La crónica cósmica. La casa de Normandía

Hoy estoy de un eufórico subido, creo que ya he despertado cantando y he saltado de la cama bailando. Si me resulto insoportable a mí mismo, no quiero ni imaginar cómo me sufrirán los demás. Mi biografía podría titularse como la novela de Vikram Seth “La música constante”, ya que puedo improvisar una canción y su ritmo a partir simplemente de un cartel en que conste, “Fermer la porte”.

Dando un gran rodeo que nos lleve al título que he dado a esta crónica, empezaré hablando de mi abuelo materno, que era valenciano y luchó en la Guerra de Cuba cuando los “insurgentes” (¡ja!) expulsaron de su tierra a los últimos representantes del decadente Imperio Español. Aunque al principio se plantearon la posibilidad de celebrar un referéndum (¡Ja!), al fin decidieron que difícilmente les daría el resultado deseado y se inclinaron por el uso de las armas ayudados por el ejército norteamericano. Hace unos años escribí una novela acerca de ese abuelo, que terminó siendo ficción en un noventa por ciento (creo que se titulaba “Circunstancial”); caso contrario a la que está escribiendo actualmente el segundo de mis hermanos acerca del mismo personaje, que incluso ha recabado datos del Archivo General Militar de Segovia.

Continuando con nuestro rodeo, ahora llegaremos al abuelo paterno, del que no os expliqué nada con anterioridad. Éste también vivió en el Siglo XIX como el materno, pero se dedicó a la menos arriesgada profesión de comerciante de caballos y carruajes, que le permitía ir de feria en feria y de juerga en juerga amargando a su esposa, que siempre aparece en las fotos con cara de mala leche. Otro negocio de este abuelo fue crear el primer transporte público de mi pueblo, una especie de diligencia que recorría la calle principal hasta la estación de los ferrocarriles; le dieron el nombre de tranvía de caballos a pesar de que no iba por una vía y las que tiraban de ella era dos mulas. Mí padre, que solamente fue a la escuela de Pascuas a Ramos, se encargaba de cobrar los tiques a los pasajeros y aprovechaba para venderles unos cigarrillos que él mismo liaba, pero que jamás fumaba.

La Sabadellense

Finalizaré este rodeo saltando desde mi pueblo a París, donde, curiosidades de la vida, un caballero que terminaría siendo el tatarabuelo de la novia del amigo occitano fundó, en aquellos mismos años, una empresa de transportes que, como sería de suponer, funcionaba con carros y caballos a los que conducían unos carreteros. El negocio funcionó de maravilla y él acabó siendo suficiente rico para comprarse en una finca con vistas al mar y edificar una mansión en la espectacular costa de Normandía, en la que acostumbraban pasar las vacaciones las familias ilustres de París. Años más tarde, cuando un tipo desquiciado y acomplejado llamado Adolf Hitler quiso adueñarse del mundo y de sus gentes desatando la Segunda Guerra Mundial, sus soldados demolieron parte de susodicha mansión para construir defensas en la playa que hay por debajo de ella.

Normandía

Tras concluir aquella sangrienta contienda en la que, por culpa sobre todo de las hordas fascistas de diferentes países, murieron muchos más civiles que militares, los alemanes se vieron obligados a indemnizar a la familia de la novia del amigo occitano, y ésta pudo reedificar la casa, aunque dándole un menor tamaño. Por la foto que adjunto, que fue tomada desde esa vivienda, podréis advertir el aspecto parecido que tienen los acantilados de Normandía con los de Dover, en Inglaterra, a pesar de que éstos se hallan mucho más al norte, frente a Calais: es una prueba más de los movimientos continentales que millones de años antes separaron Gran Bretaña de las costas francesas, igual que la Península Ibérica lo hizo del norte de África, el Subcontinente Indio de la costa oriental africana marchando hacia Asia, y Sudamérica alejándose de la occidental africana.

Si os voy a ser sincero (sé sincera, sinceridad), aparte de la información acerca de los movimientos del Subcontinente Indio, lo demás no me he molestado en comprobarlo y ya espero que mi metódico segundo hermano lo haga y me corrija: “Chaval, la has vuelto a cagar”. Terminaré estas explicaciones acerca de la finca que forma parte de la historia familiar de la novia del amigo occitano añadiendo que el acantilado que tiene enfrente se viene paulatinamente abajo y en el futuro se la llevará con él; o sea que no se podría vender a menos que el comprador fuese ciego, tonto o masoquista.

FAUNÓPOLIS – Los perros y los animales en general son extremadamente emocionales, e imagino que, debido a la corta duración de sus vidas, cada momento de tristeza o alegría se podría multiplicar por diez si los comparamos con los nuestros, los de los seres humanos, que en muchas ocasiones vamos cortos de humanidad. Como los propietarios españoles de una perrita de la que, tras convivir con ellos durante nueve años, se deshicieron de ella entregándola a una de esas supuestas protectoras de animales, que en realidad son unos campos de exterminio porque, de no ser adoptados, los asesinan a las pocas semanas (a la mierda con lo de “sacrificar”); la pobre se salvó por los pelos gracias a la intervención de una ONG alemana que, tras rescatarla, la entregó a mi esposa, alemana (sí, todavía seguimos casados a pesar de no habernos visto las caras desde hace once años), que ahora ya tiene nueve perros (y no sé cuantos gatos). Los amigos valencianos también adoptaron a una perrita setter que encontraron perdida por el bosque, y ella, como todos los perros que se han quedado sin hogar, les muerta su agradecimiento haciéndoles mil carantoñas.

