Al llegar a Sauraha de noche, las luces del taxi me mostraron unas imágenes entrañablemente domésticas que incluían a los diferentes y aislados vecindarios sentados a oscuras sobre el asfalto de la carretera gozando del aire fresco. Aclararé que me refiero al vecindario humano, y no al de unos animales que son tan distintos a los de las Colinas Kumaon como lo es el decorado en que viven; pues si aquéllos eran peludos, y la topografía, abrupta, los de aquí son por lo general pelones como yo y la tierra es llana como la palma de la mano. Los rinocerontes, los cocodrilos y los elefantes han sustituido a los leopardos, los bisontes y los macacos. El pequeño ciervo ladrador “kakar” también corre por Chitwán, pero los pájaros son de diferentes razas, y en el tamarindo que da sombra a mi cabaña reside una pareja de los que destacan más por su espectacularidad, los “hornbill” (pico-cornudo) gigantes, de los que, si me acuerdo, os incluiré unas imágenes.

Al observar la placidez que muestran los animales cuando les cae encima un buen chaparrón, no me cabe la menor duda de que el dios de la lluvia creó los monzones para ellos. Luna, la yegua de la casa, en invierno escoge por sí misma meterse (a veces…) en la cuadra, mientras que ahora permanece continuamente en el jardín. Para evitar que termine “accidentalmente” en los arrozales familiares, en esta época la mantienen atada a una larga cuerda que da mucho de sí; y ella, al contrario de lo que le sucedería a una cabra o un perro, demuestra su inteligencia equina al no acabar nunca con un palmo de cuerda y un montón de nudos a pesar de la cantidad de árboles y matas entre los que se mueve. Luna continúa teniéndole ojeriza al caballerizo que la cuida amorosamente, y lo ataca en cuanto intenta acercarse a ella. Conmigo mantiene una buena relación porque, como si se tratase del mejor cóctel, le encanta beberse el agua jabonosa de la colada, y se instaló junto a mi porche en cuanto me vio trajinar con el cubo.

Evidentemente, los animales que gozan más de los monzones son los montones de patos domésticos que se mueven libremente por todos lados nadando, jugando y picoteando unos menús que se han multiplicado.

El cambio de domicilio ha comportado asimismo el de la banda sonora, y los chillidos de los macacos y los gritos de los cuatro niños que escuchaba en la casa de Uma han dado paso a los extraños cantos de los “pico-cornudos” y al concierto de los trombones de varas de los elefantes (de los que tengo tres vecinos realmente aventajados).

De todas maneras la diferencia más determinante se halla seguramente en los perros, pues los pendencieros mastines tibetanos de las Colinas Kumaon no podrían ser más distintos a los sonrientes perros callejeros de Sauraha.

Tal como hice anteriormente, para evitarme problemas continuaré dando apodos a los actores que aparezcan en estas crónicas. Por el momento, tengo el placer de presentaros al señor y señora Tolstoi, al amigo Shankar y su atractiva esposa Narmada, y a la simpática Ranjana que administra la casa en que vivo. La aparición en escena de la señora Tolstoi, hermana menor de Narmada, servirá para mostrar lo distinta que es la sociedad matriarcal de los “tharu” si la comparamos con el machismo hinduista de la llanuras indostanas; ya que ella se ha convertido en la señora Tolstoi sin tan siquiera pensar en pasar por la vicaría, y sin que sus familiares o el vecindario se metiesen de por medio. Tal como supondréis si os habéis estado leyendo Talibania, al otro lado de la cercana frontera india el señor y la señora Tolstoi ya habrían sido linchados.

Durante estos últimos seis meses la extrema simplicidad mental de Shankar le llevó de nuevo (había sucedido con anterioridad) a tratar de olvidarse de sus problemas enloqueciendo (ya he aclarado en más de una ocasión que el concepto oriental acerca de la locura es muy distinto al occidental). “Me encontré de pronto en el bazar de Hetauda sin saber cómo había llegado allí. Me estaba peleando con unos y otros, y lo hacía vistiendo solamente unos calzoncillos”. Aunque en la otra ocasión sus correrías duraron meses y le llevaron a la India, donde terminó en un manicomio, esta vez Narmada consiguió localizarle, y lo metió en un centro nepalés del que salió hace poco. No olvidéis juntar a esta información que Shannkar y Narmada tienen cuatro hijos, seis búfalos, una casa y unos empleos, y que ella se hizo cargo de todo. En el pasado Shankar había cambiado varias veces de religión, y ahora recobró el equilibrio mental gracias a una aparición divina en la que vio a Jesús. ¡Ahí estaba la solución! Llamó inmediatamente a su antiguo párroco pidiéndole ayuda, y éste se presentó en su hogar acompañado de otros cristianos para darle la bienvenida como a un hijo pródigo.

