La crónica cósmica. Quiero más a los animales que a las personas

La crónica cósmica. Quiero más a los animales que a las personas
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ELLA. Nadie duda de que sea la más bella, pero las opiniones difieren en otros aspectos: un bando creyendo que es una asesina sanguinaria y, el otro, que es dulce y cariñosa. ¡Ja, parece que esté jugando a las adivinanzas, ¿verdad?! Para aclararos a qué me refiero os remitiré a la crónica anterior y a los dramáticos sucesos en que, a las afueras de Sauraha, un tigre (o unos tigres) había acabado con la vida de tres hombres en pocos días.

Resulta que, si es cierto lo que me contó un amigo local que pertenece a un grupo ecologista dedicado a rastrear los movimientos de los tigres de Chitwán, no se trataba de varios depredadores, sino de uno solo, que además no era él, sino ella: una tigresa que está amamantando a tres preciosos y sanos cachorros. Para estos lindos gatitos, claro, su madre es una heroica diosa del amor que se enfrentará a cualquier peligro para defenderlos; mientras que los familiares de los tres hombres que mató piensan que es un ser demoníaco.

Supongo que los oficiales del Servicio Forestal se encontrarán en una encrucijada, pues, de una parte, la tigresa ya se habrá convertido en una “comedora de hombres” (“meneater”) y tendrían que acabar con ella o meterla entre rejas antes de que vuelva a las andadas; mientras que, al ser un animal protegido, y más todavía sus cachorros, deberían cuidar de ella. Tengo mis dudas acerca de que una tigresa con tres cachorros que alimentar se busque líos metiéndose con los humanos: puede que sea sospechosa, pero por el momento no se ha demostrado que sea culpable. Seguiremos informando.

En el distrito nepalés de Okhaldung, la población está aterrorizada por otro tipo de depredador: un oso negro del Himalaya que en los últimos diez días a matado a un hombre y herido a seis más.

Qué satisfacción siento al ver al potro que nació hace un par de semanas pastando junto a su madre en la pradera enmarcada por la jungla que hay tras la casa de Shankar (quizás mida seiscientos metros de largo por trescientos de ancho), con la única compañía de algunas vacas y algunos búfalos.

Érase un bebé de pocas semanas que toqueteaba la cabezota y tiraba de la oreja del elefante de su padre, cornaca que, siguiendo la tradición (trae buena suerte), levantaba a su hijo en brazos dejando que el elefante le acariciase con la trompa.

La otra cara de la moneda: en el distrito nepalés de Nawalparasi, una elefanta llamada Laxmikali se hartó de su (¿sádico?) cornaca, “¡Hasta aquí llegamos!”, y, agarrándolo con la trompa lo lanzó contra el suelo y lo pisoteó. Descanse en paz (¿cabrón?).

Por cierto, el coste mensual de un elefante doméstico es de ochenta mil rupias (euro: 138 rupias nepalesas); aparte de los gastos de alimentación y medicación, incluye los de la mano de obra: el cornaca, un cuidador y los que yo llamo “constructores de pajares”, que se pasan las jornadas azotando un tronco para desgranar cierto cereal que forma parte de la dieta de los elefantes y luego, con la paja, construyen unos elaborados pajares que terminan teniendo la forma de una cabaña.

Sorpresas te da la vida: “British Ecological Society” ha llevado a cabo un estudio acerca del “Leopardo de las Nieves” en el “Parque Nacional de Shey Phoksundo” del Nepal para comprobar a qué se debía que en los últimos años esas panteras (de normal muy solitarias y esquivas) se hubiesen acercado más y más a las poblaciones y atacasen frecuentemente al ganado. Al contrario de lo que, lógicamente, se había esperado, que su fuente de alimentación en la jungla hubiese disminuido, la razón de tal cambio de comportamiento es que, precisamente, su número se ha multiplicado gracias a que andan sobrados de cabras monteses, gacelas, antílopes y demás animales herbívoros. Por eso los jóvenes leopardos se adentran en las zonas habitadas por los humanos buscando nuevos territorios.

Tal como habréis comprobado repetidamente en estas crónicas, yo quiero más a los animales que a las personas. Es un amor recíproco, pues son contadas las ocasiones en que alguno de ellos me haga un feo. Me siento de maravilla contemplándolos y alcanzo las estrellas si, además, aceptan mi compañía. Según opinan mis amigos, la mayor de mis rarezas marcianas es mi atracción por las serpientes, señoras con poderes telepáticos con las que me comunico muy bien. Cada vez que me cruzo con una de ellas me detengo para observarla a conciencia, y pienso: “¡Qué maravilla y cuánta belleza!”. Ayer por la tarde, cuando me dirigía a la casa del Señor Tolstoi, encontré una serpiente de unos dos metros de largo y fina figura que lucía varios colores: verde, ocre, rojizo y amarillo. Íbamos en la misma dirección y estuvimos un rato paseando juntos.

