La crónica cósmica. Mejor, imposible

Estoy haciendo el equipaje y mañana, después de recibir la segunda dosis de la vacuna Pfizer, si el test de antígenos sale negativo y las autoridades me lo permiten, voy a cambiar de país. En estos casos me gusta reflexionar como si me dispusiese a emigrar a otra galaxia sin tique de regreso. Antes de la pandemia viajaba exclusivamente a sitios que fuesen de mi gusto, pero ahora, afortunadamente, sigo haciéndolo así a pesar de que son las circunstancias las que se encargan de escoger mis destinos. Al juntarse esto con mi avanzada edad y que, además, me siento totalmente satisfecho con lo que he hecho durante mi vida, no sufro la menor ansiedad ni me paso el día mirando las noticias esperando que se abran las fronteras: no quiero ni imaginar cómo reaccionaría si tuviese veinte años.

Como hago siempre, me he adaptado a la nueva situación (igual que han hecho los amigos valencianos o los maños), y aparte de seguir sin tener altibajos emocionales, estoy totalmente dedicado a gozar del presente. Como ayer, cuando después de regar el jardín y las tortugas contemplaba la puesta de sol desde el porche tomando un cubata, me decía: mejor, imposible.

La crónica cósmica. Mejor, imposible

Hace unos días cené con el mayor de mis hermanos, que tiene trece años más que yo, pero tiene marcha para rato y desea hacer todavía muchas cosas, y le dejé asombrado cuando le comenté que a mí me gustaban las fiestas cortas y no quería vivir mucho más porque ya he hecho cuanto deseaba.

En mi evolución personal, mientras enterraba definitivamente al juez y al criticón que todos llevamos dentro, he continuado ejercitándome en la sabiduría de la tolerancia hasta poder sonreír con indiferencia al encontrarme con unas ruidosas motocicletas todoterreno cuando paseo por el bosque, o cuando una camioneta recorre esta tranquila zona residencial anunciando atronadoramente por los altavoces, “¡Soy el chatarrero!”. Al hablar de ese tema con un fascista, me espetó que la tolerancia era sinónimo de cobardía; recordé que, de forma parecida, cuando hablé sobre humildad con unos alemanes, la confundieron con la humillación.

Mi última reflexión tiene que ver con la dramática situación actual de Cataluña y la quinta ola de la covid-19, que se ha salido de madre por culpa de los miles de irresponsables que se han juntado en fiestas multitudinarias como si no hubiesen aprendido nada durante el año y medio anterior: me pregunto qué opinarán de esto en el resto de Europa. También me planteo si habrá cambiado de forma de pensar el setenta y pico por ciento de infectados de cierto hospital cordobés que hasta ahora eran “negacionistas”: ¿seguirán siéndolo?

FAUNÓPOLIS

En la revista “El País Semanal”, y en la sección en que el autor Juan José Millás escribe un artículo inspirándose en una foto, la semana anterior aparecía una en que se veía desde el aire a siete elefantes asiáticos durmiendo apaciblemente acostados. Alguien me contó que eran de la China y se habían hecho muy populares porque han estado emigrando constantemente y ya habían recorrido más de trescientos kilómetros. Os hablo de ellos porque el comentario de Millás era acerca de sí mismo y de lo que significaba dormir acostado de un lado u otro. Deseo aclararle al escritor que los elefantes, durante la noche, han de cambiar de posición varias veces para evitar que su gran peso dañe algunos órganos. Lo comprobé repetidamente en Sauraha recorriendo los corrales de los elefantes domésticos. Por cierto, que según me han informado desde esa población mis amigos de la ONG “Stan Up 4 Elephants” que cuidan de la elefanta Eva, le han conseguido una compañera llamada Lamo: ¡Bien!

En uno de los recorridos que hago por los bosques de estos alrededores existe una auténtica autopista para hormigas; es perfectamente visible debido a su anchura y limpieza, se alarga cientos de metros y tiene continuamente mucho tráfico. Son unas hormigas grandotas que parecen ir cada una a su aire, y no en fila india, mientras transportan semillas de todo tipo.

Al ver la atemorizada reacción de los perros y los gatos cuando oyen explosiones de petardos, doy por sentado que a los animales salvajes les debe de sentar incluso peor: ¿las confundirán con las detonaciones de las escopetas de los cazadores? Mic, el perro de esta casa que normalmente prefiere dormir en el jardín, entra y se mete bajo la cama en cuanto oye un solo petardo. Curiosamente, los gatos Sushi y Gris se quedan tan panchos, y no es precisamente porque sean sordos, pues la otra noche escuchaban plácidamente la alegre música sudamericana que llegaba desde otra casa del vecindario. Gris también es un gato insólito en otro aspecto: nos acompaña cuando salgo a pasear con Mic y hace carreras con él.

Los gatos, que han formado parte de la evolución de los seres humanos como los perros, desarrollaron el olfato dentro de las casas. En cuanto al vocabulario, antes sólo usaban el miau entre la madre y sus cachorros, o, con otro tono, en las peleas; mientras que posteriormente aprendieron a maullar a toda hora para comunicarse con nosotros.