En Narmada tengo el ejemplo más exacto de lo que siento por las mujeres, pues a pesar de que cuando sonríe es dolorosamente bella (belleza mongol), si se enfada resulta simplemente terrorífica (¿no será que la sonrisa nació para mostrar la salud de los dientes a una posible pareja?). Una buena prueba de su carácter la dio hace poco al no poder o querer controlar la lengua frente al director de la empresa para la que trabaja; éste, un hombre que se había mostrado comprensivo ante la locura de Shankar y esperó pacientemente su “regreso”, la despidió y, con ello, redujo una tercera parte de los ingresos familiares. Si ella se cruza actualmente con ese director, el pobre hombre evita mirarla para no ver la cara de odio que muestra: lo dicho, terrorífica. Ja. Cuando se lo comenté, me respondió con la más dulce y hechizante de sus sonrisas como si dijese sin palabras, “así está el patio”. Os recordaré que entre Narmada y un servidor se han dado una buena colección de comunicaciones mentales, que ocurren siempre inesperadamente y en medio de una conversación con otra gente, y de las que tengo la constancia porque, invariablemente, y como si saltase una chispa, de pronto nos miramos, nos comprendemos y nos reímos.

Aseguran que en la India mueren diariamente 2.500 personas debido al tabaco; sin embargo no aclaran si tales defunciones se dan en sitios como las Colinas Kumaon o Chitwán, o en burbujas polutas como Delhi o Calcuta.

En Pakistán han inventado un motor que funciona con agua; nada raro si pensamos las muchas veces en que la gasolina de estos países lleva agua. – Insisto: día sí y día no se pegan unos cuantos tiros en la frontera indo-pakistaní; ¿os imagináis que, pongamos por caso, hiciesen los mismo entre España y Portugal, o Estados Unidos y Canadá? ¡Ja!

Conocí a un hombre al que le gustaba ir acompañado de su amado perro a todos lados, y le expulsaron de las Fuerzas Aéreas Indias cuando un día se lo llevó de paseo en su cazabombardero.

Aunque la crisis y la decadencia del sistema de castas halla su mayor exponente en quienes pertenecen a las superiores y en realidad no son útiles para nada, “¡Oiga, que yo soy un caballero!”, la modernidad las ha multiplicado porque, por ejemplo en las Colinas Kumaon donde toda la población pertenece a éstas, si alguien necesita un fontanero, un carpintero o un albañil se ve obligado a descender hasta la llanuras para encontrarlo, y debido a la especialización (de las castas) seguramente deberá pasar por la vergüenza de contratar a un musulmán.

Al hablar con mis amigos de clase alta sonsacándoles datos acerca de la relación con sus parejas, he descubierto algo de gran importancia que os ayudará a “comprender” el trato que dan los indostanos a las mujeres. Debido al sistema matrimonial en el que no entra para nada el amor, (ellos dicen, “Con el tiempo y la convivencia”. “Umm”, digo yo), desconocen totalmente el arte de la seducción. Uno de ellos, a pesar de haberse educado en el extranjero y haber logrado algo tan insólito para un indostano como lo era echar un polvo a los once años (en manos de una desvergonzada adolescente ucraniana), al hablarme de sus relaciones sexuales dejó claro que desconocía totalmente a las mujeres (¡Incluso más que yo!) diciendo: “Ellas quieren que te corras enseguida”.

Yo comparo el hecho de casarse a ciegas (¿o acaso no lo es así al dejarse guiar por los padres, el casamentero y el astrólogo de turno?) con lo que hace la gente al adquirir una vivienda (que pagarán, si pueden, durante el resto de su vida) sin conocer para nada el lugar, el vecindario, las energías, y tampoco cómo se sentirán allí. Lo dicho: lo hacen a ciegas, y luego se quejan.

La satisfacción de la lectura y sus diferentes facetas. Literaria y literalmente hablando, difícilmente podría alcanzar más placer que el que siento al leer al maestro Saramago, en este caso “La Caverna”: ¡Rediós, él sí que era un ESCRITOR! Al mismo tiempo, por aquello de acoplarme al servicio eléctrico, estoy gozando de otro tipo de lectura que, a pesar de no proceder del Olimpo como en el caso anterior, me aporta distracción y cultura por igual; estoy hablando de un libro que, supongo, habrán leído la mayoría de los catalanes; me refiero a “La Catedral del Mar”, del señor Ildefonso Falcones, a quien debo agradecer que me haya ampliado en gran manera los conocimientos que tenía acerca de mí país, y que, deseando compartirlos con el resto de los celtíberos, se lo recomiende a mis amigos.

Al leer que en la poderosa India hay menos camas de hospital (por habitante) que en los países más pobres de África, recordé que, antes de la aparición en escena de Franco el Sanguinario (o sea Paco del Pardo) Barcelona se hallaba en este aspecto al frente de todas las capitales europeas.

De ocurrir un accidente nuclear en la India, la multa que debería pagar la empresa es la misma que se impone por cortar un árbol protegido: 500 rupias (7 €).

Me lo dijo un amigo indostano en medio de una buena borrachera: “Si te sientes solo cuando estás solo, es porque estás mal acompañado” (luego me aclaró que era de Sartre).

En la creatividad y las creencias no se dan más normas que las que tú mismo impongas, y no tienen cabida las de los advenedizos que, de tener creatividad y creencias, se dedicarían a otros quehaceres.

Lo bueno que tienen las competiciones deportivas es que, aunque solamente sea a veces, en ellas ganas los mejores; y ahora os confesaré que, debido a su carrera y comportamiento, yo respeto y admiro mucho a Roger Federer, David Ferrer, y Andrés Iniesta.

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba
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