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La crónica cósmica. El reputado y universalmente conocido humor marciano

La crónica cósmica. El humor marciano
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Debido a vuestra limitada cultura, los terráqueos desconocéis la existencia del reputado y universalmente conocido humor marciano que nos lleva a bromear compulsivamente acerca de todo lo imaginable. Además damos tanto valor a esta saludable habilidad como para que incluso menospreciemos (de forma parecida a cómo lo hacéis vosotros con los analfabetos o los idiotas) a quienes sean incapaces de hacer reír a los otros marcianos. Claro que, para ser totalmente sincero (la sinceridad marciana es asimismo renombraba), he de confesar que no todo el mérito es nuestro, ya que debemos agradecerle a las circunstancias cósmicas el hecho de hallarnos tan cerca de la Tierra y, así, de haber sido testigos a través del tiempo de un imparable caudal de situaciones y hechos cómicos.

Antes de continuar deseo advertiros que, al dedicarnos de tal manera al humor, hemos desarrollado muchas escuelas y tendencias igual que lo hicisteis los terráqueos con la guerra, la mafia y los crímenes, y que algunas se hallan dentro del tipo que vosotros denominaríais como humor negro; de ahí que seamos capaces de desternillarnos al veros torturar, violar, despedazar, quemar y masacrar a vuestros hermanos, e incluso hagamos apuestas intentando adivinar cuál será la próxima barbaridad que llevaréis a acabo amparados por la estupidez. ¡Cómo nos reíamos cuando creíais firmemente ser el centro del Universo y le cortabais la cabeza a quien osase negarlo! ¡Ja! ¡Y lo de que vuestro diminuto planeta era plano! ¡Ja! ¡Demasiado, ¿no?! Un marciano que pensase como vosotros sería el hazmerreír de todo el mundo, y se le consideraría simplemente obtuso al estar ciego ante tan evidente realidad.

Tras convivir estos últimos años con vosotros, mi opinión personal no es muy halagüeña porque, de atenerme solamente a vuestras acciones, a la forma cómo idolatráis el poder y os dejáis guiar por la violencia, debo decir que sois grotescos, cobardes, degenerados y rematadamente imbéciles. ¿O acaso no es esa la manera correcta de definir a alguien que ha inventado y desarrollado la tortura hasta su máxima sofisticación, que usa habitualmente la mentira y el engaño para lograr sus propósitos y ocultar sus temores, y que, alcanzando ya el colmo, está arrasando el vergel que le sustenta a sabiendas del drama que representará para sus descendientes?

Después de residir en el Indostán y en la Selva Negra, y al caer frecuentemente en la tentación de comparar estos lugares con mi Celtiberia natal, no deja de sorprenderme el gran parecido que, a pesar de la distancia, tenemos con los primeros, caso contrario al de los centroeuropeos que se hallan casi al lado. Aunque podría aportaros docenas de similitudes que se dan tanto en el comportamiento social como en las costumbres personales, la más determinante creo que es la de su desvergonzada corrupción política, pues son muy pocos los países en que ésta, la corrupción, galope a sus anchas sin que las denuncias comporten dimisiones o enjuiciamientos.

El placer que siento al convivir con mis amigos se multiplica cuando me dejan solo en su casa, ya que entonces logro el conocimiento comprendido del lugar y, por decirlo de alguna manera (vaya una expresión), de sus energías. Este caso se dará con la vivienda del amigo occitano, quien al visitarnos me hizo una proposición a la que no me pude (o deseé) negar: “Te pagaré el trayecto en tren hasta mi pueblo en el Ardeche, donde pasaremos unos días juntos, y luego, cuando como cada año me vaya una semana al concierto de música “TransGoa” que se celebrará en Hungría, tú te quedarás al cuidado del chiringuito y del perro”. La conexión cósmica será perfecta, pues mis placenteras obligaciones occitanas terminarán en la misma fecha en que empezarán otras parecidas, o sea casita, jardín y perro, aquí, al sur de los Pirineos y cerca del Mediterráneo. Por cierto, que al adquirir el tíquet ferroviario y tardar casi una hora en lograrlo comparé de nuevo Celtiberia con el Indostán al recordar la rapidez con que en el pasado lo hiciera repetidas veces en la Galia y la Selva Negra.

