La crónica cósmica. Obligados a chillar como si los estuviesen asesinando

La crónica cósmica. Obligados a chillar como si los estuviesen asesinando
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QUE LLUEVA, QUE LLUEVA…

Supongo que habréis visto en los noticiarios que en la China, India y Bangladesh sufren unas terribles inundaciones monzónicas. Algunas partes del Nepal también se hallan bajo el agua o cubiertas de tierra por las avalanchas. Son desastres que se dan anualmente sin que nadie hago algo para evitarlos: entre 2015 y 2018 padecieron estas catástrofes naturales más de veintisiete mil familias nepalesas y hubo setecientas veintiuna muertes. No sé si a estos fallecimientos se les podrían sumar también quienes mueren en accidentes de tráfico, a los que yo denomino accidentes aéreos porque a veces se despeñan por precipicios de trescientos metros o más, como ocurrió anteayer con un tractor que llevaba una docena de currantes en el remolque.

Afortunadamente, aquí, en el Parque Nacional de Chitwán, hasta hoy ha llovido poco y el río Rapti, aunque su nivel ha aumentado porque recibe las aguas de las tierras altas, todavía no amenaza con salirse de cauce. Lo hizo en el 2017, si queréis echarle una mirada buscad en YouTube “Inundaciones en Sauraha en el 2017”. Me lo mostró el Señor Tolstoi hace un par de días cuando hablábamos del tema, y aluciné al ver la calle convertida en un río.

Es muy interesante comprobar cómo cambia el aspecto de los ríos en las diferentes estaciones; de ahí que, incluso en los más caudalosos como el Amazonas o el Nilo, sea tan peliagudo navegar por ellos porque, incluso para los barqueros expertos, es difícil adivinar dónde habrá bancales y a qué profundidad se hallarán.

La transformación más meteórica de un río que yo recuerde se dio en el estado indio de Himachal Pradesh (por supuesto, durante los monzones). Con mi mujer habíamos alquilado una casita aislada en medio de unos arrozales. Nos bañábamos en un río de aguas calmas que pasaba cerca y que no mediría más de diez metros de ancho; pero una mañana, cuando nos dirigíamos hacia allí después de que hubiese estado lloviendo imparablemente toda la noche, el oído nos advirtió antes que la vista de que algo había cambiado. ¡El plácido canto del agua se había convertido en un estruendo que nos acojonó! Y eso fue antes de llegar al río y ver que su cauce había ascendido varios metros, hasta cubrir una gran roca que había en medio, y tenía la forma de una masa embarrada que descendía con fuerza destructora arrasando cuanto encontraba en su camino.

Al ganado le gustan los monzones porque lo libran de los tórridos rayos del Sol, del calor y, sobre todo, de los molestos insectos. ¡Qué placidez muestran las vacas mientras pastan en la pradera bajo un buen diluvio, o los búfalos revolcándose en una charca!

NEPALIDADES

El número de enfermos y difuntos debidos al coronavirus continúa siendo muy bajo en el Nepal, a pesar de la desastrosa organización (desorganización) gubernamental para evitar nuevos contagios. Los enfermos suman 17.844 y los muertos 40. El barbero que me recorta la barba a domicilio permaneció en cuarenta en su casa junto con el resto de la familia cuando regresaron de la India unos parientes que resultaron estar contagiados y terminaron hospitalizados. El Ministro de Transportes del Nepal anunció ayer que los vuelos internacionales se reanudarán a partir del 17 de agosto.

El Señor Tolstoi opina que los nepaleses, debido quizás a la dura selección natural de este país, donde la malaria, el dengue, la tuberculosis e incluso algunas enfermedades desconocidas son el pan de cada día (muchos niños fallecen sin llegar a cumplir los cinco años), podría ser que hubiesen desarrollado un mejor sistema inmunológico, como también lo han hecho con los pulmones, el corazón y la musculatura que les permiten trepar sin desfallecer por laderas muy empinadas cargando cuarenta kilos de leña en la espalda.

Pero las calamidades del Nepal no se limitan a las enfermedades o las inundaciones, y este año, ahora mismo, algunas provincias están padeciendo una destructora plaga de saltamontes que devoran a su paso las plantaciones de maíz y arroz. Dijeron que había ocho millones de saltamontes, y me pregunté quién haría esos cálculos y cómo los haría. Qué chip llevan esos insectos que se mueven al unísono y, como ocurrió la semana pasada, pueden desaparecer de pronto sin que nadie sepa a dónde han ido y regresar a los pocos días para continuar arrasando con todo cuando los campesinos ya habían recuperado la esperanza.

