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La crónica cósmica. ¡Maldita sea!, taco que les ha encantado

La crónica cósmica. ¡Maldita sea!, taco que les ha encantado
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OBERTURA. “¡¿Cómo?!”, he exclamado hace un ratito al enterarme que hoy era sábado y no viernes, y, así, que por una vez esta crónica no os llegaría con la puntualidad británica habitual. Entonces, cuando estaba preguntándome si este despiste se debería a mi creciente senilidad o a la amnesia crónica, he recordado (a veces lo hago…) que en el pasado, y en los marchosos años ochenta, llegaron a “desaparecer” varias semanas: “¡¿Mayo?, pero si creía que estábamos a finales de marzo!”.

Comprenderéis mejor tal hecho si tratáis de visualizar cómo sería vivir continuamente sin obligaciones laborales o sociales, y tampoco periódicos, relojes, ni horarios, cámaras fotográficas, semáforos, pasos cebra, “Corre, corre que ya empieza la serie”, “¿Te has tomado la pastilla?, o el puto automóvil que debas aparcar y cuidar; es así porque este cóctel provoca una burbuja capaz de contener seis meses en los que el transcurso del tiempo no está marcado en minutos y flotas sobre un presente en el que los días se componen de dos momentos maravillosos, el amanecer y la puesta del Sol. Vaya con el rollo que llevo hoy, ¿no? Y, peor todavía, seguramente ya os había soltado estas tonterías en otras ocasiones, fallo del que me excusa esa corta memoria y mi exagerada imaginación. “¿Lo hice o no lo hice? Umm”.

DESPUÉS DEL TERREMOTO. Tras esta “interesante” introducción tengo el placer de comunicaros que ya llevamos varios días sin sufrir sacudidas, y que el último día realmente movido fue el sábado anterior, con ocho de ellas (una fue de 5.5). Poco a poco el “Kathmandu Post” se va animando a dar alguna noticia que no esté relacionada con el que ya han bautizado como “El Gran Terremoto” (pero sigue sin aparecer la tira de “Garfield” como si, debido al luto nacional, fuese pecado sonreír), y yo, antes de hacer lo mismo, os aportaré unos datos más.

Varias toneladas de comida de la ayuda internacional se están pudriendo en diferentes almacenes debido al descontrol gubernamental. En las partes del Himalaya cercanas a la frontera tibetana se derrumbaron docenas de antiguos monasterios budistas y murieron más de doscientos lamas. Los muros de varias cárceles que están abarrotadas de presos se han cubierto de grietas y corren el riesgo de terminar igual. En Katmandú hay un albañil muy respetado al que la población apoda “El Ingeniero” porque los terremotos no lograron echar abajo ninguna de las ciento cincuenta casas que diseñó y construyó (supongo que sin permiso de obras…).

Hace un par de días la naturaleza vapuleó Sauraha de otra manera, exactamente con una espectacular tormenta que se llevó por delante un montón de árboles, entre ellos un eucaliptos inmenso que había junto al Templo de Shiva; los maizales quedaron como si hubiese pasado una apisonadora (los de Shankar ya habían sido arrasados con anterioridad por una manada de jabalíes), caso contrario al de los arrozales, que estaban tan encantados de la vida como los patos (os recuerdo que a Sauraha también se la podría llamar “Patolandia”).