Mi anfitriona, que cuida de todo el mundo como también lo hace su amorosa madre, adoptó a una pequeña golondrina que habría caído de algún nido y, a falta de insectos, la alimentó con pizcas de hamburguesa. Cuando se fue desarrollando, pero antes de empezar a volar, la llevaba sobre su hombro. También cuida de los demás pájaros poniéndoles una bañera para que se refresquen y beban. Un verano mi mujer hizo asimismo una buena obra parecida con una pollita de jilguero que todavía no tenía plumas y se asaba sobre el asfalto de la calle: le preparó una mezcla de comida pastosa que le ponía en el pico con un palillo; más tarde, cuando ya empezó a volar, el pajarillo se posaba sobre su cabeza y jugaba a hacer nidos con su pelo.

Antes he mencionado que cuando regaba las plantas también duchaba a las tortugas que viven en un terrario que hay en el jardín de esta casa; ahora añadiré que les encanta el agua, pues pasan instantáneamente de estar medio aletargadas a trajinar de un lado a otro. Si una de ellas cae de espaldas, es muy interesante ver como las otras le echan una mano empujándola para que se ponga de nuevo en pie. Lo de terminar panza para arriba se debe a los intentos de fuga, que no siempre fracasan, pues recientemente desapareció una a la que no hemos vuelto a ver. Supongo que habréis oído hablar de la extraordinaria longevidad de las tortugas; el mejor ejemplo de ello es una tortuga adulta que Darwin cazó y trajo a Inglaterra en el año 1836 y que falleció en un zoológico de Australia en el 2007.

En España se ha empezado a vacunar al ganado con Diclofenaco, el maldito fármaco que acabó con los buitres de la India.

En el Nepal se ha llevado a cabo el nuevo censo de los rinocerontes, de los que se calcula que hay 752, mientras que en el 2011 solamente sumaban 539 y en 2015, 645. Valga aclarar que la gran mayoría se halla en el Parque Nacional de Chitwán.

Los patos son monógamos y durante mucho tiempo se ha creído que los machos viudos morían de pena, cuando en realidad fallecen de hambre porque la hembra se encarga de alimentarlos durante toda la vida como lo hacía su madre, y no saben valerse por sí mismos.

Según un artículo de “eldiario.es”, durante el año 2019 se abandonaron en España 183.103 perros y 123.403 gatos. ¡Qué vergüenza!

Estuve viendo el reportaje “Mi Maestro el Pulpo” y me admiró la sublime inteligencia de ese octópodo cuando sale del agua al ser perseguido con las peores intenciones por un pez gato y permanece sobre una roca, o cuando se camufla con conchas, o cuando se envuelve con hojas del bosque submarino.

MIRA LO QUE PIENSO

La canción “Amigos para Siempre” sería la adecuada para definir mi relación con mi amigo Pere Massagué. Anteayer estuvimos charlando un buen rato como si nos hubiésemos visto el día anterior, a pesar de que hacía casi siete años que no lo hacíamos. Nuestra amistad, que nació hace cincuenta y cinco años, sobrevivió a varias crisis en las que nos mandamos a paseo, y se robusteció cuando iniciamos en 1980 el programa radiofónico “Xocolata Express”, que él sigue emitiendo.

Qué agradable y qué buenas energías me aporta echar una mano a los demás: no olvido la vez en que lo hice: ¡JA!

Me gustan los países multirraciales como Malasia, con sus barrios indios y, sobre todo, los chinos de Kuala Lumpur, Kuala Terengganu o Malaca.

Donde solamente hace poco frío, siempre pasas un poco de frío; pero no es así donde hace mucho frío, porque si no morirías de frío.

Qué gran placer siento al compartir con otra persona una novela que ya he leído o estoy leyendo: ¿dónde estás ahora?

Existen dos tipos de gente, la que va repartiendo buen rollo y la que reparte mal rollo, ya sea con hechos, opiniones o los tipos de conversación.

A muchos rebeldes les cuesta aceptar que sus vástagos se rebelen contra su propia causa: somos una reacción, unos como borregos y otros buscando el cambio. Entre éstos están los hijos de los hippies convirtiéndose en cabezas rapadas, o los de los agitanados en pijos, o los de los comunistas en fascistas (le ha sucedido a una izquierdista como Almudena Grandes).

En el número 167 de la revista “Cáñamo” hay un artículo acerca de un hombre llamado Miguel Cárdenas que reside en el Amazonas, en la zona selvática de “Las Tres Fronteras” (donde se juntan las de Colombia, Brasil y Perú: estuve allí en el año 1988). Este indómito caballero, que asegura haberse curado de la epilepsia tomando la muy alucinógena ayahuasca, dice: “La gente de las ciudades no es gente, es un parásito multiplicado que carcome la Tierra, y está destinado a desaparecer”.

En la misma revista “Cáñamo” aparecía un anuncio publicitario de “Kaya Grow Shops” en el que constaba: “Si quieres ser feliz un día, emborráchate, si quieres ser feliz un mes, cómprate un coche nuevo, si quieres ser feliz un año, cásate, pero si quieres ser feliz toda la vida cultiva una huerta”.

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba
1400 933 Nando Baba

Nando Baba

Escritor y viajero. No te pierdas las crónicas cósmicas de Nando Baba.

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