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La crónica cósmica. Ni lo uno ni lo otro

La crónica cósmica. Ni lo uno ni lo otro
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A quienes sufrís complejo de bajitos os recomiendo dar un paseo por esta parte del mundo, donde, debido a la poca altura general del personal, creeréis haber crecido un palmo por el simple hecho de cruzar la frontera. Es un caso parecido al del nivel económico, porque debido a los precios tengo la sensación de ser rico: ¡Estoy pagando la mayoría de mis gastos solamente con céntimos de euro! Bueno, en realidad, y debido al trato que recibo, corro el riesgo de que mi complejo de inferioridad se transforme en uno de superioridad: Prepotencia = imbecilidad.

Estos últimos meses, y mientras he estado en Occidente, me he visto obligado a racionalizar y pasar continuamente por la criba las críticas de los obtusos y los elogios de los inteligentes (¡Ja!) para evitar que afectasen mi paz mental; pero tales ejercicios se han quedado en nada al aterrizar en el Indostán y escuchar piropos como: “Tú eres Dios”; al saberme de sobra la canción, les replico, “Yo soy Dios, tú eres Dios, él es Dios, todos somos Dios”. Y otro: “Tú eres un regalo de Dios”; empeorando las cosas, esta sandez me la soltó el marchoso y bebedor señor Oso.

Mi amigo Joe recibió la mejor lisonja en el sitio más insólito, el control de aduanas de un aeropuerto, y de la persona más inesperada, el agente que comprobó su pasaporte, quien le dijo: “Se nota que has viajado un montón porque desprendes sabiduría”; tuvieron que traer una fregona para secar las babas y colocar una de aquellas señales amarillas advirtiendo que el suelo estaba mojado. Joe le respondió: “Eres un buen hombre, pero un mal observador”, y lo hizo sin esperar que el policía le ganaría definitivamente la partida añadiendo: “Ni lo uno ni lo otro”. Se despidieron riendo.

Y hablando de críticas: ¿No es así que hacemos especialmente caso de las que nos lanzan unos vecinos agilipollados a los que no soportamos?

Aquí, en las Kumaon Hills y junto al Himalaya, me siento como en casa (“Hogar, dulce hogar”, exclamó el nómada a pesar de no saber dónde estaba), pero en este lugar concreto además me corro de gusto con el trato amable y respetuoso que recibo del vecindario. Desde que descubriera estos bosques en el año 1991 habré tenido una decena de domicilios diferentes entre los que destacó cierto valle solitario (me callo el nombre) que me perteneció en exclusiva durante varios meses; más tarde montaron en tan paradisíaco lugar un camping de lujo que actualmente, y gracias al dios de la jungla, está abandonado.

Me he instalado en la misma granja que las últimas tres veces y, a pesar de cuánto me gusta regatear, no he tenido opción de hacerlo porque me cobran el mismo precio por la habitación (amplia y luminosa) y la comida que hace dos años: seis mil rupias mensuales (hoy 1 euro = 78´88 rupias). Gracias a que el propietario ha cambiado recientemente de profesión y, tras vender el jeep con el que hacía de taxista, ha abierto un pequeño colmado en los bajos (donde paso algunos ratos mirando como juegan al “carambol”, que podría definirse como la versión india del billar a pesar de no usarse bolas ni tacos), ahora, a pesar de hallarnos en medio del campo, no tengo que salir de casa para hacer las compras (añádase a ello que el abuelo vende costo).

ECOS DE SOCIEDAD. Las casas del señor Lobo y del señor Chacal están cerradas. El primero, que trabaja un par de veces al año como guía para turistas ricachones, está visitando Ladakh y Hampi con un grupo, mientras que el segundo se encuentra en su tierra natal, Assam, plenamente consagrado al áshram dedicado a la música que edificara hace un par de años. Quien sí corre por aquí es el señor Jabalí, que debido a su cargo como director del áshram cristiano son contadas las ocasiones en que pueda ausentarse. Este amigo me contó una anécdota que podría ser la trama de un drama titulado, “La Hora Negra de un Sábado Negro”: “Mientras yo estaba en mi despacho, mi esposa me avisó por teléfono que había ingresado urgentemente a mi madre en un hospital. Al hacerle falta dinero y unos documentos, se los mandé con mi secretario; pero éste terminó asimismo hospitalizado al tener un accidente con la motocicleta. Al poco recibí una nueva llamada, ésta vez de mi cuñada, comunicándome que mi esposa había sufrido varias heridas al caer en una acequia. Sin darme tiempo a decir “¡Ay!”, uno de mis empleados me informó de otro desastre: unos visitantes de Delhi, que estaban instalados en la planta superior de una de nuestras cabañas, quisieron sacarse una foto en la terraza, se apoyaron en la barandilla de madera, y se pegaron el gran batacazo cuando ésta se rompió. Empeorando las cosas, una de sus acompañantes corrió en su ayuda, y terminó asimismo malherida al caer por las escaleras. Pero no habíamos terminado, y al poco recibía la llamada alarmada de un campesino (concretamente el hermano del señor Oso) diciendo que su esposa había sufrido daños muy graves al partirse en dos el árbol en que estaba encaramada recolectando forraje (murió en la ambulancia). Como colofón a tal locura, casi a la misma hora mi cocinero se partía una pierna al caerse con la moto regresando de Nainital. Peor, imposible”.

