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La crónica cósmica. ¡Mucha policía poca diversión, un error, un error!

La crónica cósmica. ¡Mucha policía poca diversión, un error, un error!
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¡QUÉ CALOR! “Abuelo, ¿qué es el calentamiento global?”, pregunta un niño del estado indio de Andhra Pradesh cuyo padre se ahorcó hace un par de semanas al perder la cosecha y su madre agoniza debido a los 50º de temperatura. Añádase a ello que esto sucede a finales de mayo, o sea cuando todavía falta un mes para la llegada de los monzones y lo peor está por venir. Pobre gente. ¿Habéis experimentado alguna vez el temor que provocan este calor exagerado o el viento caliente del que te ves obligado a protegerte como lo harías si fuese helado? ¡Y qué lujo significa tener agua de sobra y poder tomar catorce duchas diarias porque te encuentras en una especie de isla rodeada de agua dulce!

Efectivamente, ya funciono como en Yakarta o Belem, y voy de ducha en ducha. Ayer, al regresar de la jungla sudando como un cerdo (¡Los cerdos no sudan!) y con la ropa empapada (cinco de la tarde), pasé un rato bajo la ducha, y repetí la misma ceremonia antes de partir una hora después hacia la casa de Shankar, a la que llegué por supuesto chorreando, y descendí hasta el río para refrescarme junto con cuatro perros a los cuales no pierdo de vista porque son unos papanatas y podrían terminar en las fauces de algún cocodrilo. Otro “por supuesto” es el de quitarme inmediatamente la kurta durante las reuniones sociales.

La semana pasada me precipité al dar por terminada la serie de temblores, pues la noche siguiente tuvimos uno de 4.8. Aunque supongo que en Occidente habréis visto más imágenes al respecto que un servidor, os contaré que anteayer me quedé aterrado al contemplar las del momento exacto en que se venía abajo uno de los templos de Katmandú y el cielo se cubría de pájaros que volaban enloquecidos. “El terremoto destruyó mi casa, y después la tormenta me arruinó el maizal”, explicaba un campesino desolado.

Empeorando las cosas, a) está a punto de empezar el curso escolar a pesar de que muchas escuelas se hallan en ruinas y otras en peligro de terminar igual en cuanto lleguen las lluvias, b) docenas de edificios han sido condenados y deberán ser demolidos, c) las ya de por sí nefastas canalizaciones de agua de la capital se han hundido o partido, y d) ha habido más de tres mil avalanchas que podrían multiplicarse con los monzones. Mi admirada Susan Sarandon se dejó caer por aquí trayendo ayuda y buen rollo.

Tras haberos comentado en la crónica anterior que los seguidores de Shiva iban a fumar maría en los templos dedicados a tal dios, añadiré que en esta época de “sequía mariana” (¡Mucha policía poca diversión, un error, un error!”), nosotros estamos fumando gracias a las semillas que arrojan al limpiar esa hierba logrando que crezcan plantas alrededor de tan sagrada casa.

El curro que tiene Shankar en la telefónica le obliga a ir de un lado a otro en motocicleta llevando detrás a su ayudante, quien carga sobre los hombros una escalera metálica de cinco metros que me recuerda a las aparatosas lanzas de los caballeros medievales; tan absurdo riesgo comporta algunas ventajas, por ejemplo la de poder recolectar la fruta de algunos árboles a la que los demás no llegan.

Han construido una ruta de circunvalación para que las largas filas de elefantes no deban cruzar Sauraha de arriba abajo cubriéndola de excrementos y organizando atascos de tráfico. Donde antes había un vehículo, actualmente hay diez, o por lo menos fue así hasta que la Tierra empezó a temblar, ya que ahora sigo siendo prácticamente el único turista y muchos negocios incluso han cerrado hasta mejor época.

Mientras charlaba y fumaba con Shankar pensé en la novela “El Juego de Ender” al ver como sus hijas contemplan embobadas unas películas de dibujos animados que, con pocas diferencias de por medio a pesar de ser unas indias, otras americanas o chinas, y las que más japonesas, se parecían por su violencia, como los videojuegos a los que su hermano se entregaba en el ordenador: ¡Bang, Bang, Bang! ¡Mata, mata, mata!

Qué distinto es el mensaje de “Discovery Chanel”, “Animal Planet” o “National Geographic”, ¿no? Completando esa “comedura” de coco, a continuación auspiciaban el crecimiento de la ansiedad consumidora infantil educándoles con la debida publicidad porque, tal como saben perfectamente los de las tabacaleras, es mucho más efectivo enviciarlos de jóvenes, sobre todo cuando viven en cabañas de adobe y sin tener tan siquiera cristales en las ventanas. Nada nuevo, ¿verdad?; pero si lo es que en Internet vendan metralletas Kalashnikov de segunda mano por tan sólo ochocientos euros. ¡¿Pero de qué vamos?!

