La crónica cósmica. ¡Rediós, señora Merkel, ¿pero qué hace usted?!

La crónica cósmica. Rediós, señora Merkel
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Las emociones que pecan de masoquistas te empujan a meter las narices dónde sabes que vas a ser apaleado, a preguntar cosas de las que en realidad no desearías conocer la respuesta, y a enloquecer de celos a pesar de que la parte racional de tu coco te esté advirtiendo que estás meando fuera del orinal. Las emociones rastreras también te pueden llevar a provocar conscientemente miedo o envidia, y, tocando ya fondo, a enorgullecerte de ello.

La otra tarde (vi llover…), mientras paseaba con el amigo occitano por la carreterita que bordea la jungla, nos cruzamos con varios jóvenes indostanos de aspecto acomodado, y uno de ellos, apartándose de los demás, se acercó a mí para preguntarme: “¿Crees en Dios?”. “¿Cómo no voy a creer en Dios si lo veo todos los días en el espejo?”, le respondí sinceramente dejándole petrificado. Este tipo de situación, inimaginable en Occidente a no ser que te cruces con “Los Testigos de Jehová”, forma parte constante de la rutina indostana; de ahí que me sepa de memoria todo el repertorio de respuestas adecuadas. “¿Amas a Dios?”, me preguntó un miembro occidental de la secta “Hare Krishna” que vestía ridículamente de forma parecida al dios Rama. “Amo a Dios, a mi madre, y a mi primo Enrique el que está en Santander. ¡Anda ya!”. ¿Cuándo van a comprender los señores religiosos, o sea los adeptos a las religiones, que las cuestiones de la fe son tan íntimas como el agujero del culo, que no requieren de intermediarios ni deberían comportar honores o reconocimientos, y que, en fin, solamente le incumben a uno personalmente? ¿Y cuándo van a comprender los ateos que solamente existe lo que creemos? ¿Esperarán acaso a que se demuestre científicamente?

El censo de este pequeño y montañoso estado del Himalaya llamado Uttarakhand incluye una población de elefantes salvajes que ronda el número de los mil ochocientos, y unos quinientos de ellos residen en el “Parque Nacional de Rajaji”. Al pasear por la jungla y encontrar mierda de elefante por todos lados pensé que había aumentado su número, sino su presencia; y, al preguntar al respecto, diversos amigos me confirmaron que, efectivamente, durante los últimos años se habían visto elefantes con mucha más frecuencia.

Mis rutinas alimenticias incluyen una gran pantalla cinematográfica en la que se muestran películas indias. De mañanita, antes de que den las siete y el Sol saque su cabezota tras las montañas, tomó chai junto con media docena de santones mientras los primeros peregrinos aparecen en escena. Al mediodía voy a comer unas empanadillas en el chiringuito de Lala, algo que hago viendo desfilar a una masa constante de devotos aldeanos que me miran como si tuviese cara de cangrejo. El espectáculo que gozo al atardecer se da frente a la “dhaba” Nilkanth; este restaurante, un local con cuatro mesas que no tiene puertas, se halla en una parte del bazar en la que la calle no medirá más de cuatro metros de ancho, y te ofrece un reportaje de primera calidad que no tiene un minuto de descanso. Dependiendo del día, por ejemplo el lunes, día de Shiva, o el sábado, que lo es de Hannumán, prevalecerán los indostanos en la forma de unos pueblerinos, que lo observan todo con miradas alucinadas, y de unos ciudadanos que demuestran su modernidad vistiendo prendas tradicionales; el número de los santones, con túnicas rosadas, anaranjadas o amarillas, es constante; e igualmente sucede con el de las vacas (del tamaño de los becerros alemanes), los becerros (parecidos a cabras grandes), los corpulentos toros románticos, y los perros, docenas de ellos, entre los que hay muchos cachorros. Después está la siempre creciente masa cosmopolita, entre la que hay montones de norteamericanos y chinos. Mientras saboreo, por ejemplo, una crema de espinacas con queso fresco, o un curry de verduras, si colocase una cámara de vídeo sobre la mesa filmaría el más variopinto de los reportajes sin que ni por un momento faltasen actores en el escenario. En realidad el entretenimiento indostano es constante y se da en todos lados; y si al visitar al amigo Lalan nos distraen las mangostas, los loros, los pavos reales que él alimenta, y las docenas de pájaros que vuelan por los alrededores, después haremos el recorrido de regreso sin dejar de observar y admirarnos, ahora ante el extenso harem de un elegante mono “langur” (de piel negra, pelo blanco, y miembros largos), luego frente a una lucha de toros, y más tarde al ver una bandada de trescientos cormoranes. Al contrario que los macacos, los “langures” son amables y pacíficos, y, cuando te cogen confianza, las mamás te permiten jugar con sus desvergonzados bebés que te chuparán un dedo como si se tratase del pezón materno. A esta pintura costumbrista de Swargashram le faltaba un pequeño trazo que, de nuevo como en las películas, era de gran importancia porque se trataba del sonido; uno en el que el pinchadiscos cósmico mezcla perfectamente las delicadas músicas religiosas que salen de los templos, las canciones de Bollywood que provienen de las bodas (empieza la temporada alta), los rugidos de los toros, y los cantos de los loros, de los pavos reales y demás aves.