OBITUARIOS

  • Hace un par de días vi pasar frente a mi ventana el cadáver de un viejo enemigo (¿título de una novela?) con el que en los años noventa tuviera una trifulca (después hicimos las paces) al descubrir que me robaba el agua del depósito (su esposa me amenazaba con una hoz mientras la mía blandía una estaca: ¡Ja!). Entre los miembros de la comitiva mortuoria se hallaba el señor Oso, quien, metiéndose en mi habitación, y con el tiempo justo de decir “Namasté”, se pegó un impresionante lingotazo de licor casero antes de regresar junto a los demás, “Ram, Ram, Saty Je, Ram, Ram, Satya Je”. ¡Ja!
  • Recientemente también pasó a mejor vida (o, como dirían ellos, “Abandonó su cuerpo”) el viejo que preparaba el peor chai de estos alrededores (eso sí, en una cocina de adobe y con fuego de aromática leña). De todas maneras, la tradición no se ha perdido, y ahora es el mayor de sus hijos el encargado de servirte una bazofia parecida.
  • Otra noticia relacionada indirectamente con la Muerte: La viuda del amigo Fredy ha abierto un hotelito de lujo en la casa que había permanecido cerrada desde que él sucumbiera a los efectos del ron, y ha encargado la dirección a su antiguo y fiel secretario.

EL TIEMPO: A pesar de que los últimos monzones ocasionaron terribles destrozos en la vecina Garhwal y Assam todavía continua bajo un metro de agua, en las Colinas Kumaon fueron bastante pobres, y se han recibido con alegría las inesperadas lluvias que ha provocado el ciclón Hudhud al arrasar el Golfo de Bengala. Los ciclones otoñales parecen formar parte del ecosistema de aquella parte del país, y hace un par de años sucedió lo mismo en Chitwán trayendo lluvias y la caída de las temperaturas. Aparte de esta sorpresa, por lo general los días son soleados y las temperaturas agradables.

FAUNÓPOLIS

  • Un tigre misógino mató a la hembra con la que los encargados de un parque lo habían juntado para que copulara (hasta que la muerte os separe).
  • En la comarca de al lado unos aldeanos mataron a pedradas a un leopardo que había entrado en la población y herido a varios de ellos. Las leyes al respecto son claras: Al ser un animal protegido deberían haber avisado a los guardas del Servicio Forestal, y podrían terminar en el juzgado.
  • El que es considerado actualmente como el mejor cazador de depredadores “comedores de hombres” (“men-eaters”), con cuarenta y siete capturas en su haber, se negó a disparar sobre un leopardo que había matado a dos niños; y lo hizo alegando que el gatito no tenía el comportamiento de un asesino y solamente lo habría hecho accidentalmente. Valga aclarar que un tigre que pase corriendo a tu lado acabará con tu vida aunque sólo se limite a golpearte.
  • Un niño de diez años fue devorado por una pantera de una raza desconocida de la que solamente se supo que era de color pardo y tenía una estría de pelo blanco en la espalda.
  • Durante los últimos dos meses los elefantes del Parque Nacional de Rajaji, en Rishikesh, han acabado con la vida de doce personas de las aldeas cercanas.
  • Ayer sonó la alarma, “¡Bandar, bandar!” (monos), cuando apareció en casa la gran tribu de macacos (cercanos al centenar) cuyo recorrido territorial incluye los bosques de los alrededores y también los huertos que puedan saquear: ¡Qué diferencia con los elegantes y pacíficos langur!
  • Aunque en esta crónica no “hable” acerca de los pájaros, os recuerdo que me hallo en uno de los lugares de la Tierra en que hay más diversidad de ellos.

Lord Hari dijo: “Aquellos que permiten a otros dictarles sus obligaciones, no están viviendo su propia vida, sino la de los demás. Nadie, ni tan siquiera Dios, puede decirte cuáles son tus obligaciones”.

MOMENTOS INOLVIDABLES: Siempre me han encandilado los que denomino simplemente como efectos ópticos, y el más espectacular de éstos fue un espejismo que vi, por supuesto en medio del desierto, regresando de Abu Simbel hacia Aswan: Tenía la forma de un atrayente grupo de árboles que se volatilizaron tal como habían aparecido.

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba
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