NEPALIDADES

Fuera de la Ley: érase un adolescente de Sauraha que, pensando en llenarse los bolsillos, planeó con un amigo suyo traer droga (pastillas alucinógenas) desde la India. Tras pedir prestadas aquí y allá unas rupias que no tenía, mangó el escúter de su tía, “Ahora vuelvo”, y desapareció sin que sus familiares supiesen dónde paraba. Su amigo se encargó de cruzar la frontera de la India a patita (no hay controles para los ciudadanos de ambos países) y regresó con el cargamento de pastillas perfectamente empaquetadas como las de la farmacia.

Todo parecía ir bien, pero los dos cándidos adolescentes no sospechaban que el “camello” estuviese asociado con varios policías corruptos y, al poco, les pararon en un control de tráfico. Los policías sabían lo que buscaban y no tardaron en hallar el paquete de los «fármacos». Entonces los chicos, que habrían visto muchas películas indias, tuvieron la segunda idea “genial” del día y salieron pitando con el escúter. Con un jeep de la policía a sus espaldas la carrera duró poco y terminaron pegándose una hostia en la cuneta. El amigo huyó campo a través, pero el ladrón del escúter, aunque tuvo la tentación de hacer igual, al fin decidió que por el momento ya la había cagado suficientes veces y no era cuestión de dejar abandonado el escúter de su tía.

Hasta cierto punto, puede que estos incidentes os parezcan normales, pero cambiaréis de opinión cuando os cuente que los policías, en vez trasladar al chico a comisaría y hacer la pertinente denuncia, lo entregaron a un socio que lo mantuvo encerrado durante tres días en una habitación de su casa y luego telefoneó a su angustiada familia exigiéndoles el pago de medio millón de rupias (el padre cobra mensualmente treinta y cinco mil rupias…). De no hacer efectiva inmediatamente esa cantidad, el chaval pasaría los próximos cinco años en la cárcel. A pesar de que el hermano mayor de ese cándido papanatas solamente tiene veinte años, se dirigió a la dirección que le indicaron y llevó a cabo las negociaciones hasta que consiguió reducir el chantaje a la cifra de cincuenta mil rupias.

Por si esta anécdota os ha parecido insólita, os aclararé que en el Nepal las cosas funcionan así y que los policías siempre tienen un socio fuera del cuerpo que corre con las labores de un hampón chantajeando a las víctimas que caen en sus manos.

Otro hecho habitual: la policía de tráfico dio el alto a un camión y el chófer, como hacen siempre, saltó de la cabina y salió por piernas sin despedirse para evitar que le metiesen entre rejas por transportar ciento cuarenta y siete kilos de maría: la lista de gente que se halla en busca y captura en el Nepal y la India debe ser infinita.

TALIBANIA

Debido a las frecuentes agresiones, violaciones y asesinatos de chicas que se están dando últimamente en el Nepal, las parlamentarias del partido comunista han propuesto la aprobación de una nueva ley en la que se condene a veinte años de cárcel por arrojar ácido al rostro y la castración química para los violadores.

El gobierno de Bangladesh está barajando una propuesta más radical si cabe: pena de muerte para los violadores.

Un tribunal del Nepal ha condenado a un hombre a cadena perpetua por haber violado repetidamente a su hija, a la que dejó preñada y obligó a abortar.

En el Nepal, y durante los años 2018 y 2019, noventa y ocho mujeres y cuatro hombres denunciaron haber sido acosados e incluso torturados por sus vecinos que les acusaban de practicar brujería. En septiembre (de 2020) se hicieron trece denuncias más de ese tipo.

MIRA LO QUE PIENSO

  • El transcurso de los años no ha curado mis fobias infantiles y los libros escolares siguen provocándome repelús, aunque solo sea al verlos en una película y a pesar de que actualmente están diseñados para agradar.
  • Ego: el joven busca reconocimiento y luchará para ser campeón (deportes, danza, etc.), pero, de adulto, y tras ver el resultado y comprobar el coste, se librará de la ansiedad que le empujaba y cejará en su empeño diciendo: “Total para qué”.

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba

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