Hoy tengo el día tonto y debo reprimir la tentación de indultaros, de libraros aunque sea solamente por una vez de estas parrafadas; así que entraré en ellas con otro pie y, además, sin fijarme mucho dónde piso (que le den por el culo al inexistente editor). Debido a que nadie es perfecto (sobretodo vosotros…), estas crónicas no logran satisfaceros a todos porque, aparte de quienes las mandan a la papelera sin abrir el sobre (yo las seleccionaría directamente como spam), algunos preferís los temas personales mientras que los otros os inclináis por los que son realmente interesantes.

Os confesaré que durante los últimos treinta años he estado escribiendo algo parecido a estas crónicas, con la salvedad de que antes lo hacía solamente como una necesidad vocacional, mientras que ahora vosotros estáis incluidos en el lote y, al seguir escribiendo pésimamente, demuestro con ello un desarrollo desmesurado de mi sadismo. O sea que continúo representando mi personaje, y sin embargo ahora lo hago ante un público al que, como quienes se hallan en un escenario, no puedo ver debido a los focos (el teatro estaba completamente vacío, y el acomodador se había ido a tomar unos vinos a la taberna de la esquina). Debido mi egoísmo nato, y también a la falta de sicología, al fin me limito a tocar los temas que me atraerían de hallarme en vuestro lugar, o sea sentado en el sofá, ante la tele, y con el coche en el garaje (qué parking ni qué hostias). Permitiéndome una debilidad, ahora desmontaré del caballo de la arrogancia, y os daré de nuevo las gracias por estar ahí, pues al ser marciano agradezco en gran manera la presencia (del comandante Che Guevara) de los terráqueos.

Las nubes se pegaron al fin a las cumbres de las montañas, y se metieron entre los árboles siendo llevadas suavemente por el aire. Cuando despiertas y te acuestas con la lluvia (los “alemanish” de la Selva Negra dirían que ha llovido solamente una vez) sientes una paz parecida a la que acompaña a las nevadas (si estás debidamente instalado, claro). Una nube rompió sobre una comarca cercana, y se llevó por delante toda una aldea junto con varios kilómetros de carretera.

Acerca de éstas, de las carreteras, con la llegada de los monzones aparecen en escena unas tribus que levantan sus barracas junto al asfalto para dedicarse continuadamente a librarlo de las avalanchas que se desprenden diariamente. Os mencioné que los meteorólogos indios, al contrario que los internacionales, se empeñaron en que los monzones serían normales, “¿Quién va a saber más de los monzones, nosotros o ellos?”, y además han seguido opinando igual hasta que ha quedado claro que no sería así y el gobierno central se ha visto obligado a declarar el estado de emergencia debido a la sequía. En el rico estado sureño de Karnataka, donde se halla el “Silicon Valley” indostano que terminará por convertirse en un líder mundial, el gobierno ha tomado las medidas adecuadas para paliar los efectos de la sequía, y ha donado un montón de millones de las arcas públicas para que se celebre algo parecido a la “Danza de la Lluvia” en tres mil setecientos templos. Umm.

Tras descender el crecimiento económico anual del 9 al 7%, los indios andan un poco paranoicos. No obstante no dejan de aumentar las ventas de los turismos de lujo (la casa Audi ya se ha puesto por delante de la B. M. W. y la Mercedes), y la publicidad de éstos ocupa frecuentemente las páginas frontales de los periódicos.

En la portada del “The Times of India” (tenemos el “Indian Express”, “The Hindustan Times”, “The Hindu”, “Stateman”) apareció el otro día la siguiente afirmación de Joan Miró: “Has de ser un catalán internacional; un catalán chauvinista no valdrá nunca para nada en el mundo”. Muy acertadamente, al editor le periódico le gustó tanto como para que repitan diariamente la misma frase con un pequeño cambio: “Has de ser un indio internacional; un indio chauvinista no valdrá nunca para nada en el mundo”. Estamos de acuerdo.

Talibania

  • Los trabajadores de una planta de la Maruti, la Suzuki indostana, se declararon en huelga, arrinconaron a los ejecutivos, y quemaron vivo al director. A continuación, sabiendo lo que se avecinaba, abandonaron sus domicilios, y salieron por piernas. “La casa se me ha quedado completamente vacía en un santiamén”, declaró el propietario de una pensión.
  • Versión moderna del cinturón de castidad: un marido celoso le puso un piercing en los labios del coño de su amante esposa y lo cerró con un candado. Umm.
  • ¿Sabíais que casi cada vez que un religioso musulmán usa el púlpito de su mezquita para enfrentarse a los fanáticos es rápidamente asesinado?
  • En un mismo día rescataron a treinta niños esclavizados que “vivían” permanentemente en un sótano haciendo clavos, y detuvieron un transporte con cuarenta y un niños del Nepal y del estado de Bihar que habían sido vendidos con un propósito parecido.
  • Un Homo Erectus mató a su hermana porque se empeñaba en vestir unos vaqueros.
  • En una ciudad a la que también ha llegado el virus “fanáticusimbécilus” cientos de chicas quemaron sus vaqueros para demostrar….
  • Una chica desapareció de su pueblo, y el vecindario, dispuesto a descubrir su paradero, ató y apaleó a su mejor amiga (que por cierto era una “dalit” (intocable)) para que confesara su paradero.
  • En un lugar parecido al anterior, y ante un amorío que no aprobaban, el “panchayat” (ayuntamiento) detuvo a la chica, la desnudó y exhibió, y luego la afeitó para que escarmentara.
  • Una mujer fue a la comisaría de policía buscando un empleo para su marido, y los amables agentes la metieron en una celda e hicieron cola para violarla (es el crimen más frecuente: violada por un grupo).
  • Filmó a su prima mientras tomaba una ducha, y luego la obligó a abrirse de piernas (para él y varios amigos: qué bonita es la amistad) con la amenaza de colgarla en Internet. La chica solucionó el problema en plan indostano, y se ahorcó con la ayuda del ventilador.