Curiosidades costumbristas: La hija pequeña de esta familia matriarcal (sistemáticamente mimada como lo sigue siendo la menor de sus cuatro tías a pesar de ser adulta) es la que acostumbra a imponer sus deseos televisivos; mientras que, por otro lado, actualmente ya manda más el hijo mayor (de dieciséis años) que el padre.

FOTOGALERÍA. Una silenciosa pero divertida conversación entre dos sordomudos que se desternillan. Tres nepaleses que, como es habitual, comparten un periódico del que se han repartido las hojas. El arroz blanco que forma parte de su desayuno, almuerzo y cena. Una apasionada partida de parchís a la que asiste una veintena de ruidosos vecinos. Después de tardar un cuarto de hora en conseguir abrir el correo electrónico, me comunican que “Algo va mal”, y debo pulsar lo de “Recuperar página web” disponiéndome a esperar un tiempo parecido: ¡¿Dónde sino iba a inventarse el yoga?! Las máscaras supuestamente antivirus que el personal lleva incluso en la jungla: ¡Ja! Los nidos parecidos a madrigueras que las golondrinas cavan en los muros de tierra en la orilla del río. El ventilador de un techo demasiado bajo que podría degollar a cualquiera que midiese metro ochenta.

MONÓLOGOS TABERNARIOS

  • “Aquel año hubo unas inundaciones terribles, y cuando los elefantes cruzaban el río solamente veías la trompa y la cabeza del jinete que se mantenía en pie sobre su espalda. Los rinocerontes nadaban de maravilla, pero los más sorprendentes y apañados eran los macacos, que iban en fila india agarrando la cola del que tenían delante de forma parecida a cómo los hacen los escaladores (con la cuerda…)”.
  • “Se metió en la jungla sin apercibirse que le seguía su perro, y éste atrajo a un leopardo hambriento que se les vino encima sin esperar la tanda de palos que él le pegó con su caña de bambú”.
  • “Curó definitivamente el alcoholismo de su padre atándole a una silla y golpeándole durante horas cada vez que abría la boca suplicando por un trago”.
  • “La buena suerte acompaña siempre a los hijos que se parecen a su madre y a las hijas que son como el padre”.
  • “En una familia sana y natural el hombre recibe la energía divina en la soledad del templo o la jungla, y la transmite a su mujer, quien la pasa a sus hijos, y éstos al perro u otro animal doméstico. De no hacerlo así, el hombre enloquecerá o enfermará, la mujer sin hijos la traspasará a una amiga o, más fácilmente, a un amigo que podría terminar siendo su amante, y los hijos serán obesos”.
  • “Dostoievski dijo: “Tu revolución habrá fracasado si hace llorar a un solo niño”, y Lenin hizo llorar a 30 millones de niños”.
  • “La mayoría de gente descubre el amor y el sexo mucho antes que los ronquidos o los estremecimientos nocturnos de su pareja”.
  • “Está escrito que en el año 2015 llegará el Mesías”.
  • “Los que han matado a alguien llevan siempre este peso en la cabeza y no quieren hablar de ello aunque sucediese en la guerra”.
  • “El reputado Doctor Sikorsky escribió en 1906 que todos los revolucionarios eran unos enfermos mentales con tendencia al sadismo”.
  • “Putin ha construido un bunker subterráneo en Siberia, que mide diez kilómetros de largo y puede dar cabida a 200.000 personas, e Israel ha comprado millones de hectáreas de tierra en el mismo territorio”.

MIRA LO QUE PIENSO. Igual que en otra ocasión comparé los hechos que llevaran a cabo el Cristianismo y el Islam cuando tenían una edad determinada, y comenté que ahora los “islamésicos” habían entrado en una época parecida a la de la Sangrienta Inquisición, añadiré a ello que la movida actual del “Estado Islámico” es la versión musulmana de las vergonzosas y absurdas cruzadas cristianas, en las que empezaban a masacrar y cortar cabezas al llegar, pongamos por caso, a Bulgaria y ver a alguien con un turbante aunque llevase una cruz colgada del cuello. Lo que no se le puede negar a su líder el Señor Al Baghmati (un particular…) es la sinceridad con que dejó claras sus creencias e intenciones al afirmar que el Islam es la religión de la guerra (y no del amor…).

Cuando encuentro a un loco, me pregunto cómo enloqueció. Supongo que estos días habréis visto algunas imágenes de Palmira, y también del fuerte que hay en la cumbre de una colina cercana en la que esos asesinos musulmanes han colgado una bandera negra poco distinta a la de los piratas; allí arriba, mientras me fumaba unos porritos acompañado de un zorro en el año 1984, oí una explosión que retumbó más de cinco minutos. En la fea población que se encuentra junto a las ruinas romanas estuve viviendo en la casa de una amable familia tunecina a la que he recordado al enterarme que esos supuestos religiosos con una metralleta bajo el brazo habían masacrado a más de cuatrocientas personas.

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba
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