Locuras nepalesas. La antigua casa de madera de Shankar y Narmada está construida con unas ramas deformes que hacen las veces de vigas y columnas; unas tablas mal encajadas sirven de suelo y el tejado es de plancha. A través de los años yo había visto como la cambiaban de sitio tres veces, pero en esta ocasión se han superado a sí mismos al desmontarla y montarla dos veces más en los últimos meses: la primera, trasladándola a un terreno que habían alquilado y se encontraba a doscientos metros de distancia de su finca, y la segunda, trayéndola de nuevo cuando el propietario de aquel terreno decidió plantar en él árboles frutales.

Ya que he mencionado la lluvia y la fruta, añadiré que en esta época parece que lluevan mangos, pues continuamente se oye el ruido que hacen al caer de los árboles y estrellarse contra los tejados de zinc: ¡Boom!

Más locuras nepalesas. ¡En las dos pensiones de mis amigos “sauraheños” no tienen lavadora y hacen la colada a mano! ¡Estos nepaleses están locos! Otra: cuando arranca un autocar lleno de estudiantes parece que estén obligados a chillar como si los estuviesen asesinando, hasta que han salido de la población. ¡AHHHHHHHH!

Otra: muchos hombres llevan la uña del dedo meñique de la mano izquierda muy larga. Otra: Shankar y el segundo de sus hijos continúan mangándose mutuamente la maría en secreto. Otra: un tendero “barría” la acera abanicándola (no hay mejor forma de decirlo) con una caja de refrescos vacía. Yo, que estaba sentado enfrente tomando un chai, observé con incredulidad los esfuerzos que hacía y los pésimos resultados que obtenía al remover la porquería del suelo con la corriente de aire que creaba al mover la caja de un lado a otro.

El que se ha llevado esta semana el premio a la imbecilidad metiendo la pata hasta el fondo ha sido el Primer Ministro del Nepal, el comunista señor Oli, que tuvo la genial idea de afirmar en la prensa que el Dios Rama no había nacido en la ciudad india de Ayodhya, sino en el Nepal. Valga aclarar que los seguidores del Dios Rama son los hinduistas más fanáticos, y no me extrañó que, aparte de ponerse histéricos y clamar contra el Nepal, un grupo de ellos atacase y le afeitase la cabeza a un peregrino nepalés en Varanasi y le obligase a cantar canciones del Ramayana. Oli por un lado y esos extremistas por el otro, han demostrado con su ejemplo que los seres humanos terráqueos no “sois” unos animales muy inteligentes.

LA TABERNA GALÁCTICA

Érase una noche en que no llegué a entrar en mi antro favorito porque sobre la hierba que había junto al aparcamiento encontré sentado a un viejo australiano del que adiviné que era un apátrida trotamundos. Bebía directamente de una botella de Jack Daniels y llevaba una buena melopea.

Antes de darme tiempo a pedirle permiso para hacerle algunas preguntas empezó a hablar como si lo hiciese para sí mismo: “Hallé a un amigo de la juventud y charlamos un rato. Le pregunté si había pensado alguna vez que yo estuviese loco y le aclaré que era distinto hacer locuras inconscientemente, compulsivamente o conscientemente. Me respondió que sí, que lo había estado un poco pero que, a pesar de que todos lo habían estado, yo destacaba más debido a mi imbecilidad. Le repliqué que era imposible que una persona pusiese a parir a un amigo suyo, como estaba haciendo él conmigo, porque al hacerlo, era evidente que no sería precisamente por amistad. El corte de mangas no le sentó muy bien, pues se había convertido en un gran empresario y no estaba acostumbrado a bajar la cabeza. Al contarle que mi caso era lo contrario, pues me había limitado a viajar de un lado a otro haciendo empleos temporales y ahora mi economía estaba muy mal, quiso darme caña para demostrar que él también había visitado medio mundo. Me contó que siempre se hospedaba en los mejores hoteles, y quiso saber en cuáles lo hacía yo cuando iba a sitios como Venecia, Varanasi, Marrakech, Cartagena de Indias o Lanzarote. Le dejé sin palabras respondiendo que en cada uno de esos lugares había sido invitado en casas particulares. Cuando ya me despedía de él terminé de cortarle comentando que, como podía comprobar, el dinero no conseguía comprarlo todo”.

Tal como os decía, esa noche no entré en la Taberna Galáctica, pero regresé a mi cabaña satisfecho de haberme cruzado con otro miembro de mi tribu.

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba

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