Ziggy, el pastor australiano que sus propietarios dejaron a nuestro cuidado mientras iban de vacaciones a Italia, estuvo triste un par de días; pero después, gracias a la compañía de la perra Chana, empezó a sonreír de nuevo y nos dio la impresión que había olvidado a sus amos. Hasta ayer, que regresaron y no dejó de pegar brincos de alegría a pesar de que viven en un piso parisino y no tendrá la mínima opción de jugar por un denso jardín como el nuestro persiguiendo a las urracas que bajan a comer ciruelas. Chana, como sería de esperar, entristeció evidentemente al perder a su joven amigo de correrías, con el que iba diariamente al bosque y, si nos olvidábamos de llevarlos, ambos nos vendrían a buscar trayendo sus correas en la boca: ¡Ja!

En la finca en que estuve residiendo a las afueras de mi pueblo antes de venir a la casa del amigo occitano en Le Teil, había unas tortugas que demostraban ser nómadas intentando fugarse del terrario en que vivían; lo hacían ayudándose las unas a las otras escalando por la verja de alambre que las encerraba. Cuando terminaban cayendo de espaldas y quedaban de panza arriba, las otras también les echaban una mano para que, en tan mala posición, no acabasen muriendo.

Cada vez que veo dos gatos andando uno al lado del otro recuerdo a los cuatro guepardos hermanos que cazaban juntos en el “Parque Nacional Masai Mara” de Kenia.

¿Sabíais que la organización social de los delfines es matriarcal y que cada uno tiene su propio nombre, con el que le llamarán los demás?
Las ideas geniales de los animales para evolucionar y sobrevivir, como las de ciertos búhos que llevan serpientes insectívoras a sus nidos para que las mantengan limpias y eviten que mueran muchos de sus polluelos, ¿les caen del cielo como las de todos los genios?

Recuerdos nepaleses de Sauraha: Una yegua pastando libremente por la pradera acompañada de su potrillo mientras eran observados por una docena de espectaculares pavos reales. La diminuta perrita negra a la que bauticé con el nombre de Minimini cuidando amorosamente a los siete cachorros que acababa de parir. Mis amigos locales lavándola con el champú especial contra las garrapatas que les había entregado el canadiense Michael de la ONG “Stand Up 4 Elephants”, pero haciéndolo con el habitual asco que sienten hacia los animales (a menos que sea una vaca) y sin conseguir resultado alguno, hasta que me metí en ello usando más agua, enjabonándole la entrepierna y restregándola a conciencia: rasca, rasca, rasca.

Ya que menciono a las vacas, en el Nepal hay miles de ellas que se extraviaron y viven a su aire. Un campesino de Khadak tuvo la genial idea de proteger sus trigales con cables eléctricos; y un elefante murió electrocutado al tocarlos. Poco después apareció un búfalo salvaje en el mismo lugar que, tras recibir una descarga sin que le afectase en demasiado, cogió tal cabreo que mandó por los suelos toda la instalación con sus grandes cuernos. En la pensión que yo resido habitualmente en Sauraha había tres perros que un día acorralaron a un ratón de campo, pero el roedor se libró de ellos y les dio esquinazo pegando un salto vertical de más de un metro.

MIRA LO QUE PIENSO

  • ¿Existe ya un blog llamado www.desastreecológico.com? ¿Soy el único que piensa que somos como aquellos aristócratas decadentes que dilapidaban su fortuna e iban hacia el precipicio sin cambiar sus malos hábitos? Sólo sufro por los animales y las plantas.
  • El gran Luís Tosar hablando de su tristeza crónica en la película “Mientras duermes”: “Lo único que me alivia es que los demás tampoco sean felices”.
  • A mi personalidad observadora no se le pasa por alto la sorpresa que muestra la gente ante mis lapsus de memoria. Me resulta muy interesante comparar éstos con la velocidad mental instantánea cuando juego a backgammon. También lo es “el ahora y el después”, como la “excitación” de perder paulatinamente la vista.
  • Hay una buena amistad entre dos personas cuando el silencio entre ellas es confortable y no violento.
  • La opinión generalizada de la sociedad acerca de los “malos” hábitos de los demás me confirma que sois rebaño.
  • Un buen ejemplo para explicar mi amor por sitios como la India y el Nepal son los dos locos de Konarak, que vivían libremente siendo alimentados y sin que nadie se metiese con ellos.
  • El mayor de mis hermanos me hizo una pregunta muy inteligente: “Después de convivir tantos años con mujeres indias y nepalesas que iban cubiertas desde el cuello hasta los tobillos, ¿cómo llevas lo de encontrarte de pronto aquí en Europa entre las que van tranquilamente desnudas en la playa?”.

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba

1400 933 Nando Baba

Nando Baba

Escritor y viajero. No te pierdas las crónicas cósmicas de Nando Baba.

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