La crónica cósmica. Trescientos dólares por tres días

La crónica cósmica. Trescientos dólares por tres días
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NOTICIAS LOCALES – Después de contaros en la crónica anterior que en Sauraha no sucedía casi nada, esta semana hemos tenido bastante acción. Aquí van unos ejemplos.

Un leopardo que tenía complejo de zorro se metió en una granja de gallinas que hay a las afueras de la población y habría hecho una escabechina de no haber sido visto por un joven que llamó al Servicio Forestal. Los guardas se presentaron inmediatamente y sedaron al lindo gatito para poder llevarlo de vuelta a la jungla: era una hembra de unos tres años que solamente pesaba treinta y cinco kilos. Los machos alcanzan como mucho los setenta kilos.

La alberca, a la que ya podría llamar “de los cocodrilos”, tiene un nuevo inquilino: es un cocodrilo pequeñajo que dejó claras sus intenciones desde el primer momento al tratar de pegarle un mordisco a la madre de Ranjana. Estos terrenos están aislados del río por los hoteles que se construyeron recientemente, y supongo que los cocodrilos llegarán hasta la alberca cruzando los arrozales inundados que cercan Sauraha, que para ellos han de ser como una autopista.

Esta semana hubo un nacimiento: un precioso potrillo de color canela que es hijo de la yegua que va todos los días a la pradera y pasta libremente hasta que decide regresar a casa.

La otra tarde (vi llover…), cuando el vasco de Donostia (que tiene un gimnasio en Sauraha) estaba tomando té con su mujer en la terraza de su aislada casa, vieron algo que no olvidarán: un majestuoso tigre (300 kg., oiga) que descendía hacia el Río Rapti. “Fue una experiencia maravillosa y nos quedamos pasmados viendo cómo se detenía para abrevar. Luego cruzó el río nadando ágilmente y desapareció en la jungla”.

La alegría de la pareja vasca se enturbió más tarde al enterarse que, poco antes, y a corta distancia de allí, un tigre había matado a un hombre que recolectaba hierba junto al cauce del mismo rio. Acabó con él arrancándole la garganta, luego cruzó el rio con el cadáver en la boca para llevárselo a la jungla; pero se quedó con las ganas porque alguien había dado la alarma y tuvo que salir por piernas cuando apareció un grupo de hombres dispuestos a lapidarle. El difunto era un pariente de la familia (de la etnia tharu) con la que vivo, y tenía treinta y pico años. Descanse en paz.

Mi amigo Shankar podría dedicarse a recopilar los hechos insólitos que, según él, ocurren con mucha frecuencia en el Nepal, pues parece sabérselos todos y, como con este incidente del tigre, será raro que no me cuente alguno que yo desconozca: “En mi pueblo vivía un anciano que, hasta el día en que murió a los noventa y cuatro años, iba de un lado a otro montado en un tigre”. Yo ya conocía esta parte de la historia, pero no el epílogo: “Once días después de que el anciano expirase, uno de sus hijos fue devorado por un tigre”.

Como buenos supersticiosos, los nepaleses buscan siempre razones kármicas para ese tipo de hechos. Esta mañana, al comentar la destrucción que dejó anoche una avalancha de tierra que se llevó por delante veinte casas con sus dormidos ocupantes, Shankar y Narmada han opinado que tal desastre se debería a cuestiones divinas. En realidad podría decirse que fue por cuestiones diabólicas: las de unos políticos malos o estúpidos que cedieron aquellos terrenos para que edificasen su aldea, asegurándoles que allí estarían de maravilla, a pesar de que se hallaban bajo una empinada y pelada ladera.

Un dato más acerca del clan matriarcal de Shankar. Si habéis tenido alguna vez problemas para alimentar a la familia en plan “esto no me gusta, aquello me restriñe o no me apetece”, imaginad cómo os lo organizaríais si cada comensal siguiese una dieta distinta. Shankar come pollo, pero no búfalo (no hará falta mencionar a las vacas sagradas, ¿verdad?) Narmada comerá pato o cabrito, pero nada de huevos, pescado, pollo o búfalo. La menor de sus hijas, a la que conocí con cuatro años y ahora, a los catorce, se ha convertido en una chica muy campechana, come de todo, pero su hermana, igual que el tatarabuelo centenario, se declara totalmente vegetariana, aunque de vez en cuando peca comiéndose un curri de huevo.

LA TABERNA GALÁCTICA

Queridos e hipotéticos lectores, hoy os quiero presentar a tres clientes de mi ficticia taberna que, en el pasado, me sorprendieron con sus declaraciones de una u otra manera.

El primero era ni más ni menos que un auténtico cosaco cuyos antepasados fueron masacrados (como millones de ellos) por los esbirros de Lenin: “Las distancias en Siberia son monstruosas y muchas veces te encuentras a mil kilómetros de la población más cercana, sin cobertura telefónica y a cuarenta grados bajo cero. Lo único que puedes hacer si tu automóvil se estropea es quemar paulatinamente todo lo que sea inflamable y rezar para que aparezca alguien antes de que mueras congelado”.

