La crónica cósmica. Justicia popular

La crónica cósmica. Justicia popular
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LA COSA ESTACIONAL (o lo que altera la primavera).

El microclima subtropical de Chitwán es el responsable de que la habitual locura de la primavera sea aquí más espectacular si cabe. De un día para otro, ¡boom!, empieza el juego del “yo broto, tú brotas, él brota”; “yo nazco, tú naces, él nace”; y, por supuesto, “yo corro, tú corres, él corre”. Corre, corre, que te pillo.

También llegan diariamente nuevos pájaros que, a pesar de que son difíciles de ver, anuncian su presencia con sus cantos. El rey del camuflaje es el irritante pájaro que los británicos apodaron “fiebre mental” (“brain fever”) porque su canto con agudas notas ascendentes te saca de quicio: es comprensible que permanezca oculto, pues, de otra manera, más de uno le pegaría un tiro.

Dejando admirados a los ornitólogos, esta semana aparecieron en los alrededores de Sauraha catorce cigüeñas de una subespecie que se halla en peligro de extinción.
Otra novedad del mismo estilo, aunque no se dio en Chitwán, sino en el Mahabharat Renge, en el distrito de Dadeldura, fue el insólito avistamiento de un tigre a más de dos mil quinientos metros de altitud; un récord del que no se sabe si fue debido a la falta de comida o al aumento de las temperaturas.

De pronto me he visto obligado a prestar más atención dónde pongo los pies si no quiero aplastar al sinfín de coloridos escarabajos, ciempiés, escalopendras, orugas, gusanos y ranas diminutas que van de un lado a otro. Todos los días saco a los despistados que se meten en mi cabaña: a las arañas las dejo dentro porque me caen muy simpáticas y mantengo una buena relación con ellas.

Aunque gracias a las inusuales tormentas monzónicas no estemos sufriendo por el momento el bochorno primaveral que convierte Sauraha en una sauna, las que sí han hecho acto de presencia aprovechando la humedad del suelo son las enojosas sanguijuelas, y es preferible andar por el asfalto y no por las zonas de la jungla cubiertas de hierba: la agradable sensación parecida a un colocón que te provocan al chuparte la sangre sucia de las venas, tiene el inconveniente del goteo sanguinolento que queda cuando se hartan porque, debido al anticoagulante que te inyectan, cuesta mucho que deje de manar.

Otro de los cambios espectaculares se lo debemos al “árbol del algodón”, que en esta época abre sus gruesas vainas y cubre el bosque de blanco como si fuese realmente algodón: es el material ideal para que los picassianos escarabajos escarlata pongan sus huevos y dentro de unas semanas nazcan miles de ellos.

NEPALIDADES

Mientras el gobierno de Katmandú sigue planteándose si se debe legalizar o no la maría, está permitido cultivar cinco plantas para consumo propio. De todos modos, al leer frecuentemente en el “Kathmandu Post” las noticias acerca de los arrestos que se llevan a cabo, da la impresión que no hayan informado a la policía acerca de este circunstancial permiso.

También meten diariamente entre rejas a algunos jugadores de póker y a maestros escolares pedófilos. Una prueba de que los políticos corruptos no reciben el mismo trato, estuvo en el vergonzoso número que se montó hace poco un ministro del gobierno maoísta, quien fue filmado mientras regateaba la comisión que se metería en el bolsillo a cambio de conceder ciertos permisos: el muy cabrón ni tan siquiera dimitió. ¡Ja, ya he dicho otras veces que el Nepal y la India se parecen mucho a España!
Pero el mal funcionamiento de este país no se debe solamente a la corrupción, sino, sobre todo, al descontrol que reina por doquier. Supongo que recordáis el Gran Terremoto que asoló Nepal hace cinco años, ¿verdad? Resulta que una parte de la ayuda internacional que se recibió (mantas, sacos de dormir, colchonetas y tiendas de campaña) se está pudriendo en diferentes almacenes debido a la humedad o las ratas sin que nadie se haya preocupado de repartirla.

Otra faceta del caos imperante: diariamente son quemados o destruidos diferentes vehículos, excavadoras y equipamientos destinados a la construcción de unas carreteras a las que se oponen algunas fracciones extremistas del partido maoísta que no están de acuerdo con los dictados de sus colegas del gobierno.