Naturalia

  • ¿Sabíais que la mayoría de depredadores y elefantes mueren de hambre?
  • Tras deambular cuatro meses por estos alrededores, los animales aceptan tranquilamente mi presencia (y además mis cantos…) como lo han hecho al fin los perros del vecindario, “Buenos días, ¿cómo vamos?”.
  • La metamorfosis monzónica incluye que, paulatinamente, este decorado se cubra con un tierno y mullido manto de musgo de un verde destellante, color que toman las piedras, los troncos, el suelo, y, sobretodo, como si le gustase especialmente, el feo cemento del que acabará camuflando sus tristes tonos grisáceos. Cualquier repecho del terreno que hace un mes solamente tenía el color pardo de la tierra, ahora se ha llenado de vida y te pide la atención que darías a los arrecifes de coral del Mar Rojo (en esos momentos me pongo las gafas de leer).
  • Entre otros visitantes de la estación húmeda, tenemos mariposas nocturnas que (como una que encontré de madrugada) miden hasta dos palmos, y mimetizan perfectamente la cabeza de una cobra sobre sus inmensas alas de delicadas formas.
  • El día en que nos convirtamos en seres civilizados, solamente usaremos la madera de los árboles a los que un botánico haya declarado difuntos.
  • En la India se producen anualmente 28’9 millones de toneladas de bananas de diversos tipos, colores y sabores.

Al contrario de lo que me sucede entre otros los amigos locales ya sea debido a la lengua o la cultura, con el señor Chacal mantenemos unas conversaciones en las que saltamos imparablemente de un tema a otro. Él me ha pintado como era la India de su juventud durante los años setenta, cuando en el mercado no había un solo producto extranjero, y ellos, los universitarios de Delhi, hubiesen vendido su alma por unos vaqueros, unas botas, o una guitarra (al ser un manitas, él solucionaba este problema creando las guitarras eléctricas por su cuenta). Aunque él nació en Shillong, donde todavía existían cazadores de cabezas, su familia es originaria de la vecina Assam (de ahí que no pueda beneficiarse de las especiales leyes tribales); y en este estado, al sufrir actualmente una invasión colonial parecida a las del Tíbet, Borneo, el Sinaí o el Amazonas, muchos inmigrantes son diariamente masacrados por las tribus locales, “¡Rediós, acaban de llegar y ya están arrasando la jungla de mis antepasados!”.

El señor Chacal es un agnóstico racionalista que solamente cree en lo que toca y ve; tal como les sucede a cuantos sufren esa “debilidad”, su rostro ya te está diciendo “no me creo nada” incluso antes de que hayas terminado de hablar, y pondrá toda su energía en autoconvencerse de ello; así que, evidentemente, esa fue su reacción cuando le hablé de mis repetidas experiencias telepáticas con los reptiles (y especialmente las serpientes).

Recuerdo cierta ocasión en que, tras ir a esperar a un buen amigo que salía de la cárcel, al llevarle en coche hacia su casa mantuvo todo el tiempo la ventanilla abierta saboreando el aire de la libertad como si tuviese un sabor distinto. Al advertir sus emociones pensé que eran parecidas a las que yo sintiera cuando, después de haber sido expulsado del internado en que pasara preso cuatro años, empecé a trabajar como aprendiz en el ramo de la metalúrgica, y tuve la oportunidad de pasear libremente por la calle mientras cumplía con los típicos recados del último de la fila, “Chaval, vete a la ferretería y tráete la llave de girar el taller”. Nunca olvidaré la luz del Sol de media mañana y la etérea sensación de libertad que sentía simplemente andando. En realidad acababa de descubrir mi vocación de andarín (o andón, palabra en la que, cambiándoles el orden, se encuentran exactamente las mismas letras de mi nombre), a la que acabé de hacerme adicto a los dieciocho años gastando durante varios meses las suelas de los zapatos por las calles de Londres, y que he continuado practicando con la misma satisfacción ya fuese en Yakarta, Alejandría, Manaus o Aleppo (pobre Aleppo)

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba
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