El barrendero amontonó el fruto de su trabajo, y le prendió fuego llenando el callejón y la cafetería con un humo que se juntó al del incienso y al de unas cuantas motocicletas; así que no pude más que sonreír cuando escuché a mis espaldas la voz airada de una occidental que me exigía apagar inmediatamente el bidi que yo estaba fumando.

Ayer, durante mi paseo matinal, me detuve frente al local en que daba clases de yoga el más veterano de los maestros locales, quien, según aseguran, tiene la friolera de ciento tres años de edad; y observé asombrado como aquel anciano de cuerpo escuálido, que solamente vestía un taparrabos, realizaba las “asanas” igual que si fuese un adolescente.

Debido a mi desmadrado egoísmo no me he preocupado en absoluto de la crisis económica europea hasta hoy mismo, cuando mi amante esposa alemana me ha comunicado que mi inquilino, o sea quien paga mis facturas asiáticas, se ha quedado sin empleo. ¡Rediós, señora Merkel, ¿pero qué hace usted?!

Aunque en la prensa occidental se hable pocas veces de ello, en las fronteras indo-paquistaníes se pegan tiros casi todos los días como sucede en las de Camboya y Tailandia.

El secuestro de dos italianos por parte de las guerrillas maoístas que imperan sobretodo en Orissa y Bengala Occidental, es el primero de este tipo que se da en la India. ¿Vamos a ver cuántos le seguirán?
Érase un hombre que abusaba de su pobre caballo obligándolo a trajinar arena todo el santo día; pero, además, cuando él se acostaba después de rezar sus oraciones, alquilaba el jamelgo a un vecino para que también sudase las algarrobas durante una parte de la noche.

En las recientes elecciones políticas indias han sido reelegidos varios parlamentarios que ocupan el cargo de ministros a pesar de hallarse inculpados en diversos casos de corrupción. Umm, creía que esto sólo sucedía en Celtiberia.

Ha aparecido en el mercado indostano un nuevo tipo de chips que, como prueba del ingenio local, han bautizado con el nombre de “Spanish Tomato Tango”.

Nosotros llevamos tantos años viniendo continuamente a Swargashram, también llamado Ram Jhula debido al puente colgante, como para que saludemos a la mayoría de los vecinos como lo haríamos con unos viejos amigos porque incluso hemos visto crecer y casarse a sus hijos. Así, aun siendo unos “videshi”, extranjeros, ellos nos distinguen con su trato afable de las masas de visitantes indostanos u occidentales que solamente acaban de descubrir este lugar sagrado.

Al ser un servidor un amante de la naturaleza y de sus habitantes que se indigna ante la expresión, “les trataban como si fuesen animales”, a mí me asombra la repulsión que, por lo general, sienten hacia ellos los indostanos y los nepalíes; y me pregunto si ésta se deberá al sistema de castas o a la cobardía, sino a ambas.

Numerología:

  • 1º es el puesto que ocupa la India como importador de armas.
  • 95 es el tanto por ciento que han aumentado las exportaciones de armas de la China gracias a las ventas que hace a Pakistán.
  • 909 fueron las niñas que nacieron por cada mil niños en el Rajastán en el año 2001 (debido a los abortos seleccionados y al coste de la gran dote que ha de pagar el padre de una chica para casarla), y 883 fueron las que nacieron en el año 2011.
  • 22,43 rupias (1 eu.: 66 rs.) es la cantidad con que sobrevive diariamente un indio pobre (con una sola rupia más ya no se le considera como a tal).
  • 7’8% fue la inflación de la India del año anterior, y 9’3% fue la del 2010 (el país se enriquece mientras los ciudadanos de a pie no pueden comprar tan siquiera cebollas).
  • 700.000 son los recién nacidos que mueren anualmente en la India antes de cumplir una semana de vida.
  • 63.000 son las mujeres que mueren anualmente en la India al parir (¿no serán más?).
  • 22 es el tanto por ciento de mujeres indias que tienen actualmente entre 20 y 24 años, y parieron antes de cumplir los 18.
  • 25 son los años que vive un gorrión (tiempo que, al ser unos pájaros sedentarios, pasan junto a nosotros sin que los reconozcamos o prestemos la menor atención).

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
La crónica cósmica, de Nando Baba

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