Recientemente el gobierno socialista de París se sacó de la manga una ley con la que alegró el día (y el año) al amigo occitano y demás colegas del gremio de los soldadores al ordenar que se cercasen con vallas metálicas todas las piscinas del país. ¡Ja! ¡La de movidas que organizan! Me pregunto si será otra estrategia para crear empleos, pues también han decidido acortar el horario escolar y, al mandar los críos a casa más temprano obligando a que los padres busquen dónde colocarlos, auspiciarán el nacimiento de nuevas empresas dedicadas al entretenimiento.

Vi otra vez (y muy gustosamente) la película “Shine a Light” que el señor Scorsese dedicara a los Rolling Stones, y se la recomiendo a todos los aficionados a esta música porque tanto la selección de las canciones como los arreglos, los invitados, el escenario y el trabajo de los cámaras no tienen desperdicio.

Hace unos días, mientras charlaba con varios amigos, recordé una anécdota que fue al mismo tiempo cómica y complicada, y ocurrió cuando viajaba de pie en un autobús de Sri Lanka vistiendo solamente un lungui. Pero antes de seguir adelante será mejor aclarar que no llevo tal prenda anudada ni sujeta con un cinturón, y que son muchas las veces en que, al notar que se está aflojando, debo fijarla de nuevo para evitar quedarme en calzoncillos; si se le añade a esta información que necesito usar las dos manos para llevar a cabo tal operación, y que en aquella ocasión me veía obligado a mantenerme agarrado porque aquel autobús daba continuados bandazos para no atropellar a los transeúntes, las vacas y las cabras que ocupaban el asfalto, podréis visualizar las imágenes de la comedia, con un servidor haciendo equilibrios, con una mano en la cintura y la otra en la barra del techo, tratando de no terminar desnudo y por los suelos.

Talibania. Érase una vez un árbitro de fútbol poco paciente y muy colérico que, cuando un jugador se atrevió a discutirle la falta que había pitado, en vez de mostrarle la tarjeta roja lo asesinó a puñaladas, atrocidad que llevó a cabo sin esperar que a continuación se le echaría encima una parte del público y lo descuartizaría. Sé que habrá costado de creer, pero es un hecho real como la vida misma.

Mira lo que pienso

  • Un escritor que viva debidamente el presente necesitará solamente a un único lector (cuyo papel será secundario).
  • De no haberla tenido a ella a mi lado, mi vida habría corrido el peligro de resultar aburrida, porque todo habría ido bien y sido más fácil.
  • No me sabe mal perder las amistades que no aguantan mis verdades.
  • A través de los años he ascendido de categoría, pues antes se me consideraba idiota, mientras que ahora soy disléxico.
  • Si el tenista Andy Murray fuese un perdedor en vez de ser el número uno del tenis mundial, los periódicos patrióticos ingleses no habrían dicho que era británico sino escocés. Es de nuevo el caso del “hemos ganado” o el “han perdido” como sucedió con aquella chica de mi pueblo que dejó de ser inmediatamente una “pobre inmigrante” al convertirse en campeona de atletismo. Umm, los más geniales fueron los austriacos al convencer al mundo de que Beethoven era compatriota suyo y Hitler alemán.
  • Cuando agarro una melopea de cuidado, es por puro vicio, pues ya me siento en la gloria con una sola cerveza.
  • Al ser un marciano terriblemente egoísta, deseo la felicidad de quienes me rodean porque solamente me siento bien así.
  • “No comprendo porqué me considera su amigo si jamás hemos tenido una sola conversación íntima”, dije pocos minutos antes de que este supuesto amigo hiciese aparición en escena y me confesase sus vergüenzas y secretos dejándome alelado y preguntándome si antes me habría escuchado desde lejos.
  • Aunque me siga gustando viajar y ver cosas nuevas, ahora lo hago sin necesitarlo o tratar del alcanzar alguna meta. Oh, sí, claro que me correría de gusto ante la Autora Boreal o paseando bajo el Kilimanjaro, pero también podría suceder que, a pesar de haberme dirigido a tal o cual lugar, me quedase a pocos kilómetros de distancia al enamorarme de cualquier aldea o valle.
  • A pesar de poder hacer plena abstracción de lo que no me gusta, nunca escogería “el menú” (de la vida) que no fuese de mi gusto y, por supuesto, jamás me lo “comería”.
  • Los marcianos escuchamos poco a nuestras emociones, mientras que muchos de los terráqueos cojeáis por el lado contrario al permitir que éstas se impongan a vuestras ideas.
  • Mi larga experiencia no es óbice para que siempre espere lo mejor de la gente, y además crea que actúan guiados por el amor y no tratan de sacar provecho. ¡Ja!

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba
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