrido pensar nunca que la espiritualidad se halle en esa parte de nuestro maravilloso cerebro que no usamos?

¿Sabíais que una de las teorías de Einstein se basaba en que el Cosmos pudiese ser un ser vivo con el que tendríamos la posibilidad de comunicarnos si reconociéramos su existencia, ya fuese haciendo meditación, rezando o hablándole conscientemente?

La revista científica “Plos One” de San Francisco publicó en el 2016 un estudio, llevado a cabo en Holanda, según el cual tomar una ducha fría mejoraba nuestro sistema inmunitario.

Según otra revista científica, esta británica, las personas más inteligentes tienen una mayor capacidad para adaptarse al entorno y no necesitan mantener tantas relaciones sociales para sentirse bien. ¡Ja, al fin podré afirmar que tengo “algo” de inteligente!

La Academia de Ciencias de Estados Unidos de América publicó el siguiente informe: «Qué hacer con el uso de sustancias que alteran nuestro comportamiento, es una pregunta que a menudo nos hacemos. Reducimos el consumo de tabaco, tratamos de controlar el alcohol y nos prohibimos las que llamamos drogas duras. Uno de los casos más complejos para decidir es el del cannabis y sus derivados. “Cannabis sativa” es una planta relacionada con el cáñamo que ha sido utilizada desde antiguo. El estudio se centra en sus posibles efectos sobre la salud documentados desde 1999, tanto positivos como negativos. Son más de veinte mil documentos de los que los autores consideran significativos unos diez mil. Algunas de las dificultades vienen del centenar de sustancias activas que la planta produce y de las formas diversas de su uso». El informe considera demostrado que los derivados del cannabis pueden ayudar a reducir el dolor y los efectos de los tratamientos contra el cáncer, como los vómitos. No parece que su consumo esté asociado a la aparición del cáncer, como es el caso del tabaco. En cambio, concluye que hay evidencia sustancial en el riesgo de enfermedades mentales como la esquizofrenia y también de sufrir accidentes laborales o de tráfico”.

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba

1400 931 Nando Baba

Nando Baba

Escritor y viajero. No te pierdas las crónicas cósmicas de Nando Baba.

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