Con harta frecuencia los mandamases políticos dictan unas leyes o reparten unas órdenes sin que, en mi opinión, se planteen cómo se cumplirán o las repercusiones que tendrán. Un ejemplo: la policía recorrió las aldeas del país destruyendo más de ocho mil “chau” destinados al “chhaupadi”, o sea los infernales cobertizos en que encierran a las mujeres “impuras” durante los días en que tienen la regla. Y ahora ¿qué? ¿Acaso creen que al hacerlo habrán terminado con esa primitiva superstición y no las expulsarán igualmente de las casas, aunque no tengan dónde meterse?

Más de lo mismo: los “dalits”, antes llamados intocables, continúan padeciendo el ostracismo de las demás castas y los niños incluso tienen problemas para asistir a la escuela: «¡Tú, “dalit” de mierda, siéntate en el suelo y mantente lejos de los chicos puros!». Debido a esa segregación, claro, no se pueden dedicar al comercio, y si van de compras tienen que ingeniárselas para no entrar en contacto con la otra gente.

Justicia popular: un camión atropelló y mató a dos personas en la ciudad nepalesa de Biratnagar y, tal como sucede habitualmente aquí y en la India, el populacho quemó el vehículo. Al chófer no lo incineraron porque, al saber ya cómo funcionaban las cosas, salió por piernas sin despedirse.

Entre los miles de jóvenes emigrantes nepaleses que curraban en Malasia, Arabia y Catar hasta que apareció en escena el coronavirus, morían diariamente varios a causa de unos problemas cardíacos de los que nadie sabía la razón.

CIFRAS PANDÉMICAS

El número de emigrantes nepaleses que se hallan en el extranjero y se han quedado sin curro, o tan siquiera sin visado, suma más de 127.000, y esperan ser repatriados.

343 nepaleses que residían en la India y, tras muchos sinsabores, consiguieron llegar a pie al puesto fronterizo de Kapilvastu, se encontraron con la frontera clausurada, y ahora se hallan en tierra de nadie. En el puesto fronterizo de Bara le sucedió lo mismo a un centenar de ellos, y la policía nepalesa disparó al aire cuando trataban de cruzarlo.
3.000 hoteles del Nepal han cerrado sus puertas y mandado a casa sin cobrar indemnización alguna a más de 300.000 empleados.

El confinamiento ha provocado el aumento de las agresiones sexuales: en la Provincia 5 hubo veinte violaciones en los primeros veintiséis días.

Contraer el puto coronavirus e, incluso, morir me atemoriza menos que la posibilidad de ser confinado en alguno de los centros de cuarentena nepaleses en los que la higiene, el espacio, el agua corriente y hasta las camas brillan por su ausencia: el “Kathmandu Post” publicó un reportaje que incluía fotos. Así que no me ha sorprendido que diecinueve indios se fugasen del hospital de Saptari en el que permanecían aislados.
El primer día en que se relajó el confinamiento en la India y se abrieron algunos comercios, frente a las tiendas de licor de Delhi se formaron colas kilométricas y la policía solucionó tal inconveniente repartiendo palos a diestro y siniestro: “¡Bambú prasat!”.

MIRA LO QUE PIENSO

Al estar obligados a permanecer enclaustrados en casa debido a la pandemia, ¿os habéis planteado cómo ha de ser la vida de los pájaros que mantenéis continuamente encerrados en una jaula, los peces que se aburren en una pecera, los gatos parecidos a almohadones o los perros atados con una correa que han de andar a vuestro ritmo sin tener jamás la opción de correr alocadamente? “Ayer fui al zoológico con los niños y les gustó mucho ver animales inocentes condenados a cadena perpetua”. “¡Ah, pues yo llevé a los míos al circo para que contemplasen como torturaban a unos leones!”.

Todo lo artificial anula lo natural y el GPS os dejará sin el don de la orientación.

Ayer le dije a mi joven amiga de Kazajstán: “El placer que siento en una reunión social disminuye según aumenta el número de sus asistentes. Y lo mejor es cuando solamente hay uno, o sea yo”.

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba

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