El siguiente personaje pasaba totalmente inadvertido entre el personal de la Taberna Galáctica. Estaba solo, rondaría los cuarenta y pico años, y parecía triste como si se sintiese fuera de sitio. Sin embargo, recibió encantado mi invite y me contó su vida en correcto castellano: “Soy holandés, pero me casé con una renombrada chamana colombiana y viví varios años en su país. También estuve en Nicaragua, concretamente en Granada, ciudad de la que me encantó su arquitectura colonial y en la que incluso compré una casa. De joven cantaba en un grupo de rock y componía canciones; fue una buena época que dejé atrás para estudiar Derecho Civil y convertirme en algo tan insólito como lo es abogado antropólogo. Mi abuelo era funcionario del gobierno holandés en la isla indonesia de Bogor. Mi difunta madre, que nació allí, fue una centroeuropea práctica y racional, lo que no le impedía creer en la magia y las supersticiones asiáticas; ella me contó que en un día en que llovía llamaron a la puerta de nuestra casa en Rotterdam y, aunque al abrir no había nadie, vio unas pisadas húmedas sobre al parqué.

Cuando ella murió, y siguiendo sus deseos, llevé sus cenizas a Bogor y las esparcí en el cementerio que se hallaba a corta distancia del edificio en que trabajase mi abuelo; en ese momento, a pesar de no ser la época de las lluvias, el cielo se cubrió de nubes y estalló una tormenta que atemorizó a los amigos indonesios que estaban conmigo. Ahora, aparte de trabajar cortas temporadas en Holanda, viajo por el mundo. Me gusta mucho África, sobre todo los parques nacionales de Kenia, en los que puedo contemplar toda clase de animales”. Le mencioné los elevados precios de esos parques keniatas, y él me replicó: “Si te organizas las excursiones desde Nairobi en vez de hacerlo desde Europa, te puede salir bastante barato”. Le pregunté qué era barato para él, y me desternillé cuando me respondió, “Trescientos dólares por tres días”, pues esto es lo que yo gasto en dos meses.

El tercer personaje que os voy a presentar era una mujer mayor, que me recordó a Patty Smith, quien le estaba diciendo a otra que vestía como una burguesita adicta al espejo: “La gran diferencia entre nosotras es que tú has dejado de vivir a cambio de sobrevivir”. En ese momento pasaron tres chicas, y ella le comentó a la burguesita: “Lo que me molesta de los jóvenes, aunque quizás sea una envidia solapada, es su puta credulidad y su fe en los seres humanos. La prueba de su candidez está en que creen fervientemente que el amor que sienten por su pareja será eterno. Esto, y que sus ideas son originales como si en el pasado no se le hubiese ocurrido la misma parida a nadie más. Te demostraré mi sinceridad confesándote que, cuando era una cría, creí firmemente que el gran amor de mi vida era único y que jamás se había dado un caso parecido. ¡Ja!”.

MIRA LO QUE PIENSO

  • Disponemos de un largo catálogo que nos permitiría escoger entre cientos de diferentes sistemas sociales, familiares, políticos, económicos, educativos y espirituales, pero nos limitamos a usar unos pocos cuyos resultados se han demostrado repetidamente mediocres, y lo hacemos así a pesar de saber que esa especie de monocultivo es siempre negativo. Somos lo que hacemos, y pasaremos a la historia (o seremos historia) como unos idiotas.
  • ¿No es así que un artista ha de escoger entre su obra, o sea la creatividad, y su público, el éxito y el dinero?
  • ¿Sabíais que al andar retrasamos el desarrollo del Alzheimer y el envejecimiento de las neuronas, y que al mismo tiempo mejoramos la memoria?
  • ¿La masturbación es la única habilidad que mejora con el Parkinson?
  • Crearán unos robots de aspecto humano que satisfarán todos nuestros deseos, como lo harían unos esclavos, y habrá gente masoquista que se hará pasar por uno de ellos.
  • ¿Pretendes que acepte tu opinión a pesar de saber que ha brotado del miedo y la inseguridad?
  • ¿Pretendes que crea en lo que dices aunque sabes, y yo sé, que te lavaron el coco y estás completamente pirado?
  • ¿Eres ateísta o teísta?
  • ¿Soy racista porque no me gusta la raza humana?
  • ¿Sabéis lo que no sabéis?
  • ¿No es así que a las personas emocionales no les importa tanto lo que hacen como lo que sienten al hacerlo?
  • Tu vejez será completamente distinta si tienes la oportunidad de recordar los sueños que hiciste realidad o si, por el contrario, piensas en los que no fue así.
  • La decadencia personal que he sufrido durante los últimos años ha sido constante, pues no he dejado de hundirme más y más como si me hallase en un tobogán que me llevase al infierno, y ahora, tocando fondo, he descendido hasta el nivel de la gente normal: ¡Ja!

Y esto es todo por hoy, mis queridos papanatas. Bom Bom.

La crónica cósmica, de Nando Baba
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