INFORMACIÓN CULTURAL

  • Me enorgullezco de haber aportado algunas palabras al variopinto lenguaje que se habla en la casa de Shankar, con los dos idiomas de sus diferentes castas, más el nepalés, el hindi (gracias a la tele), y el inglés sazonado de palabras alemanas y rusas; una de ellas, o mejor dicho dos, son castellanas, “¡Maldita sea!”, taco que les ha encantado y me río al oír como lo usan a destajo, mientras que las otras son de cosecha propia; ahí van, pero no os asustéis: “Achapuy” y “Pichurrina”; la primera, evidentemente, es el apelativo adecuado para un cachorro, y la segunda la uso con una niña de un año, que es la cosa más dulce del mundo, a la cual toda la familia le dedica tanta atención como para no darle opción a poner los pies en el suelo (ahora ya la llaman todos Pichurrina).
  • Ayer estuvimos charlando con Shankar acerca de “las bodas concertadas” y “las parejas de amor” como la suya y la de su cuñado, que serían unos casos insólitos e inimaginables en la mayor parte de la India; pero no creáis que hablásemos de esto porque nos sintiésemos románticos o nostálgicos, sino que lo hicimos al ver pasar a la joven esposa de un vecino (al que sus padres habían organizado la boda) que tenía cara de cangrejo, boca de conejo y cuerpo de gallina. Si ya me resulta difícil soportar la compañía de una persona a quien no quiera, ¿cómo sería pasar el resto de mi vida junto a alguien que me daría miedo? Al lado de los anteriores vive una chica de diecisiete años a la que casaron con un hombre de cincuenta y siete. La memoria de larga distancia me recuerda ahora a una novia de mi juventud encantadora que solamente tenía un pequeño defecto: ¡Cuando le venía la regla olía mil demonios! Os confieso niños y niñas que, de no hallarse de por medio la ceguera del amor, prefiero la fiel y tranquila relación de los animales.
  • Se han comprado una bicicleta nueva y, tal como hacen habitualmente (ya sea con un colchón o un sofá), la están usando sin quitarle la mayor parte del embalaje.
  • Les conté que en Alemania había residencias gubernamentales especialmente diseñadas para los ciegos (edificadas siempre en lugares muy bonitos…), y ellos me dijeron que en “Thari Bazar” (a seis kilómetros) hay un hostal y una escuela para ciegos que tiene una de las mejores bibliotecas del país (y no precisamente en Braille…).
  • Todos los días veo a dos niñas de diez años que, a pesar de no ser parientes, mantienen una relación parecida a la de unas hermanas porque mamaron juntas de la misma madre y se sienten completamente unidas.
  • A un cura católico le sorprenderá tanto que los devotos de Shiva fumen maría en sus templos como a un brahmán que los súbditos del Vaticano beban vino en la iglesia.
  • María a cuatro bandas: Al enterarse el amigo “A” que yo no tenía maría e iba a visitar al amigo “B” que se hallaba en la misma situación, me entregó la mitad de la que le había regalado un vecino pidiéndome que se la diese al otro; pero éste, aparte de liarse un porrito, quiso que me llevase el resto “para mañana”, y lo que hice fue devolvérsela al día siguiente al amigo “A”, con quien terminamos fumándonosla. Entre otras bondades de esta planta que usan como medicina natural para diferentes enfermedades, los nepaleses aseguran que al fumarla dejas de sudar como lo habéis hecho en la Península Ibérica gracias a la ola de calor sahariano: Para poder dormir en Sauraha ya es imprescindible mantener el ventilador en marcha toda la noche, y ayer las temperaturas alcanzaron los 42º.

FAUNÓPOLIS

  • Casi cada día dedico un rato a contemplar los ciervos y los pavos reales que se acercan a la orilla contraria del río para abrevar; aunque con la luz incierta del atardecer a veces resulta difícil saber de qué animales se trata, por la mañana sucede lo contrario, y hoy he visto con total claridad cómo se colaba de por medio un cocodrilo que ha salido disparado del agua para zamparse a un pato despistado en la misma parte que las mujeres usan para cruzar el cauce.
  • Ayer un campesino hizo realidad el deseo de morir en su cama mientras dormía, lo que no entraba en ese sueño era el elefante que tumbó el muro y le aplastó sin darle tiempo a decir “¡Ay!”. Otro hombre tuvo un fin parecido cuando esperaba el autobús en una carretera solitaria y los que llegaron fueron cuatro elefantes.
  • A pesar de saber que la “hierba de elefante” podía alcanzar una altura impresionante, sólo comprendí hasta qué punto era así al mirar la foto de un gran elefante que junto a ella parecía una hormiga bajo el césped.
  • No debería haberme sorprendido ver a un elefante doméstico que usaba una manguera para ducharse y beber.
  • El travieso bebé de elefante que hace tres años pesaba ciento treinta kilos y acudía a mis llamadas como un perrito, ahora ya tiene la altura de un caballo y la corpulencia de un toro, pero continúa acercándose para que le rasque entre los ojos.
  • Han nacido los escarabajos encarnados (los hay a millones), y al andar por el bosque voy dando saltos para evitar pisarles. Tras recorrer uno de los diminutos senderos hago limpieza personal quitándome de encima a los bichos de todo tipo que termino llevando conmigo.
  • Han acabado de hacer el censo de los rinocerontes, de los que han contado 645, o sea 111 más que en el 2011.
  • Cronometré el tiempo que pasaba un pájaro pescando bajo el agua, 30 segundos.
  • La fobia que le provocaban las serpientes aumentó considerablemente cuando encontró a una pitón de cuatro metros bajo la cama.
  • Las tortugas “Olive Ridley” también se meten muchas veces en las casas de los pescadores de Orissa, pero a éstas las tratan de maravilla porque son un avatar del dios Vishnu.
  • En Sudáfrica, y en el año 1880, había un primate babún que trabajaba como guardabarreras.
  • ¿Se ha comprobado la actividad mental y el poder olfativo y auditivo de los insectos? ¿Quién dice que los microbios no piensan ni tienen entre ellos a un Einstein (señor que, por cierto, se pasaba el día pegado adictivamente a la ruleta)? –

MIRA LO QUE PIENSO

  • “Durante los viajes nuestro sistema emocional tiende a exagerar, y provoca que exploten el amor, la amistad o la animosidad”, de la novela “Smilla´s Sense of Snow” de Peter Hoeg.
  • Cuando le dije que era una persona especial, él sonrió muy satisfecho; pero dejó de hacerlo al aclararle que era especialmente gilipollas.

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba
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